lunes, 23 de octubre de 2023

Aprovecharse del tirón literario

Del texto al cine

Quien tras haber leído Suite francesa hayan visto la película basada, teóricamente, en la novela de Irène Nemirovsky, comprobarán que el guion cinematográfico no sólo simplifica enormemente la narración centrándose en la segunda parte del texto, sino que algunos episodios del relato de Némirovsky están distorsionados. Se podría decir que son dos realidades distintas pese a ser una secuela de la otra, que la discrepancia entre el lenguaje literario y el cinematográfico no justifica.

El hecho de ser una película ‘basada en’ y no ‘una adaptación’ parece que da mayor margen al guionista para construir su historia; sin embargo sabe que el título actúa como un cebo que pretende aprovecharse del tirón del texto literario y, quizá también, de los admiradores de la obra de Irène Némirovsky.

No me debería haber extrañado por otras experiencias similares, pero la curiosidad por ver como se plasmaba en el cine una obra tan intensa y con personajes tan variopintos me sedujo. Recordé haber leído una queja del escritor Miguel Delibes sobre la adaptación de una de sus obras y buscando en internet he encontrado un artículo de Àngel Comas (1) que habla de la relación de este autor, que también fue crítico cinematográfico, con el cine.

Dice Comas que «de sus críticas queda claro que “en el buen cine sobran las palabras”, que en las adaptaciones “hay que sintetizar y podar” o “contar la misma historia mediante un instrumento distinto, sustituyendo la calidad literaria por la calidad plástica”» y elogiaba al director que supiese conservar el espíritu del autor.

Un buen número de las obras del laureado escritor fueron ‘llevadas al cine’. Nos cuenta Comas que «Delibes solía participar en la producción de las adaptaciones de sus novelas y colaborar en la elaboración de los guiones. No era extraño verle en algún rodaje. Solía aceptar de buen grado los resultados, aunque no le gustasen, consciente de que cine y literatura tienen poco que ver. En general, las adaptaciones no estuvieron a la altura de sus novelas, lo cual resulta habitual. Cada director tomó lo que más le convino y, aunque con rigor y respeto, convirtió su filme en propio con Delibes en segundo plano.»

Esas adaptaciones influyeron en la evolución literaria de Delibes, especialmente en el uso del lenguaje. Sin embargo, con el paso del tiempo, no sin resquemor, se rindió a la evidencia de que no podía influir en los guiones cinematográficos como le hubiera gustado: «Su hija Elisa, presidenta de la Fundación Miguel Delibes, recordó "la gradual desilusión" de su padre a medida que observaba en la pantalla el resultado de las adaptaciones de sus libros, ya que no se ajustaban del todo a lo que él creía que debía hacerse. "Era muy exigente, pero ya en los años noventa acabó por comprender que el cine era otra realidad, que él vendía los derechos y que no podía 'meter mano' así como así. Gradualmente se fue desilusionando por esta razón”.»

Cuando vayamos a ver una película atraídos por el hecho de estar basada en un libro cuya lectura nos ha entusiasmado conviene estar prevenidos ante un disgusto o una decepción, aunque no tiene por qué ocurrir de esta manera.

(1) Àngel Comas: Miguel Delibes y el cine. Publicado en la revista Atticus, número 41. Extraído de  un enlace de https://revistaatticus.es/2021/07/10/miguel-delibes-y-el-cine

miércoles, 11 de octubre de 2023

La practicidad no es el fin

Inquietud intelectual

Primum vivere, deinde philosophari, es un pragmático adagio latino que prioriza la practicidad -utilidad inmediata- a la contemplación o la reflexión. Sí, hay que dar prioridad a tener cubiertas las necesidades básicas a la tarea puramente especulativa, pero suele ocurrir que lo que se considera ‘necesidades básicas’ se vaya ampliando a medida que mejora el nivel de renta. La rentabilidad, medida en términos económicos o de bienestar personal –éxito, fama, estatus, likes, followers…-, puede convertirse en el factor clave de elección para orientar la vida. Una opción comprensible, pero, en muchos casos limitadora de las posibilidades de crecimiento interior y de proyección exterior.

Así lo experimentó la filósofa Zena Hitz, que en el prólogo autobiográfico de Pensativos expone hitos de su trayectoria personal y profesional: «Hay que decir que me lancé de cabeza a una brutal pugna por el estatus y el prestigio sin pensarlo mucho y con pocas dudas conscientes… Tuvieron que pasar varios años para que el hilo invisible que unía dentro de mí el drama de la reputación con el proceso constante y serio del aprendizaje real comenzara a deshacerse, desenmarañando así el resto de mi vida… Me había acostumbrado a que se me recompensara por mi trabajo intelectual con dinero, estatus y privilegios. A lo largo del camino, mi centro de atención se había desplazado sin que me diera cuenta, del trabajo en sí hacia los resultados del trabajo. Había perdido gran parte de la capacidad de pensar libre y abiertamente sobre un tema, preocupada por perder la posición en la jerarquía social académica que con tanto esfuerzo había ganado. Trabajaba afanosamente en proyectos de investigación muy acotados y no me permitía tiempo para leer y reflexionar sustancialmente. Mis colegas y yo íbamos a destinos exóticos con la mayor frecuencia posible, buscando experiencias prestigiosas y bienes de consumo de alta gama como inesperadas ventajas de formar parte de una comunidad internacional de académicos… Aumentó la tensión entre estos placeres arraigados y la atracción que sentía por el mundo oculto del sufrimiento.

En cambio, a medida que mis aventuras como voluntaria se expandían conocí a fascinantes tipos de todo pelaje que vivían fuera de las convenciones de la clase media» (1).

A Zena el camino al que le conducía el reconocimiento profesional no le llenaba, sino que más bien condicionaba sus anhelos más íntimos relacionados con la profesión y el servicio a sus semejantes. Teo Peñarroja, que la ha entrevistado, considera que la tesis principal de Pensativos “es que aprender por el puro placer de hacerlo nos conduce hacia una vida más plena, a la felicidad”. La primera pregunta incide en el propósito que busca la autora: Pensativos empieza así: «A la mitad del camino de mi vida». Las mismas palabras con las que Dante da inicio a su Infierno. ¿Intenta este libro ser un Virgilio que nos guíe en la «selva oscura» del mundo contemporáneo?” Zena responde: «No en la selva oscura sino a través de ella, hacia fuera. Ya hay demasiados libros que le dicen a la gente lo que debe hacer, y yo quería que quedara claro que también soy una peregrina, como mis lectores. Quería mostrar los hitos que he atravesado en mi camino hacia el placer de la vida intelectual, y en ese sentido me gustaría ser como Virgilio» (2).

A través de su testimonio y el desarrollo argumental de su libro, Zena nos invita a transitar hacia una vida más plena abandonando ‘los imprescindibles’ que nos marca el ambiente social, cultural, político, mediático… y orientándola hacia el crecimiento interior y el servicio al prójimo. Mientras escribía, me he acordado de la transformación del burocratizado funcionario Kanji Watanabe que la maestría del cineasta japonés Akira Kurosawa nos retrata en la película Vivir (Ikuru).

(1) Zena Hitz: Pensativos. Los placeres ocultos de la vida intelectual. Título original: Lost in Thought. The Hidden Pleasures of an Intellectual Life (2020). Editorial: Ediciones Encuentro – Colección: Nuevo Ensayo, número 97 - 1ª edición (2022). Traductora: Consuelo del Val. 243 páginas. Prólogo: de como lavar los platos restauró mi vida intelectual, páginas 27-28 y 34.

(2) Entrevista a Zena Hitz de Teo Peñarroja Canós, publicada en la revista Nuestro Tiempo, número 717. La entrevista completa se puede leer en https://nuestrotiempo.unav.edu/es/grandes-temas/zena-hitz-puede-que-en-las-universidades-no-se-piense-lo-encuentro-terrorifico-pero-sucede