Acoger lo que acontece
'Si te lo piensas mucho no los tienes', afirmaba una
actriz madre de dos hijos al ser preguntada sobre su maternidad. No mostraba
descontento, ni mucho menos, sino que ponía de manifiesto que esperar el
entorno apropiado –ideal- puede suponer no acabar de encontrar el momento adecuado
para abrir la puerta a la llegada de un hijo.Años más tarde, José Mota interpretaba un sketch titulado
‘Los efectos secundarios de ser padre’
(1) en el que al informar a un papá primerizo de lo que le
espera en adelante con el neonato éste acaba desmayándose. Es una parodia destinada
a provocar hilaridad y, como tal, caricaturiza sesgadamente, en este caso, la
función paterna deformando la realidad. ¿Quién puede predecir con pelos y
señales lo que ocurrirá durante la vida?
Cualquier actividad humana que se precie va acompañada de
claroscuros, momentos de incertidumbre, riesgos. Una compañera ironizaba al
unirse a los que se arremolinaban alrededor de quien venía a la oficina a
presentar a su bebé: '¡qué bonitos son los hijos de los demás!' Quien va de
visita no tiene la responsabilidad del que vive en la casa y, como es lógico,
ve las cosas que allí acontecen de otra manera. Por otra parte nos recuerda una
de las estrofas de A los árboles altos:
“Corazón que no quiera sufrir dolores, pase la vida entera libre de amores,
libre de amores” (2).
Hoy celebra la Iglesia católica la festividad de san José
obrero. La misión tan especial que le fue encargada, ser el padre legal de
Jesús, no le privó de tener que trabajar para ganar el sustento para él y su
familia, y también para crecer como persona e hijo de Dios a través de esa
labor. Intuimos, por lo que nos cuentan los evangelios, que no lo tuvo nada
fácil, incluso más complicado que muchos de nosotros. El escritor polaco Jan
Dobraczyński hace una descripción en La sombra del
Padre (3), donde recrea su vida atendiendo al entorno social, político y religioso
que se vivía en la época.
Dobraczyński nos presenta a un José muy humano, a nuestra
altura, que confía en Dios pero no se desentiende de sus obligaciones
familiares y sociales. Sabe que tiene una misión que llevar a cabo, pero no
detecta siempre con nitidez cómo actuar en cada momento. La impresión que
transmite es que cuando Dios encarga a alguien una misión no quiere que actúe
como un títere, sino como protagonista hasta donde pueda llegar, Él ya suplirá si
es preciso las limitaciones y carencias, pero no el desdén o la holgazanería.

A los momentos de desconcierto se refiere el papa
Francisco en Patris corde: «Muchas
veces ocurren hechos en nuestra vida cuyo significado no entendemos. Nuestra
primera reacción es a menudo de decepción y rebelión.» José se pregunta qué
debe hacer y no pierde el tiempo en disquisiciones o lamentos estériles: «deja
de lado sus razonamientos para dar paso a lo que acontece y, por más misterioso
que le parezca, lo acoge, asume la responsabilidad y se reconcilia con su
propia historia.» Y el Santo Padre concluye: «Si no nos reconciliamos con
nuestra historia, ni siquiera podremos dar el paso siguiente, porque siempre
seremos prisioneros de nuestras expectativas y de las consiguientes
decepciones» (4).Comentando este punto de la carta apostólica del Papa, el
obispo donostiarra José Ignacio Munilla pone el acento en que para seguir los
planes de Dios se ha de romper la tendencia a tenerlo todo claro antes de dar
un paso: «confía en Dios y ponte a caminar y según vas caminando ya irás
recibiendo», de distintas maneras, la luz que alumbra el camino. Para
ilustrarlo el prelado pone como ejemplo visual esos pasillos cuyas secciones se
van alumbrando cuando se acerca quien lo está transitando (5). Además, el ansia
por saber todo lo que va a pasar, como plantea el sketch, es ilusorio y contraproducente,
hay muchos datos que se escapan al análisis sociológico, más aún en el plano
espiritual. Así lo experimentó san Josemaría: «Si —en 1928— hubiera sabido lo
que me esperaba, hubiera muerto: pero Dios nuestro Señor me trató como a un
niño; no me presentó de una vez todo el peso, y me fue llevando adelante poco a
poco» (6).Aludiendo al libro de Dobraczyński dice el Santo Padre: «Con
la imagen evocadora de la sombra define la figura de José, que para Jesús es la
sombra del Padre celestial en la tierra: lo auxilia, lo protege, no se aparta
jamás de su lado para seguir sus pasos.» Remarca que la función paterna
trasciende la vinculación biológica: «Nadie nace padre, sino que se hace. Y no
se hace sólo por traer un hijo al mundo, sino por hacerse cargo de él
responsablemente. Todas las veces que alguien asume la responsabilidad de la
vida de otro, en cierto sentido ejercita la paternidad respecto a él.»La resistencia al desapego es el último obstáculo que
cabe salvar: «La paternidad que rehúsa la tentación de vivir la vida de los
hijos está siempre abierta a nuevos espacios. Cada niño lleva siempre consigo
un misterio, algo inédito que sólo puede ser revelado con la ayuda de un padre
que respete su libertad. Un padre que es consciente de que completa su acción
educativa y de que vive plenamente su paternidad sólo cuando se ha hecho
“inútil”, cuando ve que el hijo ha logrado ser autónomo y camina solo por los
senderos de la vida, cuando se pone en la situación de José, que siempre supo
que el Niño no era suyo, sino que simplemente había sido confiado a su cuidado»
(7).
(1) José Mota: Los
efectos secundarios de ser padre. Reproducido en: https://www.youtube.com/watch?v=0GG_6BI0Qiw
(2) Nuevo mester de juglaría: A los árboles altos. Letra: https://laguitarrazul.blogspot.com/2011/11/los-arboles-altos-nuevo-mester-de.html
Canción: https://www.youtube.com/watch?v=-84JZmFtOpw
(3) Jan Dobraczyński: La
sombra del padre. Título original: Cień Ojca (1977). Editorial: Palabra –
Colección: Arcaduz – 21ª edición (2015). Traductor: José F. Dáwid Jagusiak.
(4) Papa Francisco: Carta
apostólica Patris corde. Punto 4
(5) Mons. José Ignacio Munilla: Los siete domingos de San José (4º). Reproducido en https://www.youtube.com/watch?v=htRS1gfuYkg
(6) Álvaro del Portillo: Una vida para Dios. Reflexiones en torno a la figura de Josemaría
Escrivá de Balaguer. Rialp, Madrid 1992, pp. 275-276. Testimonio extraído de san
Josemaría: Carta 29-IX-1957, n. 79.
Reproducido en https://www.unav.edu/documents/3511980/5bfa9fdb-34c9-4e46-9d47-402599c5d7cf
(7) Papa Francisco, Patris corde, punto 7