viernes, 6 de marzo de 2026

En torno al Sínodo (y 31)

Punto y seguido

Hace unas semanas leí la crónica de Pablo J. Ginés (1) sobre la intervención de Guzmán Carriquiry Lecour, laico uruguayo que ha trabajado durante 48 años en la Curia Romana y, tras su jubilación, ha ejercido como embajador de Uruguay en la Santa Sede, en un encuentro online organizado por del Club de Lectura de Corriente Social Cristiana con motivo de la publicación de su libro El testigo, en la que afirma: «A Francisco le gustaba abrir procesos convencido de que el Espíritu Santo los iría conduciendo, incluso en la ambigüedad».

Al convocar el papa Francisco el Sínodo de la sinodalidad, además de la perplejidad que para muchos suponía -quizá todavía lo supone- la palabra sinodalidad, surgieron temores y expectativas, algo que no debía extrañar por la magnitud que entrañaba dicha decisión: nada más y nada menos que convocar a los fieles de todo el mundo para que expresaran su parecer sobre la Iglesia. Hasta entonces parecía que el contenido de los Sínodos estaba reservado a algunos elegidos entre los miembros de la jerarquía católica.

Dicha convocatoria, además de poner de manifiesto un cierto desconcierto o confusión, podía sacar a relucir las tensiones que existen en el seno de la Iglesia entre diversas corrientes, algunas de ellas aparentemente antagónicas entre si; la Iglesia también se ve salpicada por ambientes sociales polarizados. Podría pensarse que el papa Francisco se alejaba con su propuesta de una de las reglas que indica el fundador de su camino espiritual, san Ignacio de Loyola, en los Ejercicios espirituales: «en tiempo de desolación nunca hacer mudanza» (2).

En la nota de acompañamiento al texto final escribe el papa Francisco: «El Documento final de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos recoge los frutos de un camino marcado por la escucha del Pueblo de Dios y por el discernimiento de los pastores. Dejándose iluminar por el Espíritu Santo, toda la Iglesia ha sido llamada a leer su propia experiencia y a identificar los pasos a dar para vivir la comunión, realizar la participación y promover la misión que Jesucristo le confió.»

En su conclusión (3), el Documento final del Sínodo aspira a que cunda el ejemplo en una sociedad que en muchos aspectos se muestra tensionada: «la sinodalidad de la Iglesia se convierte en profecía social, inspirando nuevos caminos también para la política y la economía, colaborando con todos los que creen en la fraternidad y la paz en un intercambio de dones con el mundo.»

Continúa: «Viviendo el proceso sinodal hemos tomado nueva conciencia de que la salvación que hay que recibir y proclamar pasa a través de las relaciones. Se vive y se testimonia juntos. La historia se nos presenta trágicamente marcada por la guerra, la rivalidad por el poder, por miles injusticias y represiones. Sabemos, sin embargo, que el Espíritu ha puesto en el corazón de cada ser humano un deseo profundo y silencioso de relaciones auténticas y de vínculos verdaderos. La creación misma habla de unidad y de compartir, de variedad y de entrelazamiento entre las distintas formas de vida. Todo nace de la armonía y tiende a la armonía, incluso cuando sufre la herida devastadora del mal. El sentido último de la sinodalidad es el testimonio que la Iglesia está llamada a dar de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, la armonía del amor que se derrama de sí misma para darse al mundo. Caminando en estilo sinodal, en el entrelazamiento de nuestras vocaciones, carismas y ministerios, y saliendo al encuentro de todos para llevar la alegría del Evangelio, podremos vivir la comunión que salva: con Dios, con toda la humanidad y con toda la creación. De este modo, gracias al compartir, comenzaremos ya a experimentar el banquete de vida que Dios ofrece a todos los pueblos.»

Dos referencias pueden dar aliento al espíritu sinodal que se ha abierto a todas las realidades eclesiales: un aforismo: «Solos llegamos más rápido, juntos llegamos más lejos» y una oración de Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien» (4). En el Saludo final a la asamblea el papa cita unas palabras de la poetisa francesa Madeleine Delbrêl: «hay lugares donde sopla el Espíritu, pero hay un Espíritu que sopla en todos los lugares.»

Una vez finalizada la asamblea sinodal se inició la fase de implementación que concluirá el año 2028. Se ha publicado un documento que da unas pistas para llevarlo a cabo. Todo el proceso ha de tener en cuenta que «la sinodalidad permite articular concretamente la implicación de todos (el Pueblo santo de Dios) y el ministerio de algunos (el Colegio episcopal) en el proceso de toma de decisiones sobre la misión de la Iglesia». Dicho de otra manera e incluyendo al Santo Padre: «El proceso sinodal ha ayudado también a revisar los modos de ejercicio del ministerio del Obispo de Roma a la luz de la sinodalidad. En efecto, la sinodalidad articula de manera sinfónica las dimensiones comunitaria (“todos”), colegial (“algunos”) y personal (“uno”) de cada Iglesia local y de toda la Iglesia. En esta perspectiva, el ministerio petrino es inherente a la dinámica sinodal, así como la dimensión comunitaria, que incluye a todo el Pueblo de Dios, y aquella colegial del ministerio episcopal» (5).

El Documento final concluye con una invocación a la Madre de Dios: «A la Virgen María, que lleva el espléndido título de Odigitria, Aquella que indica y guía el camino, confiamos los resultados de este Sínodo. Que Ella, Madre de la Iglesia, que en el Cenáculo ayudó a la comunidad naciente a abrirse a la novedad de Pentecostés, nos enseñe a ser un Pueblo de discípulos misioneros que caminan juntos: una Iglesia sinodal.»

(1) Publicado en Religión en Libertad. Extraído de https://www.religionenlibertad.com/vaticano/260213/leon-xiv-cambiara-curia-edad-guzman-carriquiry_116527.html

El video completo del evento se puede ver en la página web del organizador https://elcorrent.org/es/

(2) San Ignacio de Loyola: Ejercicios espirituales, número 318: «5ª regla. La quinta: en tiempo de desolación nunca hacer mudanza mas estar firme y constante en los propósitos y determinación en que estaba el día antecedente a la tal desolación, o en la determinación en que estaba en la antecedente consolación. Porque así como en la consolación nos guía y aconseja más el buen spíritu, así en la desolación el malo, con cuyos consexos no podemos tomar camino para acertar.» Extraído de https://ejerciciosespirituales.org/wp-content/uploads/2017/03/LIBRO_EE.pdf

(3) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale, Conclusión: Un banqute para todos los pueblos. Puntos 152 a 155. También se ha hecho mención a los puntos 127 y 130. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(4) Evangelio según san Lucas, capítulo 10, versículos 21-24: «En aquella hora, se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”. Y, volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: “¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron”.» Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/lucas/

(5) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión, obra citada, puntos 127 y 130.