Barreras prejuiciosas
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| Jutta Burggraf |
A través de distintos
documentos: la película Loving, los
libros Tomates verdes fritos y Figuras ocultas, la entrevista de Anna
Guitart a Paul Auster emitida por TV3… he ido conociendo recientemente algo más
sobre lo que supuso la discriminación racial y las leyes segregacionistas en
los Estados Unidos, especialmente en algunos de sus estados; una herida que
todavía no ha cicatrizado del todo, a tenor de los brotes violentos ligados a
esta cuestión que todavía se producen.
Quizá por ello me ha
llamado la atención un fragmento del breve ensayo de Jutta Burggraf titulado Aprender a perdonar (1) en el que glosa
el libro Mi primera amiga blanca de
Patricia Raybon (2): “describe cómo la opresión que su pueblo había sufrido en
Estados Unidos le llevó en su juventud a odiar a los blancos, ‘porque han
linchado y mentido, nos han cogido prisioneros, envenenado y eliminado’. La
autora confiesa que, después de algún tiempo, llegó a reconocer que su odio,
por muy comprensible que fuera, estaba destruyendo su identidad y su dignidad.
Le cegaba, por ejemplo, ante los gestos de amistad que una chica blanca le
mostraba en el colegio. Poco a poco descubrió que, en vez de esperar que los
blancos pidieran perdón por sus injusticias, ella tenía que pedir perdón por su
propio odio y por su incapacidad de mirar a un blanco como a una persona, en
vez de hacerlo como a un miembro de una raza de opresores. Encontró el enemigo
en su propio interior, formado por los prejuicios y rencores que le impedían
ser feliz.”![]() |
| Patricia Raybon |
El caso de Patricia, ese
estigma que aplicaba a todos los blancos, es extrapolable a otros contextos más
cercanos en los que por cuestiones de rivalidad política, deportiva, social,
cultural… se alimenta una aversión o animadversión hacia las personas cuyo
perfil –real o imaginado- encaja con lo que se detesta a nivel individual o
colectivo, convirtiéndole en merecedor de reproches y desprecios. La persona
como tal se desvanece en el juicio, se la despoja de su dignidad, basándose en supremacismos
o experiencias pasadas para justificar ese comportamiento disgregador, que no
dejan de ser excusas para impedir salir del bucle de una intolerancia que
impide reconocer al otro por sí mismo. La incomunicación que se genera es un
obstáculo difícil de superar: “los peores muros son los que se construyen con
prejuicios, no con ladrillos” dijo un rector universitario en un congreso donde
se exploraban los fundamentos de una ética universal. (3)
Patricia experimentó que su
indignación ejercía un efecto boomerang que la dañaba interiormente, era un
lastre para su felicidad. Dice Burggraf: “Las heridas no curadas pueden reducir
enormemente nuestra libertad. Pueden dar origen a reacciones desproporcionadas
y violentas… Una persona herida, hiere a los demás. Y, como muchas veces oculta
su corazón detrás de una coraza, puede parecer dura, inaccesible e intratable.
En realidad, no es así. Sólo necesita defenderse… Hace falta descubrir las
llagas para poder limpiarlas y curarlas. Poner orden en el propio interior,
puede ser un paso para hacer posible el perdón - en este caso perdonarse a sí
misma-. Pero este paso es sumamente difícil y, en ocasiones, no conseguimos
darlo.” Una cosa es darse cuenta de la conducta errónea, otra reconocerla
–superando la tendencia a disculparse y a desesperarse- y otra decidirse a poner
los medios para modificarla: “el perdón,
aunque está estrechamente unido a vivencias afectivas, no es un sentimiento. Es
un acto de la voluntad que no se reduce a nuestro estado psíquico” (4).![]() |
| Ángel Gómez Montoro exrector de la Universidad de Navarra |
Patricia dio el paso y se
liberó de la pesada carga que distorsionaba su juicio sobre las personas. Quizá
convendría preguntarnos si en algún recoveco de nuestro interior anida alguno
de estos sentimientos corrosivos que entorpecen el trato con los demás y
lesionan nuestra intimidad.
(1) Jutta Burggraf: Aprender a perdonar. Leído en Nuestro
Tiempo, número 643, enero-febrero 2008. Se puede encontrar completo en el
enlace https://www.almudi.org/articulos/7436-Aprender-a-perdonar-Jutta-Burggraf-Dialogos-Almudi-2004
(2) Patricia Raybon: My First White Friend: Confessions on
Race, Love and Forgiveness, New York 1996, pág. 4 y sig. (anotado por Burggraf)
(3) Ángel José
Gómez-Montoro: Fundamentos de una ética
universal. Intervención en el Congreso Internacional Culturas y
Racionalidad celebrado en Pamplona entre el 19 y 21 de noviembre de 2007. El
discurso completo se encuentra en http://udep.edu.pe/capellania/capinfo/fundamentos-de-una-etica-universal/
(4) Cfr. Dietrich von Hildebrand,
Moralia, Werke IX, Regensburg 1980, pág.
338. (anotado por Burggraf)












