miércoles, 30 de agosto de 2023

Manifiestos de intelectuales

¿Compromiso, autoprotección o fuegos de artificio?

De vez en cuando los medios de comunicación publican algún manifiesto de carácter político, cultural o social firmado por ‘intelectuales’, cuyo propósito, estimo, es influir en la opinión pública. Se les presenta como voces autorizadas con un rango que supera al del común de los ciudadanos: se supone que su opinión tiene un mayor peso específico. ¿Qué valor hay que dar a estos manifiestos? ¿Qué repercusión tienen sobre aquellos a los que se dirigen?

El escritor venezolano Alberto Barrera Tyszka explicaba su experiencia como firmante de uno de esos manifiestos en un artículo publicado por hace unos días en The Objective (1): «El 1 de febrero de 1989, en un desplegado a página completa del periódico El Nacional de Venezuela, apareció un remitido que destacaba en gran tamaño dos palabras: “Bienvenido, Fidel”. El remitido público era una expresión de solidaridad con el dictador cubano… El manifiesto estaba firmado por 911 intelectuales y artistas. Yo fui uno de ellos». Lo hizo voluntariamente a pesar de ser conocedor de hechos que deberían haberle hecho recapacitar: «Nadie me pagó por hacerlo. Nadie tampoco me obligó. Nadie puso mi nombre sin consultarme. No firmé bajo engaño. Yo tenía 28 años y había publicado un libro de poemas. Fidel llevaba tres décadas en el poder y ya había dado contundentes muestras de su condición de tirano.»

El escritor se pregunta: «¿por qué un grupo de intelectuales y artistas, sin que nadie nos pagara nada, firmamos un alborozado manifiesto de adhesión pública a un impresentable tirano caribeño?». Cuestiones que dan paso a unas reflexiones:

«Creo que, de entrada, es imprescindible cambiar la noción que tenemos de los intelectuales. Hay que dejar de pensar en esa antigua figura del intelectual que podía o pretendía ser –como diría Foucault- la “conciencia y elocuencia” de la tribu (2). Los intelectuales solo pueden ser percibidos así en sociedades donde nadie lee y donde no existe el debate ciudadano. Es más saludable pensar que los intelectuales son tan irracionales como todos los demás, que no siempre saben mirar y entender la realidad, que en política se equivocan con la misma frecuencia que cualquier otra persona…

Obviamente, las experiencias son distintas cuando se piensa y se actúa desde adentro, bajo la amenaza, el control y la violencia institucional, que cuando se hace desde afuera de un sistema totalitario. Si se está adentro, el tránsito entre la irremediable necesidad de sobrevivir y el disimulo oportunista que termina convertido en devoción puede ser sutil, ligero, muy eficaz. Serguéi Dovlátov, un extraordinario escritor que logró salir de la Unión Soviética gracias a Joseph Brodsky, resume este trayecto de la siguiente manera: “Había decidido vender mi alma a Satanás y acabé regalándosela” (3).

El caso de los intelectuales que desde afuera genuinamente establecen una relación de fervor con este tipo de antiguas o modernas tiranías es más complejo. Este sometimiento voluntario suele justificarse por la existencia de una utopía o por el deslumbramiento ante el poder y el magnetismo de un líder

Leszek Kolakowski propone una característica distinta para analizar el problema: la dualidad del intelectual entre su sentido de superioridad e independencia de pensamiento y su aislamiento y su necesidad de ser parte de una colectividad. El intelectual requiere constantemente ser reconocido, necesita demostrar que es un intelectual, legitimarse con la validación pública» (4).

Sea como fuere, el intelectual puede dejar de lado su supuesta ‘independencia de pensamiento’ para dejarse arrastrar por una ola corporativa que le evite quedarse al margen, perder relevancia social, con todo lo que ello conlleva para mantener un privilegiado estatus. Conviene darse cuenta de ello antes de dejarse deslumbrar por los nombres que aparecen en un manifiesto como si eso bastara para suscribir lo que allí está escrito.

(1) Alberto Barrera Tyszka: Por qué los intelectuales apoyan regímenes autoritarios, publicado en The Objective el 26 agosto 2023. El texto completo se puede leer en https://theobjective.com/cultura/2023-08-26/intelectuales-regimenes-autoritarios/

Manifiesto al que se refiere el autor:

«Nosotros, intelectuales y artistas venezolanos al saludar su visita a nuestro país, queremos expresarle públicamente nuestro respeto hacia lo que usted, como conductor fundamental de la Revolución Cubana, ha logrado en favor de la dignidad de su pueblo y, en consecuencia, de toda América Latina. En esta hora dramática del Continente, sólo la ceguera ideológica puede negar el lugar que ocupa el proceso que usted representa en la historia de la liberación de nuestros pueblos. Hace treinta años vino usted a Venezuela, inmediatamente después de una victoria ejemplar sobre la tiranía, la corrupción y el vasallaje. Entonces fue recibido por nuestro pueblo como solo se agasaja a un héroe que encarna y simboliza el ideal colectivo. Hoy, desde el seno de ese mismo pueblo, afirmamos que Fidel Castro, en medio de los terribles avatares que ha enfrentado la transformación social por él liderizada y de los nuevos desafíos que implica su propio avance colectivo, continúa siendo una entrañable referencia en lo hondo de nuestra esperanza, la de construir una América Latina justa, independiente y solidaria».

(2) Entrevista a Michel Foucault de Gilles Deleuze: «Me parece que la politización de un intelectual se hace tradicionalmente a partir de dos cosas: su posición de intelectual en la sociedad burguesa…; su propio discurso en tanto que revelador de una cierta verdad, descubridor de relaciones políticas allí donde éstas no eran percibidas… Estas dos politizaciones se confundirían fácilmente en ciertos momentos de reacción violenta por parte del poder…: el intelectual era rechazado, perseguido en el momento mismo en que las ‘cosas’ aparecían en su ‘verdad’, en el momento en que no era preciso decir que el rey estaba desnudo. El intelectual decía lo verdadero a quienes aún no lo veían y en nombre de aquellos que no podían decirlo: conciencia y elocuencia Extraído de https://ssociologos.com/2013/04/21/entrevista-a-michel-foucault-los-intelectuales-y-el-poder/

(3) Serguéi Dovlátov, Oficio: «Estaba desconcertado. Había decidido vender mi alma a Satanás, ¿y a qué condujo todo aquello? A que acabé regalándosela. ¿Puede haber algo más patético?». Extraído de http://cuentospendientessre.blogspot.com/2019/02/oficio-de-sergue-dovlatov.html

(4) El destino de los intelectuales, conversación entre Kolakowski y otros autores: «Los intelectuales, por un peculiar fenómeno psicológico, sufren a menudo al verse divididos entre deseos o actitudes incompatibles. Por un lado, se sienten orgullosos de su superioridad y su independencia. Por otro, ese mismo sentimiento les infunde una suerte de incertidumbre respecto de su situación. Todo ser humano necesita ubicarse, saber con qué se identifica. Y ésta es una de las razones por las que es relativamente fácil que los intelectuales se identifiquen, en espíritu, con la causa del pueblo, al tiempo que conservan intactos sus sentimientos de superioridad. En otras palabras, quieren pertenecer a una élite que está exenta de las necesidades comunes y corrientes, pero esto les infunde al mismo tiempo un doloroso sentimiento de soledad y de aislamiento…

Otra característica común de los intelectuales es su constante y desesperado deseo de probar su legitimidad. Después de todo… preguntarse para qué sirven los intelectuales es en cambio natural y comprensible… Otro problema radica en que quieren ser oídos, y en que la única garantía constitucional de que un intelectual pueda ser oído es que se vuelva parte del establishment totalitario. De allí que tantos intelectuales anhelen convertirse en pensadores o filósofos oficiales dentro de un sistema que puede proporcionarles ciertas comodidades y que garantiza al menos una audiencia a todo leal servidor intelectual, sea cual fuere el resultado final de esa aventura.» Extraído de https://ddooss.org/textos/entrevistas/el-destino-de-los-intelectuales-conversacion-entre-george-steiner-leszek-kolakowski-conor-cruise-obrien-robert-boyers

viernes, 18 de agosto de 2023

La respuesta en la resaca

El reclamo de la lectura

Puede parecer que ‘resaca’ es una alusión poco respetuosa al texto que reproduciré más adelante, pero es lo que me sugirió instantes después de su lectura. El diccionario de la RAE (1) me ha echado una mano, porque así como una de sus acepciones la define como “malestar que padece al despertar quien ha bebido alcohol en exceso”, la siguiente la define como “situación o estado que sigue a un acontecimiento importante”, y eso se aproxima más a lo que os propongo leer.

Es un texto que el Oficio de lecturas de la Liturgia de las horas incluía el pasado 31 de julio (2), día en que se hace memoria de san Ignacio de Loyola. En él se pone el valor la influencia de la lectura. El fragmento indica que los gustos del santo se asemejaban a los del ‘Ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha’, pero Dios se sirvió de su afición por la lectura para poner a su alcance otros textos bien diferentes que colmasen su deseo de entretenerse leyendo. A partir de ahí se suceden lucha y reflexión entre lo que le aportan unas lecturas y otras y, sobre todo, el rastro que dejan en su alma. Fue la semilla que hizo germinar la gran obra que puso en marcha y cinco siglos más tarde todavía persiste.

Antes de reproducir el texto os dejo una frase del joven Carlo Acutis que nos acerca a lo que experimentó san Ignacio de Loyola: “La tristeza es la mirada que te das a ti mismo. La alegría es la mirada que le das a Dios” (3).


De los Hechos de san Ignacio recibidos por Luís Gonçalves de Cámara de labios del mismo santo. (Cap. 1, 5-9: Acta Sanctorum Iulii 7, 1868, 647)

EXAMINAD SI LOS ESPÍRITUS PROVIENEN DE DIOS

Ignacio era muy aficionado a los llamados libros de caballerías, narraciones llenas de historias fabulosas e imaginarias. Cuando se sintió restablecido, pidió que le trajeran algunos de esos libros para entretenerse, pero no se halló en su casa ninguno; entonces le dieron para leer un libro llamado Vida de Cristo y otro que tenía por título Flos sanctorum, escritos en su lengua materna. Con la frecuente lectura de estas obras, empezó a sentir algún interés por las cosas que en ellas se trataban. A intervalos volvía su pensamiento a lo que había leído en tiempos pasados y entretenía su imaginación con el recuerdo de las vanidades que habitualmente retenían su atención durante su vida anterior. Pero, entretanto, iba actuando también la misericordia divina, inspirando en su ánimo otros pensamientos, además de los que suscitaba en su mente lo que acababa de leer. En efecto, al leer la vida de Jesucristo o de los santos, a veces se ponía a pensar y se preguntaba a sí mismo: "¿Y si yo hiciera lo mismo que san Francisco o que santo Domingo?" Y, así, su mente estaba siempre activa. Estos pensamientos duraban mucho tiempo, hasta que, distraído por cualquier motivo, volvía a pensar, también por largo tiempo, en las cosas vanas y mundanas. Esta sucesión de pensamientos duró bastante tiempo. Pero había una diferencia; y es que, cuando pensaba en las cosas del mundo, ello le producía de momento un gran placer; pero cuando, hastiado, volvía a la realidad, se sentía triste y árido de espíritu; por el contrario, cuando pensaba en la posibilidad de imitar las austeridades de los santos, no sólo entonces experimentaba un intenso gozo, sino que además tales pensamientos lo dejaban lleno de alegría. De esta diferencia él no se daba cuenta ni le daba importancia, hasta que un día se le abrieron los ojos del alma y comenzó a admirarse de esta diferencia que experimentaba en sí mismo, que, mientras una clase de pensamientos lo dejaban triste, otros, en cambio, alegre. Y así fue como empezó a reflexionar seriamente en las cosas de Dios. Más tarde, cuando se dedicó a las prácticas espirituales, esta experiencia suya le ayudó mucho a comprender lo que sobre la discreción de espíritus enseñaría luego a los suyos.

(1) Ver acepciones de resaca en https://dle.rae.es/resaca?m=form

(2) Del Oficio de lecturas de la Liturgia de las horas del 31 de julio de 2023. Extraído de https://www.parroquiadelasagradafamiliasv.com/liturgia/2023-07-31/oficio-de-lecturas_28320/#liturgia

(3) Extraído del libro Carlo Acutis, misionero en internet escrito por Thomas Alber, editado por ADADP, 2ª edición (2023)


martes, 15 de agosto de 2023

Digerir un suceso extraordinario

Ana y Jimena

Ha sido uno de los hechos destacados de la Jornada Mundial de la Juventud: la curación milagrosa de la ceguera de una adolescente madrileña, Jimena. Había pedido a unas amigas que rezaran con ella una novena pidiendo a la Virgen de las Nieves la curación de su dolencia y el 5 de agosto, día en que se celebra esta advocación de la Virgen María y finalizaba la novena, volvió a recuperar la vista, que había perdido unos dos años antes, después de comulgar en la Misa en la que participaba. Un suceso extraordinario que ha tenido mucha resonancia por el marco en que se ha producido y las reacciones que ha suscitado.

A medida que oía y escuchaba comentarios refiriéndose a este suceso, pensé en lo que narra el evangelio de san Juan sobre la curación del ciego de nacimiento (1), un fragmento que vale la pena leer para observar las distintas reacciones que se producen: admiración, alegría, incredulidad, suspicacia, malestar, irritación … Jimena tiene que estar preparada para soportar un cierto acoso de admiradores, curiosos e intrigantes al reincorporarse a la vida cotidiana, que la pueden desconcertar, incluso desestabilizar, si no cuenta con un adecuado soporte emocional: el eco de lo sucedido atrae los cotilleos y el afán periodístico.

Un episodio de la sección Katakumba Exit del canal de Youtube Infinito más uno trata de un caso parecido en unas circunstancias bastante diferentes (2). La protagonista es Ana Hernández, doctora en Química orgánica e investigadora en un instituto oncológico. Con el aire desenfadado y, a la vez, profundo con el que Juan Manuel Cotelo conduce la entrevista, Ana cuenta su historia. Desde los catorce años tenía una dolencia visual –uveítis que le provocaba neuritis que dañan el nervio óptico-; además de producirle fuertes dolores de cabeza, aceleraba la pérdida visual y la conducía hacia la ceguera sin remedio posible. En el transcurso de una Misa a la que acudió atraída por el modo un tanto folclórico –mucha música y cantos- en que se desarrollaba la liturgia, notó que tras arrodillarse –por respeto- durante la consagración- veía con nitidez las letras de los cantos expuestos en una pantalla que unos segundos antes no veía. Ana quedó perpleja, desconcertada y dudaba de lo que le había pasado, era para ella como un espejismo y se resistió a aceptarlo buscando una explicación científica y esperando que volvieran a repetirse los síntomas que tanto le atormentaban. No entendía por qué le había pasado esto a ella si no había hecho ninguna petición. Se lo comentó a su madre, que le dijo que ella sí que lo había pedido desde hacía muchos años. A Ana no sólo le cambio la vida físicamente, sino sobre todo interiormente y, en un ambiente profesional que suele ser reacio, incluso hostil, a todo lo relacionado con Dios, da testimonio de lo que le ha ocurrido y de su fe, que se ha ido acrecentando desde aquel momento.

Ana y Jimena han recuperado la vista durante una Misa, pero ambos casos difieren en cuanto a la disposición de ambas. Dios actúa a través de los milagros, pero no sigue una lógica humana que nos permita deducir que si hago esto ocurrirá esto otro. La fe nos estimula a acudir a Dios por múltiples motivos, especialmente ante situaciones que nos superan. Confiamos en que Él las atenderá, aunque eso no supone que se resolverán de acuerdo con nuestros deseos. La fe en Dios supone estar dispuesto a arriesgar, Él sabe lo que nos conviene en cada momento, pero hay que estar preparados; no es cuestión de negociar, ni de especular sino de abandonarse a Su voluntad. Dice J. H. Newman que “nuestro deber como cristianos reside en correr riesgos por la vida eterna sin la certeza absoluta de tener éxito” (3).

(1) Evangelio según san Juan, capítulo 9, versículos 1-41: “Y al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién pecó: este o sus padres, para que naciera ciego?». Jesús contestó: «Ni este pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo». Dicho esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)». Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ese el que se sentaba a pedir?». Unos decían: «El mismo». Otros decían: «No es él, pero se le parece». Él respondía: «Soy yo». Y le preguntaban: «¿Y cómo se te han abierto los ojos?». Él contestó: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver». Le preguntaron: «¿Dónde está él?». Contestó: «No lo sé». Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo». Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?». Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?». Él contestó: «Que es un profeta». Pero los judíos no se creyeron que aquel había sido ciego y que había comenzado a ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: «¿Es este vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?». Sus padres contestaron: «Sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos; y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse». Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos: porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él». Llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador». Contestó él: «Si es un pecador, no lo sé; solo sé que yo era ciego y ahora veo». Le preguntan de nuevo: «¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?». Les contestó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso: ¿para qué queréis oírlo otra vez?, ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?». Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: «Discípulo de ese lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ese no sabemos de dónde viene». Replicó él: «Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene, y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es piadoso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si este no viniera de Dios, no tendría ningún poder». Le replicaron: «Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?». Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?». Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es». Él dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante él. Dijo Jesús: «Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos». Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: «¿También nosotros estamos ciegos?». Jesús les contestó: «Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís “vemos”, vuestro pecado permanece.” Enlace: https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/juan/

(2) Youtube: Canal Infinito más uno, sección: Katakumba Exit, episodio 6: Ana Hernández. Enlace: https://www.youtube.com/watch?v=_wX13PCRWzE

(3) John Henry Newman: Los riesgos de la fe. Enlace: https://www.amigosdenewman.com.ar/wp-content/uploads/2020/07/LOS-RIESGOS-DE-LA-FE-PPS-IV-20.pdf