jueves, 29 de septiembre de 2016

La felicidad y las cosas

Quien mucho abarca poco aprieta

Agustín Filgueiras es autor de varios libros de pequeño tamaño editados por Desclée de Brouwer, que contienen una reflexión ligada a una anécdota que le antecede para cada día del año. Los descubrí en el colegio de mis hijas y, siempre que puedo, cuando las voy a llevar o recoger del centro, me gusta leer la que toca ese día en alguno de los libros. Sin parecerse en el contenido, esta presentación me recuerda a los tacos de almanaque, esos calendarios que tenían una hoja para cada día del año (de ahí que se popularizara la expresión ‘tener tantos tacos’ para indicar la edad de alguien).

Benjamin Franklin
En el relato correspondiente al día 24 de septiembre del libro Orar con… un pan para cada día * refiere la siguiente anécdota **: “Una madre joven, con un niño pequeño cogido de su mano, le planteaba a (Benjamin) Franklin la necesidad de tener en abundancia para poder ser feliz. Franklin, sin decir nada, cogió una manzana de una cesta y se la dio al niño. El pequeño la cogió con gran alegría. Franklin le alargó otra manzana, que el niño cogió con el mismo gozo con la otra mano. Entonces Franklin le dio una tercera. El niño quiso abarcar las tres y no pudo; se le cayeron todas al suelo rodando. Y el pequeño empezó a llorar.
- ¿Ves? –dijo el sabio a la madre-. Aquí tienes un hombrecillo que posee demasiadas riquezas para poder disfrutarlas. Con dos manzanas era feliz; con tres ya deja de serlo. ¿No ocurre a menudo lo mismo con los hombres?

Agustín Filgueiras
Comenta a continuación Filgueiras “La felicidad vale más que las cosas. Por eso las cosas no pueden darla: lo que es menos no puede dar lo que es más, el efecto no puede ser superior a la causa”. Y continua más adelante reproduciendo la definición de dinero premiada en un concurso organizado por un periódico londinense: ‘Un artículo que puede usarse como pasaporte universal para todo, menos para el Cielo. Y que vale para obtener cualquier cosa, menos la felicidad’”.

* Agustín Filgueiras: Orar con… un pan para cada día (2000) – Editorial Desclée de Brouwer – 6ª edición (2007)
** Si consultáis en internet, encontraréis diversas versiones de esta anécdota.


lunes, 26 de septiembre de 2016

Discursos sin argumentos

Debates ruidosos con poca sustancia

Miguel Herrero
En TVE se retransmitía uno de los debates previos a las Elecciones Generales de 1986. Se cumplían cuatro años desde que el PSOE había llegado al gobierno y el tema tratado era el ‘estado del Estado’. “En un momento del debate, Miguel Herrero (Alianza Popular)…  mostró dos actas del Consejo de Ministros, referidas a unas bodegas reprivatizadas, a raíz de la expropiación de Rumasa, en las que se reflejaba una divergencia de 800 millones de pesetas. Alfonso Guerra (PSOE) negó la existencia de ese documento, y dijo textualmente: «Me está usted calumniando. Recuerde —le dijo a Herrero— que por algo semejante tiene usted un proceso abierto en Valladolid, y personalmente tengo la esperanza de que usted sea procesado. »

Alfonso Guerra
Al final del debate se cambió sorprendentemente el orden de intervención de manera que Guerra, que había iniciado las intervenciones, también las finalizó. En ese bloque “todos los intervinientes, salvo, claro está, Alfonso Guerra, concordaron en que estaba pendiente la auténtica reforma administrativa, la redacción de un estatuto de la función pública y un pacto de Estado sobre las autonomías y su financiamiento. Guerra… terminó reafirmando lo mismo que había dicho al principio: «Ustedes propenden a un modelo de vuelta atrás, mientras el nuestro es de modernidad" El resto de los intervinientes no pudieron replicar porque se dio por concluido el debate. (1)

Comenté este episodio con un amigo que estaba estudiando periodismo y hoy es corresponsal en Estados Unidos de un periódico de ámbito nacional, que me comentó que el discurso sin argumentos de Guerra había llegado con más fuerza a los televidentes, me ponía como ejemplo lo que había experimentado en su casa, que el de los demás. Han percibido que se ha impuesto a los demás.

Abundan las tertulias y debates políticos (también de sociedad y deportivos) en televisión donde parece que la solidez de los argumentos apenas cuenta: discursos insustanciales, palabrería hueca, reproches cruzados, broncas sistemáticas… Se potencia que haya confrontación, griterío, espectáculo visual, para que suba la audiencia y las redes sociales hiervan llenándose de mensajes. ¿Se puede sacar alguna conclusión positiva y fundamentada tras la emisión?

En este contexto me parece interesante reproducir un artículo de Manuel Casado publicado en la revista Nuestro Tiempo (2) con el título Estrategias del lenguaje político. La anécdota referida en el último párrafo es ilustrativa de un discurso sin argumentos que parece ser más eficaz que cualquier razonamiento, por muy fundamentado que esté.

Karl Johann Kautsky
Por ser más propio de los lenguajes totalitarios que del lenguaje político en general, resulta especialmente chocante  el reiterado uso que hoy se hace, por parte de la clase política  y de los gobernantes, del insulto y de la descalificación global como armas ofensivo-defensivas. Se acude a términos que presentan un rígido dualismo maniqueo, que clasifican los hechos y las personas en progresistas o reaccionarios. Son, en muchos casos, términos vacios, irracionales, que sólo sirven para golpear al adversario ideológico y dejarlo fuera de combate sin necesidad de esgrimir argumentos de razón, entre otros motivos porque quizá se carece de ellos.

Lenin
Se cuenta que uno de los colaboradores de Lenin dijo en cierta ocasión a éste que había que contestar a un artículo publicado por el socialista Kautsky. Lenin le respondió: “¿Y por qué contestar? Kautsky nos replicará, y habrá que contestar a su réplica; no terminaremos nunca. Basta con anunciar que Kautsky es un traidor a la clase obrera y todo quedará claro para todo el mundo

(2) Nuestro Tiempo. Número 350. Agosto 1983. Páginas 114 a 118. El fragmento referido en la 117.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Libertad al servicio del bien común

Cosa de todos

Mi ciberamiga Estela subía a la red una imagen con tres frases del escritor uruguayo Eduardo Galeano denunciando la superficialidad. Una de ellas decía: “Vivimos en la cultura del envase, que desprecia el contenido”. La he recordado pensando en una de las canciones que con frecuencia cantan ahora mis hijas -y que yo también había hecho antes- desde que la descubrieron jugando a la Wii: A quién le importa de Alaska. (1) Es de esas canciones pegadizas que podemos repetir constantemente sin prestar apenas atención a su letra. La cantante madrileña (aunque nacida en Méjico) ha transmitido una imagen rompedora en los escenarios y en su vida pública que realzan su interpretación. Lo que dice parece un acto de rebeldía de quien se siente acosado por su entorno, una especie de ¡dejadme en paz de una vez! Una respuesta en la que rechaza el mimetismo y el gregarismo social para sumergirse en un feroz individualismo.

A un individualismo que busca exclusivamente el provecho particular se refería el filósofo Antonio Millán Puelles en una conferencia ante antiguos miembros de la escuela de negocios IESE (2), donde incidía en la curiosa coincidencia entre individualismo y colectivismo en lo que hace referencia a la búsqueda del bien común.  A continuación se reproduce este interesante fragmento:

El liberalismo tiene la pretensión… de defender y amparar la libertad humana… en sus modos reales que primordialmente son modos individuales. Pero en sus formas más extremas, el liberalismo degenera en un fanático y frenético individualismo, donde la iniciativa privada es concebida como algo que conscientemente se dirige –o debe dirigirse- de una manera exclusiva, al provecho particular de quien lo ejerceCuando los ideólogos del colectivismo califican de egoísta a la iniciativa privada no dicen, en realidad nada distinto de lo que ya han afirmado los secuaces de ese desaforado y descompasado individualismo

Antonio Millán Puelles
Para ambos tipos de ideólogos la consecución del bien común por la iniciativa privada es cosa “mecánica”…, enteramente ajena a la libertad del hombre y a sus planes, proyectos y designios. Por una parte, los adictos al puro individualismo no niegan que la iniciativa privada sea útil para el bien común, sino que lo sea cuando busca estar bien conscientemente. Por otra parte, los defensores del colectivismo tampoco niegan en redondo que para el bien común sea provechosa la iniciativa privada, sino que este provecho se consiga de otra manera que por medio del cumplimiento de los mandatos y las órdenes estatales. En suma: la búsqueda consciente y deliberada del bien común es, según todo esto, algo que corresponde al gobernante y únicamente a él; los demás ciudadanos  no han de procurar consciente y deliberadamente otra cosa que el respectivo bien particular (dentro de una subordinación al bien común que viene impuesta por la fuerza del Estado).

De esta suerte, se desconoce o se deprime una de las notas capitales de la dignidad de la persona humana: la facultad de procurar libremente el bien común. Lo que constituye el fundamento de la dignidad de personas, no ha de ser tomada únicamente como una capacidad de iniciativa, sino que además de esta dimensión puramente psicológica –ni, buena ni mala, bajo el punto de vista moral-, ha de implicar también la dimensión ética, en virtud de la cual el individuo humano trasciende su propio bien particular, deseando y procurando el bien común, en cuyo marco se inscribe el suyo propio.

El concepto integral de la libertad estriba en la capacidad de iniciativa al servicio del bien común. Ni este servicio, ni esta capacidad, bastan, cada uno de ellos por sí solo, para definir la libertad humana en su más plena acepción.

(1) Letra de A quién le importa en el enlace http://www.musica.com/letras.asp?letra=5137
Interpretación de Alaska con el grupo Fangoria: https://www.youtube.com/watch?v=XX_hWpPnd3I

(2) Antonio Millán Puelles: La responsabilidad social del empresario. Conferencia pronunciada en la Asamblea de la Agrupación de Miembros del IESE el 24 de mayo de 1984. Publicado un resumen en la revista Nuestro Tiempo, número 364, octubre 1984, páginas 108 a 121. El texto referido se encuentra en las páginas 119 y 120.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Víctimas de la irracionalidad

Daños colaterales

Relata Ramon Folch i Camarasa en Bon dia, pare!, que su progenitor –Josep Maria Folch i Torres- escribió en su diario, 'el Llibre blau’, el 19 de julio de 1936: “Se produce en Barcelona un alzamiento militar que, según dicen es sofocado el mismo día en la ciudad”… y que posteriormente intercaló “Guerra civil y revolución” y también “estalla al mismo tiempo la revolución”. (1) Estos dos movimientos contrapuestos, que de alguna manera reflejaban la tensión social y política que se vivía, dieron origen a un periodo de gran sufrimiento que se llevó por delante muchas víctimas inocentes.

Actitudes maniqueas, estigmatizaciones, odios larvados y fomentados, ajustes de cuentas, oportunismos… salen a la luz cuando se produce una situación de desgobierno. La ciudadanía se divide y todo el mundo queda asignado, voluntaria o involuntariamente a uno u otro bando, no se concibe otra opción. Los episodios de violencia se suceden y recrudecen a medida que transcurre el conflicto (más bien los conflictos). Las heridas físicas y morales tardan mucho en cicatrizar, que en algunos casos nunca cauterizan. La historia está llena de situaciones parecidas que llegan, desgraciadamente, hasta el tiempo  presente.

He visto la película Un Dios prohibido, dirigida por Pablo Moreno y estrenada en 2013. En ella se narran los hechos producidos en Barbastro (Huesca) durante los momentos previos e iniciales de la Guerra civil española. En esta población un comité revolucionario de predominio anarquista tomó el mando. Una de sus primeras medidas fue recluir a un grupo de religiosos claretianos que fueron ejecutados semanas después sin juicio previo. Aunque se vertieron sobre ellos acusaciones infundadas el motivo principal de su trágico destino fue su condición clerical.

El argumento se centra en las vivencias de estos religiosos y el crispado entorno que se cernía sobre ellos y otras personas del municipio. Destaca el apoyo mutuo entre los recluidos para superar momentos de flaqueza o incomprensión. (2) Entre los revolucionarios no todos comparten el destino final de los claretianos, pero una vez se arguye la dicotomía ‘o ellos o nosotros’ se impone la actitud más radical.

Es uno más de la inmensidad de episodios luctuosos que se produjeron en ambos lados durante la contienda hispana. A mí me han parecido especialmente ilustrativos los que relatan Manuel Chaves Nogales y Clara Campoamor.  Estas narraciones, más que en juzgar donde están los buenos y los malos, nos invitan a reflexionar y valorar la importancia de mantener un buen clima de convivencia a nuestro alrededor, sin dejarnos arrastrar por los sembradores de discordias. Ninguno estamos a salvo de cometer atrocidades si nos dejamos llevar por el ambiente.

(1) Ramon Folch i Camarasa: Bon dia, pare! He leído el texto publicado por la Editorial Laia. Colección Les eines número 62. 1ª edición, año 1980. ‘Durant’. Página 171.
(2) En el enlace http://www.martiresdebarbastro.org/ encontraréis información relacionada con el episodio que relata la película.

jueves, 8 de septiembre de 2016

La filosofía y la vida

Una herramienta muy útil

El pensador de Auguste Rodin
Hace unas semanas nos reencontramos  algunos compañeros de colegio que no nos habíamos visto, en algunos casos, desde hace más de cuarenta años. Una de las conclusiones a las que llegamos durante nuestra larga conversación fue que el mejor profesor que habíamos tenido había sido Jaume Tufet, con el que habíamos cursado latín en tercero y cuarto del antiguo bachillerato (asimilables al 1º y 2º de ESO actuales) y Filosofía en 6º. Dos asignaturas que ya en aquellos tiempos eran socialmente desprestigiadas por considerarlas poco útiles para ‘ganarse’ la vida. (1) La pericia del profesor -una adecuada mezcla de formación, aptitud, actitud y experiencia- consiguió hacer atractivas a sus alumnos estas asignaturas consiguiendo unos sorprendentes resultados académicos en los exámenes que hacíamos fuera del centro escolar -en alguno de los institutos barceloneses- y nos introdujo la inquietud para debatir los temas tratados en Filosofía, que formaban parte de nuestras conversaciones al salir de la escuela mientras regresábamos a casa en metro.

Dice Robert Spaemann (2) que “el filósofo no sabe nada que el resto de las personas no sepa, pero él defiende el saber del hombre común y corriente en contra de los sofistas” (opinadores), y cita a Hegel para indicar que los filósofos: “quieren comprender lo que es en verdad, comprender la realidad. A través de eso cumplen indirectamente con una tarea: mantienen abierta la humanidad del hombre.”

Mayte Rius
El filósofo piensa y argumenta penetrando en la entraña de la realidad. Esta tarea le capacita para ir más allá de lo que se exterioriza, buscar sus fundamentos, algo que resulta necesario para resolver satisfactoriamente los conflictos cotidianos. La periodista de La Vanguardia Mayte Rius daba cuenta en un artículo (3) de una tarea asignada a este colectivo que va tomando auge: la asesoría filosófica, presentada como ‘alternativa a los psicólogos a la hora de afrontar inquietudes y crisis personales’. ¿Qué puede aportar el filósofo a este cometido? Cita a Francesc Torralba: “ayuda a pensar, a reflexionar, a elaborar el árbol de decisiones, a sopesar los pros y contras y los efectos de cada posible decisión” y Soledad Hernández: “El diálogo ayuda a aclarar cosas, a adquirir un nivel de conciencia mayor sobre lo que se está haciendo, y el diálogo filosófico es claro, ordenado, conciso, profundo, juega con juicio crítico y evalúa las razones, y todo eso ayuda a las personas a ordenar sus ideas, a aclarar donde están sus incoherencias, porque el dolor y la insatisfacción suelen aparecer cuando hay incoherencias en el sistema mental de cada uno”.

Me ha sugerido este tema la lectura del libro del filósofo José Ferrater Mora Mujeres al borde de la leyenda, (4) que encontré escondido en el interior de una caja de cartón utilizada en uno de los traslados de domicilio. Ferrater construye un conjunto de historias tomando como referencia personajes femeninos históricos, mitológicos o de ficción. Con un tono humorístico  –el filósofo no tiene por qué ser permanentemente serio y, no digo, antipático o aburrido- sus relatos, algunos de ellos extravagantes, incorporan un análisis social, una radiografía de los usos en boga. El bagaje cultural del autor queda patente y anima al lector, no sé si de forma deliberada, a recuperar una costumbre que en las épocas en que imperaba la censura era un ejercicio útil para saber algo más de lo que pasaba: aprender a leer entre líneas.

Primum vivere deinde philosophari dice el proverbio latino, pero para vivir en plenitud es muy útil aprender a filosofar.

(1) Una muestra de ello es la anécdota que refiere el director del Diari de Tarragona Josep Ramon Correal: “Una vez el ministro José Solís defendió en las Cortes eliminar el latín para dar más horas de gimnasia. «¿Para qué sirve hoy en día el latín?», preguntó a la Cámara. A lo cual Adolfo Muñoz Alonso, catedrático de Historia de la Filosofía, replicó: «Por de pronto, señor ministro, el latín sirve para que a su señoría, que ha nacido en Cabra, le llamen egabrense y no otra cosa». (http://www.diaridetarragona.com/el-blog-del-director/68872/trilingüisme)
(2) Entrevista Marcela García y Manfred Svensson a Robert Spaemann publicada en la Revista Nuestro Tiempo. Números 613-614. Julio-agosto 2005.
(4) José Ferrater Mora: Mujeres al borde de la leyenda (1991). He leído la edición publicada por Círculo de lectores.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Probar para discernir

Cada caminante siga su camino

Hace tiempo que tenía curiosidad por ver la película Balarrasa, dirigida por José Antonio Nieves Conde y estrenada en 1951, cuyo papel principal corresponde a Fernando Fernán Gómez. Un interés que procedía de referencias que había leído y de unos comentarios sobre los sacerdotes que Fernán Gómez hace en la película-entrevista titulada La silla de Fernando que me sorprendieron, porque reflejaban un profundo desconocimiento de la tarea sacerdotal, aun teniendo en cuenta su tono irónico.

El protagonista de Balarrasa decide entrar en el seminario diocesano tras un suceso traumático, abandonando la carrera militar en la Legión. Un cambio de vida que sorprende a su familia y a todos los que le habían tratado hasta entonces. Se prepara intensamente, pero antes de decidir su ordenación una vez acabados sus estudios, el rector del seminario hace hincapié en su voluntario aislamiento del antiguo entorno durante su permanencia en la institución, una anomalía que debe resolver antes de ser sacerdote. Pasar esta prueba le ayudará a consolidar su vocación.

Una situación parecida se plantea en Sonrisas y lágrimas. María, la principal protagonista, reside como novicia en una abadía. Para probar su vocación, la abadesa la envía a ejercer de institutriz de los hijos del capitán von Trapp. Plenamente integrada en el nuevo ambiente, abandona precipitadamente la casa tras una conversación con la prometida del capitán. La abadesa se interesa por los motivos de su regreso y María le dice que buscaba aquietar su estado de confusión sentimental y le expone los motivos de su turbación. A pesar de ello le comenta que se encuentra preparada para hacer los votos religiosos. La abadesa le aclara: “Estas paredes no se levantaron para eludir problemas, tienes que afrontarlos, tienes que vivir la vida para la cual naciste.” María regresará con la familia von Trapp y acabará casándose con el capitán.

La vocación religiosa no es, en último término, consecuencia del deseo de estar cerca de Dios, ni de la admiración por una persona consagrada o por las obras que realiza una determinada comunidad, ni mucho menos un refugio para resolver un conflicto personal, sino la respuesta a una llamada personal de Dios. Una vocación que tanto el candidato y como los responsables de la institución que lo ha de acoger deben discernir y que se irá consolidando con la perseverancia –fidelidad a la llamada y no simple permanencia-. Como dice el refrán: “el hombre propone y Dios dispone”.