Relato de una experiencia
Los cargos conllevan cargas y cuando se accede a uno de ellos, acompañado habitualmente de felicitaciones por el reconocimiento que supone, se ha de ser consciente, al menos someramente, de lo que se le viene encima para bien o para mal. Cuando alguien habla de que «caí como un extraterrestre en un gran centro de poder» (1) está dando a entender que no tenía muy claro a que se exponía; al mismo tiempo deja entrever que fueron poco avispados quienes se lo propusieron.
David Jiménez era un periodista de El Mundo que llevaba casi dos décadas como corresponsal al que le ofrecieron dirigir el periódico. Un periodo corto y convulso que ha plasmado en El director: «Yo he intentado escribir un relato personal de mi vivencia al frente de El Mundo, pero quizás lo original sea que la persona que ocupa ese lugar llevaba dos décadas como corresponsal, completamente alejado de los despachos y sin el teléfono de ningún empresario o político.» (1)
Su veteranía en el
periodismo contrastaba con la bisoñez en las tareas propias de la redacción de
un periódico: «Tenía varios hándicaps. Yo no era de la redacción. Aunque
llevaba veinte años trabajando en El Mundo, era un outsider. No tenía experiencia en la gestión de equipos y, de
repente, tuve que dirigir a trescientos periodistas que habían sufrido varios
ERE, bajadas de sueldo y recortes. ¿Estaba preparado para ser director cuando
llegué el primer día, un 25 de mayo de 2015? Yo creo que no.» (1)
Aunque en el último
capítulo del texto manifiesta que a pesar de la demanda que interpuso por su
despido no guardaba «ni un atisbo de resentimiento, enfado o deseo de ajuste de
cuentas» (2) el tono del libro desprende un ánimo de desahogarse, de liberarse de
la tensión acumulada: «Nos dedicamos a criticar a todos los demás, si bien
nunca habíamos hecho el ejercicio de mirarnos a nosotros mismos, abrir las
ventanas y airear las miserias propias. Es curioso que el periodismo se dedique
a desvelar las de los otros, mas nunca las suyas.» (1) También de alertar a futuros
periodistas sobre lo que se pueden encontrar: «La redacción de un periódico
puede ser el Serengeti* en temporada de escasez de alimentos. En otros oficios
existe rivalidad: en un diario es depredación y supervivencia. Quizá el motivo
sea que en el periódico el trabajo queda expuesto a la mirada no solo de los
jefes y colegas, sino de miles de lectores. Grandes egos compiten por una
notoriedad para la que existe un espacio reducido y que se persigue con los
colmillos afilados.» (2)
El libro es a la vez
denuncia y autodefensa donde el recurso a la honestidad soterra la leve
autocrítica que contiene. El desfile de múltiples personajes conocidos en sus
páginas alimenta la rumorología y la murmuración, a la par que estimula el
cotilleo, los dimes y diretes de conversaciones desenfadadas presenciales o virtuales. Se sorprende del
ambiente que se encontró, del trato desproporcionado entre profesionales, de
ser testigo de cómo las presiones políticas y empresariales a los medios comprometen
su crédito, su supervivencia y la profesionalidad de los periodistas.
Salió escocido de la
experiencia pero da la impresión de que no suficientemente enseñado cuando le
invitan a hacer un ejercicio de retroceder en el tiempo: «Volvería a decir que
sí y volvería a intentar hacer el proyecto que siempre quise para el periódico.
Aunque, si tuviera la ventaja de lo vivido, no cometería muchos de los errores
que cometí.» Algo que no se compadece con lo que manifiesta a reglón seguido: «Ese
año descubrí que no soy una persona de despachos. Una de las aspiraciones que
tengo más claras es no volver a ocupar uno. Me gusta mi independencia, mi
libertad, mis libros, mis viajes, escribir… Sólo en un medio donde la garantía
de libertad fuera absoluta, con un soporte financiero que lo permitiera, podría
llegar a plantearme en algún momento una posición de dirección. Pero prefiero
estar fuera de los despachos. Hay gente que vale para ello y gente que no. Y yo
no valgo para los despachos.» (1)
La información que
suministran y el tratamiento que se hace con ella son el fundamento de la labor
periodística. En el libro de Jiménez no se cumple la frase lapidaria de la
contraportada: "La prensa prometió contarte la verdad. David Jiménez te cuenta
la verdad sobre la prensa", pero puede abrir los ojos a quienes tengan una
visión idealizada del periodismo o sean seguidores acérrimos de algún medio,
porque lo que cuenta el autor no afecta exclusivamente al periódico que dirigió.
A algunos les suministrará munición para prejuzgar a los personajes de los que
se habla; a otros para reafirmarse en el descrédito de la prensa, desconfiando de
todo lo se cuenta; pero pienso que es más útil que sirva para no chuparse el
dedo, estando prevenido ante las informaciones que recibimos antes de concebir
juicios precipitados, especialmente en aquellas cuestiones que nos causen
estupor o no nos acaben de encajar.
*"El Parque Nacional Serengueti es un parque nacional de grandes proporciones (13.000 km²) en Tanzania, África. Es famoso por las migraciones anuales de miles de ñúes." (carne fresca para hambrientos depredadores)



