jueves, 28 de abril de 2016

Superar prejuicios lingüísticos

A propósito de un artículo de Pemán

¿Las lenguas son un problema en sí mismo? No. Es una manifestación la forma en la que los miembros de una comunidad se comunican entre sí y es vehículo de expresión de su cultura, que queda reflejada en su léxico. Los lingüistas podrían aportar muchas más razones.

Hay quien puede achacar a la diversidad de lenguas el ser fruto del castigo bíblico asociado a la construcción torre de Babel, pero eso no justificaría la inquina con que algunos quieren enfrentar una lengua a otra. Pienso que en los conflictos políticos que surgen por este motivo subyace, sobre todo, la pretensión de ejercer un dominio o control a los ciudadanos.

Hace unos días acabé de leer una selección de artículos de Jose María Pemán que conforman el libro Signo y viento de la hora. Son retratos de la vida cotidiana de la época en que fueron escritos. Algunas cuestiones tratadas son coyunturales, otras tienen un recorrido más largo, al menos en el fondo de la cuestión desarrollada. Entre ellos me sorprendió un artículo dedicado a la lengua catalana, teniendo en cuenta el momento en que fue redactado y la fama que acompaña al autor. Cuando se eliminan los prejuicios, en muchas ocasiones lo que parecía un obstáculo se convierte en una riqueza.

Pienso que vale la pena reproducir íntegramente este texto, aunque juego con el tamaño de la letra y el formato para destacar lo que me parece más sustancial.

EL CATALAN: UN VASO DE AGUA CLARA*

Venir a Madrid, de cuando en cuando, es un modo de encontrarse los problemas socio-políticos ya planteados; ya en su período emocional y confuso. Es como llegar a una comedia en el segundo acto: cuando el desenlace se vislumbra cercano, y las fuerzas dramáticas presionan para que ese desenlace sea de este modo o del contrario.
En esta ocasión me encuentro - ¡otra vez! - el problema del idioma catalán revivido con ocasión de la enseñanza en las escuelas. Pienso que el primer problema del catalán como idioma es este de calificado como «problema». En este caso, como en otros muchos, el problema es el modo de manipular una cosa que en sí misma no lo es. El catalán, en sí, no es un problema: es una evidencia. Lo que ocurre es que las evidencias cobran fisonomía contorsionada de problema cuando son manejadas por los políticos, ¡que esos sí que son problema!
Ahora el tema echa chispas, porque en las Cortes, con ocasión de discutirse la Ley de Enseñanza se ha dicho que se tuviera cuidado con el catalán, que podía ser portador de virus políticos. Es otra vez la suspicacia renacida. Desde el día siguiente de la liberación de Cataluña se vio el camino que iban a emprender algunos, reincidiendo en pasados errores. Estuve en Barcelona en los primeros días. Aparecieron calles y esquinas empapeladas de tiras o rótulos inoficiales con este texto: «No hables catalán, habla la lengua del Imperio.» Se iniciaba esa fórmula que había de emplearse en muchas cosas: contestar a los hechos con los vocabularios. A mí me invitaron poco después para ser mantenedor de los «Jochs Flarals», que iban a reanudar la vieja tradición provenzal. La invitación iba acompañada de unas notas en las que se me adelantaba que no admitirían poemas escritos en catalán. También confidencialmente se me rogaba que no hiciera la exaltación de Juan Boscán, el primer poeta catalán que, a fines del siglo XV, escribió versos en castellano. Contesté excusándome, porque vi claramente que se organizaba un acto «separatista»: que de una raya o frontera tanto puede uno separarse de un lado como de otro; y por una ley de dinámica social el tirón hacia dentro es correlativo e inseparable del empujón hacia fuera.
Estaba claro que algunos estaban dispuestos a reincidir en la viciosa distribución arbitraria de buenos y malos. Por aquellos días en el orden cultural se armó revuelo cuando D'Ors publicó una «lista de las cosas que los griegos no tenían», en la que enumeraba, al lado de las gafas o la bufanda, la confesión vocal. Ahora se redactaba la nueva lista de cosas malas con igual convencionalismo: los partidos, el parlamento, la Prensa... el idioma catalán. Clasificadas así las cosas se les aplicaban soluciones absolutistas: enmendándole la plana a Dios; que, por ejemplo, prohíbe el adulterio, pero no prohíbe, curándose en salud, que salgan las mujeres a la calle, que las puertas tengan llavines, que los hombres se suban el cuello del abrigo, y otra porción de cosas que indudablemente facilitan la consumación del pecado. Guillotinando al enfermo se cura evidentemente su dolor de cabeza. Prohibiendo aprender a hablar el catalán, es seguro que en catalán no se dirá ninguna cosa desagradable o contraria al pensamiento del que hace la prohibición.
Para darse cuenta de que el catalán es una realidad evidente y biológica, basta observar el actual episodio. Plantean el tema restrictivamente los políticos, y le replican a coro la cultura, la antropología, el romanticismo. Se cita la Pacem in Terris, de Juan XXIII, donde dice que hay que «promover el desarrollo humano de las minorías, con medidas eficaces en favor de su lengua, su cultura o sus costumbres». Se citan también parecidas consignas de la UNESCO. Está bien claro que el tema tiene raíces trascendentes muy por encima de la pura política. Es bien claro que si se anuncia un proyecto de ley económico, mercantil, financiero, acuden a opinar, convocados o espontáneamente, las cámaras profesionales, las empresas, los sindicatos. Pero cuando lo que se plantea, como ahora, es el tema de la lengua catalana, acuden con una ensordecedora espontaneidad los ateneos, los clubs de fútbol, los catedráticos, los teatros de aficionados, las parroquias, los grandes almacenes... Está bien claro: es la «vida» en su totalidad espiritual y física la que se ha sentido convocada.
Todas estas realidades vivas se sienten dolidas al ver que como se propone cachear a los viajeros de las líneas de aviación, previendo la piratería aérea, se propongan algunos cachear al catalán por si lleva virus escondidos. No se comprende que estamos ante hechos biológicos que se escapan de las manos. El día en que Menéndez Pelayo fue mantenedor de unos «Jochs Florals», pronunciando en catalán parte de su discurso; y en que el poeta premiado con la «englantina de oro» era Jacinto Verdaguer, que declamó parte de su «Atlántida»; desde ese día había un hecho irreversible, que la política no podía desconocer: porque no era de la familia de las leyes o los decretos, sino de la familia de la biología y la física como la montaña de Montserrat, del Llobregat o el Mediterráneo.
Todavía son muchos los que escriben preguntando si el catalán o el gallego son lenguas o dialectos. Creen que ésta es una jerarquía administrativa que se dictamina desde fuera. Se es lengua cuando se tiene alojada en sus palabras una gran literatura. Nadie puede votar contra Curros Enríquez, Rosalía de Castro, Verdaguer, Maragall o Sagarra. Hay pueblos bilingües, eso es todo. Son muchos los catalanes que aunque hablen perfectamente el castellano piensan en catalán. No vale dar distinto valor al hecho de pensar en una lengua cuando hay dos, según el enfoque polémico del tema. En Puerto Rico, cada día más, se habla el inglés por personas que piensan en español. Le puede salir el tiro por la culata y herir la Hispanidad al que no valore en el pleito del catalán lo que es ser la lengua del pensamiento.
Hay que superar esa tendencia muy española a enfocar las cosas en un sentido pasivo y resignado, en vez de creador y activo. Es el caso de los beatos y escrupulosos que cuando el Papa decretó el permiso de beber agua, sin límite de tiempo, antes de la Comunión, encaraban el hecho como una condescendencia melancólica a la que había llegado el Papa porque no tenía más remedio. Sin entender que el episodio tenía un valor positivo; y lo que el Papa hacía era ensanchar las posibilidades de los comulgantes contra las dificultades y limitaciones de la antigua regla del ayuno: que es a lo que el Papa quería poner remedio. Lo que nos asombra no es que lo hiciera así, sino que durante tantos años y siglos se mantuviera esa suspicacia de impureza, frente a una criatura tan limpia y transparente como el agua.
Del mismo modo, el catalán no es un hecho que se «conlleva» o al que se resigna uno. Es un hecho, no pasivo, sino activo, que significa enriquecimiento y aumento para España. Transparente el contenido y el cristalino continente, nada hay en este tema que sea resignación o componenda. Hablar o leer o aprender el catalán es un hecho simplicísimo. Se trata de beber un vaso de agua clara.

* Publicado por el diario ABC el 19 de abril de 1970. Formó parte de la selección de artículos del mismo autor que hizo Emilio Gasco para conformar el libro Signo y viento de la hora publicado por Salvat dentro de la colección Biblioteca básica Salvat, libro RTV 84.



viernes, 22 de abril de 2016

Cuatro enemigos de la felicidad

El equilibrio emocional en juego

Hace algo más de quince años leí Tus zonas erróneas, un libro de Wayne Dyer que se presenta como ‘guía para combatir las causas de la infelicidad’. El tono del texto es provocador y pretende estimularnos a modificar aquellos comportamientos que son fuentes de infelicidad, aunque advierte Dyer: “El mirarte a ti mismo en profundidad con intenciones de cambiar puede ser algo que dices que te interesa hacer, pero a menudo tu comportamiento demuestra lo contrario. Es difícil cambiar. Si eres como la mayoría de la gente, hasta las fibras más íntimas de tu ser se resistirán a emprender el duro trabajo que significa eliminar los pensamientos que sirven de apoyo a tus sentimientos y conducta autoalienatorios.” Muchos de los planteamientos me resultaron chocantes y la agresividad con que eran expuestos estimulaba un rechazo interior porque afectaban al propio sistema de valores. La idea que me quedó más clara tras su lectura fue la importancia de no perder el tiempo dándole vueltas a los pensamientos que tienen los demás sobre nosotros.

El libro de Rafael Santandreu que acabo de leer, L’art de no amargar-se la vida, persigue un objetivo parecido, pero el tono es mucho más amable a pesar de llamar la atención sobre maneras de enfocar la vida que obstaculizan el bienestar emocional. Se presenta como ‘las claves del cambio psicológico y la transformación personal’. Santandreu es psicólogo cognitivo y propone un método para ser personas más fuertes y felices con las herramientas que se utilizan en su especialidad. El relato se apoya en anécdotas de su experiencia clínica y ejemplos de vida que le han cautivado. De los obstáculos que cita el autor, se pueden destacar, desde mi punto de vista, cuatro que hay que procurar eliminar: terribilizar (hacer una montaña de cualquier problema que surja), necesititis (crearse necesidades que si se analizan bien no lo son), quejas y ojalás –término no utilizado en el texto- (deseos que se confunden con necesidades).


En estos momentos en que se hacen más visibles los profesionales de la queja, conviene no dejarse arrastrar por el regusto amargo que deja esta actitud y aprender a disfrutar de lo que tenemos. Dice Santandreu que uno de los requisitos para poder gozar de las cosas es no tener miedo a perderlas.

domingo, 17 de abril de 2016

Capacidad infrautilizada

Poner la antena

Lo contaba el padre de una compañera de mi hija mayor. Tenía una hija adolescente con la que había realizado un corto viaje aprovechando una jornada de fiesta escolar. La conversación que mantuvieron ese día le sorprendió hasta el punto de exclamar: ¡he descubierto a mi hija! La convivencia y los avatares diarios no le habían permitido hasta entonces percibir con profundidad los cambios que se iban operando en la vida de la chica. 

Este comentario lo recuerdo a menudo cuando llevo a mis hijas al colegio o cuando voy con alguna de ellas a algún lugar. La tentación de poner la radio o un CD durante el viaje o estar dándole vueltas a alguno de los asuntos por resolver, pone en riesgo la posibilidad de atender a sus comentarios o compartir sus inquietudes.

En una reciente reunión del colegio comentaba esta circunstancia con otro padre que tiene familia numerosa. Me dijo que últimamente su esposa acostumbraba a ir a pasear individualmente con cada uno de sus hijos para estar un rato con él a solas. ¿Con qué propósito? Hacer patente que no es uno más del conjunto, que tiene valor por sí mismo, que él, con su personalidad y sus inquietudes, es importante no sólo como miembro de la familia. Luego la conversación dará más o menos de sí, pero estos encuentros les permitirán descubrirse mutuamente.

Me ha inspirado lo relatado la intención de comentar el libro del polifacético profesor universitario Francesc Torralba L’art de saber escoltar. Admiro la capacidad de este autor para poder construir un texto de casi doscientas páginas sobre un tema tan concreto y además hacerlo de forma amena, con una exposición ordenada y sin abusar de citas. El autor va desgranando en el relato aspectos relacionados con esta faceta para destacar su relevancia. Difícilmente se encontrará en sus páginas algo que sorprenda, es más, probablemente la mayoría de las afirmaciones nos parecerán obvias, de sentido común, pero su lectura ayudará a reflexionar sobre un aspecto tan importante en la vida humana, imprescindible para adquirir conocimientos y para una sana convivencia.

Francesc Torralba
En la vida diaria nos encontramos con muchas interferencias que impiden escuchar con suficiente atención y nitidez. Las prisas, el ruido y artilugios a nuestro alcance son reclamos para nuestra atención y potentes elementos de distracción. Activar nuestra capacidad de escuchar supondrá luchar contra estos depredadores mentales y repercutirá en mejorar la calidad de nuestras relaciones personales.


Para Torralba los frutos de la escucha son: claridad, don de consejo, docilidad, amabilidad, delicadeza y conocimiento de uno mismo. 

viernes, 1 de abril de 2016

Fantasía infantil

Encauzar la imaginación

‘Contra gustos no hay disputas’ canta Juan Manuel Serrat en Cada loco con su tema. Esta es la sensación que extraigo después de ver la película estrenada en 1973 y dirigida por Víctor Erice El espíritu de la colmena. Su carácter en buena parte alegórico puede colaborar a que el juicio del espectador pueda ser muy dispar. Se retrata un entorno rural español al principio de la posguerra, 1940, donde las principales protagonistas son dos niñas, Isabel, de ocho años, y sobre todo Ana, de seis. Ambas ven en el pueblo un pase de la película El doctor Frankenstein sin que sus padres estén presentes, que estimulará la morbosidad y fantasía de las niñas. Incitada por su hermana la pequeña buscará e invocará el espíritu de Frankenstein, el monstruo,  por los alrededores del pueblo.

Hoyuelos (Segovia)
No he encontrado coherencia narrativa en muchas partes del guión, plagado de escenas inconexas. Lo que queda mejor expuesto es el universo infantil con sus inquietudes y ensoñaciones.

Víctor Erice
He destacado el hecho de que las niñas van a ver la película solas, lo que facilita que hagan sus cábalas en ausencia de un adulto que las pueda escuchar y orientar en la interpretación de aquello que han visto. Se puede encontrar una correlación en el ámbito familiar respecto al acceso de los niños a los programas de televisión, internet, redes sociales, juegos interactivos…

Reproduzco algunos fragmentos de los libros de Catherine L’Ecuyer (1) que están relacionados con el tema:

“decía Montessori: el niño es protagonista de su educación. El principal cuidador actúa como intermediario entre el niño y la realidad, como base de exploración. Si la relación con el cuidador es segura, el niño irá cada vez más lejos para explorar. Si no hay vínculo de confianza entre el niño y sus padres, el niño será inseguro y no explorará lo que le rodea con seguridad.”

Para el buen desarrollo de su personalidad, los niños pequeños necesitan en sus primeros años relaciones interpersonales con su cuidador principal.”

“El principal cuidador del niño es el intermediario entre la realidad y él. Da sentido a los aprendizajes.”

“Según Bowlby… el apego seguro de un niño va en función de la sensibilidad que su principal cuidador tiene hacia la resolución puntual de sus necesidades básicas (hambre, frío, sed, necesidades afectivas, etc.).”

“En función del patrón de respuesta del cuidador, el niño desarrolla un modelo de funcionamiento interno, un paradigma que tiene de sí mismo y que afectará a sus futuras relaciones.”

(1) Catherine L’Ecuyer: Educar en la realidad (2015) – Plataforma editorial (2015)
Catherine L’Ecuyer: Educar en el asombro ‘2012’ – Plataforma editorial – Plataforma actual – 14ª edición ‘2015’
En los siguientes enlaces se analiza la película con mayor profundidad: