lunes, 31 de diciembre de 2018

El sentido del contrasentido

Un testimonio que desborda

No lo tenía previsto pero me encontraba en la tesitura de decidir postergar la compra de un libro que me interesaba o adquirir otro para que el importe de ambos completara aproximadamente el valor del billete que tenía. No había quien me pudiera dar cambio en la parroquia donde estaban expuestos para la venta, tan solo una rendija para introducir el dinero. Así es como llegó a mis manos una semblanza biográfica de Clara Badano (1).

Todavía lo estoy leyendo, este tipo de textos me gusta degustarlos poco a poco, en este caso a capítulo diario, pero me llamaron la atención algunos comentarios de su autor en la introducción al relato. En primer lugar que glosaba la figura de una joven mujer beatificada por la Iglesia Católica quien se confesaba alejado de la fe –va dejando constancia de ello durante la narración-, pese a estar bautizado, haber pertenecido al mismo Movimiento que Clara y contar con múltiples testimonios ejemplares a su alrededor de fieles que la han vivido o la están viviendo con intensidad. Algo que confirma lo que he oído repetidamente, que la fe es un don inmerecido –aunque cueste entenderlo a quienes hemos sido bautizados en la niñez y vivido en un ambiente cultural con abundantes referencias cristianas-. También que es una virtud que crece con la práctica, no exclusivamente en su manifestación externa, sino básicamente en el modo de afrontar las múltiples experiencias a las que nos enfrentamos. Pienso que la vida de fe está entretejida de microconversiones que ayudan a avanzar y cuando estas faltan se resquebraja, pudiendo llegar a marchitarse.

Franz Coriasco
Han pasado ocho años desde que se publicó el libro y desconozco si la relación de Franz Coriasco con Dios sigue siendo la misma. Conoció a Clara desde su infancia porque era la mejor amiga de su hermana menor Chicca, que le animó a escribir sobre ella. Me ha gustado su planteamiento (2): “intentar huir en la medida de lo posible de las trampas y tópicos propios de toda indagación retrospectiva. Y no descuidar los recovecos, sobre todo los menos trillados por las hagiografías clásicas, quizá hurgando por donde el fulgor de la santidad ensombrece y anula los detalles y el contorno”. ¡Cuántas biografías de santos, quizá con la intención de realzar su figura, los presentan como si fueran seres anómalos a la condición humana!

Los padres de Clara: Ruggero y
Maria Theresa, con Chicca Coriasco
Prosigue: “Te confieso que también albergo la esperanza de encontrar en Chiara Luce * unos cuantos defectos… porque creo que una de dos: o un santo sin defectos no es lo bastante santo, o, a diferencia de lo que siempre me han contado, la santidad no está hecha para todos.” Quizá pensaba en aquellas palabras de San Pablo: “ésta es la voluntad de Dios: vuestra santificación”. (3)

El último párrafo que quiero destacar es la percepción de la santidad que le ha dejado a Coriasco profundizar en el camino recorrido por Clara: “Si pienso en la beata Chiara Luce por como la conocí, sólo dos cosas sé o presumo. Primero: uno no nace santo, pues la santidad es un oficio –además de una opción- que se aprende sobre la marcha. Segundo: una historia de santidad no tiene un final feliz, porque es una historia que no termina nunca.

Felicitación de Navidad en 1989
Cuesta entender, como deja patente Coriasco, porque la enfermedad se ceba en una persona joven y vital que comparte la mayor parte de las inquietudes de las chicas de su edad. ¡Cuántos proyectos truncados!, podemos pensar. Pero la vida no es una estadística que crea unas expectativas en la esperanza de vida. A Clara le faltaban unas pocas semanas para cumplir diecinueve años cuando falleció como consecuencia de un cáncer que se manifestó dos años antes y exigió un duro y doloroso tratamiento para intentar superarlo. Físicamente no lo logró, pero la grandeza de alma con que lo afrontó no se improvisa, sino que brota como consecuencia de lo que había ido madurando en su interior, que está dejando una fructífera estela.

(1) Franz Coriasco: Clara Badano. “Chiara Luce” vista de tejas abajo. Título original: Dai tetti in giù. Chiara Luce Badano raccontata «dal basso» (2010). Editorial: Ciudad Nueva. Colección: Testimonios. 157 páginas.
(2) Libro citado, capítulo Promesas y premisas, página 9
(3) 1ª carta a los Tesalonicenses capítulo 4, versículo 3
* Sobrenombre que le puso la fundadora del Movimiento, Chiara Lubich

domingo, 23 de diciembre de 2018

Piel dura, corazón sensible

Dejar espacio a la trascendencia



Dice el villancico:

Los pastores son los primeros
que en la Nochebuena
fueron a adorar al Niño de Dios

Quizá eran rudos y su rostro reflejaba las señales que deja estar muchas horas a la intemperie. Eran marginados sociales pese al beneficio que aportaba su trabajo a la sociedad en que vivían. Y, sin embargo, tuvieron el privilegio de ser los primeros en recibir el anuncio del nacimiento de Jesús (1): “hoy os ha nacido, en la ciudad de David, el Salvador, que es el Cristo, el Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis a un niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre.” Nos cuesta entender que la lógica de Dios transcurra en sentido inverso a la de los convencionalismos humanos.

Estaban acostumbrados a permanecer en vigilia: “Dormían al raso y vigilaban por turno su rebaño durante la noche” y eso pudo ayudarles a oír el mensaje, pero tuvieron que tomar una difícil decisión: fiarse del anuncio y arriesgarse a abandonar su rústico acomodo para ponerse en camino: “Vayamos a Belén para ver esto que ha ocurrido y que el Señor nos ha manifestado”. Se jugaban también su futuro profesional y quizá algo más si el rebaño se dispersaba o sufría algún daño. Su arrojo fue recompensado: “encontraron a María y a José y al niño reclinado en el pesebre”. Y se abrió su mente: “Al verlo, reconocieron las cosas que les habían sido anunciadas sobre este niño.”

Cree para comprender, comprende para creer”, dice San Agustín. Sin dejar resquicio para que penetre la trascendencia es muy difícil llegar a captar someramente todos los misterios que rodean la conmemoración de la Navidad, aunque se perciban sus efectos en tantas tradiciones nobles que la rodean –prescindamos de las parasitarias que se aprovechan de ella-.

Tener la piel dura, como consecuencia del trabajo que se realiza, no impide ser sencillo –no confundir con simple-. Probablemente las manos de esos pastores eran callosas pero demostraron tener un corazón muy sensible.

¡¡Feliz Navidad para todos vosotros y los que os rodean!!

(1) Cfr. Lucas 2, 8-20

lunes, 17 de diciembre de 2018

Los jóvenes y el empleo

Hambre de retos


Se podría pensar que la cita de Nicholas Carr mencionada en la publicación anterior (1) suponía una crítica a Google. Pienso, sin embargo, que eso sería una interpretación errónea. El autor incidía en la actitud del usuario ante este buscador y el cambio de hábitos que le pueden producir si se deja llevar por las facilidades que proporciona la herramienta. El problema radica en la gestión de la información que suministra Google, el riego que llegue a monopolizar el acceso a las fuentes y excitar en demasía la curiosidad. Será provechoso en la medida en que se aprenda a delimitar su uso, a realizar las preguntas adecuadas para obtener eficazmente los resultados esperados y aprender a seleccionar entre la multitud de opciones que nos ofrece. Como en los ejemplos que expone La gran adicción (2), todo lo relacionado con Internet, tiene un poderoso atractivo, con capacidad para dominar y robarnos gran parte de nuestro tiempo, como los hombres grises de Momo (3).

Es la visión de un usuario entrado en años de la herramienta que escudriña en la red, origen de la fama y relevancia que ha adquirido Google en el mundo entero y le ha permitido crecer en extensión geográfica, en oferta de productos y en la puesta en marcha de ambiciosos proyectos. Pero, ¿cómo se contempla desde Google a la generación que se ha venido en llamar de nativos digitales? Hace unos días (4) recogía un fragmento de las declaraciones de Fuenciscla Clemares, responsable para España y Portugal de la compañía, en las que exponía el perfil que buscaban entre los candidatos a trabajar en la empresa. Hoy me centraré en sus comentarios sobre el comportamiento de sus empleados más jóvenes.

Bajo la premisa que los jóvenes no tienen miedo al cambio, le requerían si consideraba positiva esta actitud para las empresas tecnológicas: “Sin duda, porque en nuestra industria todo avanza muy rápido y las empresas estamos obligadas a transformarnos permanentemente. De modo que contar con personas con esa capacidad de adaptación, sin miedo al cambio y que pide más retos, es muy necesario. Sin embargo, en ocasiones me enfrento a una dificultad de otro tipo y es que, habitualmente, los jóvenes son impacientes. Muchas veces todavía no le han sacado el máximo partido a un puesto, a un determinado cargo, y ya están pensando cuál es el siguiente, cuando una empresa también necesita una estabilidad. Ese tipo de impaciencia es muy difícil de gestionar.

¿Cómo puede la empresa retener el talento en esta tesitura?, es la siguiente cuestión que se plantea: “Con nuevos retos porque, en general, estamos buscando e incorporando a nuestra plantilla personas ambiciosas, curiosas y muy bien preparadas. Como una consecuencia de lo anterior, una vez que piensan que están haciendo bien una labor, te piden el siguiente reto. Entonces, o eres una empresa que está en crecimiento y transformación permanente, donde se generan nuevas oportunidades, o es difícil retenerles. El segundo elemento es la cultura empresarial. Los empleados quieren sentirse a gusto, cómodos, que los compañeros puedan ser amigos… El entorno, si atrae, retiene.” (5)

Aunque las declaraciones de Clemares hacen referencia a la experiencia de su empresa, dejan entrever algunos factores que son característicos del entorno social en que nos movemos. La adaptación al cambio se convierte en una necesidad en un mercado laboral donde proliferan los contratos de duración determinada (temporales). La impaciencia tiene que ver con lo que ya apuntaba Susanna Tamaro en Querida Mathilda: “Nuestra época es la época de la aceleración y de la prisa: una época en la que… todo se usa y se tira. Cuando nos cansamos de algo, incluso si todavía sirve, lo sustituimos por otra cosa nueva. Cuando una relación cansa, se «tira» a la persona.”(6) Otros ejemplos en la misma línea: la inmediatez de respuesta que se espera de un Whatsapp, la precipitación al tuitear, los objetivos empresariales fijados a un plazo de tiempo cada vez a más breve… Por último, cuando la sobreestimulación se convierte en un hábito no hay tiempo de reposo para asimilar o disfrutar lo conseguido, los retos y no los objetivos se convierten en un fin.


(2) Enric Puig Punyet: La gran adicción. Editorial: Arpa editores
(3) Michael Ende: Momo. Editorial: Alfaguara
(5) Fuenciscla Clemares, entrevista de Blanca Rodríguez Gómez Guillamón, publicada en Nuestro Tiempo, número 699, Verano 2018. Páginas 78-81
(6) Susanna Tamaro: Querida Mathilda, no veo el momento en que el hombre eche a andar. Título original: Cara Mathilda - Non vedo l'ora che l'uomo cammini (1997). Editorial: Seix Barral (1998). Traductor: Atilio Pentimalli Melacrino. 188 páginas. Fragmento en capítulo: 23 de julio. Lecciones de silencio

jueves, 13 de diciembre de 2018

Dependencia tecnológica

¿Quién ejerce el dominio?


Nicholas Carr
Hace unos años Nicholas Carr (1) alertaba de los cambios vitales que producían las facilidades que nos proporcionan plataformas como la de Google: “En los últimos años he tenido la incómoda sensación de que alguien, o algo, ha estado jugueteando con mi cerebro, cambiando el esquema de su circuito neuronal, reprogramando la memoria… No estoy pensando del modo que antes lo hacía.”

Como escritor lo notaba especialmente en el modo de afrontar la lectura: “Antes me era fácil sumergirme en un libro o en un artículo largo… Ahora casi nunca es así. Ahora mi concentración casi siempre comienza a disiparse después de dos o tres páginas. Me pongo inquieto, pierdo el hilo, comienzo a buscar otra cosa que hacer. La lectura profunda… se ha convertido en una lucha.”

Donde radica, para él, el problema: “Desde hace ya más de una década, he estado pasando mucho tiempo en línea, buscando y navegando y a veces añadiendo a la gran base de datos de Internet.” No oculta, sin embargo el beneficio que le ha reportado: “La red ha sido una bendición para mí como escritor. Puedo hacer en minutos la investigación que en un tiempo requería días en salas de la biblioteca o de las publicaciones periódicas. Unas pocas búsquedas en Google, algunos “clics” rápidos en hiperenlaces y obtengo el dato revelador o la cita sucinta que andaba buscando.”

Las palabras de Carr hacen hincapié en cómo nos afectan los hábitos que adquirimos y la importancia que tiene que seamos capaces de controlar las herramientas que usamos. Sabemos que la tecnología puede crear dependencia, por ejemplo nomofobia, pero su uso resulta beneficioso siempre que los aparatos no se adueñen de nuestra vida, ocupando los primeros lugares entre nuestras prioridades y generando estados de necesidad e inquietud que nos trastornan. Quizá nos convendría hacer un chequeo periódico para calibrar nuestro nivel de dependencia tecnológica y la capacidad para soportar periodos de abstinencia sin que nuestra salud se vea comprometida.


(1) Artículo completo en: http://asociacioneuc.org/documentos/docsEUCs/62EUCNicholasCarr.pdf

jueves, 15 de noviembre de 2018

Recelos corrosivos

Barreras prejuiciosas


Jutta Burggraf
A través de distintos documentos: la película Loving, los libros Tomates verdes fritos y Figuras ocultas, la entrevista de Anna Guitart a Paul Auster emitida por TV3… he ido conociendo recientemente algo más sobre lo que supuso la discriminación racial y las leyes segregacionistas en los Estados Unidos, especialmente en algunos de sus estados; una herida que todavía no ha cicatrizado del todo, a tenor de los brotes violentos ligados a esta cuestión que todavía se producen.

Quizá por ello me ha llamado la atención un fragmento del breve ensayo de Jutta Burggraf titulado Aprender a perdonar (1) en el que glosa el libro Mi primera amiga blanca de Patricia Raybon (2): “describe cómo la opresión que su pueblo había sufrido en Estados Unidos le llevó en su juventud a odiar a los blancos, ‘porque han linchado y mentido, nos han cogido prisioneros, envenenado y eliminado’. La autora confiesa que, después de algún tiempo, llegó a reconocer que su odio, por muy comprensible que fuera, estaba destruyendo su identidad y su dignidad. Le cegaba, por ejemplo, ante los gestos de amistad que una chica blanca le mostraba en el colegio. Poco a poco descubrió que, en vez de esperar que los blancos pidieran perdón por sus injusticias, ella tenía que pedir perdón por su propio odio y por su incapacidad de mirar a un blanco como a una persona, en vez de hacerlo como a un miembro de una raza de opresores. Encontró el enemigo en su propio interior, formado por los prejuicios y rencores que le impedían ser feliz.”

Patricia Raybon
El caso de Patricia, ese estigma que aplicaba a todos los blancos, es extrapolable a otros contextos más cercanos en los que por cuestiones de rivalidad política, deportiva, social, cultural… se alimenta una aversión o animadversión hacia las personas cuyo perfil –real o imaginado- encaja con lo que se detesta a nivel individual o colectivo, convirtiéndole en merecedor de reproches y desprecios. La persona como tal se desvanece en el juicio, se la despoja de su dignidad, basándose en supremacismos o experiencias pasadas para justificar ese comportamiento disgregador, que no dejan de ser excusas para impedir salir del bucle de una intolerancia que impide reconocer al otro por sí mismo. La incomunicación que se genera es un obstáculo difícil de superar: “los peores muros son los que se construyen con prejuicios, no con ladrillos” dijo un rector universitario en un congreso donde se exploraban los fundamentos de una ética universal. (3)

Patricia experimentó que su indignación ejercía un efecto boomerang que la dañaba interiormente, era un lastre para su felicidad. Dice Burggraf: “Las heridas no curadas pueden reducir enormemente nuestra libertad. Pueden dar origen a reacciones desproporcionadas y violentas… Una persona herida, hiere a los demás. Y, como muchas veces oculta su corazón detrás de una coraza, puede parecer dura, inaccesible e intratable. En realidad, no es así. Sólo necesita defenderse… Hace falta descubrir las llagas para poder limpiarlas y curarlas. Poner orden en el propio interior, puede ser un paso para hacer posible el perdón - en este caso perdonarse a sí misma-. Pero este paso es sumamente difícil y, en ocasiones, no conseguimos darlo.” Una cosa es darse cuenta de la conducta errónea, otra reconocerla –superando la tendencia a disculparse y a desesperarse- y otra decidirse a poner los medios  para modificarla: “el perdón, aunque está estrechamente unido a vivencias afectivas, no es un sentimiento. Es un acto de la voluntad que no se reduce a nuestro estado psíquico” (4).

Ángel Gómez Montoro
exrector de la
Universidad de Navarra
Patricia dio el paso y se liberó de la pesada carga que distorsionaba su juicio sobre las personas. Quizá convendría preguntarnos si en algún recoveco de nuestro interior anida alguno de estos sentimientos corrosivos que entorpecen el trato con los demás y lesionan nuestra intimidad.

(1) Jutta Burggraf: Aprender a perdonar. Leído en Nuestro Tiempo, número 643, enero-febrero 2008. Se puede encontrar completo en el enlace https://www.almudi.org/articulos/7436-Aprender-a-perdonar-Jutta-Burggraf-Dialogos-Almudi-2004
(2) Patricia Raybon: My First White Friend: Confessions on Race, Love and Forgiveness, New York 1996, pág. 4 y sig. (anotado por Burggraf)
(3) Ángel José Gómez-Montoro: Fundamentos de una ética universal. Intervención en el Congreso Internacional Culturas y Racionalidad celebrado en Pamplona entre el 19 y 21 de noviembre de 2007. El discurso completo se encuentra en http://udep.edu.pe/capellania/capinfo/fundamentos-de-una-etica-universal/
(4) Cfr. Dietrich von Hildebrand, Moralia, Werke IX, Regensburg 1980, pág. 338. (anotado por Burggraf)

viernes, 9 de noviembre de 2018

El discurso de la Primera Ministra

Un ‘chute’ de autoestima teñido de responsabilidad


Continúo refiriéndome al capítulo de Borgen (1) mencionado en el escrito anterior aludiendo al discurso de la primera ministra ante el Parlamento danés en el inicio del curso político. He preferido no recortarlo a pesar de su extensión:

A Nyborg el borrador que le presenta Juul no le acaba de convencer: “Has hecho un gran trabajo, pero tiene que ser un discurso que aspire a más”.

Juul le anima a explicitar sus deseos: “Bien. ¿Qué quieres? ¿Por qué debo votarte? ¿Cuáles son tus planes a parte de conservar el poder?

Nyborg hace referencia al trabajo realizado: “Hemos logrado cambiar muchas cosas durante el primer año. Estamos transformando Dinamarca.”

Pilou Asbæk
interpreta a Kasper Juul
Pero en política no se sobrevive con los ‘éxitos’ –reales o ficticios- del pasado, es necesario crear expectativas: “¿Qué quieres?”, le dice Juul.

Nyborg reflexiona en voz alta: “Quiero decirles a los daneses que son mejores de lo que piensan, aunque lo han olvidado. Porque todos tenemos derecho a tener un coche nuevo, una cocina nueva, una familia perfecta, un amante y un yate. Desde hace tiempo vivimos en un mundo en que las personas se sienten injustamente tratadas si no tienen todo eso. Tal vez sea el momento de comprender que no podemos tenerlo todo.”

Juul orienta el mensaje: “Siempre que no sea un sermón plañidero. Formar parte de una comunidad es algo positivo.”

Nyborg continúa su razonamiento: “Sí, lo han demostrado muchas veces. Están preparados para asumir decisiones difíciles, para hacer sacrificios y lo hemos olvidado. Nos conformamos con cantar en la iglesia cuando muere alguien. ¡Luchad por todo aquello que amáis!

Puede funcionar”, es la escueta respuesta de Juul.

García-Máiquez
No pretende anunciar medidas concretas, ni pasar cuentas de su gestión, sino meterse en las entrañas de los ciudadanos para abandonar el conformismo, la relajación a la que conduce el bienestar material y la queja estéril cuando este merma: “¡Luchad por todo aquello que amáis!” ¿Un mensaje conservador? Enrique García-Máiquez se apoya en Chesterton para deshacer la idea de que el conservador es un inmovilista: “Nos trajo a raíz de esta cuestión otra de sus paradojas impagables: el conservador es el que ha de ser más revolucionario, decía, o más reactivo, digo yo, porque la dinámica de todo empuja al deterioro y a la perversión. La imagen chestertoniana resultaba bien iluminadora: quien quiera mantener una farola como está no puede dejar pasar mucho tiempo sin limpiarla, sin cambiar la bombilla, sin lijarla y sin darle una enérgica mano de pintura.”

Sidse Babett Knudsen
interpreta a Birgitte Nyborg
El discurso de Nyborg ante la cámara empieza aludiendo a un acontecimiento aglutinador: “¿Qué hace que una nación se mantenga unida? Cuando era una joven estudiante estuve en la plaza del Ayuntamiento de Copenhague el 26 de junio de 1992. Dinamarca acababa de ganar la Eurocopa de fútbol. Aquella noche no tuve ninguna duda de que éramos una nación. Una nación que casi se sabía de memoria la letra del himno nacional. Estábamos asombrados. Durante 140 años nos habíamos hecho a la idea de ser una nación de amables perdedores, vencidos regularmente por los alemanes. Entonces de repente habíamos conseguido vencerlos a ellos.” Seguro que recordamos acontecimientos parecidos que han generado un gran efecto cohesionador a nivel nacional: ‘las Olimpiadas de 1992’, ‘el mundial de fútbol de 2010’…

Adam Price
creador de Borgen
La alocución se circunscribe a un entorno de crisis económica mundial y continúa poniendo en valor lo que se ha ido consiguiendo con el paso de los años –que no ha llovido del cielo- y apela a la sensatez de los políticos para que salgan del bucle autorreferencial que tanto daño hace, porque se antepone la ambiciosa cortedad de miras al bien común de los ciudadanos: “Nos acostumbramos desde la misma cuna a tenerlo todo. Ahora nos hemos de acostumbrar al hecho de haber dejado de ser ricos. Estamos desesperados y nos preocupamos por cosas que jamás nos habrían inquietado antes. Cada uno de los miembros de esta Cámara representa a 30.000 daneses. Ellos han depositado en nosotros sus esperanzas en un futuro mejor. Ahora, más que nunca, debemos demostrar un grado de responsabilidad que trascienda las diferencias partidistas, las agendas políticas y las campañas de desprestigio.” ¿Cotejamos estas palabras con el ambiente político que se vive en nuestro país?

El conjunto de los ciudadanos ha de sentirse aludido: “Creo que los seres humanos nos necesitamos unos a otros. Creo que debemos permanecer unidos como nación. Creo que es más lo que nos une que lo que nos separa y que en el fondo somos el mismo pueblo de aquella feliz noche de junio en la plaza del Ayuntamiento. Para aquellos que han olvidado la letra, el último verso dice: ‘Nuestra vieja Dinamarca persistirá(2). ¡Esforcémonos en ello! ¡Juntos!

Un discurso patriótico que aspira a elevar el ánimo de la población, aunque sea con algunos destellos buenistas, invitando a valorar lo que se tiene, a poner el foco en lo verdaderamente importante, a dejar de estar atenazados por lo accesorio y a no enredarse en discusiones y contiendas vanas, polarizadas y viscerales, que vienen acompañadas de un grado superficialidad que impide la reflexión serena para llegar al fondo de las cuestiones, paso imprescindible para acertar en la resolución de los problemas que surjan.

El capítulo se inicia con una cita reveladora de Maquiavelo: “Un príncipe siempre tiene una razón legítima para incumplir sus promesas”, que parece deslegitimar el tono esperanzador que aporta el discurso: ‘Del dicho al hecho…’. Pero no es un discurso de promesas sino de estímulo para que todos aquellos a los que va dirigido –dentro y fuera de la Cámara- sean consciente del papel que le toca jugar en la sociedad. Una comunidad se nutre del compromiso de cada uno de sus miembros, que pueden optar por arrimar al hombro, limitarse a cumplir o parasitar.

(1) Borgen. Capítulo 10 de la 1ª temporada: Primer martes de octubre.
(2) Enrique García-Máiquez: La técnica lampedusiana. Publicado en Nuestro Tiempo, número 691, primavera 2016. Página 28
(3) Letra del himno de Dinamarca (https://www.musica.com/letras.asp?letra=1536205)

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Instruir, remover, conmover

Estructura de un gran discurso


En uno de los episodios de la serie televisiva danesa Borgen (1), Kasper Juul, el controvertido jefe de prensa de la primera ministra Birgitte Nyborg, está preparando el discurso de inicio del curso político que la mandataria ha de pronunciar en el Parlamento. Busca inspiración en el emblemático discurso inaugural del presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy en el Capitolio de Washington, cuyo párrafo más destacado decía: “Así pues, compatriotas: preguntad, no qué puede hacer vuestro país por vosotros; preguntad, qué podéis hacer vosotros por vuestro país. Conciudadanos del mundo: preguntad, no qué pueden hacer por vosotros los Estados Unidos de América, sino qué podremos hacer juntos por la libertad del hombre.” (2)

Nyborg y Juul
en la ficción televisiva
Flirteando con la secretaria de la primera ministra, Juul va verbalizando sus impresiones sobre la intervención del malogrado presidente estadounidense: “Lo fantástico del discurso inaugural de Kennedy es que es conmovedor y al mismo tiempo crea la sensación de íntima afinidad con el presidente… No puedo copiar las palabras aunque quizá pueda copiar la estructura. Está construido como un cohete de tres pisos. Es como una oración, ‘no pregunten’ tres veces: eso crea ritmo. El ritmo está ligado a nuestro cuerpo. Los políticos no deben dirigirse sólo a nuestra mente, también a nuestras tripas y a nuestro corazón: donde se fijan las palabras.”

Julián Marías
Instruir, remover, conmover… El arte de la oratoria que en su mejor versión notaba a faltar Julián Marías hace poco más de veintidós años: “Lo malo es que nuestra época ha sustituido la «retórica» por la «propaganda»… La retórica, la buena retórica, consistía en mover a las personas mediante la palabra, y no necesitaba mentir, sino apelar con el estilo literario a los resortes profundos de lo humano. La propaganda –plaga del siglo XX– manipula a los hombres profanándolos mediante la mentira, la distorsión de la realidad, su ocultamiento. Y esto está tan arraigado, y el talento literario es tan escaso, que es problemático pasar del aterrador dominio de la propaganda al ámbito salvador de la buena retórica veraz e ilusionante. En el comienzo de la democracia griega, decía Pericles, según el testimonio de Tucídides: «El que sabe y no se explica claramente, es lo mismo que si no pensara». De ahí la necesidad de la palabra justa y expresiva, capaz de hacer entender y de entusiasmar, de movilizar lo mejor de los ciudadanos.” (3)

Instruir, remover, conmover… para esperanzar, para aglutinar, para construir un futuro prometedor con una ciudadanía cohesionada. Por esa senda transita en el episodio el discurso de Nyborg al que haré mención en el próximo escrito.

(1) Borgen. Capítulo 10 de la 1ª temporada: Primer martes de octubre.
(2) Discurso completo en Salvador Rus Rufino: Palabras para el corazón y la razón. Fuente: https://www.elmundo.es/especiales/2013/internacional/jfk/el-politico/5.html
(3) Julián Marías: Qué vamos a hacer. Publicado en el periódico ABC el 12/09/96. Reproducido en http://www.conoze.com/doc.php?doc=1840

sábado, 3 de noviembre de 2018

¿Dónde está Dios?

Más cerca de lo que nos parece


Faltándome inspiración busqué un soporte para que aquellos breves minutos frente al sagrario en la capilla de la parroquia se convirtieran en oración. Acudí a la Liturgia de las Horas, aleatoriamente escogí los textos de la hora Nona y un fragmento del himno con el que daba inicio fue suficiente para entablar el diálogo con Aquel a quien había ido a visitar:

Quien diga que Dios ha muerto
que salga a la luz y vea
si el mundo es o no tarea
de un Dios que sigue despierto.
Ya no es su sitio el desierto
ni en la montaña se esconde;
decid, si preguntan dónde,
que Dios está —sin mortaja—
en donde un hombre trabaja
y un corazón le responde. (1)

(1) Liturgia de las horas: Himno de la Hora Nona del miércoles de la XXX semana del tiempo ordinario. Destacada en: https://pastoralsj.org/recursos/oraciones/219-sin-mortaja


jueves, 25 de octubre de 2018

El sinuoso camino del orgullo

Vacuna para una enfermedad latente


Los distintos significados que puede tener una palabra (polisemia) nos confunden cuando no acertamos a aplicar la acepción que corresponde a aquello que valoramos o juzgamos. Es lo que ocurre con el orgullo, del que el diccionario de la RAE recoge cuatro acepciones (1).

En este escrito me referiré a la que lo define como ‘exceso de estimación propia’ y tomaré como referencia un capítulo del libro de Salvador Canals Ascética meditada titulado ‘La ruta del orgullo’ (2) del que reproduciré algunos fragmentos, pero os invito a leerlo completo en https://www.fluvium.org/textos/lectura/lectura92.htm, no os llevará mucho tiempo. Pienso que os puede aportar luz sobre algunos comportamientos que van ligados a esta tendencia que a todos nos afecta en mayor o menor medida, aunque puede ocurrir que seamos capaces de observarla en los demás e incapaces de detectarla en nosotros mismos; o verla sólo como un reflejo en el sentido que apunta Unamuno: “de ordinario, lo que aborrezco en otros aborrézcolo por sentirlo en mí mismo; y si me hiere aquella púa del prójimo, es porque esa misma púa me está hiriendo en mi interior. Es mi envidia, mi soberbia, mi petulancia, mi codicia, las que me hacen aborrecer la soberbia, la envidia, la petulancia, la codicia ajenas.” (3)

Canals, sacerdote fallecido en 1975, (4) describe el sendero que va recorriendo quien está encantado de conocerse y está convencido de que no debe nada a nadie: “Cultivamos voluntariamente y con una especie de interior circunspección este alto concepto de nuestro propio ser, y no admitimos ninguna sombra, por pequeña que sea, ni referencia alguna a otras personas y no soportamos ningún reproche o corrección. Atribuimos a nosotros mismos –olvidándonos por completo de Dios nuestro Señor– todo lo que somos y todo lo que valemos. Y al obrar así, excluimos a Dios y a los demás de nuestra vida: tan sólo yo importo, dice obstinadamente el orgulloso, contemplándose complacido y meciéndose con presunción a sí mismo.”

Uno de los primeros efectos es un retorcimiento interior: “Si existe un camino que haga complicadas a las almas, éste es la ruta del orgullo… es un laberinto en el que las almas se desorientan y se pierden. El orgullo destruye la simplicidad de las almas, aquel ser y aparecer sin pliegues –sine plicis– que es una encantadora característica de las personas humildes. ¡Cuántos pliegues se forman, por el contrario, en el alma contaminada por el orgullo! Este pecado capital, en efecto, induce –cada vez más avasalladoramente– a replegarse de continuo sobre sí mismo.”

Salvador Canals
Continúa con la alergia al agradecimiento: “Del mundo interior se pasa al mundo exterior: la ruta del orgullo continúa su progresión implacable. Todo aquello que estas personas han construido dentro de sí, desean ahora edificarlo a su alrededor… Su mirada y su pensamiento jamás se levantarán, por encima de sus propias cualidades y de sus propios éxitos, hasta Dios nuestro Señor, para darle gracias por su bondad. La mirada y el pensamiento de estas almas se demora siempre a ras de tierra.”

Sigue con la autosuficiencia: “El horizonte del orgulloso es terriblemente limitado: se agota en él mismoNunca pide consejo a nadie y de nadie acepta nunca consejos. Se basta a sí misma. Vive aferrada al propio juicio y a la propia voluntad hasta la tozudez, e ignora voluntariamente, hasta el desprecio, cualquier opinión o convicción que no sea la suya.”

Aparece luego el sentimiento de superioridad: “El desprecio por el prójimo es… una actitud frecuente, y a menudo habitual, en las personas que siguen esta ruta… Los demás existen sólo como término de parangón, para que el orgulloso pueda exaltarse mientras los desprecia. Las personas que van por este camino no soportan que haya nadie superior a ellas… Los demás no pueden tener más función que la de exaltar a estas personas: deben estar por debajo de ellas. Los defectos de los demás deben servir para poner en evidencia y para subrayar sus propias virtudes. Los errores de los demás deben servir para poner de relieve su sabiduría y destreza; y la escasa inteligencia ajena, para hacer resplandecer su gran valía. Y aquí está la raíz de las envidias, de los celos y ansiedades que acompañan la vida de todos aquellos que siguen la ruta del orgullo.”

Las relaciones humanas se deterioran: “De la envidia se pasa a la enemistad. ¡Y cuántas no son las enemistades que tienen su origen –¡extraño origen!– en la envidia! Personas hay que se ven despreciadas, odiadas y combatidas sólo porque son mejores o más inteligentes que sus perseguidores. Se han hecho culpables del gran delito de ser buenas o inteligentes, o de haber trabajado mucho. Y este delito se combate y se castiga –en la ruta de orgullo– con la frialdad, la enemistad, el silencio y la calumnia.”

La introspección viciada oscurece la realidad: “No perder el puesto, no ceder las armas: quien se encamina por esta dirección suele recurrir a la ficción y a la hipocresía. Simula lo que no es, exagera lo que posee. Todo es lícito, todo es bueno, en este maldito camino, a condición de que uno sea el primero y el mejor ante uno mismo y en la estimación de los demás.

Con un lenguaje cercano, íntimo, Canals quiere alertarnos sobre “la ruta del orgullo” para descubrir los síntomas y poner remedio antes de que la enfermedad se cronifique: “Déjame pues, amigo mío, que a propósito de ella, te confíe algún pensamiento y alguna reflexión, de modo que aprendamos juntos a reconocerla desde el primer instante y a evitarla siempre”. ¿Y todo ello por qué?: “Existe un camino que no es, ciertamente, el de la salvación, ni el de la felicidad, y por el cual –ello no obstante– solemos adentrarnos los hombres con gran facilidad.”

(1) 1. m. Sentimiento de satisfacción por los logros, capacidades o méritos propios o por algo en lo que una persona se siente concernida. Sintió un gran orgullo al recibir el premio. El triunfo del equipo despertó el orgullo nacional.
2. m. Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que suele conllevar sentimiento de superioridad. A veces nos ciega el orgullo.
3. m. Amor propio, autoestima. Se sintió herido en su orgullo.
4. m. Persona o cosa que es motivo de orgullo ( sentimiento de satisfacción). Es el orgullo de sus padres.
(2) Salvador Canals: Ascética meditada. Editorial: Ediciones Rialp. Capítulo 8
(4) Breve semblanza de Salvador Canals: https://es.wikipedia.org/wiki/Salvador_Canals_Navarrete

domingo, 21 de octubre de 2018

Demografía e inmigración

¿Abocados a la transformación cultural?


Ante la avalancha migratoria que sufre Europa la pregunta que se hacen las distintas administraciones es ¿qué hacemos con ellos? Expresado de esta manera puede resultar hiriente, como un menosprecio a unos seres humanos que son tan personas como nosotros, pero equivale a decir ¿cómo lo gestionamos? Porque no se trata exclusivamente de compartir territorio sino de que participen en el devenir colectivo y sus anhelos de convivencia. Acoger supone hacerlos de los nuestros y eso supone superar la barrera del desconocimiento que solo se supera con el trato. Todo lo que se haga para favorecer el ensamblaje entre la población autóctona y los migrantes redundará en beneficio de todos.

Es un problema complejo que afecta a múltiples ámbitos: sanidad, educación, inserción laboral, seguridad… y casa mal con actitudes frívolas y oportunistas orientadas al lucimiento personal y la propaganda, que no van acompañadas de un protocolo de actuación eficaz orientado a la integración, conciliando la atención que se les presta a los que llegan con la que se debe a los residentes habituales.

Hay quienes ven en la inmigración un remedio para compensar la baja natalidad, un problema que puede afectar al mantenimiento del estado del bienestar. ¿Cómo puede afectar este hecho a las sociedades europeas? El historiador y analista político Florentino Portero abordó este asunto en una entrevista con Ignacio Uría (1) cuyo fragmento he considerado que valía la pena reproducir:

Necesitamos inmigrantes para mantener el estado de bienestar. Sin embargo, la integración es difícil.

No podemos predecir lo que va a pasar. Los ritmos de hoy no tienen por qué ser los de mañana: pueden ir a mejor, o a peor o indistintamente. La crisis demográfica en Europa tiene su origen en la hegemonía del pensamiento relativista. Cuando uno no cree en nada, no distingue el bien del mal, y la vida se convierte en una secuencia breve donde hay que tratar de disfrutar lo más posible... Ese no es el marco idóneo para constituir una familia, y sin familia no hay una recuperación demográfica. Los europeos están dejando de casarse y de reproducirse. Hemos dejado de creer en nuestro futuro, por eso nos hemos convertido en la parte decadente del planeta.

¿Estamos abocados a la desaparición?

Ignacio Uría
En la medida en que este marco de referencia filosófica y cultural impere en Europa, Europa va a desaparecer tal y como la conocemos. Los que vengan del sur llegarán con su cultura, sus valores y sus ideales. Es legítimo, más aún cuando nosotros hemos decidido voluntariamente dejar de existir. Es lo que los geógrafos llaman el «suicidio demográfico». Este es el hecho capital que explica todos los problemas concretos que tiene hoy Europa.

¿Se trata de algo inevitable?

No, por supuesto. No es un determinante histórico, es una circunstancia. Europa puede reaccionar, pero, si no lo hace, las cosas cambiarán. Ya ha ocurrido antes: gentes de otros lugares llegaron a nuestro territorio y construyeron una nueva cultura. Si nosotros nos queremos suicidar, nadie lo impedirá. Este es el hecho fundamental: mientras sigamos en un contexto relativista, la crisis demográfica es inevitable. En consecuencia, cada vez necesitamos importar más mano de obra, pero una cosa es seleccionarla y otra que entren derribando paredes.

(1) Florentino Portero: Entre Oriente  y Occidente, entrevista de Ignacio Uría publicada en la revista Nuestro Tiempo, número 689 – Otoño 2015. Entrevista completa en https://www.academia.edu/22795685/Florentino_Portero_entre_Oriente_y_Occidente