Hoja de ruta
En una tertulia radiofónica hablaban de la natalidad y el
famoso director del programa dijo: ‘Yo he cumplido’;
tiene un hijo y una hija. Esa afirmación, que he oído en otras ocasiones en
boca de familiares, conocidos y amigos es algo así como un acta de defunción,
de acabamiento, entre otras cosas porque sabemos que la paternidad o maternidad
no se agotan con el nacimiento de los hijos, ni se debe equiparar a la obligatoriedad
social de, por ejemplo, pagar impuestos o hacer la declaración de la renta.
Hacer las cosas por cumplir puede dejar el regusto
amargo de la acción desalmada, privada de espíritu: ‘ya he
hecho lo que me toca o lo que me han mandado’. Pero, ¿cómo lo has hecho? Cumplimiento
puede llegar a desgajarse en cumplo y miento cuando se traduce en una simple
anotación que se abstrae de la importancia del cómo.La obsesión por limitarse a cumplir, por conformarse con un
suficiente bajo al realizar las tareas, suele ir acompañada por la resistencia ante
todo lo que tenga un cierto grado de incertidumbre. De hecho, supone
autolimitarse, desconfiar de las propias posibilidades, mermar el desarrollo de
las cualidades que se tienen. Sólo asumiendo riesgos, batallando con la incertidumbre,
se puede comprobar lo que uno puede dar de sí.
No se trata de ser un temerario que convierte el riesgo en un
fin en sí mismo, sino en que ese riesgo tenga como objetivo, a la vez, una
mejora personal y una actitud de servicio: poner en juego las propias cualidades
procurando un bien que va más allá de uno mismo; hacerlo sólo como un reto
personal, como un ejercicio de autoestima –‘mira lo que soy capaz de hacer’- lo
desvirtúa y desmerece.
¿Hay un límite a esa asunción de riesgos? Un refrán nos
advierte ante la acumulación de tareas: ‘quien
mucho abarca, poco aprieta’ (1). Una vez se le ha perdido el miedo al
riesgo, implicarse en nuevos proyectos puede convertirse en un acicate que
merme la atención necesaria hacia los que ya están en marcha: ‘desnudar un santo, para vestir a otro’ (2), dice otro refrán. En esta
tesitura se encontraba el sacerdote Joaquín Garrigós ante un nuevo proyecto que
tenía entre manos que había que sumar a las responsabilidades que ya tenía.
Aprovechando una peregrinación a San Giovanni Rotondo, rezó ante la tumba del
padre Pio de Pietrelcina exponiendo esa duda. La respuesta que obtuvo, según
comenta, fue: «Mientras tu corazón pertenezca a Jesús; mientras tú cuides tu
oración y tu intimidad con el Señor no digas nunca a nada que no y vas a
experimentar como tu corazón da de sí y donde tú pensabas que había un límite
siempre se puede más. Siempre que tú cuides tu intimidad con el Señor y tu
oración» (3).Enfrascarse en nuevos proyectos y mantener la
vitalidad de los vigentes, sólo da buenos frutos cuando la base que los
sustenta está suficientemente sólida en todos ellos.
(1) Ver significado en https://cvc.cervantes.es/Lengua/refranero/ficha.aspx?Par=59420&Lng=0
(2) Ver significado en https://cvc.cervantes.es/Lengua/refranero/ficha.aspx?Par=58499&Lng=0
(3) Testimonio de Joaquín
Garrigós en el Canal Mater Mundi de Youtube. Se puede ver completo en https://www.matermundi.tv/2024/07/03/testimonio-de-joaquin-garrigos-dominguez/
El fragmento mencionado se encuentra a partir del minuto 31:40