domingo, 28 de mayo de 2017

Sin perder el norte

Medios que acaban distorsionando los fines


Hay instituciones y actividades benefactoras que pueden perder su razón de ser encumbradas en una malentendida eficacia. Benito Pérez Galdós relata en varios fragmentos de su novela Marianela (1) está distorsión de objetivos que se produce cuando las acciones, que se realizan aparentemente para hacer el bien, marginan, o dejan en un segundo plano, a aquellos a los que pretenden beneficiar.

El escritor canario habla de Sofía, una mujer que había perdido dos hijos durante el embarazo cuya “principal ocupación consistía en tocar el piano y en organizar asociaciones benéficas de señoras para socorros domiciliarios y sostenimiento de hospitales y escuelas… Ella, ayudada de dos o tres señoras de alto linaje, igualmente amantes del prójimo, había logrado celebrar más de veinte funciones dramáticas, otros tantos bailes de máscaras, seis corridas de toros y dos de gallos, todo en beneficio de los pobres.

Pérez Galdós
Reside en una aldea donde vive Nela una chica maltrecha de dieciséis años: “criatura abandonada, sola, inútil, incapaz de ganar jornal, sin pasado, sin porvenir, sin abolengo, sin esperanza, sin personalidad, sin derecho a nada más que al sustento.” Sofía dice de ella: “Atrasadilla está. ¡Qué desgracia! Y yo me pregunto: ¿para qué permite Dios que tales criaturas vivan?... Y me pregunto también: ¿qué es lo que se puede hacer por ella? Nada, nada más que darle de comer, vestirla... hasta cierto punto...”.

Cuando su cuñado Teodoro le afea que tenga más atenciones con su perro que con Nela, le replica: “en lo de saber practicar la caridad con prudencia y tino, tampoco creo que me eche el pie adelante persona alguna... No consiste, no, la caridad en dar, sin ton ni son cuando no existe la seguridad de que la limosna ha de ser bien empleada. ¡Si querrás darme lecciones!...

Y Teodoro le contesta: “Sí; ya sabemos, querida, que has hecho maravillas. No me cuentes otra vez lo de las funciones dramáticas, bailes y corridas de toros, organizadas por tu ingenio para alivio de los pobres, ni de los de las rifas, que, poniendo en juego grandes sumas, han servido, en primer lugar, para dar de comer a unos cuantos holgazanes, quedando solo para los enfermos un resto de poca monta. Todo eso sólo me prueba las singulares costumbres de una sociedad que no sabe ser caritativa, sino bailando, toreando y jugando a la lotería... No hablemos de eso; ya conozco estas heroicidades y las admiro; también eso tiene su mérito, y no poco. Pero tú y tus amigas rara vez os acercáis a un pobre para saber de su misma boca la causa de su miseria..., ni para observar qué clase de miseria le aqueja, pues hay algunas tan extraordinarias, que no se alivian con la fácil limosna del ochavo..., ni tampoco con el mendrugo de pan...”.

Instantánea de la intervención
del cardenal Bergoglio
Un fragmento que puede relacionarse con lo que poco más de ciento treinta años después el cardenal Bergoglio, hoy papa Francisco les decía a los miembros de Cáritas Argentina (2): «Cáritas no es una ONG más. Es la mano larga de la caridad de Jesús manso, que me inspira a subrayar la actitud de la Iglesia… no es despachar a la gente con un paquete, con una solución del momento, eso lo puede hacer cualquier institución. Cáritas es algo místico, algo eclesial; es la expresión del amor de Jesús…
»Si vos entrás en la solidaridad del servicio de Cáritas, tus hábitos de vidatienen que cambiar y no te podes permitir ciertos lujos que antes de tu conversión al servicio caritativo de la Iglesia te lo podías permitir…
»Con mucha vergüenza hemos asistido, hace muchos años, a cenas lujosas de Cáritas donde se rifaban joyas, cosas fastuosas. Te equivocaste, eso no es Cáritas. Perdiste ahí… Si preferís el bien en una ONG, vas a terminar como Susanita de Mafalda, ¿te acordás?. 'Yo cuando sea grande te con masas, sandwiches, y esas cosas ricas para comprar pulenta y fideos y las demás porquerías que comen los pobres (la intervención completa en https://www.youtube.com/watch?v=R0plFSJucfY)

Ficción y realidad se entrelazan en estos dos testimonios que se pueden encuadrar en lo que llamamos ‘caridad cristiana’, pero que alertan sobre lo que sucede con tantas iniciativas sociales bienintencionadas cuyo mensaje queda desvirtuado con el paso del tiempo, porque aquello que eran medios para darles pujanza han pasado a adquirir la mayor parte del protagonismo.

(1) Libro leído: Benito Pérez Galdós: Marianela (1878). Editorial Hernando. Colección: Novelas Españolas Contemporáneas. 32ª edición (1976). 253 páginas. El fragmento escogido del capítulo 9: Los Golfines
(2) Fragmentos recogidos de:
https://www.diariopopular.com.ar/papa-francisco/el-dia-que-el-papa-francisco-critico-caritas-n150736

miércoles, 24 de mayo de 2017

En medio del fregao

Decisiones arriesgadas

A veces la vida nos puede poner en medio de situaciones conflictivas que no hemos propiciado, pero que nos obligan a tomar postura. Es lo que le ocurre a James McKay cuando llega a la población donde reside su prometida, a la que conoció lejos de allí. El escenario de Horizontes de grandeza nos sitúa en un lugar donde la convivencia se ve amenazada constantemente por la manifiesta hostilidad entre dos clanes, los Terrill y los Hannassey, que aprovechan cualquier oportunidad para hacerse la puñeta. La enemistad personal entre los terratenientes es el fuego que alimenta las rencillas que se trasladan a familiares y empleados y que quieren trasladar al resto de la población: no puedes llevarte bien con miembros de uno y otro bando a la vez.

En este entorno donde las diferencias se dirimen con violencia y la virilidad se asimila con la brutalidad, James es un cuerpo extraño por sus cultivados modales, que no encajan en un ambiente social bravucón y pendenciero. Su prometida, que se había enamorado de él en otro ambiente, se siente decepcionada porque no sigue las pautas que rigen en el suyo.

El James que presenta el guión no parece un hombre de este mundo por su temple: un dominio exagerado de sí mismo y una completa seguridad sobre lo que debe hacer en cada momento. Ese excesivo realce es, en mi opinión, el punto débil de la película: presentar a un protagonista prácticamente inimitable, que oscurece el trasfondo de mostrar la absurdidad de esos odios irracionales entre bandos, cuyo fruto es la amargura y el resentimiento, tantas veces bañadas de sangre y miseria moral. La cordura que lleva a la pacificación parece sólo reservada a superhombres.

El escenario de la película es el western americano, pero su contenido –pistolas al margen- está presente en nuestra sociedad. Somos testigos de esa violencia verbal, y a veces física, en el mundo de la política, donde se pretende alimentar animadversión y desprecio por el adversario por quienes se arrogan como poseedores del sentir popular y por aquellos que pretenden sacar un beneficio a corto plazo. Creadores de división, de departamentos estancos incapaces de comunicarse entre sí, que pretenden auparse sobre el estiércol vertido sobre los demás. Mal camino para la convivencia si una gran mayoría se deja arrastrar por este discurso. Y, además, conviene convencerse que todos podemos aportar nuestro granito de arena para ayudar a hacer más amable nuestro entorno, sin que sea preciso tener las dotes de James McKay.

(1) Horizontes de grandeza (The Big Country). Año: 1958. Duración: 159 min. País: Estados Unidos. Director: William Wyler (https://www.filmaffinity.com/es/film825943.html)

viernes, 12 de mayo de 2017

Compromiso y responsabilidad social

Abandonar la zona de confort


Lo que sea de estos dependerá de lo que hagan otros’, le oí a un tertuliano refiriéndose a la segunda Asamblea Ciudadana de Podemos (Vistalegre 2), respondiendo a qué era la lo que cabría esperar de este acontecimiento. La frase pronunciada, que luego desarrolló, incide en el hecho de que el éxito de algunas corrientes políticas se aúpa sobre la desidia o la falta de compromiso de buena parte de la sociedad. Margaret Mead ya lo advirtió: “Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos reflexivos y comprometidos puede cambiar el mundo, de hecho, es lo único que lo ha logrado.”. La cuestión a considerar es qué supone ese cambio y hacia dónde se dirige.

Ludwig von Mises extiende el ámbito del compromiso al conjunto de los ciudadanos en un fragmento de El socialismo: “Cada uno de nosotros lleva sobre sus espaldas el peso de parte de la sociedad, y nadie ha sido dispensado de su cuota de responsabilidad por los demás; nadie puede hallar una vía de escape para sí mismo si la sociedad se ve arrastrada hacia la destrucción. Por consiguiente cada uno, por su propio interés, debe participar vigorosamente en la batalla intelectual. Nadie puede permanecer indiferente; del resultado de esa lucha dependen los intereses de todos. Cada hombre, independientemente de su elección, ha sido obligado a tomar parte en la batalla histórica, esa contienda decisiva en la cual nos ha precipitado nuestra época”. (1)

Ambas citas sirven de preámbulo de El engaño populista, escrito por el chileno Axel Kaiser y la guatemalteca Gloria Álvarez; un retrato pormenorizado del fenómeno populista en Latinoamérica y su ramificación hispana de la mano de Podemos. Denuncian las repercusiones negativas que se derivan de las políticas propulsadas por estos movimientos tanto en el ámbito económico como social: “En común tienen todos los populistas un desprecio profundo por la libertad personal y la dignidad humana, a pesar de que su creencia en la igualdad es revestida siempre de humanismo. Pero, la verdad es que su idolatría por el Estado es incompatible con el aprecio del individuo en cuanto agente digno, capaz de diseñar su plan de vida y perseguir sus fines responsablemente.”

Pero el populismo no es sólo fruto del empeño de unos activistas audaces, sino que para que germinen sus propuestas necesita encontrar un campo roturado por unas ideas que van calando en el imaginario social: “Nos referimos al populismo como producto intelectual. Con ello buscamos llamar la atención sobre el hecho de que las ideas, las ideologías y la hegemonía cultural que construyen intelectuales y líderes de opinión son nutrientes fundamentales del populismo. Por lo mismo, las ideas y la cultura son un instrumento esencial para derrotarlo. En otras palabras, creemos que la manera de vencer al populismo pasa esencialmente por tener el coraje de ser persistentes en la batalla de las ideas, ya que, como insistió el premio Nobel de Economía Friedrich A. Hayek, son las ideas las que en última instancia definen la evolución social, económica y política de las naciones”.

Si se quiere desactivar al populismo es mal camino anhelar un Estado benefactor que debe responsabilizarse en buena medida del bienestar e, incluso, de la ‘felicidad’. Responsabilidad y compromiso son siempre necesarios para que las cosas funcionen. Cuando estaba elaborando este escrito leí un tuit del papa Francisco, (persona no muy grata para los autores del libro), que va en la línea de lo manifestado por von Mises: “Todos tienen una aportación que ofrecer al conjunto de la sociedad, nadie está excluido de aportar algo para el bien de todos” (@Pontifex_es 9 mayo) y también un mensaje que dirige a los obispos de la CELAM que se reúnen estos días: “Sólo pesca el que no teme arriesgar” (4).

Si queremos que la sociedad funcione no basta con quejarse y esperar que otros arreglen los desaguisados. En la medida en que cada uno actúe en la medida de sus posibilidades allá donde esté es más fácil que ayude a mejorar su entorno y más difícil dejarse llevar por cantos de sirena y soluciones mágicas. Salir de la 'zona de confort' en lugar de refugiarse en lamentaciones.

(2) Axel Kaiser y Gloria Álvarez: El engaño populista. Por qué se arruinan nuestros países y cómo rescatarlos (2016). Ediciones Deusto. 1ª edición (2016)
(3) Friedrich A. Hayek, The constitution of liberty, Routledge, Abingdon (Reino Unido), 2006, p. 98.
(4) http://www.religionenlibertad.com/solo-pesca-que-teme-arriesgar-dice-papa--56701.htm

martes, 9 de mayo de 2017

Querer querer

Consciente y comprometido

No recuerdo el contexto en el que uno de mis amigos, a quien uno de sus subordinados denominaba cariñosamente ‘el mandón’, dijo que la que la fidelidad en el amor estaba en la cabeza. Este amigo es un profesional muy competente, pero más bien áspero en el trato y remiso a exteriorizar emociones, un tipo duro. Su afirmación parecía encajar con su modo de ser, pero no con el mío; así que a pesar del respeto que me merecían a menudo sus comentarios y la forma contundente de pronunciarse, no di mucho crédito a esta sentencia, me parecía demasiado radical.

Georgina Regàs
La periodista Carme Escales le preguntó a Georgina Regás, una anciana emprendedora –montó a los 72 años, ahora tiene 84, una fábrica de mermeladas y el Museu de la Confitura en Torrent (Girona)-: “De la separación de sus padres y de su propia vida [hace tres años que es viuda], ¿qué ha aprendido sobre amor conyugal?” Respondiendo: “Que el enamoramiento no dura toda la vida, pero es la complicidad de comprensión lo que te hace convivir con alguien más agradablemente.” (1)

Albert Espinosa extrae un diálogo de la película Al final de la escapada (2) –cuyo título menciona- para utilizarla en el relato de su libro Si tú me dices ven lo dejo todo… pero dime ven (3). En la película Michel, el protagonista de la película, pretende seducir a Patrice con múltiples argumentos. Mientras conduce un coche descapotable robado por París le dice de pronto:
- No puedo vivir sin ti.
La chica le contesta:
- Sí que puedes.
Y Michel replica:
- Sí puedo, pero no quiero.

La declaración de Michel, cuya conducta es más propia de un rufián descarado, tiene tintes de artimaña de conquistador para ganarse el favor de la chica. Sin embargo, en Espinosa ese diálogo revela una decisión comprometida. Dani, que pocos días antes ha visto marchar de casa a su esposa, se da cuenta de que han sido sus miedos lo que le han distanciado de ella y una vez dispuesto a desprenderse de ellos se comunica con ella para iniciar ese diálogo que les ha de llevar a la reconciliación.

Sentimiento y voluntad se entrelazan en el amor humano. Son complementarios, en ningún caso incompatibles. Focalizar la relación en el sentimiento, es situarla al borde del precipicio; fundamentarla exclusivamente en el cumplimiento de un deber es endurecerla, agriarla.

Pero sabemos que las relaciones entre personas no suelen tener una trayectoria lineal, lo habitual es que haya altibajos y, como ocurre con los coches, conviene disponer de unos buenos amortiguadores para que siga su camino sin apenas sobresaltos. El nivel de madurez es el proporcionará la estabilidad necesaria.

Una psicóloga nos dijo en una reunión en el colegio que una conducta madura era consecuencia de que la razón era capaz de dominar las emociones. Haciendo un símil se podría decir que la madurez de una relación amorosa es consecuencia de que la voluntad se sobrepone al sentimiento. No sólo querer (amor sensible), sino 'querer querer' (amor consciente y comprometido).

(2) Al final de la escapada. Título original: À bout de souffle. Año: 1960. Duración: 89 min. País: Francia. Director. Jean-Luc Godard (http://www.filmaffinity.com/es/film864598.html)
(3) Albert Espinosa: Si tú me dices ven lo dejo todo… pero dime ven (2010) – Grijalbo- 1ª edición 2011 – 201 páginas