El
ingrediente cohesionador
La excelencia en el arte de
cocinar requiere que en el plato “todos los ingredientes estén bien integrados
y se realice una verdadera sinergia de sabores” (1), como recuerdan a menudo de
formas diversas los jueces de MasterChef a los concursantes. Cada elemento y
técnica utilizados han de contribuir al realce del conjunto.
En nuestra vida puede
ocurrir lo contrario con las actividades que realizamos cuando no hay nada en
nuestra manera de proceder que las una. Juan Manuel, cineasta, lo asimilaba a
una autopista por la que él circulaba por tres carriles distintos sin conexión
entre ellos: uno era el trabajo, otro era la práctica religiosa y otro la
diversión. Una serie de vicisitudes le hicieron darse cuenta que podían integrarse.
Aunque le costó asumirlo, por la natural resistencia a cambiar de hábitos, se dio cuenta al ponerlo en práctica de cómo llenaba su vida de
sentido (2).
En el caso de Nikola, una
joven irlandesa que creció en un ambiente social plagado de violencia, se
trataba de adaptación a los ambientes que frecuentaba. Comenta: “Podemos pasar
la vida poniéndonos distintas máscaras con el deseo de ser aceptados, pero
poder sentarme delante del Señor y saber que no tenía que ser otra persona me
ayudó mucho”. Nikola empezó a cambiar el chip en medio de la hostilidad que
observaba a diario a su alrededor cuando vio a un fraile franciscano jugarse la vida por
defender a una mujer que estaba siendo agredida por una pandilla. Esa acción
abrió en ella un rayo de esperanza (3).
En Amparo, sin embargo, sí
que había un leitmotiv que regía su vida. Era una aguerrida activista
ecuatoriana enfrascada en multitud de conflictos. En el transcurso de una de
las acciones “hubo un enfrentamiento en el cual tuve una herida de bala. Allí
desangrándome, comencé a perder la conciencia, pero tenía presente a mi esposo
que estaba ahí y a mis tres hijos. Recuerdo que también empecé a tener una paz
y una alegría que no puedo describir. No tenía miedo de irme ni de lo que me
estaba pasando. Entonces escuché una voz muy dulce que me cantaba. La mujer que
vi era justo la imagen que yo había destrozado: la Virgen de la medalla
milagrosa… Luego sentí que el corazón me estallaba y en ese momento ella me
dijo: «mi pequeña, yo te amo».” Esta experiencia condujo a dar un giro de 180º al
enfoque de su vida. Relata que “siempre andaba con banderas: la bandera de los
niños, la bandera de los jóvenes, la bandera de las mujeres, la bandera del
aborto. Cuando tuve aquella experiencia, allí estando herida, la Santísima Virgen
me entrega una bandera blanca con un corazón en el centro, y me dijo: «mi
pequeña, toma la bandera del corazón de mi Hijo. Deja la bandera de los
hombres, hoy, esta es tu bandera»”. Continúa con el mismo ímpetu luchador pero
con un propósito totalmente diferente: “hay mucha gente que hoy me dice que me
dedique a otra cosa, y no te niego que he tenido ganas. Pero lo que a mí me
llena y me tiene aquí, son esas palabras de la Virgen que todavía guardo en mi
corazón.” (4)
Análoga a esta bandera es el lazo blanco dibujado en un panel que se expuso en una parroquia y que simbolizaba todas las
nobles causas que persigue el ser humano, integraba toda la policromia que las representa. Era el Domingo de Ramos, día en que
se conmemora el gran recibimiento a Cristo en Jerusalén y se hace una lectura
completa de la Pasión.
Hablando de las
características del amor a la vida (biofilia) dice Erich Fromm en su ensayo
sobre el corazón del hombre: “la materia viva tiene la tendencia a integrar y
unir; tiende a fundirse con entidades diferentes y opuestas, y a crecer de un
modo estructural. Unificación y crecimiento integrado son características de
todos los procesos vitales, no sólo por lo que concierne a las células, sino
también respecto del sentimiento y el pensamiento.”
Unidad de vida: que en todo lo que hacemos aflore aquello que somos, evitando la división existencial que supone interpretar personajes distintos
según donde estemos, tal como dicta el refrán: ‘allí donde estuvieres haz lo que
vieres’. Una unidad de vida que no está reñida con la atención e intensidad que
requiere cada tarea que se realiza, sino que cuenta con un principio motor -el ingrediente básico- que las abrillanta.
(2) Ver Juan Manuel Cotelo en Cambio de Agujas
(3) Ver Nikola Griffin en Cambio de agujas
(4) Ion Corriente Alterna: La megamorfosis de Amparo Medina.
Amparo Medina en Cambio de agujas (2ª parte)
(5) Erich Fromm: El corazón del
hombre. Título original: The Heart of
Man (1964). Editorial: Fondo de cultura económica – Colección popular – 9ª
reimpresión (1985). Traductor: Florentino M. Torner. 151 páginas. Capítulo III.
Amor a la muerte y amor a la vida. Página 36