sábado, 21 de julio de 2018

Hay un precio por la libertad

Romper el corsé del prejuicio


Un intelectual con relevancia social que sea honesto y se exprese con libertad es incómodo para el poder político y para el pensamiento socialmente dominante.

Hannah Arendt
durante la entrevista
Le preguntaban a Hannah Arendt si aspiraba a tener influencia con sus obras y contestaba que “cuando estoy trabajando no me importa la influencia que pueda tener”. ¿Y luego? “Para mí lo esencial es comprender. Y escribir forma parte de ello, es parte del proceso de comprensión.” ¿Escribir sirve para conocer más? “Para mí de lo que se trata es del proceso de pensamiento en sí mismo. Cuando consigo desarrollarlo, me doy personalmente por satisfecha del todo. Si además logro expresarlo adecuadamente en la escritura mi satisfacción es doble”. ¿Y que hay sobre la repercusión de lo escrito? “Yo lo veo como algo más bien extrínseco. ¿Influir yo misma? No, yo quiero comprender. Y si otros comprenden en el mismo sentido en que yo he comprendido, ello me produce una satisfacción personal, como un sentimiento de encontrarme en casa.” (1)

Ese afán por comprender nutre el relato del juicio de Eichmann por los tribunales israelitas en Jerusalén. Arendt asiste al juicio, lee las 3600 páginas de los interrogatorios a reo, coteja y relaciona la información con otras fuentes, antes de trasladar las conclusiones de su análisis. Quizá algunos esperaban de la autora de Los orígenes del totalitarismo un relato más emotivo y decantado donde no se diera cuenta de algunos hechos y se presentase a Eichmann como un ser monstruoso en todos los órdenes.

Un fragmento de la película Hannah Arendt escenifica el discurso de la escritora en un aula universitaria para defenderse de la polémica generada por el libro exponiendo el criterio que había seguido: “No escribí ninguna defensa de Eichmann, pero sí traté de conciliar la mediocridad espantosa del hombre con sus horrendos crímenes. Tratar de entender no es lo mismo que perdonar. Considero que es mi responsabilidad tratar de entender, es la responsabilidad de cualquiera que se atreva a escribir sobre este tema”.
¿Cuál era, según ella, el fundamento de la actuación del acusado?: “Él insistió en renunciar a todas su cualidades personales… El protestó una y otra vez en contra de las aseveraciones del fiscal que nunca había hecho nada por propia iniciativa. Que no tenía ninguna intención, intención buena o mala, que solo había obedecido órdenes. Esa excusa típicamente nazi deja en claro que el mayor mal del mundo es el mal cometido por los don nadie. El mal cometido por los hombres que no tienen motivo ni convicciones, que no tienen un corazón malvado ni demoníaco, sino por seres humanos que se rehúsan a ser personas y ese es el fenómeno al que he llamado así: banalidad de nuestro mal.” Y concluye: “Al rehusar a ser una persona Eichmann rehusó completamente a la cualidad humana más determinante, la de tener la capacidad de pensar. Por lo tanto él ya no era capaz de hacer juicios morales. Esa incapacidad de pensar creó la capacidad para muchos hombres comunes de cometer crímenes a una escala gigantesca como nunca más se había visto anteriormente.” (2)

No nos cabe en la cabeza que una persona aparentemente normal en su vida familiar y social pueda ser responsable de multitud de crímenes. Necesitamos que aparezca como la antítesis de lo que cada uno de nosotros somos, quizá para preservarnos de la angustia de tener de desconfiar de todo el mundo, incluso de nosotros mismos -¿qué haría yo en su situación-. Eichmann era un buen padre de familia, con suficiente habilidad para las relaciones sociales para granjearse la confianza de asociaciones judías y fiel cumplidor de las indicaciones de sus jefes. Gracias a estas cualidades pudo llevar a cabo con gran eficacia la logística del exterminio de los judíos residentes en Europa. Para él se trataba de servir de la mejor manera a su patria, representada en aquel momento por el régimen nazi.

El germen de esta actitud radica, según da a entender Arendt en su libro, del idealismo de Eichmann: “Para Eichmann el «idealista» era el hombre que vivía para su idea… un hombre dispuesto a sacrificarlo todo y a sacrificar a todos, por su idea… Igual que el resto de los humanos, el perfecto idealista tenía también sus sentimientos personales, y experimentaba sus propias emociones, pero, a diferencia de aquellos, jamás permitía que obstaculizaran su actuación, en el caso de que contradijeran la «idea».” (3)

En su esfuerzo por comprender Arendt nos estaba previniendo del riesgo al alcance de todos de renunciar a pensar, a dar sentido a lo que se hace, dejándose llevar por la corriente del pensamiento o comportamiento preponderante o por el cumplimiento irreflexivo de órdenes.

Arendt fue víctima del prejuicio de quienes pretenden constreñir la libertad de expresión a los parámetros que previamente han delimitado –si para ello se ha de desfigurar la realidad es irrelevante- (una versión de lo políticamente correcto). En el espacio de la entrevista entrado en el libro alude a la asunción de los costes: “Por la libertad merece la pena pagar un precio”… “Hay un precio por la libertad”… “Sé que hay que pagar un precio por la libertad, pero no puedo decir que me guste pagarlo.” Para quien no se conforma con pasar por la superficie de los hechos, el compromiso intelectual de Arendt es una aportación muy valiosa.

(1) Entrevista a Hannah Arendt realizada en 1964 por Günter Gauss: Hannah Arendt: ¿Qué queda? Queda la Lengua Materna. Fuente: www.youtube.com/watch?v=WDovm3A1wI4
(2) Hannah Arendt. Año: 2012. Duración: 113 min. País: Alemania. Dirección: Margarethe von Trotta. Fuente: www.filmaffinity.com/es/film183601.html. Se puede ver el fragmento escogido en: www.youtube.com/watch?v=cBJMS0G6Vrg
(3) Hannah Arendt: Eichmann en Jerusalén. Editorial Lumen. Colección: Palabra en el tiempo. 2ª edición 1999. Traductor: Carlos Ribalta. 460 páginas. Fragmento en: 3. Especialista en asuntos judíos. Páginas 69-70.

miércoles, 18 de julio de 2018

El testimonio de Joaquín Romero

Construir sobre el dolor


Le conocí en un curso de verano y poco después coincidimos en un centro deportivo-cultural ubicado en el barrio de Roquetes de Barcelona, la Escola Esportiva Brafa. Poco después se le manifestaron los síntomas de la enfermedad, aunque yo no me di cuenta hasta verlo llegar un día en silla de ruedas. No le recuerdo una mala cara, a pesar del grado cada vez mayor de dependencia. Desde que dejé el centro hace dieciocho años no había vuelto a saber de él hasta que hace unos días un amigo común me ha comunicado su fallecimiento. Acompañaban a la notificación un conjunto de documentos: breves pinceladas de cómo había transcurrido su vida acompañado de esa terrible enfermedad que es la esclerosis múltiple.
Joaquín Romero

El protagonista es Joaquín Romero Salord, nació en 1968. Me ha impactado leer la entrevista que le hizo Jaume Figa, publicada en la revista Mundo Cristiano en diciembre de 2009. Me ha parecido que valía la pena transcribir algunos fragmentos aunque os animo a leerla completa en el enlace odnmedia.s3.amazonaws.com/files/discapacidad20141203-110832.pdf.

Describe como se empezó a manifestar la enfermedad y lo que le dijeron los médicos:

Tendría yo 22 ó 23 años. Lo tenía todo perfectamente calculado: había hecho el servicio militar; estudié lo que quise, arquitectura técnica… Ya pensaba en subirme a andamios y dirigir obras. Me gustaba el fútbol. Un día, jugando con mis amigos, fui a chutar el balón, le di con el empeine y entonces empecé a notar como miles de hormigas por todo el cuerpo; luego vino la doble visión y fui al médico.
Página inicial del
artículo mencionado

¿Qué te dijo?

En ese momento… me llevaron al neurólogo. Mis esquemas se me fueron rompiendo poco a poco. Yo quería que me recetara las medicinas y ya está, todo solucionado. “No, no, Joaquín” me dijo. “La esclerosis es incurable”. “Vale, pues conviviré con ella” le dije –no tenía ni idea de a qué me enfrentaba. “Es una enfermedad progresiva y degenerativa: no es una carrera de velocidad, sino una maratón. Tendrás que ir bien preparado, dosificar tus energías; no a grandes zancadas sino paso a paso”.

¿Así se solucionan las cosas?

No se solucionan, pero sí consigues objetivarlas un poco más. Muchas veces, el gran problema de personas afectadas con esta enfermedad es que se quedan trabadas por tonterías que en minutos se aclaran. El médico me lo dijo muy claro ya que yo quería conocer exactamente a qué atenerme. Soy enfermo, pero no tonto. Podría quedarme tetrapléjico, ciego, mudo y en cama. Pero que lo peor era que lo físico afectara a lo psíquico y entrara en depresión.

Su cuerpo se iba debilitando pero él no se paró:

Con su hermano Borja
Por eso no se detuvo...

Claro. Cuando vi que si no hacía algo acabaría por no poderme valer por mí mismo, mi hermano Borja y yo adaptamos mi casa de forma que pudiera controlarlo todo desde la silla, o desde la cama, o desde el ordenador. Así fue cómo lo que comenzó en esos poco más de treinta metros cuadrados, hoy es ya una empresa –única en España– que construye, adapta y soluciona la vida de miles de discapacitados con problemas similares, peores o iguales al mío. Y lo mejor es que puedo hablar a mis clientes de silla a silla…

Él y sus clientes convivían con el dolor y hablaban de ello:

¿Qué les dice? ¿Se puede amar el dolor?

No. Por sí mismo, no. El dolor no tiene ningún sentido: el sentido lo tienes que buscar tú. Yo les digo la verdad. Lo que siento y lo que veo. Les explico que estoy atravesando uno de los mejores momentos de mi vida porque sólo ahora he comenzado a intuir un poco el valor tan grande que se esconde detrás de esta enfermedad.

El dolor es un misterio; no nacemos con un manual debajo del brazo… ¡Qué fácil sería si ya lo supiéramos! Quizá, como Dios nos ha hecho libres, nos deja a nosotros la oportunidad de descubrirlo… “¡Qué Padre más injusto!”, podrías pensar. Pero eso es lo fácil. ¿Por qué no echarte la culpa a ti mismo? En cuanto a inteligencia e intuición, no creo que a Dios le falte. Quizá te falte a ti; entonces, pregúntate por qué no lo entiendes. Te animo a que te acerques a Él a través de los Sacramentos…

Pero esto es una solución solo para los que creen…

¿Qué esperabas que te contara? ¿Que fueras a quejarte de lo difícil de nuestra situación…? No. Sólo te puedo decir una cosa: he conseguido vivir con alegría dentro del dolor. En términos de salud, lo he perdido todo. Pero hay algo que tengo dentro que me da una gran paz; una seguridad de saber que lo que he elegido, funciona. Si repaso los años que tengo, no recuerdo nunca haber estado tan bien como ahora… Para mí, lo que estoy viviendo es como un milagro, una caricia de Dios. Puede sonar a ironía, a locura… Pero no. Esto no lo hace un hombre. Eso sólo lo sabe y puede hacer Dios.

Pero en ocasiones las fuerzas flaquean:

¿No le ha entrado ningún momento de desesperación, una tentación de decir “basta”? ¡También somos de carne y hueso!

Sí, claro. Muchos. Momentos en que pensaba que Dios se estaba ensañando conmigo y que ya había tocado fondo… Recuerdo un cliente que, después de las preguntas “comerciales” pertinentes, me dijo que quería suicidarse. Le respondí que también lo había pensado alguna vez y comencé a explicarle mi “plan”. Un “plan de suicidio”… Pero entonces, cuando ya lo tenía totalmente encantado, le di la vuelta y reconduje la conversación: ¿No te parece más bello luchar por la vida?

La eutanasia se presenta como una posible salida para estos enfermos:

Hay gente que dice que la eutanasia es una solución.

¿Quién lo dice? ¿Los enfermos, o los que tienen que aguantar a los enfermos? En cuanto a éstos, si realmente aman al enfermo, no pueden encerrarse sencillamente con su “solución”. Eso es un egoísmo injusto. Tienen la obligación de formarse y ver que hay muchas opciones. No se puede zanjar un tema tan importante diciendo simplemente: “buena muerte”. Si quieres realmente al enfermo –si lo amas de veras–, tienes que buscar, todo lo que puedas, una solución.

¿Y si es el mismo enfermo quien lo pide?

En ese caso me pongo más en su lugar. Hay que hablarle de tú a tú. Le diría: “No pienses que eres un trasto inútil, una sanguijuela… no. Todo lo contrario,… tienes la oportunidad de hacer ver el valor tan grande que esconde el dolor. Es una misión”. Es importante que la gente entienda que una persona con discapacidad no es una persona inservible.
Jaume Figa

Joaquín supo vivir la Vida en unas circunstancias que nadie desea de antemano:

Todo esto, ¿lo descubrió de la noche a la mañana?

¡No, no! A los quince años ni siquiera se me pasarían por la cabeza estas respuestas. Son cosas que he ido madurando, y ahora veo más claras…

La progresiva parálisis que sufría Joaquín no le impidió estar muy activo. Se ha hecho mención a la empresa B&J Adaptaciones que creó con uno de sus hermanos, a la que el diario El País le dedicó un artículo en 2006 (1). Escribió el libro El invitado imprevisto, título que también da nombre a un blog (elinvitadoimprevisto.blogspot.com/) y a una página de Facebook. Una vida intensa a la que ha dedicado muchas sonrisas y que espero que haya recibido la recompensa que tanto deseaba. Ahora mismo situándolo a mi lado lo contemplo como un gigante.


(1) Laia Raventós: Empresario de la domótica para discapacitados. El País 27 abril 2006. Fuente: elpais.com/diario/2006/04/27/ciberpais/1146104665_850215.html

martes, 17 de julio de 2018

Centrarse en lo que se juzga

No dejarse llevar por las emociones


Hace unas semanas acabé de leer Eichmann en Jerusalén, el gran trabajo realizado por Hannah Arendt analizando con minuciosidad y rigor académico los hechos que se trataron en el juicio a uno de los dirigentes del régimen nazi que más contribuyó a que se produjera el Holocausto. La escritora de origen judío nacida en Alemania describe en él como se desarrolló el proceso que desembocó en el exterminio de millones de judíos. Sin embargo, no gustaron a algunos personajes socialmente relevantes la libertad y la honestidad intelectuales con que se expresó Arendt y presionaron para que no viera la luz.

Todos los hechos históricos, se prestan a múltiples interpretaciones; en parte porque son una especie de puzzle cuyas piezas -los datos que se obtienen- hay que ir encajandolos para obtener una visión cada vez más clara del conjunto; y en parte porque la investigación puede estar contaminada por prejuicios ideológicos o de otra índole.

Leer, entre otros, el libro de Arendt, que se publicó en 1963, hubiera bastado para constatar que hubo un plan de exterminio premeditado que partía de la cúpula del gobierno nazi. Pero cuando desde un análisis pretendidamente histórico se quiere hacer apología de Hitler y su movimiento este hecho se convierte en un episodio incómodo cuya evidencia ha de ponerse en cuarentena.

Ese era el planteamiento de David Irving, historiador experto en Hitler, pródigo escritor y hábil polemista al que la historiadora Deborah Lipstadt quiso desenmascarar en Negando el Holocausto: “Irving es uno de los voceros más peligrosos para el negacionismo del Holocausto. Familiarizado con la evidencia histórica, la inclina hasta que se conforme con sus inclinaciones ideológicas y su agenda política”, decía en uno de ellos (1).

Irving denunció en 1996 por difamación a Lipstadt y su editor por los perjuicios que habían ocasionado en su reputación las afirmaciones de Lipstadt. Y lo hizo en Londres aprovechándose de que en ese ámbito era la acusada la que tenía que demostrar la certidumbre de lo que había escrito sobre Irving (inversión de la carga de la prueba).

Deborah Lipstadt
La estrategia procesal que siguió la defensa de Lipstadt centra el argumento de la película Negación (2), donde sobresalen las figuras de los abogados Anthony Julius y Richard Rampton. Fue necesario un extenso equipo para preparar el caso, hurgando en la gran cantidad de publicaciones y manifestaciones públicas de Irving.

El interés mediático que despertó el caso pudo dar a entender a la opinión pública que se trataba de un juicio sobre el Holocausto, pero no era así. Lo que se dirimía era si eran justificados los calificativos peyorativos vertidos en el libro de Lipstadt sobre Irving. Además del gran esfuerzo que suponía la recopilación de datos, los abogados de la defensa tenían que convencer a la acusada de que convenía ir al meollo de la cuestión evitando perderse en aspectos circunstanciales por muy importantes que le parecieran.

David Irving
La importancia de contar con una buena asistencia jurídica y centrarse en lo que se juzga procurando que los impulsos emocionales no enturbien la exposición de los argumentos que han de conducir a conseguir el objetivo propuesto, son algunos de los mensajes que se pueden desprender del relato de la película.

La resonancia mediática que adquieren algunos casos actúa a menudo como elemento distorsionador que impide valorar con suficiente profundidad lo que se juzga. Guste o no la justicia institucional tiene sus procedimientos y limitaciones; y que hay que contar con ello antes de aventurarse a emitir juicios precipitados.

(2) Negación. Título original: Denial. Año: 2016. Duración: 110 min. País: Reino Unido. Dirección: Mick Jackson Fuente: www.filmaffinity.com/es/film977912.html