domingo, 31 de enero de 2021

Honradez intelectual

Encaminarse hacia la luz

Con su habitual maestría Antonio Machado (1) dejó impresa una sentencia que debería ser el objetivo al que apunta todo trabajo que merezca catalogarse como intelectual:

«¿Tu verdad? No, la Verdad,

y ven conmigo a buscarla.

La tuya, guárdatela.»

 

La verdad es algo exterior a nosotros mismos; ni la creamos, ni la fabricamos, ni depende de los ‘me gusta’like- que reciba. Está ahí para que cada uno la aprehenda hasta donde sea capaz, sabiendo que, como ser contingente, nunca va a poder acapararla en su totalidad. El conocido ritual que reproducen tantas películas americanas en la que los que van a declarar en un juicio han de responder afirmativamente a la pregunta: “¿Jura decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad?” es, de hecho, literalmente inviable, aunque se añada la coletilla “con la ayuda de Dios”. Se puede responder con sinceridad plena a todas las cuestiones que se plantean en el interrogatorio y, sin embargo, a buen seguro quedar algo involuntariamente en el tintero.

En el trabajo intelectual hay una mezcla conocimiento y especulación, donde las hipótesis conducen a tesis sobre las que se elaboran teorías que la realidad puede corroborar -total o parcialmente- o desmentir. Si se aborda con honradez permite enriquecerse interiormente, adquiriendo un conocimiento cada vez más profundo de la realidad, y prestar una valiosa aportación a la sociedad al transmitir sus conocimientos.

 

Sabemos por experiencia queno es esta la actitud de muchos de los que se cualifican –o autocualifican- como intelectuales. En ocasiones porque cuesta reconocer -sobre todo cuando hay detrás una gran carga de trabajo o se ha adquirido notoriedad social- que se han cometido errores en el planteamiento, la elección de hipótesis, la apreciación de algunas cuestiones, o en las conclusiones a las que sea llegado. Hay una resistencia impulsada por el amor propio o el temor a la pérdida de prestigio que bloquea la capacidad de rectificación: «Los intelectuales no se caracterizan generalmente por su valor, ya que no poseen otro patrimonio que su reputación y la mirada que posan sobre ellos sus conciudadanos.», dice Chantal Delsol (2).

Chantal Delsol
Otras veces el pensamiento
, o al menos su manifestación pública, queda maltrecho por la obsesión de encajar las conclusiones o las posturas al estrecho marco de unos postulados preestablecidos. Dice al respecto Delsol: «El pensamiento busca la verdad. Que es única, aunque ignoremos (e ignoraremos siempre, sin duda) cuál es. Las teorías de la «doble verdad», elaboradas por marrullerías e imposturas intelectuales para servir a determinadas ideologías, no convencen a nadie. Dos proposiciones contradictorias no pueden ser verdaderas al mismo tiempo» (3).

En este contexto me parecen muy ilustrativas las palabras del filósofo Manuel García Morente exponiendo su método de trabajo y la tensión interior que se produce por la fuerza que ejercen la predilección o el prejuicio –el intelectual no un ser insensible- en el desarrollo del razonamiento. Observo en ellas una diáfana manifestación de honradez intelectual:

Manuel García Morente
«En general, ante un problema filosófico o metafísico suelo yo proceder, en mi íntima indignación, abrazando cariñosamente la tesis que más me llena y satisface; y luego, oponiéndole adecuadas objeciones, que procuro resolver, rebatir, deshacer, siempre con el íntimo deseo de que, ante mi propia conciencia racional, prevalezca la primera tesis abrazada. Cuando alguna vez las objeciones o dificultades con que ataco dialécticamente la tesis preferida se revelan fuertes y decisivas y llegan racionalmente a deshacerla, desconsuélome sobremanera; y me cuesta cierto trabajo afectivo y sentimental el desprenderme de aquello que veo es erróneo, para abrazar lo que veo –con pena- ser verdadero. Hasta que, pasando cierto tiempo, entrego al fin mi corazón a la tesis evidentemente verdadera, y, entonces, igualmente me costaría dolorosamente el prescindir de ella.» (4)

(1) Antonio Machado: Proverbios y cantares, LXXXV. Referencia: https://www.poesi.as/amach213.85.htm

(2) Chantal Delsol: Populismos. Título original: Populisme (2015). Editorial: Ariel -1ª edición (2015). Traductora: María Morés. 185 páginas. Capítulo 4, página 79

(3) Ibídem, Capítulo 1, página 28

(4) Manuel García Morente: El hecho extraordinario (1940). Editorial: Homo Legens – Colección: Biblioteca Homo Legens (2018). 223 páginas. El hecho extraordinario, página 119.

viernes, 15 de enero de 2021

Fraternidad sin convencionalismos

Clara y exigente

Era un licor de garrafa comprado a granel en la bodega del barrio que se había introducido en un recipiente con la marca Napoleón. Nuestra vecina le dejó la botella a mi madre cuando se la pidió para salir del apuro y poder servir al amigo alemán que había venido a almorzar a casa con su familia que, tras observar con delectación el espirituoso que se le ofrecía exclamó con agrado: ‘Ja Gut’; sintiéndose satisfecho tras degustarlo. La sorpresa se la llevó mi madre al conocer la procedencia del coñac cuando le devolvió la botella a la vecina.

 

Hace unos meses se publicó la última encíclica del papa Francisco, Fratelli tutti. Un título atractivo que entra en los cánones de lo que se ha dado en llamar corrección política. Quizá por ello ha recibido alabanzas de colectivos y personalidades que no se caracterizan por su aprecio a la Iglesia y, al mismo tiempo, críticas aceradas de otros más proclives a los postulados de la institución milenaria. Me temo que en ambos casos son consecuencia de una lectura apresurada del texto, si se ha llegado a realizar, donde ha primado el pedigrí de la marca, la fraternidad universal, sobre el buqué que desprende su contenido. Difícilmente se apreciará todo su sabor si no se es capaz de prestarle suficiente atención con una lectura pausada , traspasando el umbral donde se aglomeran las ideas preconcebidas.

En el conjunto del texto percibo un desarrollo de lo que exponía su antecesor, el papa Benedicto XVI, en la encíclica Caritas in veritate: «La parábola del buen Samaritano (cf. Lc 10, 25-37) nos lleva sobre todo a dos aclaraciones importantes. Mientras el concepto de “prójimo” hasta entonces se refería esencialmente a los conciudadanos y a los extranjeros que se establecían en la tierra de Israel, y por tanto a la comunidad compacta de un país o de un pueblo, ahora este límite desaparece. Mi prójimo es cualquiera que tenga necesidad de mí y que yo pueda ayudar. Se universaliza el concepto de prójimo, pero permaneciendo concreto. Aunque se extienda a todos los hombres, el amor al prójimo no se reduce a una actitud genérica y abstracta, poco exigente en sí misma, sino que requiere mi compromiso práctico aquí y ahora (1)

A esa misma parábola le dedica el papa Francisco el capítulo segundo y sirve de base para exponer más adelante sus planteamientos y propuestas: «En el intento de buscar una luz en medio de lo que estamos viviendo, y antes de plantear algunas líneas de acción, propongo dedicar un capítulo a una parábola dicha por Jesucristo hace dos mil años. Porque, si bien esta carta está dirigida a todas las personas de buena voluntad, más allá de sus convicciones religiosas, la parábola se expresa de tal manera que cualquiera de nosotros puede dejarse interpelar por ella (2)

El papa Francisco se expresa con claridad utilizando un lenguaje apto para todos los públicos, donde queda reflejado un vasto conocimiento de la realidad político-social con sus tendencias sobresalientes, para hacer hincapié en aquellos aspectos relevantes que considera que conviene reorientar o corregir si se quiere transitar el camino hacia la anhelada fraternidad universal que, para dejar de parecer un objetivo utópico, necesita de personas, colectivos, instituciones y empresas comprometidos a poner de su parte lo que sea preciso para que se avance en esa dirección.

Como la encíclica alude a situaciones concretas que atañen a la mayor parte de todos los seres humanos, sin perderse en generalidades o abstracciones, es muy probable que todo aquel que la lea con detenimiento se sienta incómodo con alguna de las propuestas o reflexiones, porque le pueden remover y sentirse invitado a ponderar o replantearse una postura consolidada en su forma de entender la vida y su relación con los demás, por eso las alabanzas o críticas a vuelapluma dan la impresión de ser reacciones impostadas o epidérmicas.

Es una encíclica dirigida a todos, no sólo a los católicos, aunque estos deberían tener especial interés en dedicar tiempo a conocer de primera mano el pensamiento del papa expresado en documentos magisteriales, la web del Vaticano, www.vatican.va, lo pone fácil para acceder a ellos, también a los escritos de los anteriores papas.

Dice uno de los consejos del controvertido cardenal Mazarino: «No te conformes con haber leído un tratado una sola vez. Debes leerlo varias veces, pues normalmente en cada lectura nuestra inteligencia capta una cosa diferente. Hay ciertas cosas que, por mucho esfuerzo que se haga, no pueden asimilarse del todo en una sola vez, ni tan siquiera con los comentarios de un experto.» Pienso que esta encíclica bien merece ese esfuerzo.

(1) Papa Benedicto XVI: Carta encíclica Caritas in veritate. Punto número 15. Referencia: http://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html

(2) Papa Francisco: Carta encíclica Fratelli tutti. Punto número 56. Referencia: http://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html

(3) Cardenal Mazarino: Breviario de los políticos. Título original: Breviarum Politicorum secundum Rubricas Mazarinicas (1661). Editorial: Acantilado – Colección: Cuadernos del Acantilado, número 25 – 1ªedición (2007). Traductora: Alejandra de Riquer Permanyer. 141 páginas. Segunda parte - Acciones de los hombres en sociedad - Leer manuales, páginas 135-136