domingo, 21 de diciembre de 2025

Exigencias de la ambición

Más allá de uno mismo

Alguna cuña publicitaria navideña ha utilizado un refrán popular: ‘No es más rico quien más tiene sino el que menos necesita’ (1). Sin embargo, es habitual que aspiremos a tener una vida mejor, según entendamos cada uno qué supone tener una vida mejor, pero ese deseo suele ir acompañado de tener más de algo. Una tendencia que es alimento de la ambición, una pulsión que el diccionario define como ‘deseo ardiente de conseguir algo’. Surge entonces la cuestión: ‘¿a costa de qué?’, porque en cada decisión que tomamos para dirigirnos hacia ese anhelo hay alternativas que quedan marginadas.

Jean Doutreval es un famoso médico y profesor universitario. Está viudo y tiene tres hijos, dos mujeres y un varón. Está desarrollando un tratamiento innovador para tratar las enfermedades mentales, que está acaparando mucho interés en la profesión dentro y fuera de Francia. La construcción de un centro especializado donde desarrollar su terapia se ha convertido para él en objetivo preferente. Su extremado orgullo e interés por mantenerse en la élite profesional, se han llevado por delante la relación con su hijo, la vida de su hija mayor y la implicación de sus colaboradores más cercanos. Se encuentra ante la tesitura de decidir qué hacer para afrontar el conflicto originado por la relación de su hija menor con un influyente político, que puede perjudicar la realización de su anhelado proyecto. Se le pasa por la cabeza poner en riesgo la vida de su hija para evitar que el proyecto se vaya al traste. Pero de pronto…

«Se dio cuenta del abismo al que iba a precipitarse. Y se negaba a creer que hubiese podido consentir en ello. Se percató claramente de lo que iba a hacer: inmolar su último hijo a su orgullo, sacrificar la última posibilidad de dicha que le quedaba en su intento de salvar una obra que, ahora lo veía claramente, no era más que un embuste. Arrancó brutalmente el velo que nublaba su facultad de pensar, aventó de su mente toda la bruma acumulada por su soberbia y se confesó a sí mismo que lo que a fin de cuentas se proponía era hacer abortar a su hija, recabar para el Centro la ayuda del amante de Fabienne y apartar de su lado a su hija, perderla, sacrificarla. Esa odiosa y cruda verdad le horrorizó. No, eso no era posible, él no llegaría hasta ese extremo. Y de pronto, como un alud irresistible, invadió su ser un hondo sentimiento de cariño hacia Fabienne...»

» Aunque su amor propio y su terquedad nihilista se desgañitaran, Doutreval era incapaz de ir más lejos. Algo en él se negaba a salir adelante. Capitulaba, cedía a la ternura humana, a la necesidad de amar, a la piedad, a un instinto más poderoso que él, que dominaba su razón. No, no podía resignarse a ese último y salvaje sacrificio de su hija. Sería la bancarrota de su vida, de todos sus principios, de todas sus afirmaciones... La destrucción de toda su obra, el derrumbamiento de todos los holocaustos hasta entonces consentidos. ¡Qué más da! Había llegado el momento en que el orgullo, el yo, reclamaban de él, después de todo lo ocurrido, el sacrificio de su último hijo. Y eso era mucho, demasiado.»

Se da cuenta adónde le ha conducido el orgullo y recuerda las palabras de su hijo antes de la ruptura: «¡Pides demasiado para mí!» Y Maxence van der Meersch, autor del relato, apostilla: «Se percataba de pronto de la salvaje inhumanidad del nuevo ídolo. Se daba cuenta de que sería incapaz de darle entera y total satisfacción, y, por vez primera en su vida, de esa cosa sorprendente y consoladora: de que muy pocos hombres han podido vivir un ateísmo total, llegar hasta las extremas consecuencias del nihilismo... “¡Me pides demasiado!” A él, el hombre cruel y despiadado, le había llegado el turno de ceder, de sacrificarse por un sentimiento de ternura, de piedad...»

Haciendo un hueco al ejercicio introspectivo de Doutreval sobre su trayectoria, van der Meersch comenta: «¡Memoria, inteligencia, razón, altas facultades del alma de las cuales nos gloriamos, sujetas, en cambio, a la rosa de los vientos del orgullo!» (2). Inevitablemente, suele suceder en estas situaciones que la oscuridad se cierne sobre el pensamiento, sólo se es capaz de ver el mal que se ha hecho: «Solo, apoyado en un añoso árbol, bajo la luz del crepúsculo, Doutreval, por vez primera, hacía examen de su vida y se juzgaba a sí mismo: “¡Un genio! ¡Un gran hombre! ¡Una gloria! Sí, quizá es eso. ¡Vanidad, presunción, mentira, bajezas, robos, crímenes! Y ni siquiera sin que uno se dé cuenta. ¡El orgullo! ¡Ah, el orgullo!»

Pero nunca está todo perdido. Hay que salir del bucle siniestro de la autocensura, de la autocondena. Será su hija quien le rescatará del abismo interior en que está sumido al sincerarse con ella. Su hija le hará ver las luces que ha observado en su trayectoria. Entonces «sentía una opresión en el pecho. Se sentó sobre un tronco de álamo, sacó el pañuelo y lloró. En su abatimiento y su miseria, las palabras de su hija cobraban para él una íntima dulzura y un inexplicable sentimiento de aliento. Pues uno de los mayores goces que el hombre pueda experimentar es encontrar en su pasado el recuerdo de un gesto surgido del fondo de sí mismo, realizado sin proponérselo, sin haberlo querido, casi inconscientemente; un gesto de pura bondad, que le impele a creer en el bien. Y más allá del bien, que lo sepamos o no, está siempre la presencia de Dios. Pues los amores del hombre se cifran en el amor a sí mismo o en el amor a Dios. Sólo esos dos amores existen» (3).

«Ambicionad los carismas mayores», propone san Pablo a los Coríntios, antes de mostrarles y mostrarnos «un camino más excelente», aquel en que cualquier logro que se busque o se consiga va acompañado de la caridad (4). Va bien recordarlo por Navidad y esforzarnos por llevarlo a la práctica todos los días del año.

(1) Ver https://cvc.cervantes.es/lengua/refranero/ficha.aspx?Par=59165&Lng=0

(2) Maxence van der Meersch: Cuerpos y almas. Título original : Corps et ames (1943). Editorial: Luis de Caralt – 1ª edición (1962) de Las novelas de la medicina. Traductor: Cristóbal Rivero. Segunda parte, capítulo IV.

(3) Maxence van der Meersch, obra citada, segunda parte, capítulo V.

(4) Ver 1ª carta de san Pablo a los Coríntios, capítulo 13, versículos 1 a 3 y siguientes: «Si hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, pero no tengo amor, no sería más que un metal que resuena o un címbalo que aturde. Si tuviera el don de profecía y conociera todos los secretos y todo el saber; si tuviera fe como para mover montañas, pero no tengo amor, no sería nada. Si repartiera todos mis bienes entre los necesitados; si entregara mi cuerpo a las llamas, pero no tengo amor, de nada me serviría. El amor es…»   Extraído de: https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/1-corintios/



lunes, 15 de diciembre de 2025

En torno al Sínodo (26)

Responder a los cambios

Podemos tener la sensación de tener muchos frentes abiertos y, a la vez, ser conscientes que nos resulta imposible acometerlos todos a la vez. ¿Qué hacemos? ¿Cuáles son más importantes? ¿Qué prioridades debemos establecer? La impaciencia conduce muchas veces a la desolación o a resolver las cuestiones precipitadamente mediante apaños que sirven para salir del paso momentáneamente impidiendo resolverlos convenientemente.

Stephen Covey introdujo una frase redundante a manera de recordatorio, que Victor Küppers ha popularizado en nuestros lares: “lo más importante en la vida es que lo más importante sea lo más importante”. Nos hemos de acostumbrar a priorizar y para priorizar tenemos que saber adónde queremos ir a parar, identificando ‘qué es lo más importante’.

La Iglesia, extendida por todo el mundo, tiene múltiples frentes abiertos y de distinto cariz, porque unos son de carácter global i otros de carácter local. En el Sínodo de la sinodalidad han surgido muchísimas cuestiones que hay que tratar y procurar resolver; en algunas de ellas ya hay equipos designados que las están estudiando.

Una de las cuestiones, con varias derivadas, afecta a la estructura territorial: «La experiencia del enraizamiento debe hacer frente a profundos cambios socioculturales que están modificando la percepción de los lugares. El concepto de lugar ya no puede ser entendido en términos puramente geográficos y espaciales, sino que en nuestra época evoca la pertenencia a una red de relaciones y a una cultura cuyas raíces territoriales son más dinámicas y flexibles que nunca» (1).

El Documento final describe a continuación tres situaciones: «La urbanización es uno de los principales factores de este cambio: hoy, por primera vez en la historia de la humanidad, la mayoría de la población mundial vive en contextos urbanos. Las grandes ciudades son a menudo aglomeraciones humanas sin historia ni identidad, en las que las personas viven como islas. Los vínculos territoriales tradicionales cambian de significado, haciendo que los límites de las parroquias y de las diócesis estén menos definidos». «Nuestra época también se caracteriza por el aumento de la movilidad humana, motivada por diversas razones. Los refugiados y los migrantes forman a menudo comunidades dinámicas, incluso en sus prácticas religiosas, haciendo que el lugar donde se instalan sea multicultural «La difusión de la cultura digital, especialmente evidente entre los jóvenes, también está cambiando profundamente la percepción del espacio y del tiempo, influyendo en las actividades cotidianas, las comunicaciones y las relaciones interpersonales, incluida la fe. Las posibilidades que ofrece la red reconfiguran las relaciones, los vínculos y las fronteras. Aunque hoy estamos más conectados que nunca, a menudo experimentamos soledad y marginación.»

Las estructuras territoriales de la Iglesia, como son las diócesis y las parroquias, así como las demás realidades eclesiales deben afrontar estas cuestiones teniendo claro hacia dónde hay que ir, de manera que la diversidad no dificulte la unidad con el pastor local, que a su vez ha de estar unido al pastor universal; ni pretender convertir la unidad en una uniformidad que ahoga el soplo del Espíritu.

Para orientarnos en esta tarea, pienso que viene a cuento lo expresado por Benedicto XVI en Deus caritas est (2):

«a) La naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en una triple tarea: anuncio de la Palabra de Dios (kerygma-martyria), celebración de los Sacramentos (leiturgia) y servicio de la caridad (diakonia). Son tareas que se implican mutuamente y no pueden separarse una de otra. Para la Iglesia, la caridad no es una especie de actividad de asistencia social que también se podría dejar a otros, sino que pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia.

b) La Iglesia es la familia de Dios en el mundo. En esta familia no debe haber nadie que sufra por falta de lo necesario. Pero, al mismo tiempo, la caritas-agapé supera los confines de la Iglesia; la parábola del buen Samaritano sigue siendo el criterio de comportamiento y muestra la universalidad del amor que se dirige hacia el necesitado encontrado «casualmente» (3), quienquiera que sea. No obstante, quedando a salvo la universalidad del amor, también se da la exigencia específicamente eclesial de que, precisamente en la Iglesia misma como familia, ninguno de sus miembros sufra por encontrarse en necesidad. En este sentido, siguen teniendo valor las palabras de la Carta a los Gálatas: “Mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en la fe” (4)

(1) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale, Cuarta parte: “Una pesca abundante”. Puntos tratados 111 a 119. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(2) Benedicto XVI: Carta encíclica Deus caritas est, punto 25. Extraído de https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html#25

(3) Evangelio según san Lucas, capítulo 10, versículos 30 a 34: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció, y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó.» Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/lucas/

(4) Carta de san Pablo a los Gálatas, capítulo 6, versículo 10. Ver https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/galatas/

sábado, 6 de diciembre de 2025

En torno al Sínodo (25)

Movimiento con fundamento

Abrí los ojos para mirar a mi alrededor / Y a mi alrededor el mundo / giraba como siempre / Gira, el mundo gira / En un espacio infinito // El mundo nunca se ha detenido ni un instante / La noche siempre persigue al día / Y el día llegará. La voz de Jimmy Fontana acompañaba los acordes de la melodía de Il mondo con frases como estas.

El planeta Tierra se mueve internamente y externamente desde el punto de vista físico. También lo hace en su interior como consecuencia de la actividad dinámica de los seres vivos que lo poblamos. Quizá esa inquietud natural conduce a que el ser humano aprecie tanto la estabilidad, el orden, el sosiego…, que sólo puede conseguir temporalmente; se podría decir que vivimos en un constante equilibrio inestable. De ahí que sea tan importante asentar y cultivar fundamentos sólidos que permitan afrontar los cambios sin dar bandazos vitales.

La cuarta parte del Documento final del Sínodo (1) se centra en los vínculos, que han experimentado una transformación notable en los últimos años. No conviene quedarse encallado en la nostalgia de un pasado que no va a volver, aunque esa experiencia nos puede ayudar a valorar aspectos positivos a los que no dábamos importancia entonces y ahora notamos a faltar; aspectos que trascendían el momento, el espacio temporal concreto, y que valdría la pena recuperar. En el día a día estamos tan cerca de nosotros mismos, tan ocupados en tantas cosas, que apenas le sacamos jugo a lo que vivimos; quizá por falta de reflexión, quizá por una especie de overbooking de ocupaciones, voluntarias e involuntarias, que absorben nuestro tiempo; los árboles de nuestra existencia que nos dificultan ver el bosque.

En el punto inicial de esta parte, el Documento se acerca a esta realidad cambiante: «Así es la Iglesia sinodal, hecha de vínculos que unen en la comunión y de espacios para la variedad de pueblos y culturas. En un momento en el que cambia la experiencia de los lugares donde la Iglesia está arraigada y peregrina, es necesario cultivar en formas nuevas el intercambio de dones y el entrelazamiento de los vínculos que nos unen, sostenidos por el ministerio de los obispos en comunión entre sí y con el Obispo de Roma

Estas características de la Iglesia, arraigo y peregrinaje, que desarrolla el primer epígrafe, tienen que ver con la consolidación y la expansión del mensaje que Jesús trasladó a sus discípulos: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (2). Los Hechos de los Apóstoles nos hablan de cómo crece la Iglesia en los primeros años de su existencia en distintos territorios por los desplazamientos de sus fieles, a veces como consecuencia de persecuciones. La diáspora daba paso al nacimiento de nuevas comunidades impulsadas por fieles que van transmitiendo su fe allá donde se encuentran.

En esos lugares donde la llama del mensaje cristiano prende hay que establecerse para que este fuego perdure y cobre mayor viveza. De ello se ocupa este epígrafe del Documento: «El anuncio del Evangelio, suscitando la fe en el corazón de los hombres y las mujeres, lleva a la fundación de una Iglesia en un lugar particular. La Iglesia no puede entenderse sin estar enraizada en un territorio concreto, en un espacio y en un tiempo donde se forma una experiencia compartida de encuentro con Dios que salva

El mensaje no tiene pretensión de conquista, sino de elevar las realidades humanas que se va encontrando a otra dimensión; nada hay humano que no pueda ser contagiado por el amor de Dios y ser transformado por él. Continúa el Documento: «La dimensión local de la Iglesia conserva la rica diversidad de las expresiones de fe arraigadas en contextos culturales e históricos específicos, y la comunión de las Iglesias manifiesta la comunión de los fieles dentro de la única Iglesia.» Con motivo de la celebración del decimoséptimo centenario de concilio de Nicea se recordaban estas palabras de san Pablo: «Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todos, que está sobre todos, actúa por medio de todos y está en todos» (3), que han originado un canto solemne que se escucha en algunas celebraciones eucarísticas (4).

La fe en Jesús tiene un carácter expansivo que brota del interior (5), no puede quedar encerrada en un templo ni en los márgenes de un domicilio o un espacio exclusivo para unos pocos. El mensaje va dirigido a todos y se ha de hacer presente en la sociedad. El cristiano no busca refugiarse en una parroquia, o en un grupo o en una comunidad, sino que vive su fe allí donde le toca estar en cada momento. El Documento sigue: «De este modo, la conversión sinodal invita a cada persona a ampliar el espacio del propio corazón, el primer “lugar” donde resuenan todas nuestras relaciones, enraizadas en la relación personal de cada uno con Cristo Jesús y su Iglesia. Esta es la fuente y la condición de toda reforma en clave sinodal de los vínculos de pertenencia y de los lugares eclesiales. La acción pastoral no puede limitarse a cuidar las relaciones entre personas que se sienten en sintonía entre ellas, sino que debe favorecer el encuentro con cada hombre y cada mujer

Los siguientes puntos de este epígrafe abordan la incidencia de los cambios socioculturales que se producen en la sociedad y repercuten en la Iglesia; así como la respuesta que puede darse desde los distintos estamentos eclesiales, tema que procuraré comentar en los siguientes escritos.

(1) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale, Cuarta parte: “Una pesca abundante”. Puntos tratados 109 y 110. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(2) Evangelio según san Mateo, capítulo 28, versículo 19. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/nuevo-testamento-mateo/

(3) Carta de san Pablo a los Efesios, capítulo 4, versículos 5 y 6. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/biblia-efesios/

(4) Se puede escuchar en https://youtu.be/s0F18LZV_o4

(5) Evangelio según san Lucas, capítulo 6, versículo 45: «El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/lucas/

domingo, 23 de noviembre de 2025

Sin perder el norte

Descubrimiento tras la desazón

Nada sabía de san Alberto Hurtado hasta que una noticia sobre un acto realizado en una universidad chilena que lleva su nombre, que me produjo una cierta desazón, me llevó a interesarme por saber algo más de este santo chileno al que hizo referencia en diversas ocasiones el papa Francisco durante su viaje a Chile en enero de 2018 (1).

Buscando en internet encontré un texto que transcribe, tras una breve glosa biográfica, algunas intervenciones orales y escritas del santo; ha sido publicado con el título Un fuego que enciende otros fuegos (2).

Alberto Hurtado Cruchaga nació y murió en Chile. Su vida transcurrió entre los años 1901 y 1952. Cincuenta y un años de una vida intensa, veintinueve de ellos unido a la Compañía de Jesús y diecinueve como sacerdote. Fue canonizado en el año 2005 por el papa Benedicto XVI. Los escritos a los que he tenido acceso revelan una gran fuerza espiritual, acompañada de un espíritu apostólico desbordante y una inquietud social del mismo cariz.

Reproduzco a continuación uno de los textos, que no desmerece los otros incluidos en la obra citada. Se titula Nuestra imitación de Cristo; recoge una conferencia pronunciada en la Universidad Católica de Chile en 1940, cuyo contenido es tan actual y universal como lo era entonces. Invita a reflexionar sobre si estamos bien orientados en nuestra manera de vivir la fe.

«Toda nuestra santificación consiste en conocer a Cristo e imitar a Cristo. Todo el evangelio y todos los santos están llenos de este ideal, que es el ideal cristiano por excelencia. Vivir en Cristo; transformarse en Cristo... San Pablo: “Nada juzgué digno sino de conocer a Cristo y a este crucificado” (3)... “Vivo yo, ya no yo, sino Cristo vive en mí” (3)... La tarea de todos los santos es realizar en la medida de sus fuerzas, según la donación de la gracia, diferente en cada uno, el ideal paulino de vivir la vida de Cristo. Imitar a Cristo, meditar en su vida, conocer sus ejemplos... Pero, ¡de cuántas maneras se ha comprendido la imitación de Cristo!

I. Maneras erradas de imitar a Cristo

1. Para unos, la imitación de Cristo se reduce a un estudio histórico de Jesús. Van a buscar el Cristo histórico y se quedan en Él. Lo estudian, leen el Evangelio, investigan la cronología, se informan de las costumbres del pueblo judío... Y su estudio, más bien científico que espiritual, es frío e inerte. La imitación de Cristo para éstos se reduciría a una copia literal de la vida de Cristo. Pero no es esto. No: “El espíritu vivifica; la letra mata” (5).

2. Para otros, la imitación de Cristo es más bien un asunto especulativo. Ven en Jesús como el gran legislador; el que soluciona todos los problemas humanos, el sociólogo por excelencia; el artista que se complace en la naturaleza, que se recrea con los pequeñuelos... Para unos es un artista, un filósofo, un reformador, un sociólogo, y ellos lo contemplan, lo admiran, pero no mudan su vida ante Él.

3. Otro grupo de personas creen imitar a Cristo preocupándose, al extremo opuesto, únicamente de la observancia de sus mandamientos, siendo fieles observadores de las leyes divinas y eclesiásticas. Escrupulosos en la práctica de los ayunos y abstinencias. Contemplan la vida de Cristo como un prolongado deber, y nuestra vida como un deber que prolonga el de Cristo. A las leyes dadas por Cristo ellos agregan otras, para completar los silencios, de modo que toda la vida es un continuo deber, un reglamento de perfección, desconocedor en absoluto de la libertad de espíritu.

El foco de su atención no es Cristo, sino el pecado. El sacramento esencial en la Iglesia no es la Eucaristía, ni el Bautismo, sino la Confesión. La única preocupación es huir del pecado. E imitar a Cristo para ellos es huir de los pensamientos malos, evitar todo peligro, limitar la libertad de todo el mundo y sospechar malas intenciones en cualquier acontecimiento de la vida. No; no es ésta la imitación de Cristo que proponemos. Esta podría ser la actitud de los fariseos, no la de Cristo.

4. Para otros, la imitación de Cristo es un gran activismo apostólico, una multiplicación de esfuerzos de orientación de apostolado, un moverse continuamente en crear obras y más obras, en multiplicar reuniones y asociaciones. Algunos sitúan el triunfo del catolicismo únicamente en actitudes políticas. Para otros, lo esencial es una gran procesión de antorchas, una reunión gigante, la fundación de un periódico... Y no digo que eso esté mal, que eso no haya de hacerse. Todo es necesario, pero no es eso lo esencial del catolicismo.

II. Verdadera solución

Nuestra religión no consiste, como en primer elemento, en una reconstrucción del Cristo histórico; ni en una pura metafísica o sociología o política; ni en una sola lucha fría y estéril contra el pecado; ni primordialmente en la actitud de conquista. Nuestra imitación de Cristo no consiste tampoco en hacer lo que Cristo hizo, ¡nuestra civilización y condiciones de vida son tan diferentes!

Nuestra imitación de Cristo consiste en vivir la vida de Cristo, en tener esa actitud interior y exterior que en todo se conforma a la de Cristo, en hacer lo que Cristo haría si estuviese en mi lugar. Lo primero necesario para imitar a Cristo es asimilarse a Él por la gracia, que es la participación de la vida divina. Y de aquí ante todo aprecia el Bautismo, que introduce, y la Eucaristía que alimenta esa vida y que da a Cristo, y si la pierde, la Penitencia para recobrar esa vida...

Y luego de poseer esa vida, procura actuarla continuamente en todas las circunstancias de su vida por la práctica de todas las virtudes que Cristo practicó, en particular por la caridad, la virtud más amada de Cristo.

La encarnación histórica necesariamente restringió a Cristo y su vida divino–humana a un cuadro limitado por el tiempo y el espacio. La encarnación mística, que es el cuerpo de Cristo, la Iglesia, quita esa restricción y la amplía a todos los tiempos y espacios donde hay un bautizado. La vida divina aparece en todo el mundo. El Cristo histórico fue judío, vivió en Palestina, en tiempo del Imperio Romano. El Cristo místico es chileno del siglo XX, alemán, francés y africano... Es profesor y comerciante, es ingeniero, abogado y obrero, preso y monarca... Es todo cristiano que vive en gracia de Dios y que aspira a integrar su vida en las normas de la vida de Cristo en sus secretas aspiraciones. Y que aspira siempre a esto: a hacer lo que hace, como Cristo lo haría en su lugar. A enseñar la ingeniería, como Cristo la enseñaría; el derecho...; a hacer una operación con la delicadeza de Cristo...; a tratar a sus alumnos con la fuerza suave, amorosa y respetuosa de Cristo; a interesarse por ellos como Cristo se interesaría si estuviese en su lugar. A viajar como viajaría Cristo, a orar como oraría Cristo, a conducirse en política, en economía, en su vida de hogar como se conduciría Cristo.

Esto supone un conocimiento de los evangelios y de la tradición de la Iglesia, una lucha contra el pecado; trae consigo una metafísica, una estética, una sociología, un espíritu ardiente de conquista... Pero no cifra en ellos lo primordial. Si humanamente fracasa, si el éxito no corona su apostolado, no por eso se impacienta. La única derrota consiste en dejar de ser Cristo por la apostasía o por el pecado.

Este es el catolicismo de un Francisco de Asís, Ignacio, Javier, y de tantos jóvenes y no jóvenes que viven su vida cotidiana de casados, de profesores, de solteros, de estudiantes, de religiosos, que participan en el deporte y en la política con ese criterio de ser Cristo. Éstos son los faros que convierten las almas, y que salvan las naciones.»

(1) San Alberto Hurtado: “¿Qué haría Cristo en mi lugar?, artículo de Manuel Cubías publicado en Vatican News. Enlace: https://www.vaticannews.va/es/iglesia/news/2020-08/aniversario-san-alberto-hurtado-que-haria-cristo-en-mi-lugar.html

(2) San Alberto Hurtado: Un fuego que enciende otros fuegos. Editor: Centro de Estudios San Alberto Hurtado. Pontificia Universidad Católica de Chile – 22ª edición (2012). 189 páginas. Capítulo: Nuestra imitación de Cristo. Conferencia en la Universidad Católica, 1940, páginas 131 a 133. Se puede acceder al texto completo en https://www.clerus.org/clerus/dati/2012-07/31-13/Un_fuego.pdf

(3) 1ª Carta de san Pablo a los Corintios, capítulo 2, versículo 2

(4) Carta de san Pablo a los Gálatas, capítulo 2, versículo 20

(5) 2ª Carta de san Pablo a Corintios, capítulo 3, versículo 6

martes, 11 de noviembre de 2025

¿Con qué te quedas?

El rastro de los famosos

Se atribuye al humorista gráfico Roberto Fontanarrosa la frase: “Qué me importa lo que Maradona hizo con su vida, me importa lo que hizo con la mía”. La compleja vida de una estrella, en este caso futbolística, queda reflejada en esta frase reproducida por Pablo Philippens en un artículo publicado tras la muerte del astro argentino, de la que se cumplirán 5 años en unos días. Philippens concluye su artículo: «aquel que emociona nunca se olvida» (1).

Fontanarrosa no juzga el fruto, las cualidades deportivas de Maradona, sino lo que el jugo le ha proporcionado. Unas habilidades que el argentino convirtió en arte, porque es propio del arte emocionar: Si el arte no emociona, se disuelve en técnica, porque lo que diferencia al creador no es su dominio de la forma, sino su capacidad de darle alma”, escribe Vittoria Balloons Barcelona en Facebook.

Luces y sombras acompañaron la vida de Maradona, como ocurre en la de cualquier ser humano, aunque no sea famoso. Tanto la admiración como la animadversión hacia una persona, sobre todo cuando se convierte en un personaje popular, son capaces de distorsionar nuestro juicio: la tendencia a trasladar a la totalidad de la persona aquello que nos entusiasma o disgusta perturba nuestra visión, como también ocurre cuando uno se encuentra inmerso en posiciones polarizadas. La complejidad inherente a cada ser humano se simplifica, enmarcándolo en un modelo de vida que hemos proyectado; sólo así satisface nuestras expectativas. Pero, ¿qué sabemos realmente de su vida más allá de su imagen pública?; ¿qué sabemos de lo que bulle en su interior?

La cantante Rosalía está dando mucho que hablar estos días. Su último trabajo musical ha sorprendido enormemente, y los comentarios que ha generado han traspasado los circuitos habituales que le prestaban atención. Des de uno de estos otros canales me llegó la noticia de una entrevista que había concedido a Mar Vallverdú para el podcast Radio Noia (2). Una entrevista que se realizó antes de la presentación del nuevo disco, realizada en un marco peculiar: el domicilio de la entrevistadora, tendidas ambas sobre su cama con un micrófono en la mano, charlando amigablemente de múltiples temas, sin que el tono distendido de la conversación impidiese a la artista verter reflexiones profundas sobre su vida.

Dice Rosalía que ha escuchado que hay dos maneras de tener confianza: “una está basada en la creencia que tendrás éxito. La otra está basada en no tener miedo al fracaso.” Hasta ahora había prevalecido en sus trabajos la primera opción, que ella define como de fuera a dentro. En esta ocasión, sin embargo, “creo que es la primera vez que hago un disco desde la segunda opción. No había hecho un disco de dentro hacia fuera.” Esa manifestación de la interioridad con el riesgo que comporta de no ser comprendida la expresa Rosalía en los primeros compases de la entrevista tras indicar que cada uno ha de seguir su camino y que Mar Vallverdú le confiase que tiene una frase estrella: “Los locos abren los caminos que más tarde recorren los sabios” (3); que da pie a que la cantante se pregunte: “¿Por qué los demás han de entender siempre lo que estamos haciendo? ¿Por qué necesitamos que los otros entiendan lo que estamos haciendo cuando lo estamos haciendo? Esto es estar mirando mucho hacia fuera. Yo creo que uno ha de vivir hacia dentro.”

¿Dónde quedarán las inquietudes que expresa Rosalía en la entrevista cuando pase la vorágine de la presentación y promoción del nuevo disco? ¿Irá abriendo espacio para que pueda penetrar esa misteriosa luz? ¿Irá llenando el vacío que percibe, a pesar de todo lo que ha experimentado y logrado hasta ahora? Forma parte de su camino, el que ella ha de transitar en medio de las contradicciones que a todos nos acompañan en mayor o menor medida, como ella también manifiesta en la entrevista.

Y los espectadores, ¿qué? Si algún poso ha dejado, cabe preguntarse ¿con qué te quedas?

(1) Artículo de Pablo Philippens en Los Andes, 25 de noviembre de 2020. Extraído de https://www.losandes.com.ar/mas-deportes/que-otros-te-juzguen-por-lo-que-hiciste-con-tu-vida-yo-me-voy-a-quedar-con-lo-que-hiciste-con-la-mia

(2) Radio Primavera Sound, Podcast Radio Noia: M'allito amb la Rosalía, entrevista de Mar Vallverdú, 16 de octubre de 2025. Traducido de https://www.youtube.com/watch?v=4ubv2VR3gZ8

(3) Frase atribuida a Carlo Dossi (“Carlo Alberto Pisani Dossi (Zenevredo , 27 de marzo de 1849; Cardina, Como, 19 de noviembre de 1910) fue un escritor, político y diplomático italiano.” Extraído de https://en.wikipedia.org/wiki/Carlo_Dossi)

lunes, 3 de noviembre de 2025

En torno al Sínodo (24)

Dentro de un orden

Una famosa portada de la revista de humor satírico Hermano lobo mostraba la arenga de un político desde el estrado proclamando “O nosotros o el caos”. Tras la respuesta de la multitud: “el caos, el caos”, el político afirma: “Es igual, también somos nosotros” (1).

La voluntad participativa, que abarca a todo bautizado, con que se presenta la sinodalidad puede dar pie a pensar en un escenario caótico; un murmullo ensordecedor donde pueden proliferar ideas peregrinas y prácticas extravagantes, mezcladas con resistencias más o menos timoratas amparadas en la posibilidad de que se deriven cambios doctrinales alejados de la Sagrada Escritura y la tradición eclesiástica.

El último epígrafe de la tercera parte del Documento final del Sínodo (2) indica el camino que debe seguir esta inmensa participación que se persigue: «La participación de los bautizados en los procesos decisionales, así como las prácticas de rendición de cuentas y de evaluación, se desarrollan a través de mediaciones institucionales, en primer lugar, los órganos de participación que, a nivel de la Iglesia local, ya prevé el derecho canónico.» Unos órganos que enumera a continuación y de los que indica que «los miembros lo son en función de su rol eclesial, según sus responsabilidades diferenciadas en las distintas capacidades» y que «cada uno de estos organismos participa en el discernimiento necesario para el anuncio inculturado del Evangelio, la misión de la comunidad en su propio ambiente y el testimonio de los bautizados que la componen.»

El Documento interpela a que estos organismos sean creados donde no existan y, además, operativos: «Una Iglesia sinodal se basa en la existencia, eficiencia y vitalidad efectiva, y no meramente nominal, de estos órganos de participación, así como en su funcionamiento conforme a las disposiciones canónicas o a la costumbre legítima, y en el cumplimiento de los estatutos y reglamentos que los rigen.» Puntualizando a continuación que «deberían ser obligatorios».

El Documento da unas orientaciones sobre el funcionamiento de dichos organismos, que remite a la autoridad competente sin especificarlo: «Resulta oportuno intervenir en el funcionamiento de estos organismos, empezando por la adopción de una metodología de trabajo sinodal»; que «debe prestarse especial atención al modo de designación de los miembros», poniendo énfasis en que «se favorezca una mayor implicación de las mujeres, de los jóvenes y de quienes viven en condiciones de pobreza o marginación»; y que «es esencial que estos órganos incluyan a personas bautizadas comprometidas con el testimonio de la fe en las realidades ordinarias de la vida y en las dinámicas sociales, con una reconocida disposición apostólica y misionera, y no sólo a personas dedicadas a organizar la vida y los servicios dentro de la comunidad. De este modo, el discernimiento eclesial se beneficiará de una mayor apertura, capacidad de análisis de la realidad y pluralidad de perspectivas

Concluyo reproduciendo algunos fragmentos de la homilía que pronunció el papa León el pasado 26 de octubre dirigida a los miembros de los equipos sinodales y los órganos de participación en el marco del Jubileo (4). Pienso que son ilustrativos del camino eclesial auspiciado por el papa Francisco y corroborado por su sucesor:

«Al celebrar el Jubileo de los equipos sinodales y de los órganos de participación, se nos invita a contemplar y a redescubrir el misterio de la Iglesia, que no es una simple institución religiosa ni se identifica con las jerarquías o con sus estructuras. La Iglesia, en cambio, como nos lo ha recordado el Concilio Vaticano II (3), es el signo visible de la unión entre Dios y los hombres, de su proyecto de reunirnos a todos en una única familia de hermanos y hermanas y de hacer de nosotros su pueblo, un pueblo de hijos amados, todos unidos en el único abrazo de su amor.

Mirando el misterio de la comunión eclesial, generada y custodiada por el Espíritu Santo, podemos comprender también el significado de los equipos sinodales y de los órganos de participación. Estas estructuras expresan lo que ocurre en la Iglesia, donde las relaciones no responden a las lógicas del poder sino a las del amor. Las primeras —para recordar una admonición constante del Papa Francisco— son lógicas “mundanas”, mientras que en la comunidad cristiana el primado atañe a la vida espiritual, que nos hace descubrir que todos somos hijos de Dios, hermanos entre nosotros, llamados a servirnos los unos a los otros.

La regla suprema en la Iglesia es el amor. Nadie está llamado a mandar, todos lo son a servir; nadie debe imponer las propias ideas, todos deben escucharse recíprocamente; sin excluir a nadie, todos estamos llamados a participar; ninguno posee la verdad toda entera, todos la debemos buscar con humildad, y juntos.

Precisamente la palabra “juntos” expresa la llamada a la comunión en la Iglesia. El Papa Francisco nos lo ha recordado también en su último Mensaje de Cuaresma: «La vocación de la Iglesia es caminar juntos, ser sinodales. Los cristianos están llamados a hacer camino juntos, nunca como viajeros solitarios. El Espíritu Santo nos impulsa a salir de nosotros mismos para ir hacia Dios y hacia los hermanos, y nunca a encerrarnos en nosotros mismos. Caminar juntos significa ser artesanos de unidad, partiendo de la dignidad común de hijos de Dios (5)

Tras hacer alusión al evangelio que se leía ese domingo, el del fariseo y el publicano (6), continúa: «Los equipos sinodales y los organismos de participación son imagen de esa Iglesia que vive en la comunión. Y hoy quisiera invitarlos a que, en la escucha del Espíritu, en el diálogo, en la fraternidad y en la parresia, nos ayuden a comprender que, en la Iglesia, antes de cualquier diferencia, estamos llamados a caminar juntos en busca de Dios, para revestirnos de los sentimientos de Cristo; ayúdennos a ensanchar el espacio eclesial para que este sea colegial y acogedor.

Esto nos ayudará a afrontar con confianza y con espíritu renovado las tensiones que atraviesan la vida de la Iglesia —entre unidad y diversidad, tradición y novedad, autoridad y participación—, dejando que el Espíritu las transforme, para que no se conviertan en contraposiciones ideológicas y polarizaciones dañinas. No se trata de resolverlas reduciendo unas a otras, sino dejar que sean fecundadas por el Espíritu, para que se armonicen y orienten hacia un discernimiento común. Como equipos sinodales y miembros de organismos de participación saben ciertamente que el discernimiento eclesial requiere “libertad interior, humildad, oración, confianza mutua, apertura a las novedades y abandono a la voluntad de Dios. No es nunca la afirmación de un punto de vista personal o de grupo, ni se resuelve en la simple suma de opiniones individuales” (7). Ser Iglesia sinodal significa reconocer que la verdad no se posee, sino que se busca juntos, dejándonos guiar por un corazón inquieto y enamorado del Amor

(1) Portada del número 169 del semanario Hermano lobo, 2 de agosto de 1975

(2) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale, Tercera parte: “Echar la red”. Puntos tratados 103 a 108. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(3) Concilio Vaticano II: Constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen Gentium, número 1: «La Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano.» Extraído de https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html

(4) León XIV: Homilía del 26 de octubre de 2025. Extraído de https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2025/documents/20251026-giubileo-equipe-sinodali.html

(5) Francisco: Mensaje de Cuaresma, 25 de febrero de 2025. Ver en https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2025/02/25/240225a.html

(6) Ver Evangelio según San Lucas, capítulo 18, versículos 9-14. Referencia https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/lucas/

(7) Sínodo de la sinodalidad: Documento final, 26 octubre 2024, número 82.

miércoles, 15 de octubre de 2025

En torno al Sínodo (23)

Luz y taquígrafos

“Roma locuta, causa finita”, una sentencia de origen agustiniano (1) por la que se quiere dar a entender que una vez la autoridad competente se ha pronunciado el caso se ha cerrado.

El proceso decisional de la sinodalidad no sigue este camino (2): «El proceso decisional no concluye con la toma de decisiones. Debe ir acompañada y seguida de prácticas de rendición de cuentas y evaluación, en un espíritu de transparencia inspirado en criterios evangélicos.» No vale servirse de la opacidad del ‘ordeno y mando’; las decisiones se han de explicar y están sujetas a ser evaluadas, sin que esto suponga menoscabar la autoridad pastoral.

Al referirse a la transparencia, el Documento final del Sínodo incluye una cita de san Pablo: «Hemos renunciado a la clandestinidad vergonzante, no actuando con intrigas ni falseando la palabra de Dios; sino que, manifestando la verdad, nos recomendamos a la conciencia de todo el mundo delante de Dios» (3). Que se puede cotejar con las palabras de Jesús: «¿Se trae la lámpara para meterla debajo del celemín o debajo de la cama?, ¿no es para ponerla en el candelero? No hay nada escondido, sino para que sea descubierto; no hay nada oculto, sino para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga» (4).

Para evitar equívocos conviene delimitar el ámbito de la transparencia, tal como expresa el Documento final: «La transparencia, en su correcto sentido evangélico, no compromete el respeto a la intimidad y a la confidencialidad, la protección y el cuidado de las personas, de su dignidad y de sus derechos, incluso frente a pretensiones indebidas de la autoridad civil. Todo ello, sin embargo, nunca puede justificar prácticas contrarias al Evangelio ni convertirse en pretexto para eludir o encubrir acciones del mal.»

Pone énfasis en el secreto de confesión, que algunas legislaciones pretenden violentar en determinados casos: «En todo caso, por lo que se refiere al secreto confesional, “el sello sacramental es indispensable y ningún poder humano tiene jurisdicción sobre él, ni puede revocarlo” Esta última frase, pronunciada por el papa Francisco (5), recuerda el drama de la película Yo confieso que dirigió Alfred Hitchcock.

Sigue el Documento: «La actitud de transparencia constituye un guardián de esa confianza y credibilidad de las que una Iglesia sinodal, atenta a las relaciones, no puede prescindir. Cuando se viola la confianza, son los más débiles y vulnerables quienes sufren las consecuencias. Allí donde la Iglesia goza de confianza, las prácticas de transparencia, rendición de cuentas y evaluación contribuyen a consolidarla, y son un elemento aún más crítico allí donde la credibilidad de la Iglesia debe ser reconstruida. Esto es especialmente importante en el cuidado y la protección de menores y de personas vulnerables (safeguarding).»

Y añade: «Estas prácticas contribuyen a asegurar la fidelidad de la Iglesia a su misión. Su ausencia es una de las consecuencias del clericalismo y, al mismo tiempo, lo alimenta. Se basa en la suposición implícita de que los que tienen autoridad en la Iglesia no deben rendir cuentas de sus acciones y decisiones, como si estuvieran aislados o por encima del resto del Pueblo de Dios.»

Un punto anterior, el 55, advertía: «La Iglesia debe escuchar con particular atención y sensibilidad la voz de las víctimas y de los sobrevivientes de los abusos sexuales, espirituales, institucionales, de poder o de conciencia de parte de miembros del clero o de personas con cargos eclesiales.» Pero la transparencia que se demanda no se limita exclusivamente a estos casos: «También concierne al estilo de vida de los pastores, los planes pastorales, los métodos de evangelización y el modo en que la Iglesia respeta la dignidad de la persona humana, por ejemplo, en lo que respecta a las condiciones de trabajo dentro de sus instituciones.»

Dar cuenta de lo que se hace y cómo se hace, de abajo a arriba y de arriba a abajo: «Si la Iglesia sinodal quiere ser acogedora, la rendición de cuentas debe convertirse en una práctica habitual a todos los niveles.» Sin estar atenazados por el qué dirán o qué pensarán. Sin temor a mostrar las heridas que laceran su misión. Esas heridas recuerdan que en cuanto nos alejamos de Él naufragamos. Así, nos deben impulsar a acercarnos más a Él, pasando por encima del descrédito que suponen los errores y las malas prácticas. El papa León XIV, refiriéndose a las apariciones de Jesús a los apóstoles mostrándoles las llagas dice: «Jesús está ya plenamente reconciliado con todo lo que ha sufrido. No guarda ningún rencor. Las heridas no sirven para reprender, sino para confirmar un amor más fuerte que cualquier infidelidad. Son la prueba de que, precisamente en el momento en que hemos fallado, Dios no se ha echado atrás. No ha renunciado a nosotros» (6). En el momento crucial casi todos los apóstoles y discípulos fallaron y, sin embargo, fueron los encargados de poner en marcha la Iglesia con el aliento del Espíritu Santo poniendo en juego sus vidas.

Unida a la rendición de cuentas está la evaluación, que es un medio para comprobar cómo se van desarrollando los proyectos, planes, decisiones y acciones que se llevan a cabo: «La evaluación no constituye un juicio sobre las personas, sino que permite poner de relieve los aspectos positivos y las áreas de posible mejora en la actuación de quienes tienen responsabilidades ministeriales, y ayuda a la Iglesia a aprender de la experiencia, a recalibrar los planes de acción y a permanecer atenta a la voz del Espíritu Santo, centrando la atención en los resultados de las decisiones en relación con la misión.»

Concluye este epígrafe poniendo de relieve que este empeño está orientado también a mostrar a la sociedad el verdadero rostro de la Iglesia a través de la comunicación: «Tenemos que darnos cuenta de que no se trata de un empeño burocrático en sí mismo, sino de un esfuerzo comunicativo que se revela como una poderosa herramienta educativa para cambiar la cultura, además de permitirnos dar mayor visibilidad a muchas iniciativas valiosas de la Iglesia y sus instituciones, que con demasiada frecuencia permanecen ocultas.»

Celebrando hoy la Iglesia a Santa Teresa de Jesús, me parece oportuno enlazar este tema con dos estrofas de uno de sus poemas:

Nada te turbe, / Nada te espante, / Todo se pasa, / Dios no se muda, // La paciencia / Todo lo alcanza; / Quien a Dios tiene / Nada le falta: / Sólo Dios basta (7).

(1) Extraído de https://www.elpandelospobres.com/roma-locuta-causa-finita “Concilio VI ecuménico, III de Constantinopla (680-681) El origen de esta frase (Roma locuta, causa finita) lo encontramos en San Agustín de Hipona (354-430). Para cerrar la controversia pelagiana, el Papa Inocencio I condenó esa herejía con tal rotundidad en el año 417, que motivó a San Agustín de Hipona a pronunciar esta frase famosa el 23 de septiembre de 417 en su sermón número 131.10: «Refutad a los que se oponen a la gracia, y a los obstinados traédmelos a mí. Porque a propósito de esta cuestión ya se han enviado a la Sede Apostólica las actas de dos concilios; de allí han llegado también los rescriptos. El asunto quedó cerrado; ¡ojalá concluya de una vez el error!». Extraído de https://www.augustinus.it/spagnolo/discorsi/index2.htm

(2) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale, Tercera parte: “Echar la red”. Puntos tratados 55 y 95 a 102. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(3) 2ª Carta de san Pablo a los Corintios, capítulo 4, versículo 2. Ver en https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/2-corintios/

(4) Evangelio según san Marcos, capítulo 4, versículos 21 a 23. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/marcos/

(5) Francisco: Discurso a los participantes en el XXX Curso sobre el Foro Interno organizado por la Penitenciaría Apostólica, 29 de marzo de 2019. Ver discurso completo en https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2019/march/documents/papa-francesco_20190329_penitenzieria-apostolica.html

(6) León XIV: Audiencia General del 1 de octubre de 2025. Extraído de https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/audiences/2025/documents/20251001-udienza-generale.html

(7) Santa Teresa de Jesús: Poema Nada te turbe. Extraído de https://www.carmelitas.es/rincon-carmelita/rincon-carmelita-nada-te-turbe-santa-teresa-de-jesus-15-octubre-2022