domingo, 22 de diciembre de 2024

El mejor regalo...

No cotiza en el mercado

Estamos en una época en que los regalos son protagonistas; las múltiples cuñas publicitarias insertas en los distintos medios lo corroboran, intentando atraer nuestra atención para que elijamos lo que anuncian con tanta profusión. Pero, ¿cuál es el valor real que tiene un regalo?; ¿es el coste económico el que lo hace mejor?

Giovanni Guareschi (1) nos habla en uno de sus cuentos de un niño que vive en el seno de una familia adinerada. Está preocupado porque, como suele recibir muchos regalos, no sabe cómo podrá distinguir entre ellos el ‘regalo del Niño Jesús’ del que le ha hablado su madre. Y ella le dirá que todos los otros regalos le gustarían a cualquier niño, pero ese sólo le gustará a él. Este presente personalizado está lejos de ser el más costoso, pero es el que le hace más ilusión.

O'Henry (William S. Porter), que tuvo una vida bastante azarosa, nos ofrece un dramático cuento (2) protagonizado por una pareja menesterosa. Como no tienen suficiente dinero, cada uno se desprende de aquello que más aprecia para poder comprarle al otro aquello que más desea. Sin embargo, esta gran generosidad convierte en inútiles los regalos que se intercambian. Ese aparente fracaso oculta un regalo más grande y valioso, la sublimación del amor mutuo. Por eso el autor se atreve a decir: «De todos los que dan y reciben regalos, los sabios son los seres como éstos. En todas partes, son los más sabios. Son ellos los Reyes Magos.»

Juan Manuel Cotelo y su equipo de Infinito más uno nos ofrecen otro regalo en forma de película y libro (3) que recoge historias de perdón en circunstancias que podríamos considerar ‘humanamente imperdonables’: representan un estímulo para disponernos a arrancar los resquemores que atenazan y emponzoñan nuestra alma. Cuando no somos capaces de perdonar, de pedir perdón o de perdonarnos vivimos en una prisión que amarga nuestra existencia. Un proceso que necesitará un tiempo de duelo y reparación que no debe perdurar indefinidamente sin que nos corroa por dentro.

Jesús, del que rememoramos su nacimiento estos días, es el regalo que Dios hace a la humanidad para restañar sus heridas y ofrecerle un camino lleno de esperanza sustentado en el amor. Una senda que no desaparece, aunque los deslices y desvaríos que protagonizamos la ensombrezcan u oculten. Este regalo está esperando ser acogido en nuestro corazón. Quizá es el momento de percibir su presencia y atreverse a quitarle el envoltorio y descubrir lo que lleva dentro. A buen seguro deparará una grata sorpresa, capaz de remover y transformar, para bien, nuestra vida.

(1) Giovanni Guareschi: El décimo clandestino. Cuento ‘Vida con la madre’.

(2) O’Henry: El regalo de los Reyes Magos (1905). Incluido en Cuentos de Nueva York.

(3) Juan Manuel Cotelo y el equipo de Infinito más uno: El mayor regalo (2017)

sábado, 23 de noviembre de 2024

Programa para la paz

El regocijo procede de la lucha

En mi recorrido durante muchos años por campos de fútbol como jugador, entrenador y aficionado he oído innumerables insultos dirigidos al árbitro la mayor parte de las veces, pero también a jugadores, entrenadores y aficionados del equipo rival, o propio. Algún espectador, incluso, parecía entrenarse profiriendo insultos al árbitro antes de empezar el partido. Un abuelo que llevó a su nieto al campo se vio en un aprieto cuando el pequeño le preguntó: ‘Abuelo, qué quiere decir hijo de p.’, después de haberlo escuchado en la grada.

No sólo ocurre en los campos de fútbol. Algunos programas de televisión se caracterizan por fomentar discusiones acaloradas y hurgar en la vida íntima de ‘famosos’. Otros se especializan en el sarcasmo, el humor zafio e hiriente. En las redes sociales amparándose a menudo en el anonimato se vierten multitud de insultos y denigraciones. Incluso entre nuestros representantes políticos, sus señorías, no es extraño que se repitan exabruptos y descalificaciones. Los agentes polarizadores demonizan a los que consideran sus rivales, o más bien sus enemigos, a los que consideran que no hay que darles ni agua. Se ampararán unos en la inmensa audiencia que tienen, otros en el rédito político que obtienen, sin prestar apenas atención a la laceración que producen en el ambiente social.

Uno de los problemas que se derivan es el de acostumbrarse -‘es lo que hay’-, apuntándose al carro para no desentonar o ser menos que los demás, o por temer que a uno lo tomen por mojigato si no sigue la corriente. Una de las consecuencias es que la postura acomodaticia no es inocua, no sienta bien a nuestro estado de ánimo, ni a la relación con nuestros semejantes; porque en determinadas ocasiones puede agriarnos el carácter, o impedirnos razonar con serenidad, o que impongamos barreras de conversación -temas que evitamos tratar-, o tornarnos verbalmente agresivos en algunas cuestiones. Nadie está inmune de contagiarse, mucho menos si no se hace ningún esfuerzo por evitar o revertir dichos efectos.

Viene al caso el fragmento de una carta de san Pablo a los Efesios, que incorporaba el rezo de laudes del 22 de noviembre: «Malas palabras no salgan de vuestra boca; lo que digáis sea bueno, constructivo y oportuno, así hará bien a los que lo oyen. No entristezcáis al Espíritu Santo de Dios con que él os ha sellado para el día de la liberación final. Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo» (1).

Todo un programa que de llevarse a cabo mejora sustancialmente el equilibrio emocional -afrontar la vida en positivo- y el trato con los demás, viendo en ellos compañeros de viaje, no obstáculos y mucho menos enemigos.  Con esta actitud se evitan muchas fricciones y difícilmente se producen peleas, aunque haya incomprensiones; al contrario, es más fácil que haya una buena convivencia, un ambiente colaborativo y sereno en el propio entorno.

Mirándonos en el espejo de las palabras del apóstol nos puede abrumar contemplarlo en su conjunto, sentirse lejos de esa meta; pero nos puede servir de pauta para ir indagando poco a poco en que podemos mejorar de cada una de esas indicaciones, sin impacientarse, ni desanimarse cuando no salen o parece que los defectos reviven. Vale la pena intentarlo y luchar por ir limando las asperezas que nos acompañan. Yo no soy maestro de nada en esta lid, pero he comprobado personalmente sus efectos benéficos en la vida cuotidiana.

He titulado el escrito ‘programa para la paz’, porque pienso que la paz bien entendida empieza en uno mismo; y se concreta en la lucha interior por mejorar como personas. Y ese programa bien realizado es una gran ayuda para sembrar paz en uno mismo y difundirla allá donde nos encontremos.

(1) Carta de san Pablo a los efesios, capítulo 4, versículos 29 a 32, Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/biblia-efesios/

sábado, 9 de noviembre de 2024

Recuerdos

Basado en hechos reales

«Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,

y un huerto claro donde madura el limonero;

mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;

mi historia, algunos casos que recordar no quiero…»

Así comienza el poema Retrato de Antonio Machado que popularizó el trovador musical Joan Manuel Serrat y versionó Alberto Cortez. ¡Qué fácil entra la poesía con trovadores de este nivel! (1).

‘Basada en hechos reales’ es una coletilla que acompaña a algunas películas en las que, tomando como referencia unos hechos, el guionista y el director construyen una historia adecuada a sus gustos y preferencias. Es una ficción, como también lo es la novela histórica, en la que se reproducen diálogos y situaciones que sólo están en la mente del escritor. Conviene tenerlo presente antes de dar por sentado de pe a pa * lo que allí se cuenta.

Algo parecido puede ocurrir con la percepción de nuestros recuerdos. Hace unos años asistí al cumpleaños de una compañera de colegio en la que me reencontré con otros compañeros de aquella época. Hacía más o menos 40 años que no nos veíamos y hubo espacio para hablar sobre lo que fue aquella época escolar que compartimos. Me sorprendieron que se comentaran algunas cosas de mí que me resultaban extrañas o apenas recordaba. Sin embargo, había otras de las que tenía un recuerdo más vivo que no salieron a relucir. ¿Qué es lo que realmente recordamos? ¿Qué es lo que se aloja en nuestra selectiva memoria de lo que nos acontece? ¿Con qué versión nos quedamos?

Nagare Kamogawa, expolicía, regenta con su hija Koishi un peculiar restaurante en Kyoto, donde se ubica también una agencia de detectives gastronómica especializada en replicar los platos que algunos de sus comensales anhelan volver a comer. Uno de ellos, político de alto rango que oculta su identidad, quiere volver a comer el sushi de caballa que hacía una vecina cuando era un crío. ¿Por qué? «El ambiente de mi casa era triste. Mi padre nunca estaba y mi madre se pasaba todo el día trabajando. Nunca supe lo que era el calor de un hogar. La dueña del ryōkan** (Haru) era muy buena. Cuando me veía en el jardín delante de casa solo, siempre me invitaba a jugar en su casa.» También le alimentaba. «Cada vez que comía sushi de caballa, ella me preguntaba: “¿Que es bueno?”, y yo le respondía que sí» (2).

Las pesquisas de Nagare para dar con los ingredientes y la preparación para ofrecer el plato requerido dan buen resultado y el cliente se va satisfecho del restaurante diciéndoles al salir: «Ahora he recordado. Lo que decía Haru... era como un refrán: “Que el corazón nunca olvide su primera emoción”

Cuando el cliente se ha marchado Koishi le pregunta a su padre: «Por cierto, quería pedirte algo. ¿Por qué has preparado siete barras de sushi diferentes y sólo has querido servirle la segunda?». Nagare le contesta: «He hecho siete barras de sushi variando en cada una la cantidad de vinagre, el corte del pescado, etcétera, y la segunda barra empezando por la derecha es la que me ha parecido de mejor sabor. Cuando recordamos las cosas tendemos a idealizarlas. No puede venir alguien y nosotros hacerle entender que lo que recuerda no era bueno, porque se sentirá muy decepcionado. Lo que servimos debe ser muy bueno, entonces el cliente piensa: “Ostras, es igualito que lo que yo recordaba”. Al final, nos gusta más lo mejor y sólo comiendo algo realmente sabroso tenemos la sensación estamos volviendo a disfrutar del gusto que tanto echamos de menos.»

En ese capítulo de Los misterios de la taberna Kamogawa, Hisashi Kashiwai, nos deja -a mi parecer- dos mensajes. Para dar un buen servicio Nagare utiliza tres ingredientes principales: una cuidada investigación, habilidad culinaria y sagacidad. El segundo es que los recuerdos son versiones actualizadas de lo que nos pasó o nos impactó. Ojalá nos sirva habitualmente, por no decir siempre, para afrontar el presente de la mejor manera posible.

*De pe a pa: Enteramente, desde el principio al fin.

**Los ryōkan son unas posadas tradicionales japonesas que ofrecen mucho más que un simple lugar en el que alojarse. Fuente: https://www.japan.travel/es/guide/japanese-ryokan/

(1) Antonio Machado: Retrato (1906). Se puede leer completo y escuchar a ambos artistas en https://www.poesi.as/amach097.htm

(2) Traducido de Hisashi Kashiwai: Els misteris de la cuina dels Kamogawa. Título original: Kamogawashokudo (2013). Editorial: La Magrana – Colección: Les ales esteses – 1ª reimpresión (2023). Traductor: Ismael Funes Aguilera. 206 páginas. Capítulo: III – Sushi de verat, parte 2, páginas 105, 109 y 110.

viernes, 25 de octubre de 2024

Experiencias de duelo

Personal e intransferible

El narrador de El Monte de las ánimas se sobresalta al oír el tañido de las campanas en una noche de difuntos, porque le trae el recuerdo de una tradición soriana que escuchó. Para aliviar su imaginación desbocada se pone a escribir sobre ella (1).

La segunda parte de Hamnet está centrada en el duelo por el fallecimiento del chico de once años que da nombre a la novela. La narración de Maggie O’Farrell presenta distintas maneras de enfrentarse a esta luctuosa realidad: la de la madre, la de la hermana gemela, la de la hermana mayor, la de la abuela… y deja para el final la del padre, escritor y director teatral. El duelo no solo trastoca las vidas de las que lo padecen, sino que genera incomprensiones, tanto de los ajenos a él como en los allegados. La abuela, que ya había experimentado la pérdida de una hija, no entiende la actitud de la madre, piensa que exagera. A la madre le desconcierta el comportamiento del padre, pensando que la obsesión por su trabajo lo hace insensible a la tragedia que han vivido. Hasta que se estrena la última obra teatral que ha compuesto y representa el padre: «Hamlet, aquí, en este escenario, es dos personas: el joven, vivo, y el padre, muerto. Está vivo y muerto a su vez. Su marido le ha devuelto a la vida de la única manera que puede hacerlo… Ve que ha hecho lo que cualquier padre desearía hacer, cambiar el sufrimiento de su hijo por el suyo, ocupar su puesto, ofrecerse como sustituto de su hijo para que el chico pueda vivir» (2).

En ambas ficciones la escritura es un vehículo para aliviar la tensión, para dar salida a un conflicto emocional. Para el filósofo y teólogo Francesc Torralba también lo es: «A mí me ha ayudado mucho escribir. Siempre recuerdo aquella frase de Nietzsche: "Si no escribo, exploto." He escrito desde los veintiún años y me ha ayudado mucho a liberar. Para mí, la escritura tiene una dimensión terapéutica muy importante», dice en una entrevista (3).

Torralba ha pasado por el trance doloroso de ver como su hijo Oriol de 26 años perdía la vida en una caída mientras ambos hacían una excursión por los Picos de Europa: «La muerte irrumpió en medio de su vida y nos dejó a todos los que le amábamos en un inmenso vacío, en un estado de añoranza», se destaca en otra entrevista en la que se hace referencia al libro que ha publicado recientemente, No hi ha paraules: «Lo he escrito como homenaje a mi hijo: es una manera de expresar la gratitud que siento por haberlo tenido durante su corta vida.» Nos dice también: «Quería compartir unos aprendizajes que pudieran ser útiles a los que ha perdido un hijo, un hermano, una pareja. Para mí ha sido terapéutico escribirlo, y para mis hijas y mi mujer también lo ha sido leerlo» (4).

Las dos entrevistas mencionadas y otra más realizada medio año antes (5), cuando se estaba gestando el libro, son suficientemente sustanciosas como para darles una extensa ojeada. A través de ellas, escribiendo y promocionando el libro, Francesc Torralba expresa cómo está viviendo su duelo. Su hija Anna lo manifiesta, sin embargo, componiendo Felicitat imperfecta: «querido hermano, te escribo una canción que será eterna mientras dure, tus niñas no te olvidan» (6).

Cada duelo es personal e intransferible, me atrevo a decir que no puede haber dos de iguales entre los que lo comparten. Le viene muy bien, sin embargo, el acompañamiento y la escucha, que permitan expansionar las emociones y los sentimientos, que ayuden a recomponer lo que se ha trastocado.

(1) Ver Gustavo Adolfo Becquer: El monte de las ánimas, 1r y 2º párrafos. Se puede leer o consultar en https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-monte-de-las-animas/html/c9646750-a0fa-11e1-b1fb-00163ebf5e63_2.html

(2) Traducido de Maggie O’Farrell: Hamnet (2020). Editorial: L’altra editorial – 13ª edición (2024). Traductor: Marc Rubió Rodon. 358 páginas. Parte II, página 352.

(3) Traducido de la entrevista en Vilaweb publicada el 16 de octubre de 2024. Se puede leer o consultar en https://www.vilaweb.cat/noticies/francesc-torralba-la-mort-dun-fill-no-se-supera-mai-com-a-molt-la-pots-assumir/

(4) Traducido de la entrevista en Catrorze14. Se puede leer o consultar en https://www.catorze.cat/sala-destar/artesans-del-temps/francesc-torralba-la-mort-fill_1226240_102.html

(5) Ver entrevista en La Nueva España publicada el 17 de marzo de 2024. Se puede leer o consultar en https://www.lne.es/oriente/2024/03/17/habla-hombre-perdio-hijo-estaban-99581607.html

(6) Estrofa de Felicitat imperfecta. Letra y música de Anna Torralba. Se puede escuchar en Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=3ac4uuEv19o

Un artículo de Diario de Valderrueda del 17 de agosto de 2024 se hace eco de la creación de esta canción y la traduce del catalán al castellano, aunque los datos biográficos que indica sobre Oriol son incorrectos. Referencia: https://www.diariodevalderrueda.es/texto-diario/mostrar/4962236/musica-honrar-joven-uri-morgovejo-ano-despues-muerte


viernes, 4 de octubre de 2024

Espíritu indómito

El accidente de Natálie

Tras aterrizar el vuelo en Memingen nos dirigimos a nuestro destino vacacional en Austria con un coche alquilado realizando dos paradas en Alemania. Primero en Schwangau para comer y contemplar desde fuera el Castillo de Neuschwanstein subiendo a pie por una carretera de unos dos quilómetros, a pesar de la lluvia y la posibilidad de subir en unos carruajes tirados por caballos. Es un edificio tan inmenso que sólo lo pudimos observar parcialmente. Proseguimos la ruta hasta Ehrenberg, donde hay un castillo que está en ruinas y un puente colgante a 179 metros de altura, Highline 179. Mientras mi mujer desistía de pasarlo por el vértigo que le producía, yo lo cruzaba como un autómata sin apenas levantar los pies del suelo; sin embargo, nuestras dos hijas hacían ejercicios gimnásticos en un tramo del puente. Era el pasado 10 de julio.

El día 11 fuimos al denominado Top of Salzburg, que alberga una estación de esquí y varios atractivos turísticos. Dispone de un balcón panorámico de forma irregular, situado a 3029 metros de altitud, suspendido y con suelo enrejado en algunas de sus partes. Mientras estábamos allí contemplando el paisaje alpino, nos llamó la atención que en el límite de uno de los extremos, el más estrecho, una joven mujer estuviera haciendo un ejercicio gimnástico acrobático con las manos apoyadas en el suelo y las piernas alzadas, abiertas y flexionadas con un pie mirando hacia arriba y el otro hacia abajo. A pesar de la barandilla, estimamos que un desequilibrio en esa posición y ese lugar podía precipitarla al vacío. La acompañaba un joven.


Mediada la segunda quincena de agosto leo una luctuosa noticia que me llama especialmente la atención por sus circunstancias. Se refería al fallecimiento el 21 de agosto de la gimnasta checa de 23 años Natálie Štíchová, a causa de las heridas sufridas el 15 de agosto al precipitarse por la ladera del monte Tegelberg ‘mientras se hacía un selfie con el castillo de Neuschwanstein como fondo’, informaba The Epoch Times. «El accidente tuvo lugar en una ruta de montaña descrita como “desafiante” por la policía local… Según afirmó el medio local Blesk, la gimnasta estaba realizando una pose acrobática en la que levantaba una pierna en el borde del acantilado cuando perdió el equilibrio» (2), el periódico argentino La Nación. «Según el sitio web alemán merkur.de, la joven atleta cayó desde una altura de setenta metros el 15 de agosto mientras escalaba una vía ferrata cerca del castillo de Neuschwanstein», el rotativo checo Blesk (3).

Natálie iba acompañada de su novio y dos amigos. No parece tener mucho sentido hacerse un selfie en una postura acrobática cuando la foto te la puede hacer alguno de tus acompañantes, a no ser que la contemplación majestuosa del castillo de Neuschwanstein ejerciera una fatal atracción para realizarlo. Si algo me llamó especialmente la atención de esta noticia, además de producirse en los aledaños de un lugar que había visitado un mes antes, fue una foto de la gimnasta haciendo la misma postura acrobática que vi realizar a aquella joven mujer en Top of Salzburg. Un hecho que me animó a indagar más.

En esa indagación la figura de Natálie se me hacía más cercana. Mis dos hijas practican también la gimnasia artística, pero sobre todo la mayor lo vive de tal manera que aprovecha cualquier ocasión que se le preste -en un polideportivo, en la calle, en el monte, en la playa…- para hacer algún ejercicio gimnástico. Pienso que en esa vivencia coincide con Natálie, además también es entrenadora como ella y le gustan los deportes de aventura, como las vías ferratas y la escalada. Pienso que para ellas es/era una especie de espíritu indómito, un impulso irrefrenable, que las empuja a probarlo incluso en entornos especialmente arriesgados.

Buceando en nuestro interior quizá descubramos alguno de estos espíritus indómitos que nos arrastran a realizar acciones en un momento y lugar que aplicando el sentido común parecen inadecuados. Es un estímulo que conviene domar para que no nos haga perder la cabeza. En Sick Heart River, la postrera novela de John Buchan, encontramos varias manifestaciones de espíritu indómito. En uno de sus pasajes Edward Leithen, el protagonista, recuerda una frase: «El coste de una cosa es la cantidad de lo que llamaré vida que se requiere intercambiar por ella». En el caso de Natálie el coste de esa foto ha sido demasiado elevado.

No todo acaba aquí. El contexto en el que Natálie sufrió el accidente me ha hecho aproximarme a alguien a quien no conocí personalmente, aunque coincidiera con la joven de Top of Salzburg. Así que, en consecuencia, rezo por ella para que su alma se dirija a la bienaventuranza eterna, pensando a la vez que los días que transcurrieron desde el accidente hasta el fallecimiento, cualquiera que fuera su nivel de consciencia, sirvieran como spatium verae penitentiae, espacio para el verdadero arrepentimiento que limpia el polvo acumulado en el camino.


(1) es.theepochtimes.com/news/gimnasta-profesional-fallece-en-tragico-accidente-alemania-1305423.html

(2) https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/quien-era-natalie-stichova-la-gimnasta-checa-que-murio-tras-caer-desde-80-metros-de-altura-por-nid29082024/

(3) https://isport.blesk.cz/clanek/blesk-sport/451418/popsali-posledni-chvile-gymnastky-stichove-23-smrt-u-slavneho-zamku.html

(4) John Buchan: Sick Heart River. Primera parte, capítulo X


lunes, 23 de septiembre de 2024

Auriga virtutum

La gran conductora

La más excelente de las virtudes cuando se entiende bien, la prudencia, se define como recta ratio agibilium, recta razón que dirige nuestros actos, también como auriga virtutum, conductora de las virtudes morales. Sobre esta última definición Réginald Garrigou-Lagrange incluye en una nota de Las tres edades de la vida interior (1) un fragmento de La vraie vie chrétienne de Ambroise Gardeil, quien como él era miembro de la Orden de Predicadores y fue su maestro, en el que desarrolla este último concepto unido a la función del auriga en la competición de cuadrigas en los circos romanos:

«Los antiguos filósofos compararon la prudencia con el noble conductor de una cuadriga: auriga virtutum. Fija la mirada en la carrera por la que ha de atravesar, tiene éste a los caballos al arbitrio de sus manos. Su ojo está atento a todo: a los accidentes del camino, a la marcha de sus rivales, a los menores movimientos de sus caballos cuyas modalidades conoce a fondo. Éste se encabrita, el otro es espantadizo, el de más allá se echa contra las varas. El auriga, las riendas en la mano, con su voz y, si es preciso, con el látigo, los contiene o excita según las necesidades, interviniendo y modificando su modo de obrar en cada momento de la carrera, velando así con su intervención por la buena marcha de su carro. Todas estas consideraciones las hemos de trasladar a los dominios de nuestro comportamiento sobrenatural…; y esto mediante la propia experiencia y con vigor y decisión constantemente renovados y alimentados en las fuentes del más vivo amor de Dios» (2).

Garrigou-Lagrange apostilla:

«De este modo debe el justo dirigir y regular los movimientos de la sensibilidad, el director de obras a sus subordinados, el superior a sus inferiores, el obispo su diócesis, y el pastor supremo a la Iglesia entera.

Por ahí se echa de ver la alteza de la virtud de la prudencia, inferior sin duda a las teologales, mas superior a la misma virtud de religión cuyos actos dirige, así como los de la justicia, fortaleza y templanza, que son como los corceles que tiran del carro.»

Ser prudente es necesario para todos, pero especialmente para los que tienen como función gobernar, dirigir, orientar o aconsejar. Conviene ejercerla con tino, en su justa medida, para que sea eficaz en su desempeño; como el auriga que conduce los caballos que tiran de la cuadriga con diligencia en la buena dirección y sorteando los obstáculos que se interponen en el camino hacia la meta.

(1) Réginald Garrigou-Lagrange: Las tres edades de la vida interior. Título original: Les trois âges de la vie intérieure (1938) Ediciones Desclée de Brouwer - Versión castellana de Leandro Sesma – 3ª edición (1950). Tercera parte - Capítulo octavo - Nota en las páginas 629-630

(2) Ambroise Gardeil: La vraie vie chrétienne, edición de 1935, 1ª parte, epígrafe I. I: El gobierno personal y sobrenatural de sí mismo, páginas 115 i siguientes

martes, 27 de agosto de 2024

La razón que lo une todo

Teselas para construir un mosaico

Estaba desvelado. Mis hijas habían venido a despedirse a las 4:20 antes de emprender un viaje de un par de días y el sueño se esfumó. Me puse a leer un rato y lo intenté de nuevo sin éxito. Tras unos instantes sentado buscando relajación decidí acostarme hasta que sonara el despertador a la 7. En estos casos -me contaba mi madre, mi abuela decía: ‘si no descansen els ullets que descansin els ossets’ (si no descansan los ojitos, que descansen los huesitos). En estado yacente se colaron en mi interior los acordes de una canción de Calum Scott que forma parte de la playlist de mi hija Anna, ‘You are the reason’ (1). El título, como si fuera un mantra, se iba repitiendo en mi mente evocando lecturas y testimonios.

Pensé en aquel cineasta ávido de contar historias que decía que su vida había discurrido como una carretera con varios carriles inconexos: en uno transitaba la familia, en otro la profesión, en otro la práctica religiosa… hasta que se vio sorprendido por la irrupción de un conjunto de historias que era reacio a tratar cinematográficamente y quiso desentrañar que mensaje había oculto en todo ello. Descubrió que había algo que conectaba con todo lo que formaba parte de su vida, que daba sentido al conjunto. Desde entonces ha acometido proyectos ambiciosos que anteriormente le hubieran parecido impensables llevar a cabo, por considerarlos comercial y económicamente inviables.

Recordé un artículo reciente de Clara González publicado en El Debate en el que se hace eco de la intervención del laureado nadador Enhamed Enhamed -ha ganado 37 medallas en Juegos Paralímpicos y Campeonatos del Mundo en que ha participado- en el congreso Deporte y fe celebrado recientemente en Sevilla (2). Enhamed se quedó ciego a los 8 años, un trauma que le atormentaba a pesar de los éxitos deportivos que iba consiguiendo. «Una coincidencia le llevó a estar sentado junto a un sacerdote en un vuelo desde Canarias a Madrid… Pasó las dos horas y media de trayecto bombardeándolo a preguntas. “Le planteé la pregunta clave: Si tú tienes tan claro que todo es una cuestión de fe y que los caminos del Señor son inescrutables, ¿por qué yo soy ciego?”. El religioso le respondió: “No lo sé, pero eso es algo que tendrás que averiguar”… Ello le hizo reflexionar unas semanas hasta que se dio cuenta de que por mucho que hiciese kilómetros en el agua, lo que le faltaba era el entrenamiento mental “un cambio drástico en la forma de ver las cosas”. Cambió la pregunta que tanto se había hecho a lo largo de su vida por “¿para qué soy ciego?”“Ese fue el punto de inflexión. Comencé a vivir agradeciendo y valorando las cosas. Agradeces el desayuno, agradeces al entrenador… y, poco a poco, fui cambiando”».

El último en aparecer fue el neurólogo y psiquiatra austríaco Viktor Frankl narrando su experiencia de reclusión en campos de concentración nazi -estuvo en cuatro- en El hombre en busca de sentido, del que he seleccionado el siguiente párrafo: «Los que estuvimos en campos de concentración recordamos a los hombres que iban de barracón en barracón consolando a los demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas -la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias- para decidir su propio camino… Fundamentalmente, pues, cualquier hombre podía, incluso bajo tales circunstancias, decidir lo que sería de él -mental y espiritualmente-, pues aún en un campo de concentración puede conservar su dignidad humana. Dostoyevski dijo en una ocasión: 'Sólo temo una cosa: no ser digno de mis sufrimientos' y estas palabras retornaban una y otra vez a mi mente cuando conocí a aquellos mártires cuya conducta en el campo, cuyo sufrimiento y muerte, testimoniaban el hecho de que la libertad íntima nunca se pierde. Puede decirse que fueron dignos de sus sufrimientos y la forma en que los soportaron fue un logro interior genuino. Es esta libertad espiritual, que no se nos puede arrebatar, lo que hace que la vida tenga sentido y propósito» (3).

La vida de cada uno contiene múltiples facetas, acontecimientos y actuaciones, formando teselas que van llenando un mosaico que hay que dotar de sentido.

(1) Calum Scott: You Are The Reason. Video oficial en https://www.youtube.com/watch?v=ShZ978fBl6Y

(2) Clara González: Las medallas de oro no bastaban al mejor nadador español de la historia: «El Señor es mi pastor». Publicado en El Debate el 23 de agosto de 2024. Se puede leer artículo y ver el video de la ponencia en https://www.eldebate.com/religion/catolicos/20240823/medallas-oro-no-bastaban-mejor-nadador-espanol-historia-senor-mi-pastor_221567.html

(3) Viktor Frankl: El hombre en busca de sentido. Párrafos extraídos de https://www.logoterapia.net/viktor-frankl-y-la-logoterapia/1/biografia-de-viktor-frankl

jueves, 8 de agosto de 2024

La vida no cabe en un corsé

Abrir espacio para conocer y conocerse

¡Como si te hubiera parido! De esta manera alguien nos da a entender que nos conoce a fondo, nos ve venir, intuye qué vamos a hacer o cómo vamos a reaccionar. Pero, ¿hasta qué punto realmente nos conoce? Joseph Ratzinger advierte: «Nosotros no podemos entender del todo a las demás personas porque ello implica descender a simas más profundas de lo que la razón nos permite verificar» (1). Conviene aceptar que, por mucha formación que tengamos, por mucho que hayamos convivido con alguien, nuestra capacidad de conocimiento siempre es limitada y, por tanto, somos incapaces de absorber toda la vida que hay en los demás y en nosotros mismos. ¿No os ha sorprendido alguna vez una inquietud que aparece de repente, un pensamiento que sobreviene sin venir a cuento o una reacción que se sale de lo habitual?

Ser conscientes de ello no ha de suponer una quiebra de confianza en los demás ni en uno mismo, sino darse cuenta de que la vida es mucho más rica y llena de matices de lo que podamos llegar a aprehender y, desde luego, controlar. Puede ser, sin embargo, un buen acicate para respetarse y no darse nunca por vencido ni amortizado. Y también para respetar a nuestros semejantes, para valorar la riqueza de su intimidad y dejarse sorprender por ella, para no encajonarlos dentro de unos parámetros mentales que hemos construido, o que han construido otros y nosotros hemos asumido.

Hace ocho años, celebrando el aniversario de una compañera de curso durante la etapa escolar, me reencontré también con otros compañeros a los que hacía más de cuatro décadas que no había visto. Me sorprendieron aspectos de la trayectoria personal y profesional de todos ellos que estaban al margen del esquema mental que había guardado en mi memoria. También sobre lo que ellos recordaban de mí. Descubrí esa tendencia a hacer fotos fijas de los demás coincidentes con el último encuentro, que además está hecha con una definición deficiente en la que se pierden multitud de detalles. Y, como la vida prosigue, al déficit de la imagen se le une la desactualización inmediata.

En el prefacio de su extensa obra Las tres edades la vida interior dice Garrigou-Lagrange: «con demasiada frecuencia, se pretende transformar las inteligencias en manuales y repertorios, o también en colecciones de opiniones y experiencias, pero sin la menor preocupación por sus causas, razones y consecuencias, bien profundas a veces. Por los demás, las cuestiones de espiritualidad, por el hecho de hallarse entre las más vitales y a veces entre las más secretas y escondidas, no tienen fácil cabida en los límites de un manual, o, para decirlo de una vez, hay, en hacer eso, un gran peligro: el ser superficial, al querer clasificar materialmente las cosas, y el reemplazar con un mecanismo artificial el profundo dinamismo de la vida de la gracia, de las virtudes infusas y de los dones. Por eso los grandes espiritualistas nunca expusieron su pensamiento bajo esta forma esquemática, que corre el riesgo de presentarnos un esqueleto allá donde pretendíamos encontrar la vida» (2).

Nuestra vida y la de los demás no ha de quedar momificada en nuestra mente. Desterremos de nuestro vocabulario tanto como podamos, el ‘soy así’ o ‘el/ella es así’ o el ‘ya se sabe’. Despertemos de la modorra del acostumbramiento en el trato, mostrando interés por ir más allá de la cortesía, con respeto, sin avasallar. Vitalicemos las rutinas para darles sentido, el paraqué de servicio que esconden.

Nos han de importar los demás porque nosotros nos importamos. Ellos son, además una fuente de autoconocimiento, como nos indica Aristóteles: «El Estagirita resalta, como aspecto más importante de la amistad, que en su práctica se conoce al amigo, y este conocimiento posibilita su autoconocimiento; tener amigos es una condición necesaria para el conocimiento de uno mismo» (3).

(1) Joseph Ratzinger: Dios y el mundo. Creer y vivir en nuestra época (Selección de textos del libro. Una conversación con Peter Seewald). Extraído de http://www.fluvium.org/textos/iglesia/igl449.htm

(2) Reginald Garrigou-Lagrange: Las tres edades de la vida interior. Título original: Les trois âges de la vie intérieure (1938). Editorial: Ediciones Desclée de Brouwer – 3ª edición (1950). Versión de Leandro de Sesma. 1308 páginas

(3) Luis Fernando Garcés Giraldo y otros: El amigo en Aristóteles como posibilidad de autoconocimiento y las diferencias con un adulador. Extraído de https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/6314635.pdf


martes, 30 de julio de 2024

Meterse en líos

Hoja de ruta

En una tertulia radiofónica hablaban de la natalidad y el famoso director del programa dijo: ‘Yo he cumplido’; tiene un hijo y una hija. Esa afirmación, que he oído en otras ocasiones en boca de familiares, conocidos y amigos es algo así como un acta de defunción, de acabamiento, entre otras cosas porque sabemos que la paternidad o maternidad no se agotan con el nacimiento de los hijos, ni se debe equiparar a la obligatoriedad social de, por ejemplo, pagar impuestos o hacer la declaración de la renta.

Hacer las cosas por cumplir puede dejar el regusto amargo de la acción desalmada, privada de espíritu: ‘ya he hecho lo que me toca o lo que me han mandado’. Pero, ¿cómo lo has hecho? Cumplimiento puede llegar a desgajarse en cumplo y miento cuando se traduce en una simple anotación que se abstrae de la importancia del cómo.

La obsesión por limitarse a cumplir, por conformarse con un suficiente bajo al realizar las tareas, suele ir acompañada por la resistencia ante todo lo que tenga un cierto grado de incertidumbre. De hecho, supone autolimitarse, desconfiar de las propias posibilidades, mermar el desarrollo de las cualidades que se tienen. Sólo asumiendo riesgos, batallando con la incertidumbre, se puede comprobar lo que uno puede dar de sí.

No se trata de ser un temerario que convierte el riesgo en un fin en sí mismo, sino en que ese riesgo tenga como objetivo, a la vez, una mejora personal y una actitud de servicio: poner en juego las propias cualidades procurando un bien que va más allá de uno mismo; hacerlo sólo como un reto personal, como un ejercicio de autoestima –‘mira lo que soy capaz de hacer’- lo desvirtúa y desmerece.

¿Hay un límite a esa asunción de riesgos? Un refrán nos advierte ante la acumulación de tareas: ‘quien mucho abarca, poco aprieta’ (1). Una vez se le ha perdido el miedo al riesgo, implicarse en nuevos proyectos puede convertirse en un acicate que merme la atención necesaria hacia los que ya están en marcha: ‘desnudar un santo, para vestir a otro’ (2), dice otro refrán. En esta tesitura se encontraba el sacerdote Joaquín Garrigós ante un nuevo proyecto que tenía entre manos que había que sumar a las responsabilidades que ya tenía. Aprovechando una peregrinación a San Giovanni Rotondo, rezó ante la tumba del padre Pio de Pietrelcina exponiendo esa duda. La respuesta que obtuvo, según comenta, fue: «Mientras tu corazón pertenezca a Jesús; mientras tú cuides tu oración y tu intimidad con el Señor no digas nunca a nada que no y vas a experimentar como tu corazón da de sí y donde tú pensabas que había un límite siempre se puede más. Siempre que tú cuides tu intimidad con el Señor y tu oración» (3).

Enfrascarse en nuevos proyectos y mantener la vitalidad de los vigentes, sólo da buenos frutos cuando la base que los sustenta está suficientemente sólida en todos ellos.

(1) Ver significado en https://cvc.cervantes.es/Lengua/refranero/ficha.aspx?Par=59420&Lng=0

(2) Ver significado en https://cvc.cervantes.es/Lengua/refranero/ficha.aspx?Par=58499&Lng=0

(3) Testimonio de Joaquín Garrigós en el Canal Mater Mundi de Youtube. Se puede ver completo en https://www.matermundi.tv/2024/07/03/testimonio-de-joaquin-garrigos-dominguez/ El fragmento mencionado se encuentra a partir del minuto 31:40

lunes, 3 de junio de 2024

Regalos que cuesta apreciar

La vida es una constante aventura

Un regalo debería ser siempre algo inesperado pero, desgraciadamente, lo convertimos demasiado a menudo en un intercambio –si…, entonces…- o en una costumbre –cumpleaños, Reyes, Papa Noel, despedidas…-. Hay regalos que no percibimos porque los damos por descontado, tan solo cuando se ocultan o los perdemos, aunque sea temporalmente, nos damos cuenta de ello. Sin embargo, lo que cuesta de verdad es considerar un regalo lo que el común de nuestros contemporáneos considera una maldición.

Viendo primero el documental Eugenia, una vida de película (1) y luego el reportaje presentado por Pedro del Castillo, ‘Correr por una sonrisa. La historia de Eugenia’ (2), un episodio de la serie Mi gran familia emitido 13tv, recordé lo que un día me dijo mi madre tras el fallecimiento de mi padre, que pasó los últimos años de su vida siendo totalmente dependiente como consecuencia de varias embolias o ictus que sufrió. Pese a la gran carga que supuso para ella esta circunstancia, agradecía haberlo podido atender, lo sintió más suyo que cuando él ocupaba gran parte de su tiempo prestando servicio a los demás, unos beneficiados que, en su mayor parte, no se dignaron visitarlo o ni interesarse por él cuando le sobrevino la enfermedad inhabilitante.

Eugenia nació con parálisis cerebral a causa de un virus que contrajo su madre durante el embarazo. Lo detectaron los ginecólogos y se lo comunicaron a los padres advirtiéndoles de todo lo que se avecinaba, cargando las tintas para protegerse, si Eugenia llegaba a nacer. Siguiendo la lógica que impera en nuestra sociedad se les aconsejó abortar. Era tal el convencimiento que observaban en los profesionales que sus padres llegaron a pensar si se estaban equivocando decidiendo continuar con la gestación.

Pese al aspecto, aparentemente normal, que observaron tras el nacimiento, que suponía un atisbo de esperanza de que el diagnóstico no se confirmara, los médicos les expusieron las anomalías con que llegaba para que fueran conscientes de la carga que les venía encima. La llegada de Eugenia trastocó la vida familiar y la relación de pareja. Como ocurre en cualquier circunstancia traumática de la vida es necesario el reconocimiento y la aceptación para salir adelante y poder sacar algún provecho de la situación –pasar del por qué al para qué-.

Conseguir que el por qué deje de reconcomer suele ser una tarea ardua de la que cuesta salir, de hecho bastantes se quedan encallados en ella de por vida. Si se supera esta fase, las relaciones se recomponen y se aprende a convivir con las circunstancias y limitaciones en que se encuentran. A partir de ahí pueden surgir iniciativas, como la que en el caso que nos ocupa ha sido Correr por una sonrisa, R4S, que ayuda a familias con hijos con parálisis cerebral (3), uno de los paraqués que esta familia ha ido descubriendo; porque la enfermedad de Eugenia, a pesar del gran esfuerzo que ha conllevado, se ha convertido en una bendición en muchos aspectos, por el relieve que ha dado a la vida de sus miembros y por la alegría que transmiten. Los nueve años de vida de Eugenia han sido para esta familia un regalo, así lo perciben; un regalo que cuesta mucho apreciar cuando se recibe, ellos no han sido una excepción, porque rompe cualquier esquema, cualquier expectativa que uno sea capaz de concebir.

Esta historia es un impulso a dar valor a la vida en cualquier circunstancia, por penosa que resulte a primera vista, para no quedarnos atascados cuando surgen dificultades y disponernos a dar lo mejor de uno mismo estimulados por ellas.

(1) Se puede ver en el siguiente enlace https://www.youtube.com/watch?v=4h2NbN3wYac

(2) Se puede ver en el siguiente enlace https://www.youtube.com/watch?v=3LqXN2gXvGo

(3) Página web de Correr por una sonrisa: https://www.run4smiles.com/