martes, 15 de abril de 2025

En torno al Sínodo (3)

Propuesta contracultural

Al final del libro segundo Sobre la República, Cicerón pone en boca de Escipión el Africano esta consideración: «Del mismo modo que en los instrumentos de cuerda o de viento, o en el mismo canto de varias voces, debe guardarse un concierto que da por su mismo ajuste unidad y congruencia a muy distintas voces, que los oídos educados no toleran que se altere o desentone, y ese concierto, sin embargo, se hace concorde y congruente por el gobierno de voces muy distintas, así también, una ciudad bien gobernada es congruente por la unidad de muy distintas personas, por la concordia de las clases altas, bajas y medias, como los sonidos. Y la que los músicos llaman armonía en el canto, es lo que en la ciudad se llama concordia, vínculo de bienestar seguro y óptimo para toda república, pues ésta no puede subsistir sin la justicia» (1)

Cicerón nos da una pauta para el buen gobierno donde toda la ciudadanía se une bajo el cobijo de la justicia para vivir en concordia. Análogamente el Documento final del Sínodo (2) nos expone un ejemplo de sinodalidad: «Viviendo la conversación en el Espíritu, escuchándonos unos a otros, hemos percibido su presencia en medio de nosotros: la presencia de Aquel que, dando el Espíritu Santo, sigue suscitando en su pueblo una unidad que es armonía de las diferencias En el relato de Cicerón es primordial la justicia, en la sinodalidad lo es el seguimiento de Jesús. De hecho, cualquier realidad eclesial, en todas sus vertientes, debe testarse en referencia al seguimiento de Jesús que procura, tanto a nivel individual como colectivo.

La experiencia de la resurrección de Jesús en María Magdalena, Pedro y 'el discípulo amado', abre la primera parte del Documento, que tiene como entradilla dos versículos del Evangelio de Juan (3). Unos seguidores que difieren en edad, experiencia de vida, carácter y cualidades personales; todos ellos trastocados por la muerte de Jesús, que les puede haber desconcertado, abatido o decepcionado, pero no los ha desunido, hacen piña unos con otros: «Su mutua dependencia encarna el corazón de la sinodalidad.»

San Pablo escribe a los Corintios: «Si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís estando en vuestros pecados» (4). De ahí que el Documento indique: «La Iglesia existe para testimoniar al mundo el acontecimiento decisivo de la historia: la resurrección de Jesús. El Resucitado trae la paz al mundo y nos da el don de su Espíritu. Cristo vivo es la fuente de la verdadera libertad, el fundamento de la esperanza que no defrauda, la revelación del verdadero rostro de Dios y del destino último del hombre

Le sigue un párrafo que me ha hecho pensar en el llamado ‘mito de la caverna’ de Platón (5): «Los Evangelios nos dicen que, para entrar en la fe pascual y ser testigos de ella, es necesario reconocer el propio vacío interior, las tinieblas del miedo, de la duda y del pecado. Pero quienes, en la oscuridad, tienen el valor de salir y ponerse a buscar, descubren realmente que son buscados, llamados por su nombre, perdonados y enviados junto a sus hermanos y hermanas El pecado, esa desafección de Dios que nos aleja o nos aparta de Él, oscurece nuestro caminar; necesitamos experimentar un anhelo continuo de conversión para obtener la intensidad de luz que nos ayude a descubrirlo en nuestros avatares diarios y darnos cuenta, una y otra vez, como antes de decidirnos a dar el paso Él ya nos está esperando (6).

He titulado este escrito como ‘propuesta contracultural’, porque lo que escribe Cicerón y lo que indica el primer punto del Documento van en sentido contrario de lo que prolifera a nuestro alrededor y en tantos lugares del mundo, también en la manera de proceder de muchos cristianos; actitudes que generan controversias, incomprensiones y mucho sufrimiento.

Hay una característica que he percibido, no sé hasta qué punto atinadamente, en el pontificado de Francisco, que concuerda con ese 'caminar juntos' que propone: en la Iglesia hay muchas voces de signo diferente y el Santo Padre se afana, así lo noto, para que todas se expresen en el foro adecuado, aunque sean contrapuestas o parezcan contradictorias. Esto puede desconcertar cuando se está ávido de escuchar palabras sentenciosas o aspirar a homogeneidades imposibles que parecen aportar un aire de seguridad incontestable. Pienso más bien que es un antídoto para las corrosivas ‘capillitas’ que tanto daño hacen. Además, no hay que olvidar lo que nos dice el Evangelio: «Nada hay oculto que no llegue a descubrirse ni nada secreto que no llegue a saberse y hacerse público» (7). Abandonemos el cuchicheo, la palabrería vana y la vivencia de un cristianismo 'a mi manera'; y confiemos en la acción del Espíritu Santo para que la cacofonía se transforme en sinfonía.

(1) Marco Tulio Cicerón: Sobre la República, libro segundo. Extraído de https://www.mercaba.es/roma/republica_de_ciceron.pdf.Citado por San Agustín: Ciudad de Dios, libro II, capítulo XXI. Referencia: https://www.augustinus.it/spagnolo/cdd/index2.htm

(2) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale. Introducción, punto 1. Parte I: El corazón de la sinodalidad puntos 13 y 14. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(3) Evangelio según san Juan, capítulo 20, versículos 1 y 2: «El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”.» Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/juan/

(4) 1ª carta de san Pablo a los Corintios, capítulo 15, versículo 17. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/1-corintios/

(5) Ver Platón: La república, libro VII

(6) Evangelio según san Lucas, capítulo 15, versículo 20: «Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.» Referencia https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/lucas/

(7) Evangelio según san Lucas, capítulo 8, versículo 17. Referencia https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/lucas/

jueves, 10 de abril de 2025

En torno al Sínodo (2)

Para todos los bautizados

No era el horario habitual, iba a misa unos minutos más temprano porque antes había realizado una gestión en el Centro de Atención Primaria. Por el camino me encuentro a una catequista de la parroquia llevando un bolso y unas bolsas para tirar al contenedor. La saludo diciéndole que va muy cargada; me comenta entonces que va al hospital porque van a hacerle un cateterismo a su marido. Me pregunta si voy a misa y se lo confirmo. Le deseo que vaya bien la intervención y sigo el camino hacia la parroquia. Durante el trayecto pienso dos cosas: podría haberme ofrecido para tirar la basura al contenedor; y también que conviene informar al sacerdote de la intervención que deben hacerle al marido. En la oración de los fieles de la misa se ha mencionado y todos hemos rezado por la catequista y su marido.

¿Cómo sé que me habla el Espíritu Santo? Es una pregunta que se hizo al final de la última sesión en la que reflexionamos sobre la introducción del documento final del Sínodo de la sinodalidad. Lo asocio a una situación como la que he vivido; se han producido una serie de circunstancias imprevistas que han posibilitado que los que participábamos en la misa oráramos especialmente por este matrimonio.

Dicen que detrás de una gran expectación acostumbra a producirse una gran decepción. ¿Por qué puede dar esta impresión en este caso? Porque quizá esperamos un documento cerrado después de estudiar toda la documentación, deliberar y llegar a unas conclusiones; y lo que tenemos sobre todo son unas orientaciones destinadas a cambiar actitudes y procesos en todos los estamentos de la Iglesia, desde el último bautizado hasta el Santo Padre. Este cambio ha de generar muchas cuestiones y propuestas que tendrán que estudiarse para hacer el discernimiento apropiado; de ahí que se haya constituido el Secretariado General del Sínodo, pidiendo a su vez que se «dediquen personas y recursos para acompañar el camino de crecimiento como Iglesia sinodal en misión»; refiriéndose al mismo tiempo a quien debe ser el protagonista principal de esta transformación: «Hemos invocado el don pascual del Espíritu Santo, pidiéndole que nos enseñe lo que debemos hacer y nos muestre juntos el camino a seguir.»

No se trata de un proceso de ruptura: «Cada nuevo paso en la vida de la Iglesia es un regreso a la fuente, una experiencia renovada del encuentro con el Resucitado que los discípulos experimentaron en el Cenáculo la tarde de Pascua… Viviendo la conversación en el Espíritu, escuchándonos unos a otros, hemos percibido su presencia en medio de nosotros: la presencia de Aquel que, donando el Espíritu Santo, sigue suscitando en su Pueblo una unidad que es armonía de las diferencias Se remarca además que: «Todo el camino sinodal, enraizado en la Tradición de la Iglesia, se ha desarrollado a la luz del magisterio conciliar. El Concilio Vaticano II ha sido, de hecho, como una semilla sembrada en el campo del mundo y de la Iglesia.» Tampoco se desentiende de lo que ocurre en el mundo, especialmente de los hechos más sobrecogedores: «Fijar la mirada en el Señor no nos aparta de los dramas de la historia, sino que abre nuestros ojos para reconocer el sufrimiento que nos rodea y nos penetra».

De la misma manera que en el Concilio Vaticano II se establece una llamada universal a la santidad (2), en el Sínodo emerge «una llamada a la alegría y a la renovación de la Iglesia en el seguimiento del Señor, en el compromiso al servicio de su misión, en la búsqueda de los modos para serle fiel.» Abarca a todos los bautizados, pensando a la vez en la ansiada unidad de los cristianos: «Esta llamada se funda en la identidad bautismal común, se enraíza en la diversidad de contextos en los que la Iglesia está presente y encuentra su unidad en el único Padre, el único Señor y el único Espíritu. Interpela a todos los bautizados, sin excepción: “Todo el Pueblo de Dios es sujeto del anuncio del Evangelio. En él, todo bautizado es convocado para ser protagonista de la misión, porque todos somos discípulos misioneros” (3).»

El último fragmento que reproduzco tiene que ver con las tensiones que se generan en torno a un acontecimiento de este calibre: «No ocultamos que hemos experimentado en nosotros mismos el cansancio, la resistencia al cambio y la tentación de hacer que nuestras ideas prevalezcan sobre la escucha de la Palabra de Dios y la práctica del discernimiento. Sin embargo, la misericordia de Dios, Padre lleno de ternura, nos permite cada vez purificar nuestros corazones y continuar nuestro camino.... Esto nos hizo darnos cuenta de que la sinodalidad exige arrepentimiento y conversión. En la celebración del sacramento de la misericordia de Dios nos sentimos amados incondicionalmente: la dureza de los corazones ha sido superada y nos abre a la comunión. Por eso queremos ser una Iglesia misericordiosa, capaz de compartir con todos el perdón y la reconciliación que vienen de Dios: pura gracia de la que no somos dueños, sino sólo testigos

El Papa nos pide acoger el Sínodo, lo que supone interesarnos y participar en la medida de nuestras posibilidades. Pero, como todo lo que tiene que ver con crecer dentro de la Iglesia, será eficaz si va acompañado del deseo de conversión, es decir, de reflejarse en el Señor para ir conformando nuestra vida a su voluntad, una tarea que nunca se detiene. El aliento del Espíritu Santo no faltará, pero es necesario que nos lo creamos y lo tomemos en serio.

(1) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale. Capítulo: Introducción,  puntos tratados 1 a 12. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(2) Concilio Vaticano II: Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium, capítulo 5, punto 42: «Quedan, pues, invitados y aun obligados todos los fieles cristianos a buscar insistentemente la santidad y la perfección dentro del propio estado.» Extraído de: https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html

(3) Comisión Teológica Internacional: La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia, punto 53: «En la Iglesia, la sinodalidad se vive al servicio de la misión. Ecclesia peregrinans natura sua missionaria est, "ella existe para evangelizar". Todo el Pueblo de Dios es el sujeto del anuncio del Evangelio. En él, todo Bautizado es convocado para ser protagonista de la misión porque todos somos discípulos misioneros. La Iglesia está llamada a activar en sinergia sinodal los ministerios y carismas presentes en su vida para discernir, en actitud de escucha de la voz del Espíritu, los caminos de la evangelización.» Extraído de https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/cti_documents/rc_cti_20180302_sinodalita_sp.html

lunes, 7 de abril de 2025

En torno al Sínodo (1)

Encargo y reto

No suelo hacer dos versiones de un mismo escrito, pero en este caso, atendiendo al tema tratado, me ha parecido oportuno hacerlo en las dos lenguas en las que me expreso: el catalán y el castellano/español, usando diferenciadamente los dos blogs en los que me manejo.

Un grupo de la parroquia estuvimos reflexionando sobre las 38 catequesis del Santo Padre sobre la oración. Cuando estábamos a punto de acabarlas decidimos continuar reuniéndonos tomando como referencia el documento final del llamado Sínodo de la sinodalidad recientemente publicado en papel, que también se puede leer y consultar en Internet (1).

La mayoría de los presentes participamos en las reuniones preparatorias del Sínodo que se realizaron en la parroquia, cuyas conclusiones se trasladaron al obispado. Al acercarnos a dicho documento final una de las tentaciones que afloran es la curiosidad por averiguar “que hay de lo que propuse o propusimos”. Pienso, sin embargo, que ya hicimos nuestra tarea en su momento y ahora lo que toca es acercarnos y trabajar el documento publicado para observar cómo nos afecta y cómo podemos aplicarlo a nuestra vida y a la actividad de la comunidad parroquial.

Los cambios suelen inquietarnos porque nos sacan de lo que viene a llamarse zona de confort o statu quo. Nos guste más a menos lo que hay, nos vamos adaptando; la llegada de un cambio supone romper el equilibrio en el que nos hemos instalado y, en mayor o menor medida, genera una incertidumbre que nos incomoda. Para el católico laico corriente los sínodos eran algo propio de especialistas y sus conclusiones a veces nos llegaban con la lectura de la exhortación apostólica que hacía el Papa a posteriori. Pero esta vez el Santo Padre ha querido involucrar a todos los católicos, incluso a personas que sin serlo podían tener algo que aportar. Es decir, las dos asambleas generales del sínodo que se han celebrado han estado precedidas por una impresionante movida y esto no se detiene aquí.

Lo primero que nos preguntamos es cómo se puede albergar todo el trabajo realizado en un documento. En la 'Nota de acompañamiento del Santo Padre Francisco' que le precede se dice: «El Documento final de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos recoge los frutos de un camino marcado por la escucha del Pueblo de Dios y por el discernimiento de los pastores. Dejándose iluminar por el Espíritu Santo, toda la Iglesia ha sido llamada a leer su propia experiencia y a identificar los pasos a dar para vivir la comunión, realizar la participación y promover la misión que Jesucristo le confió...»

¿Qué valoración hace el Santo Padre de este documento?: «Reconociendo el valor del camino sinodal realizado, entrego ahora a toda la Iglesia las indicaciones contenidas en el Documento final, como restitución de lo que ha madurado en estos años, a través de la escucha y el discernimiento, y como orientación autorizada para su vida y misión. El Documento final participa del Magisterio ordinario del Sucesor de Pedro y pido que sea acogido como tal Es decir, no habrá una exhortación apostólica de Francisco referida al Sínodo, remarcando al Santo Padre que «la sinodalidad es el marco interpretativo adecuado para comprender el ministerio jerárquico.»

La Asamblea ha terminado pero la tarea para incorporar el estilo sinodal a todos los estamentos de la Iglesia supondrá un esfuerzo importante por lo que supone de cambio de mentalidad en la manera de vivir, administrar y gestionar el catolicismo: «Ahora el camino continúa en las Iglesias locales y sus agrupaciones, valorando y teniendo muy en cuenta el Documento final». Un proceso que refuerza la idea de comunidad y de compromiso.

Hace unos años leí 'Roma, dulce hogar', un libro en el que el matrimonio Hahn, Kimberly y Scott, expone su proceso de conversión desde el protestantismo. Me llamó la atención el siguiente párrafo: «Cuando los protestantes evangélicos se convierten al catolicismo, frecuentemente entran en una especie de “trauma cultural religioso”. Han dejado atrás congregaciones en las que se canta a pleno pulmón, con una predicación práctica basada en la Biblia, un tono conservador pro-familia en el púlpito, y un vivo sentido de comunidad; con varias reuniones de oración, compañerismo y estudio bíblico entre las que pueden escoger cada semana. En contraste, la parroquia católica media generalmente anda más bien parca en estos aspectos. Aunque los nuevos conversos normalmente sienten que ellos “han vuelto a casa” al hacerse católicos, no siempre se “sienten en casa” en sus nuevas familias parroquiales. Kimberly y yo pudimos experimentarlo.» (2). La fe puede vivirse a nivel de usuario; se puede participar en las ceremonias como un consumidor o como un espectador; quizás con el consuelo de haber cumplido y que ya es suficiente a nivel comunitario; de esta desafección se resiente toda la Iglesia. Aprovecho esta cita para pedir oraciones por Héctor, Gerard y el resto de catecúmenos adultos que está previsto que se incorporen a la Iglesia Católica durante la Pascua. En su camino voluntario y consciente para realizar este paso, a veces surgen tensiones en su entorno que lo dificultan, especialmente cuando se acerca el momento decisivo. El matrimonio Hahn también lo experimentó. También hay que orar para que, una vez incorporados a la Iglesia, sean bien acogidos por la comunidad y se sientan en casa.

En cuanto a las expectativas, subrayo dos fragmentos de la Nota: «El Documento… “no es estrictamente normativo” y que “su aplicación necesitará diversas mediaciones”. Esto no significa que no comprometa desde ahora a las Iglesias a adoptar decisiones coherentes con lo que en él se indica…, a través de los procesos de discernimiento y de toma de decisiones previstos por el derecho y por el Documento mismo.» Por otra parte, reitera lo expresado en Amoris laetitia: «No todas las discusiones doctrinales, morales o pastorales deben ser resueltas con intervenciones magisteriales. Naturalmente, en la Iglesia es necesaria una unidad de doctrina y de praxis, pero ello no impide que subsistan diferentes maneras de interpretar algunos aspectos de la doctrina o algunas consecuencias que se derivan de ella. Esto sucederá hasta que el Espíritu nos lleve a la verdad completa (3), es decir, cuando nos introduzca perfectamente en el misterio de Cristo y podamos ver todo con su mirada. Además, en cada país o región se pueden buscar soluciones más inculturadas, atentas a las tradiciones y a los desafíos locales (4)

El Papa, a través de las conclusiones del Sínodo, nos hace a todos los católicos un encargo que es a la vez un reto para ser parte activa en el camino terrenal que debe recorrer la Iglesia. En los siguientes escritos iré desgranando el contenido del documento mencionado al ritmo que lo tratemos en los encuentros. Lo comparto con el deseo que os intereséis por conocerlo y trabajarlo, si no lo estáis haciendo todavía.

(1) Francisco, XVI Asamblea General ordinaria del Sínodo de los Obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión. Referencia: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(2) Scott y Kimberly Hahn: Roma dulce hogar (Rome Sweet Home) 1993 – Ediciones Rialp 20ª edición 2014. Traducción de Miguel Martín. Capítulo 9, páginas 181-182.

(3) Evangelio según san Juan capítulo 16, versículo 13: «Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.» Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/juan/

(4) Exhortación apostólica Amoris Laetitia, punto número 3. Referencia: https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amoris-laetitia.html