Oculto en la respetabilidad
Andy viene escocido de la
prueba anterior. Las muestras de displicencia que brindaba a sus compañeros de
concurso quedaron malheridas al oír el veredicto del jurado de MasterChef. Su
labor como capitán no estuvo atinada y ahora le tocaba defender su continuidad
en el programa en la prueba de eliminación. Presenta su plato y lo llama ‘Cura
de humildad’, que le sirve para salir airoso del trance. Quizá el apuro pasado produzca
algún efecto en su actitud futura.
¿Por qué alguien tiene que
morir para salvarme la vida? Es la pregunta que carcome interiormente a Larry
desde que observa las consecuencias de la maniobra de un compañero para
resguardarle del ataque enemigo en el transcurso de la Gran Guerra. A partir de
ahí buscará con ahínco una respuesta que le complazca: apartándose del estilo
de vida anterior, leyendo, viajando, realizando distintos oficios y sometiéndose
temporalmente a modos de vida alejados del mundanal ruido. Tan solo se sentirá
algo aliviado con las directrices de la filosofía vedanta que le transmitirá un
santón indio, que incluirá una experiencia eremítica.
Antes de ello participará
de la vida monástica al aceptar la invitación de un monje al que conoce en una
pensión, que se lo ofrece como una opción que le puede ayudar a resolver sus dudas. No satisfará sus pretensiones, aunque agradece el
trato recibido, que le permite desenvolverse a su aire: “Permanecí allí tres meses. Fui muy feliz. Aquella vida me
gustaba. La biblioteca era buena y leí mucho. Ninguno de los frailes procuró
influir en mí lo más mínimo, pero todos parecían encontrar placer en charlar
conmigo” (2). Pero no encuentra lo que anhela: “Aquellos santos frailes no me
ofrecían respuestas satisfactorias para mi inteligencia ni para mi corazón a
las preguntas que me tenían perplejo.”
Reconoce que hay cualidades
que nos sobrepasan: “el don de la fe no me fue concedido; quería creer, pero no
podía hacerlo”. ¿Cuál es el problema? La clave puede estar en una disposición
interior que opaca la luz divina, porque el criterio propio se interpone, la
eclipsa. Se manifiesta en la expresión “Si yo hubiera sido Dios”, con la que se
juzga a la divinidad con el propósito de enmendarle la plana. La criatura mira
desde arriba al Creador para dictarle como se debe comportar. Su estructura mental
no estaba preparada para dar cabida al Dios del que le hablaban aquellos
monjes: “Yo no estaba dispuesto a creer en un Dios omnisciente que no tuviera
sentido común”.
Con cortesía abandona su
estancia lamentando no haber cumplido con las expectativas que él creía que
tenían sobre él: “Mucho me temo, padre, que se haya llevado usted una
desilusión conmigo”. Sin embargo, la respuesta va en otra dirección: “No
-respondió-. Es usted un hombre profundamente religioso que no cree en Dios.
Dios le buscará. Volverá usted. Si ha de volver aquí, o si hallará a Dios en
algún otro lugar, solo Dios puede saberlo.” Como todo aquel que ama, Dios no desiste
en su empeño de atraernos hacia Él, pero no forzará nuestro consentimiento.
Este fragmento del relato
se puede relacionar con las palabras de san Pablo: “¡Oh profundidad de la
riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Qué incomprensibles son sus
juicios y qué inescrutables sus caminos! Pues ¿quién conoció los designios del
Señor?, o ¿quién llegó a ser su consejero?, o ¿quién le dio primero algo, para
poder recibir a cambio una recompensa? Porque de Él, por Él y para Él son todas
las cosas” (3). El sentido de esta última frase es uno de los motivos que confunden
a la visión excesivamente introspectiva de Larry.
![]() |
| * |
* Comentario tomado de https://es.slideshare.net/crashboat/dom-ord-22-c
(1) William Somerset Maugham: El filo de la navaja. Título original: The Razor’s Edge (1944). Editorial: Debolsillo – Colección: Contemporánea – 1ª edición (2010). Traductor: Fernando Calleja. 387 páginas. Capítulo cuarto
(1) William Somerset Maugham: El filo de la navaja. Título original: The Razor’s Edge (1944). Editorial: Debolsillo – Colección: Contemporánea – 1ª edición (2010). Traductor: Fernando Calleja. 387 páginas. Capítulo cuarto
(2) Maugham: El filo de la navaja, capítulo sexto.
Esta cita y las siguientes
(3) Carta de san Pablo a los Romanos, capítulo 11, versículos 33-36.
Ver enlace
https://www.bibliatodo.com/la-biblia/La-sagrada-biblia-edicion-eunsa/romanos-11
(4) Santa Teresa de Jesús: Las Moradas. Moradas sextas, capítulo
10. Ver en enlace: https://hjg.com.ar/teresa_moradas/moradas_6_10.html
“Una vez estaba yo
considerando por qué razón era nuestro Señor tan amigo de esta virtud de la
humildad, y púsoseme delante a mi parecer sin considerarlo, sino de presto
esto: que es porque Dios es suma Verdad, y la humildad es andar en verdad, que
lo es muy grande no tener cosa buena de nosotros, sino la miseria y ser nada; y
quien esto no entiende, anda en mentira.”





