Formación permanente
“Ya soy senador. ¿Y ahora qué?”, le dice Bill McKay, el candidato, a su director de campaña tras ganar contra pronóstico la elección al Senado de los EE.UU. No hay respuesta en la película, que concluye en esta escena (1).
La
misma pregunta se la pudieron hacer los discípulos de Jesús tras su muerte en
la cruz: el episodio con aquellos discípulos que iban camino de Emaús es un
ejemplo (2). También tras contemplar la ascensión y oír como les daban un toque
mientras permanecían embobados (3). Y lo mismo pueden preguntarse aquellos que
han tenido noticia del Sínodo de la sinodalidad, sobre todo los que han
participado de una u otra manera.
Narran los evangelios que en una ocasión Jesús envía a ‘los Doce’ de dos en dos a predicar la conversión (5). En otra ocasión designa ‘otros setenta y dos’ para la que le precedieran en su predicación, también de dos en dos (6). Unos y otros tienen una misión que cumplir, aunque con distintas herramientas y objetivos. Un anuncio pascual (7) da pie para abordar la última parte del Documento: «En la tarde de Pascua, Cristo entrega a los discípulos el don mesiánico de su paz y los hace partícipes de su misión. Su paz es plenitud de ser, armonía con Dios, con los hermanos y las hermanas, y con la creación; la misión es anunciar el Reino de Dios, ofreciendo a toda persona, sin excluir a nadie, la misericordia y el amor del Padre. El gesto delicado que acompaña las palabras del Resucitado recuerda lo que Dios hizo al principio. Ahora, en el Cenáculo, con el soplo del Espíritu comienza la nueva creación: nace un pueblo de discípulos misioneros.»
Una misión para la que hay que prepararse: uno no da de lo que no tiene. Y el Documento lo expone haciendo hincapié en el sello de la sinodalidad que debe acompañar la formación: «Para que el Pueblo santo de Dios pueda testimoniar a todos la alegría del Evangelio, creciendo en la práctica de la sinodalidad, necesita una formación adecuada: ante todo en la libertad de hijos e hijas de Dios en el seguimiento de Jesucristo, contemplado en la oración y reconocido en los pobres. La sinodalidad, en efecto, implica una profunda conciencia vocacional y misionera, fuente de un estilo renovado en las relaciones eclesiales, de nuevas dinámicas participativas y de discernimiento eclesial, así como de una cultura de la evaluación, que no puede establecerse sin el acompañamiento de procesos formativos específicos. La formación en el estilo sinodal de la Iglesia promoverá la conciencia de que los dones recibidos en el Bautismo son talentos que hay que hacer fructificar para el bien de todos: no pueden ocultarse ni permanecer inoperantes.»Una formación que no se detiene con el paso del tiempo, ni con la recepción de un sacramento, ni con el aprendizaje de unas prácticas de piedad, sino que ha de ir creciendo y actualizándose: «La formación del discípulo misionero comienza con la iniciación cristiana y hunde sus raíces en ella… A veces, una vez terminado el camino de la Iniciación, el vínculo con la comunidad se debilita y se descuida la formación. Sin embargo, ser discípulos misioneros del Señor no es una meta que se alcanza de una vez para siempre. Implica conversión continua, crecimiento en el amor “hasta alcanzar la medida de la plenitud de Cristo” (8) y apertura a los dones del Espíritu para un testimonio vivo y gozoso de la fe.»
En este contexto pone especial énfasis el Documento en la celebración eucarística: «Por eso es importante redescubrir como la celebración dominical de la Eucaristía forma a los cristianos: “la plenitud de nuestra formación es la conformación con Cristo [...]: no se trata de un proceso mental y abstracto, sino de llegar a ser Él” (9). Para muchos fieles, la Eucaristía dominical es el único contacto con la Iglesia: cuidar su celebración de la mejor manera, con particular atención a la homilía y a la “participación activa” (10) de todos, es decisivo para la sinodalidad. En la Misa, de hecho, acontece como una gracia concedida desde lo alto, antes de ser el resultado de nuestros propios esfuerzos: bajo la presidencia de uno y gracias al ministerio de algunos, todos pueden participar en la doble mesa de la Palabra y del Pan. El don de la comunión, de la misión y de la participación —las tres piedras angulares de la sinodalidad— se realiza y se renueva en cada Eucaristía.»Aboga el Documento por una «formación integral, continua y compartida», cuya «finalidad no es sólo la adquisición de conocimientos teóricos, sino la promoción de la capacidad de apertura y encuentro, de compartir y colaborar, de reflexión y discernimiento en común, de lectura teológica de las experiencias concretas.» Todos estamos llamados a formarnos: «En la Iglesia nadie es mero destinatario de la formación: todos somos sujetos activos y tenemos algo que donar a los demás.»
La realidad personal o vocacional que a cada uno atañe no ha de ser motivo de encapsulamiento en el ámbito de un grupo o un entorno que le incomunique de las otras realidades eclesiales: «La formación sinodal compartida para todos los bautizados constituye el horizonte dentro del cual comprender y practicar la formación específica necesaria para los ministerios individuales y para los diversos estados de vida. Para ello es necesario que se realice como intercambio de dones entre las diversas vocaciones (comunión), en la perspectiva de un servicio a realizar (misión) y en un estilo de implicación y educación en la corresponsabilidad diferenciada (participación). Esta exigencia, surgida con fuerza del proceso sinodal, requiere no pocas veces un exigente cambio de mentalidad y un enfoque renovado de los ambientes y procesos formativos. Implica, sobre todo, una disposición interior a dejarse enriquecer por el encuentro con hermanos y hermanas en la fe, superando prejuicios y visiones partidistas.»(1) Película El candidato, dirigida por Michael Ritchie, con la interpretación estelar de Robert Redford. Se puede ver en YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=F4EbDtMD9hM&t=3635s
(2)
Ver Evangelio según san Lucas capítulo 24, versículos 13 y siguientes.
Enlace: https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/lucas/
(3)
Ver Hechos de los Apóstoles, capítulo 1, versículos 10 y siguientes.
Enlace: https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/hechos-apostoles/
(4)
Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia
sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa
sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale, Quinta parte:
“También yo los envío”. Puntos 140 a 151. Enlace oficial:
https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf
(5)
Ver Evangelio según san Marcos, capítulo 6, versículos 7 y siguientes.
Enlace: https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/marcos/
(6)
Ver Evangelio según san Lucas, capítulo 10, versículos 1 y siguientes.
Enlace: https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/lucas/
(7)
Evangelio según san Juan, capítulo 20, versículos 21-23: «Jesús repitió:
“Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. Y,
dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo; a quienes
les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis,
les quedan retenidos”.»
(8)
Carta de
san Pablo a los Efesios, capítulo 4 versículos 11-13: «Y él ha constituido a unos,
apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelistas, a otros, pastores y
doctores, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio,
y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la
unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al Hombre perfecto, a la
medida de Cristo en su plenitud.» Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/biblia-efesios/
(9)
Francisco: Carta apostólica Desidero desideravi, punto 41: «La plenitud de nuestra formación es
la conformación con Cristo. Repito: no se trata de un proceso mental y
abstracto, sino de llegar a ser Él. Esta es la finalidad para la cual se ha
dado el Espíritu, cuya acción es siempre y únicamente confeccionar el Cuerpo de
Cristo. Es así con el pan eucarístico, es así para todo bautizado llamado a
ser, cada vez más, lo que recibió como don en el bautismo, es decir, ser
miembro del Cuerpo de Cristo.» Extraído de https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_letters/documents/20220629-lettera-ap-desiderio-desideravi.html

















