Encaminarse hacia la luz
Con su habitual maestría Antonio Machado (1) dejó impresa una sentencia que debería ser el objetivo al que apunta todo trabajo que merezca catalogarse como intelectual:
«¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.»
La verdad es algo exterior a nosotros mismos; ni la creamos, ni la fabricamos, ni depende de los ‘me gusta’ –like- que reciba. Está ahí para que cada uno la aprehenda hasta donde sea capaz, sabiendo que, como ser contingente, nunca va a poder acapararla en su totalidad. El conocido ritual que reproducen tantas películas americanas en la que los que van a declarar en un juicio han de responder afirmativamente a la pregunta: “¿Jura decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad?” es, de hecho, literalmente inviable, aunque se añada la coletilla “con la ayuda de Dios”. Se puede responder con sinceridad plena a todas las cuestiones que se plantean en el interrogatorio y, sin embargo, a buen seguro quedar algo involuntariamente en el tintero.
En el trabajo intelectual hay una mezcla conocimiento y especulación, donde las hipótesis conducen a tesis sobre las que se elaboran teorías que la realidad puede corroborar -total o parcialmente- o desmentir. Si se aborda con honradez permite enriquecerse interiormente, adquiriendo un conocimiento cada vez más profundo de la realidad, y prestar una valiosa aportación a la sociedad al transmitir sus conocimientos.
Sabemos por experiencia queno es esta la actitud de muchos de los que se cualifican –o autocualifican- como intelectuales. En ocasiones porque cuesta reconocer -sobre todo cuando hay detrás una gran carga de trabajo o se ha adquirido notoriedad social- que se han cometido errores en el planteamiento, la elección de hipótesis, la apreciación de algunas cuestiones, o en las conclusiones a las que sea llegado. Hay una resistencia impulsada por el amor propio o el temor a la pérdida de prestigio que bloquea la capacidad de rectificación: «Los intelectuales no se caracterizan generalmente por su valor, ya que no poseen otro patrimonio que su reputación y la mirada que posan sobre ellos sus conciudadanos.», dice Chantal Delsol (2).
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| Chantal Delsol |
En este contexto me parecen
muy ilustrativas las palabras del filósofo Manuel García Morente exponiendo su
método de trabajo y la tensión interior que se produce por la fuerza que
ejercen la predilección o el prejuicio –el intelectual no un ser insensible- en
el desarrollo del razonamiento. Observo en ellas una diáfana manifestación de
honradez intelectual:
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| Manuel García Morente |
(1) Antonio Machado: Proverbios y cantares, LXXXV.
Referencia: https://www.poesi.as/amach213.85.htm
(2) Chantal Delsol: Populismos. Título original: Populisme (2015).
Editorial: Ariel -1ª edición (2015). Traductora: María Morés. 185 páginas.
Capítulo 4, página 79
(3) Ibídem, Capítulo 1, página 28









