Afrontar las interferencias externas
Abogados y políticos interfieren significativamente en el trabajo del personal sanitario. Los primeros instando a los usuarios descontentos a interponer demandas, los segundos promulgando leyes que contravienen los principios éticos formulados en el juramento hipocrático. Las consecuencias de ello afectan a la relación médico-paciente; los protocolos establecidos se anteponen a lo que aconseja la atención personalizada –no hay dos pacientes iguales-. Estas situaciones revierten en una burocratización de la atención médica, un distanciamiento en el trato entre profesionales y usuarios y, derivado de ello, una mutua quiebra de la confianza.
Sirvan de ejemplo dos párrafos de Diagnóstico: cáncer. Mi lucha por la vida, el libro que escribió Mariam Suárez contando su experiencia en el diagnóstico y tratamiento de su enfermedad:
«Realmente creo que en Estados Unidos llevan las cosas a extremos que no favorecen a nadie, aunque la profesión médica no sea la única culpable de esta situación. Ellos deberían ser algo más que mecánicos del cuerpo humano, y las clínicas y hospitales no deberían convertirse en impersonales talleres de reparación. Para mí es importante que el médico que se ocupa de nosotros, sea el mismo que nos aconseje, que esté presente cuando algo falla…En Estados
Unidos se aprende a palos, castigan a los profesionales por el más mínimo
error, son más prácticos, más fríos. De ahí se derivan todos esos formularios
que hay que rellenar. Todo ese papeleo forma un muro de contención contra el
error por parte de los médicos» (1).
En los fragmentos que siguen de la conferencia del Dr. Herranz se abordan estas cuestiones desde la perspectiva del respeto como herramienta configuradora de la actuación del médico como agente moral de la sociedad.
«La piedra
de toque de los principios éticos viene a ser su operatividad, su capacidad de
inspirar buenas acciones, de promocionar la beneficencia de los agentes
morales…»
continuación
«El médico hipocrático está obligado a ser experto en percibir la vida humana, ha de poseer también en su espíritu una agudeza visual que le permita descubrirla bajo todas sus pleomórficas (2) apariencias. La percibe tanto en el sano como en el doliente, en el anciano lo mismo que en el niño, en el embrión no menos que en el adulto en la cumbre de su plenitud. Todas ellas son vidas humanas, disfrutadas por seres humanos, suprema e igualmente valiosos. Lo que a esos seres humanos les pueda faltar de tamaño, de riqueza intelectual, de hermosura, de vigor físico, todo lo que les falte, lo suple el médico con su conocimiento y su arte. Porque, como dice Hipócrates, «donde hay amor al arte, hay amor al hombre».
Tras la percepción, la aceptación. El médico no sólo considera a todos iguales: se compromete a prodigarse por igual con todos los que acuden a él. No nace este compromiso de que el médico sea un activista del derecho de todos a la salud y a la atención médica, sino del reconocimiento del valor único e insustituible de cada vida humana. Todo hombre –y esto lo sabía el médico antes de que lo enseñara Kant– es valioso en sí mismo, independientemente de cualquier otra consideración…
El respeto habilita para responder al
valor máximo de cada vida humana. El médico hipocrático se entrega a la
curación, la preservación y la rehabilitación de sus pacientes, y cuando no
puede curar, a las operaciones, importantísimas y exigentes de alto nivel profesional, del alivio paliativo y del consuelo. Le
corresponde también la protección de los valores personales del hombre
debilitado o incapacitado por la enfermedad. Es aquí donde la función de
suplencia a la que aludí hace un momento cobra su mayor relieve. Cuanto más
débil o indefenso sea el paciente, tanto más atenta y puntual, y también tanto
más competente y científica, ha de ser la intervención del médico…
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| J. R. Sosnowski |
Hasta no hace mucho, la Medicina la hacían unos hombres en favor de otros hombres. En los últimos años, y cada vez más intensamente, la hacen en presencia y bajo el control del Estado. En cualquiera de esas situaciones, ni unos ni otros pueden dejar de tomar partido por alguna concepción del hombre y esa toma de postura es de efectos éticos inmediatos, es en sí misma una opción ética fundamental. Así, pues, la práctica profesional coloca al médico en un campo de fuerzas científicas, sociales y éticas del que no puede escaparse…
La Medicina es intrínseca e inevitablemente una actividad ética. Pero sucede, además, que la influencia social de la Medicina de hoy es tan grande, que la relación médico–enfermo no es ya una cuestión que se circunscribe a dos personas. Lo que hace el médico influye de modo decisivo en el ethos social. Veámoslo con un ejemplo. Una actitud anuente del médico ante el aborto por demanda, ante el aborto libertario, consolida en la sociedad la noción de que la vida humana, y en concreto la del niño, es algo de poco valor, desechable, sustituible. Entonces, el niño compite, como un simple factor más de la cuenta de gastos e inversiones, con otros bienes deseables dentro del presupuesto, siempre tensado por las necesidades que la publicidad crea artificialmente. El niño termina por ser considerado como un objeto cuya adquisición se puede retrasar más o menos indefinidamente, pues es un gasto permanente, que, una vez hecho, ya no es permutable y que obliga a prescindir de muchos objetos y de algunas comodidades. Cuando la tensión entre nivel de vida y programación familiar alcanza un determinado nivel, el número óptimo de niños es cero (4)…Así, pues,
como el ejercicio de la Medicina no es ni inocente ni neutro, el médico tiene
necesidad, para mantener su integridad profesional, de recuperar plenamente el
respeto como actitud ética fundamental. Unas veces tendrá que ser el defensor
del enfermo contra el propio enfermo o contra la familia o la sociedad. Otras,
deberá defender a la sociedad de la conducta abusiva o irresponsable de
simuladores y parásitos. El médico, con
su respeto a la vida, a la integridad de la persona y a la salud del individuo
y de la colectividad, está llamado a ser un agente moral de primer orden en la
sociedad.
En los años
venideros, la tensión entre ética y posibilidades técnicas se irá atirantando
cada vez más. No le faltarán entonces al médico ocasiones para demostrar la
fibra moral de que está hecho…
Sólo el respeto nos puede vacunar contra la insensibilidad y la indiferencia que adormecerán la conciencia de la mayoría. La práctica de la Medicina exigirá entonces, más que ahora, una gran medida de independencia intelectual y de juicio crítico, para que la presión psicológica del ambiente permisivo, que lo tolera todo menos la disidencia, no acorche la conciencia ni corrompa la inteligencia de los médicos.»
(*) Gonzalo Herranz (1931-2021): El respeto, actitud ética fundamental en la Medicina. Lección inaugural del curso 1985–86 en la Universidad de Navarra. El documento completo se puede obtener o consultar en https://www.unav.edu/web/unidad-de-humanidades-y-etica-medica/material-de-bioetica/el-respeto-actitud-etica-fundamental-en-la-medicina
(1) Mariam
Suárez (1963-2004): Diagnóstico: cáncer. Mi lucha por
la vida (2000). Ed: Galaxia Gutenberg / Círculo de lectores – número 34496
– 2ª edición (2000). 237 páginas. Capítulo IV: Autotrasplante
(2) ‘La
noción de pleomorfismo se emplea en el terreno de biología para aludir al
desarrollo de diversas formas estructurales de un organismo en el marco de su
ciclo vital.’ Extraído de https://definicion.de/pleomorfismo/
(3) John Richard Sosnowski (1921-2013): “The pursuit of excellence”: Have we apprehended and comprehended it? Publicado en American Journal of Obstetrics and Gynecology, volumen 150, apartado 2, 15 septiembre 1984, páginas 115-119: "El Dr. J. Richard Sosnowski, presidente de la Asociación de Obstetras y Ginécologos del Sur de los Estados Unidos declaró en 1984: «No me parece algo excelente practicar una gimnasia semántica en una profesión… También me preocupa que, sin ninguna evidencia científica para justificar el cambio, la definición de la concepción, como la exitosa penetración espermática del óvulo, haya sido redefinida como la implantación del óvulo fertilizado. Me parece que la única razón de esto fue el dilema que causó la posibilidad de que el dispositivo intrauterino funcionase como un abortivo»" (Párrafo extraído de https://www.bioeticaweb.com/la-anticoncepciasn-de-emergencia-nuevo-engaapo-del-movimiento-antivida/). Referencia del texto completo: https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0002937884800010
(4) Ver Michel Schooyans (1930-2022): L’avortement. Approche politique. 3.ª edición. Louvain–la–Neuve. Université Catholique de Louvain, 1981.



































