martes, 18 de mayo de 2021

Reparos a la sinceridad

Integridad manifestada con tiento

“Mamita, si pregunta por mí dile que no estoy” (1) repite una y otra vez el cuarteto que hizo famosa la canción hace más de medio siglo: expresión de un desencanto amoroso con el ritmo pop de la época. Asocio el estribillo a un ejemplo que se utiliza cuando se habla a padres y madres sobre la educación de la sinceridad de los hijos: ‘Les dices que digan siempre la verdad y un día suena el teléfono –una llamada que consideras inoportuna- y antes de descolgarlo uno de tus hijos le indicas: ¡di que no estoy!’ La reacción del auditorio ante una versión de ‘consejos vendo que para mí no tengo’ suele ir acompañada de algunas miradas y sonrisas.

Se valora positivamente decir la verdad, pero en determinadas circunstancias se considera inconveniente, porque se entiende que supone una vulnerabilidad o un perjuicio que no se quiere asumir. Chesterton en un escrito de principios del siglo XX hace responsables a los educadores que transmiten la idea de que conviene gestionar su utilidad -¿qué gano con ello?; ¿qué me va a costar-: «a ningún escolar inglés se le enseña nunca a decir la verdad, por la simple razón de que nunca se le enseña a desear la verdad. Desde el mismísimo principio se le enseña a no atribuir la menor importancia a la cuestión de que un hecho es un hecho; se le enseña sólo a preocuparse por la cuestión de si el hecho puede usarse de su “parte” cuando está “jugando el juego”.» (2)

La consecuencias de mentir o la falta de sinceridad –palabra y comportamiento- en uno mismo y en el entorno no suelen ser inmediatas, lo que contribuye a que no se dé excesiva importancia a lo que se consideran mentirijillas, piadosas o impías. Sin embargo, tienen un efecto corrosivo en la convivencia, porque mina la confianza. Michael Ende lo ilustra en un fragmento de La historia interminable. El protagonista, Bastián Baltasar Bux, descubre cómo sus falsedades perjudican gravemente al Reino de Fantasía: «Con espanto y vergüenza, Bastián pensó en sus propias mentiras. Las historias inventadas que contaba no eran mentiras. Eran otra cosa. Pero en algunas ocasiones había mentido de forma totalmente consciente y deliberada… A veces por miedo, a veces por conseguir algo que quería tener sin falta, a veces también sólo para darse importancia (3)

Aun así, hay ocasiones en que la verdad parece tan dura que se hace cuesta arriba resistirse a la tentación de negarla o maquillarla. Incluso se esgrime que no se hace en beneficio propio, sino por el bien de otro a quien no se quiere dañar. Sin embargo, no se ayuda a nadie con engaños, lo que no impide que se tenga que poner esfuerzo para decir la verdad cuando corresponda de la forma menos lesiva posible. No se es veraz, ni sincero, escupiendo la verdad. Toda virtud debe ir acompañada de caridad –amor superlativo-. Sin atisbo de caridad no hay asomo de virtud.

(1) Los 4 de la torre: Mamita (1965). Reproducción de la canción en: https://www.youtube.com/watch?v=IeDsGQhETJc. Reproducción de la letra: https://im-digital.biz/letras.asp?Id=3662.

(2) G. K. Chesterton: Lo que está mal en el mundo (1910). Editorial: Acantilado – Colección: El Acantilado, número 171 – 1ª edición (2008). Traductora: Mónica Rubio. 251 páginas. Parte cuarta, capítulo XI, página 203.

(3) Michael Ende: La historia interminable (1979). Capítulo I

sábado, 1 de mayo de 2021

Transitar en la incertidumbre

Acoger lo que acontece

'Si te lo piensas mucho no los tienes', afirmaba una actriz madre de dos hijos al ser preguntada sobre su maternidad. No mostraba descontento, ni mucho menos, sino que ponía de manifiesto que esperar el entorno apropiado –ideal- puede suponer no acabar de encontrar el momento adecuado para abrir la puerta a la llegada de un hijo.

Años más tarde, José Mota interpretaba un sketch titulado ‘Los efectos secundarios de ser padre’ (1) en el que al informar a un papá primerizo de lo que le espera en adelante con el neonato éste acaba desmayándose. Es una parodia destinada a provocar hilaridad y, como tal, caricaturiza sesgadamente, en este caso, la función paterna deformando la realidad. ¿Quién puede predecir con pelos y señales lo que ocurrirá durante la vida?

Cualquier actividad humana que se precie va acompañada de claroscuros, momentos de incertidumbre, riesgos. Una compañera ironizaba al unirse a los que se arremolinaban alrededor de quien venía a la oficina a presentar a su bebé: '¡qué bonitos son los hijos de los demás!' Quien va de visita no tiene la responsabilidad del que vive en la casa y, como es lógico, ve las cosas que allí acontecen de otra manera. Por otra parte nos recuerda una de las estrofas de A los árboles altos: Corazón que no quiera sufrir dolores, pase la vida entera libre de amores, libre de amores” (2).


Hoy celebra la Iglesia católica la festividad de san José obrero. La misión tan especial que le fue encargada, ser el padre legal de Jesús, no le privó de tener que trabajar para ganar el sustento para él y su familia, y también para crecer como persona e hijo de Dios a través de esa labor. Intuimos, por lo que nos cuentan los evangelios, que no lo tuvo nada fácil, incluso más complicado que muchos de nosotros. El escritor polaco Jan Dobraczyński hace una descripción en La sombra del Padre (3), donde recrea su vida atendiendo al entorno social, político y religioso que se vivía en la época.

Dobraczyński nos presenta a un José muy humano, a nuestra altura, que confía en Dios pero no se desentiende de sus obligaciones familiares y sociales. Sabe que tiene una misión que llevar a cabo, pero no detecta siempre con nitidez cómo actuar en cada momento. La impresión que transmite es que cuando Dios encarga a alguien una misión no quiere que actúe como un títere, sino como protagonista hasta donde pueda llegar, Él ya suplirá si es preciso las limitaciones y carencias, pero no el desdén o la holgazanería.

A los momentos de desconcierto se refiere el papa Francisco en Patris corde: «Muchas veces ocurren hechos en nuestra vida cuyo significado no entendemos. Nuestra primera reacción es a menudo de decepción y rebelión.» José se pregunta qué debe hacer y no pierde el tiempo en disquisiciones o lamentos estériles: «deja de lado sus razonamientos para dar paso a lo que acontece y, por más misterioso que le parezca, lo acoge, asume la responsabilidad y se reconcilia con su propia historia.» Y el Santo Padre concluye: «Si no nos reconciliamos con nuestra historia, ni siquiera podremos dar el paso siguiente, porque siempre seremos prisioneros de nuestras expectativas y de las consiguientes decepciones» (4).

Comentando este punto de la carta apostólica del Papa, el obispo donostiarra José Ignacio Munilla pone el acento en que para seguir los planes de Dios se ha de romper la tendencia a tenerlo todo claro antes de dar un paso: «confía en Dios y ponte a caminar y según vas caminando ya irás recibiendo», de distintas maneras, la luz que alumbra el camino. Para ilustrarlo el prelado pone como ejemplo visual esos pasillos cuyas secciones se van alumbrando cuando se acerca quien lo está transitando (5). Además, el ansia por saber todo lo que va a pasar, como plantea el sketch, es ilusorio y contraproducente, hay muchos datos que se escapan al análisis sociológico, más aún en el plano espiritual. Así lo experimentó san Josemaría: «Si —en 1928— hubiera sabido lo que me esperaba, hubiera muerto: pero Dios nuestro Señor me trató como a un niño; no me presentó de una vez todo el peso, y me fue llevando adelante poco a poco» (6).

Aludiendo al libro de Dobraczyński dice el Santo Padre: «Con la imagen evocadora de la sombra define la figura de José, que para Jesús es la sombra del Padre celestial en la tierra: lo auxilia, lo protege, no se aparta jamás de su lado para seguir sus pasos.» Remarca que la función paterna trasciende la vinculación biológica: «Nadie nace padre, sino que se hace. Y no se hace sólo por traer un hijo al mundo, sino por hacerse cargo de él responsablemente. Todas las veces que alguien asume la responsabilidad de la vida de otro, en cierto sentido ejercita la paternidad respecto a él

La resistencia al desapego es el último obstáculo que cabe salvar: «La paternidad que rehúsa la tentación de vivir la vida de los hijos está siempre abierta a nuevos espacios. Cada niño lleva siempre consigo un misterio, algo inédito que sólo puede ser revelado con la ayuda de un padre que respete su libertad. Un padre que es consciente de que completa su acción educativa y de que vive plenamente su paternidad sólo cuando se ha hecho “inútil”, cuando ve que el hijo ha logrado ser autónomo y camina solo por los senderos de la vida, cuando se pone en la situación de José, que siempre supo que el Niño no era suyo, sino que simplemente había sido confiado a su cuidado» (7).

 

(1) José Mota: Los efectos secundarios de ser padre. Reproducido en: https://www.youtube.com/watch?v=0GG_6BI0Qiw

(2) Nuevo mester de juglaría: A los árboles altos. Letra: https://laguitarrazul.blogspot.com/2011/11/los-arboles-altos-nuevo-mester-de.html Canción: https://www.youtube.com/watch?v=-84JZmFtOpw

(3) Jan Dobraczyński: La sombra del padre. Título original: Cień Ojca (1977). Editorial: Palabra – Colección: Arcaduz – 21ª edición (2015). Traductor: José F. Dáwid Jagusiak.

(4) Papa Francisco: Carta apostólica Patris corde. Punto 4

(5) Mons. José Ignacio Munilla: Los siete domingos de San José (4º). Reproducido en https://www.youtube.com/watch?v=htRS1gfuYkg

(6) Álvaro del Portillo: Una vida para Dios. Reflexiones en torno a la figura de Josemaría Escrivá de Balaguer. Rialp, Madrid 1992, pp. 275-276. Testimonio extraído de san Josemaría: Carta 29-IX-1957, n. 79. Reproducido en https://www.unav.edu/documents/3511980/5bfa9fdb-34c9-4e46-9d47-402599c5d7cf

(7) Papa Francisco, Patris corde, punto 7