A saltos y trompicones
Se narra en los Hechos de los Apóstoles que, tras ser
interrogados por el sumo sacerdote en el Sanedrín, a los apóstoles se les
quería matar, pero intervino un fariseo y maestro de la ley llamado Gamaliel para
advertir a la asamblea acerca de lo que estaban dispuestos a hacer: “si este
designio o esta obra procede de hombres se disolverá; pero si procede de Dios
no podréis acabar con ellos”. (1)
Peter Seewald resaltaba el
papel preponderante de la Iglesia católica respecto a otras confesiones
cristianas en la larga conversación que mantuvo con el entonces cardenal
Ratzinger (2). El purpurado, tras comentar que “no deberíamos en absoluto
considerarlo un triunfo de nuestra eficacia como católicos, ni abusar de la
fuerza siempre grande desde el punto de vista institucional y numérico”,
ilustraba su argumento con dos anécdotas: “Quizá conozca usted esa historia
medieval de un judío que viajó a la corte papal y se hizo católico. Cuando
regresó, un conocedor de la corte papal le preguntó: «¿Pero llegaste a darte
cuenta de todo lo que sucede allí?». «Sí», respondió él, «ciertamente, lo vi
todo, hasta los asuntos escandalosos.» «¿Y a pesar de todo te hiciste
católico?», replicó el otro, «¡eso es un completo disparate!» Y el judío
repuso: «Precisamente por eso me hice católico. Porque si la Iglesia sigue
existiendo a pesar de todo, verdaderamente debe haber alguien que la sustente».
Y otra historia cuenta que Napoleón afirmó un día que iba a exterminar la
Iglesia. Un cardenal contestó: «Eso no lo hemos conseguido ni siquiera
nosotros».”
El cardenal continuaba: “Es
cierto que en la Iglesia católica siempre ha estado presente la
imprevisibilidad humana. Pero el hecho de que a pesar de todo se mantenga,
aunque sea entre jadeos y suspiros, de que siga existiendo todavía… demuestra
de verdad que hay alguien que la sustenta… Y sólo se explica porque Él nos da
aquello de lo que los seres humanos carecemos.”
Ese Él le había dicho al
apóstol: “tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las
puertas del infierno no prevalecerán contra ella.” (3)
No hay motivo para ponerse
medallas cuando las cosas salen bien, ni para perder la esperanza ante las
dificultades que surjan, por grandes que sean. En uno y otro caso, pinten oros
o pinten bastos para la Iglesia y sus miembros, permanece vigente la
responsabilidad de cada cristiano de hacer fructificar los talentos recibidos.
(1)Hechos de los Apóstoles, capítulo
5, versículos 38-39. Referencia: https://www.bibliatodo.com/la-biblia/La-sagrada-biblia-edicion-eunsa/hechos-5
(2)Joseph Ratzinger: Dios y el
mundo. Una conversación con Peter Seewald. Título original: Gott und die Welt (2000). Editorial
DeBolsillo - número 20 – 1ª edición (2005). Traductora: Rosa Pilar Blanco. 441
páginas. Fragmento: Introducción: fe, esperanza amor. ¿Dios sí, Iglesia no?
Páginas 56-57
(3)Evangelio según san
Mateo, capítulo 16, versículo 18. Referencia: https://www.bibliatodo.com/la-biblia/La-sagrada-biblia-edicion-eunsa/mateo-16



