jueves, 31 de marzo de 2022

Voluntariamente expuestos

 El peligroso atractivo de las redes sociales

Hasta hace poco más de un mes era alguien desconocido para mí aunque se hable de él como uno de los filósofos relevantes de nuestro tiempo. Byung-Chul Han, surcoreano afincado en Alemania, o quizá alemán de origen surcoreano, teniendo en cuenta que su formación filosófica la ha recibido en Alemania, escribe ensayos breves y sustanciosos que invitan a reflexionar sobre temas sociales candentes, permitiendo ampliar las visiones tópicas y superficiales que uno maneja. Esa debería ser, a mi juicio, la labor más provechosa y beneficiosa para la sociedad de los filósofos: ayudarnos a ahondar en las cuestiones que nos afectan para encontrarles sentido, para orientar nuestro proceder.

Mark Zuckerberg
Tras recoger uno de los testigos en forma de citas que ofrece Jordi Pigem en Àngels i robots me interesé por leer algo de Byung-Chul Han y encontré en una biblioteca cercana La sociedad de la transparencia (1), donde aborda este concepto que tan buena prensa tiene desde distintos ángulos. La lectura casi coincidió con la polémica que generó una frase incluida en el informe que la empresa de Mark Zuckerberg presentó en la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC): «Es probable que no podamos ofrecer algunos de nuestros productos y servicios más importantes, incluidos Facebook e Instagram, en Europa, lo que afectaría material y adversamente a nuestro negocio, situación financiera y resultados de operaciones» (2). La empresa pretende gestionar los datos de todos sus usuarios desde donde le parezca oportuno. La justificación: «Si somos incapaces de transferir datos entre los países y regiones donde operamos, o sufrimos restricciones para compartir los datos entre nuestros productos, esto puede afectar nuestra habilidad para proveer estos servicios» (3). La información del periódico Ara ofrecía una muestra de la interpretación generalizada en la prensa de estas palabras: «El gigante de las redes sociales Meta ha avisado este lunes que si no llega a un acuerdo en materia de datos con Bruselas, se puede ver obligado a dejar de ofrecer aplicaciones como Facebook o Instagram en la Unión Europea» (3).

Con el aparente interés para ofrecer unos mejores servicios –productos personalizados- Meta quiere saber todo lo que puede obtener de sus usuarios y tratarlo de forma global. ¿Para qué? La respuesta inmediata podría ser: para ganar más dinero, pero también puede utilizar este conocimiento con el fin de orientar conductas sociales o políticas. Es conocido que Facebook y otras plataformas digitales intervinieron activamente en las últimas elecciones a la presidencia de los Estados Unidos.

En el libro referido, Byung-Chul Han alerta que las redes sociales se están convirtiendo en un gran panóptico *, un lugar de control social al que uno se adhiere voluntariamente estimulado, entre otras cosas, por la gratuidad del servicio:
«Hoy, el globo entero se desarrolla en pos de formar un gran panóptico. No hay ningún afuera del panóptico. Este se hace total. Ningún muro separa el adentro y el afuera. Google y las redes sociales, que se presentan como espacios de la libertad, adoptan formas panópticas. Hoy, contra lo que se supone normalmente, la vigilancia no se realiza como ataque a la libertad. Más bien, cada uno se entrega voluntariamente a la mirada panóptica. A sabiendas, contribuimos al panóptico digital, en la medida en que nos desnudamos y exponemos. El morador del panóptico digital es víctima y actor a la vez. Ahí está la dialéctica de la libertad, que se hace patente como control» (4).

Panóptico ideado por Jeremy Bentham
aplicado a las cárceles
Estas observaciones nos invitan a actuar con sensatez en el uso de las redes sociales. Implica actuar con cautela para no exponerse de manera innecesaria, ingenua o frívola. También moderación para no ser dominados por la herramienta; evitar una dependencia que reduce nuestro espacio vital al acaparar nuestra atención de forma cuasi permanente, dejando al mismo tiempo de prestar atención a muchos otros aspectos que enriquecen nuestra vida.

*Panóptico: Dicho de un edificio: Construido de modo que toda su parte interior se pueda ver desde un solo punto (definición de la RAE).

(1) Byung-Chul Han: La sociedad de la transparencia. Título original: Transparenzgessellschaft (2012). Editorial: Herder – Colección: Pensamiento Herder – 1ª edición (2013). Traductor: Raúl Gabás. 95 páginas.

(2) Mario Escribano en El Confidencial el 10/02/2022. Extraído de https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2022-02-10/facebook-amenaza-europa-zuckerberg-privacidad_3372562/

(3) Paula Solanas Alfaro en Ara el 07/02/2022. Extraído de https://es.ara.cat/economia/zuckerberg-amenaza-ue-facebook-e-instagram_1_4264341.html

(4) Byung-Chul Han: La sociedad de la transparencia, capítulo ‘La sociedad del control’, páginas 94-95

miércoles, 23 de marzo de 2022

Auparse sembrando dudas

Estrategia contradictoria y desmesurada

‘Una proposición y su negación no pueden ser ambas verdaderas al mismo tiempo y en el mismo sentido’ señala el  principio lógico de no contradicción (1). Sin embargo, no es extraño encontrar a algunos personajes públicos que ponen un gran empeño en desmentirlo en su discurso.

En La masa enfurecida, Douglas Murray (2) aborda un fenómeno que se extiende en las sociedades occidentales y que tiende a propagarse por otras latitudes. Se ampara en una pretendida justicia social y se manifiesta en el identitarismo de algunos colectivos que reclaman una reparación por el maltrato real o supuesto con que la sociedad les ha tratado. Murray que se declara gay, ateo y culturalmente cristiano (3), advierte que entre los grupos que se pronuncian con más agresividad subyace un substrato marxista insensible a las contradicciones: «Una de las señas de identidad de los pensadores marxistas siempre ha sido que, cuando tropiezan con una contradicción, nunca vacilan ni se cuestionan nada, que es lo que haría alguien cuyo fin es encontrar la verdad. Los marxistas, en cambio, se precipitan hacia las contradicciones. La dialéctica hegeliana solo avanza por medio de contradicciones, y por tanto cualquier complejidad –casi apetece decir ‘absurdidad’- que salga al paso es bienvenida y poco menos que aplaudida, como si lejos de suponer un problema, fuera un beneficio para la causa.»

Hegel
En estas condiciones prima la imposición sobre el diálogo, el eslogan sobre el razonamiento; inoculan una cerrazón que impide prestar atención a cualquier planteamiento que no apoye sus postulados. Esa incapacidad receptiva se traduce en actitudes arrogantes, cínicas y fanáticas que vemos reflejadas en la defensa de algunas causas: «El marxismo encontró en la política identitaria y la interseccionalidad una prole ideológica que parecía satisfecha de habitar un espacio trufado de contradicciones, absurdos e hipocresías.» Una altiva rigidez ideológica que lleva a sus miembros a una «inherente voluntad de arrojarse en brazos de la contradicción antes que reconocer sus monstruosas incongruencias o preguntarse cuál es en realidad el objetivo último de todo esto.»

Murray duda de que el objetivo último de los promotores de las movilizaciones identitarias sea arreglar o aliviar los problemas que afectan a estos colectivos: «El objetivo constante de los activistas de la justicia social en relación con cada uno de los asuntos que hemos tratado en este libro –la homosexualidad, las mujeres, la raza, lo trans- ha sido presentarlos como una fuente de agravios y defenderlos de la manera más incendiaria posible. Su deseo no es remediar, sino dividir; no aplacar, sino inflamar; no mitigar, sino incendiar. Una vez más, atisbamos aquí los restos de una subestructura marxista. Si no puedes gobernar una sociedad –o fingir gobernarla, o derribarla en el intento de gobernarla-, puedes hacer otras cosas.»

Douglas Murray
¿Qué cosas? Por ejemplo, minar el substrato por el que se rige la convivencia de una sociedad -deconstruir-: «La primera pista… la encontramos en su descripción parcial, sesgada, injusta y poco representativa de nuestras sociedades. Pocas personas creen que nuestra sociedad no tenga margen de mejora, pero presentarla como un sistema en el que la intolerancia, el odio y la opresión campan por sus respetos denota la aplicación de un prisma que, en el mejor de los casos, resulta parcial y, en el peor, directamente hostil. Su perspectiva no es la del crítico que busca el perfeccionamiento, sino la del enemigo que aspira a la destrucción.»

José María García
El tremendismo altera la tranquilidad de una sociedad preocupada casi exclusivamente en el bienestar material: «Puedes elegir una sociedad sensible a sus propios defectos –y, aunque imperfecta, mejor que el resto de las opciones- y sembrar en ella la duda, la división, la discordia y el miedo. Lo principal es hacer que la gente dude de absolutamente todo: que dude de las bondades de su sociedad en general; que dude de si se la trata con justicia; que dude de si existen entidades tales como los hombres y las mujeres; que dude de casi todo.» Entonces, como decía el periodista José María García: ‘a río revuelto ganancia de vividores’: «Hecho esto, puedes presentarte como si tuvieras todas las respuestas: un conjunto imbricado, grandilocuente y omniabarcador de respuestas que restituirán el orden perfecto y cuya aplicación irás explicando por medio de las redes.»

Los activistas profesionales que viven de ello nunca se darán por satisfechos, siempre encontrarán algo de lo que quejarse y lo magnificarán hasta el extremo para llamar la atención, aun a costa de ir sembrando un malestar social del cual procurarán sacar provecho. Si gran parte de la sociedad, por acción u omisión, les concede un protagonismo desmesurado, se muestra acomplejada ante sus injustos ataques, permite que bloqueen a quien pueda decir o hacer algo que les moleste, asiste impávida a sus amenazas o agresiones a personas o grupos…, acabará siendo rehén de sus caprichos. La paz social y la sana convivencia se construyen con respeto mutuo y ánimo colaborativo; y no contentando a los que solo saben expresarse con pataletas y rabietas.

(1)El principio de no contradicción es un principio clásico de la lógica y la filosofía, según el cual una proposición y su negación no pueden ser ambas verdaderas al mismo tiempo y en el mismo sentido. El principio también tiene una versión ontológica: nada puede ser y no ser al mismo tiempo y en el mismo sentido; y una versión doxástica: nadie puede creer al mismo tiempo y en el mismo sentido una proposición y su negación. Extraído de https://es.wikipedia.org/wiki/Principio_de_no_contradicción

(2) Douglas Murray: La masa enfurecida. Cómo las políticas de identidad llevaron al mundo a la locura. Título original: The Madness of Crowds (2019). Editorial: Península – Colección: Atalaya – 2ª edición (2020). Traductor: David Paradela López. 366 páginas

Los fragmentos reproducidos se encuentran en:

Capítulo: Interludio. Los fundamentos marxistas. Página 84

Capítulo: Conclusión. Epígrafe: Lo que de verdad ocurre. Páginas 329 y 332

(3) Ver https://es.wikipedia.org/wiki/Douglas_Murray