domingo, 24 de marzo de 2019

Resortes de la convivencia

Equilibrio social inestable


Valorando la manera en que estaban construidos algunos edificios, un arquitecto con pinta de sabio despistado decía que se mantenían en pie porque tienden a no caerse. De la misma manera la convivencia en una comunidad se sustenta en equilibrios inestables porque, como advierte Kolakowski hablando de la necesidad de que exista un poder político, es “la propia naturaleza humana la que hace que nuestros intereses difieran y entren en conflicto. En todos nosotros anida un cierto grado de agresividad y nuestras necesidades y deseos no tienen límite.” Cualquier escenario de aparente paz social puede irse al traste si por cualquier motivo se rompen los muros de contención que la comunidad ha ido construyendo para cohesionarse.

Višegrad con el legendario 
puente sobre el Drina
que le ha dado fama
Ivo Andrić, casi al final de Un puente sobre el Drina, narra la repercusión inmediata que tuvo en la comunidad bosnia de Višegrad el magnicidio que se produjo en Sarajevo sobre el heredero al trono austro-húngaro: “Empezó una verdadera caza de serbios y de todo lo que se relacionara con ellos. Las gentes se dividieron en perseguidos y perseguidores. La bestia hambrienta que vive dentro del hombre, y que no se atreve a aparecer en tanto no quedan eliminados los obstáculos que representan las buenas costumbres y las leyes, quedó en libertad... El hombre que por aquel entonces logró conservar la claridad de espíritu y los ojos abiertos, pudo… ver cómo una sociedad se transformaba de la noche a la mañana. En unos instantes fue borrado el barrio del mercado que descansaba sobre una tradición secular, tras la cual siempre había habido odios ocultos, envidias…; pero aquella tradición también había encerrado valor, humanidad, afición a la medida y al orden, toda una serie de sentimientos, en suma, que mantenían dentro de los límites de lo soportable todos los malos instintos y los hábitos groseros, y que terminaban por calmarlos y someterlos a los intereses generales de la vida en común. Algunos hombres que durante cuarenta años habían estado a la cabeza del barrio del mercado, dejaron de existir en el espacio de una noche, como si hubieran muerto bruscamente, al mismo tiempo que las costumbres, las concepciones y las instrucciones que personificaban.” La aparente tranquilidad que se vivía en la multiétnica población se fue al garete y el castillo de naipes europeo empezó a desmoronarse.

Las sociedades evolucionan y las poblaciones se suelen ir adaptando a los cambios que se van produciendo sin oponer demasiada resistencia, salvo que el poder político o un grupo social utilicen alguna circunstancia o acontecimiento interno o externo para pretender imponer por la fuerza su criterio rompiendo los factores de cohesión que han ido conformando el equilibrio social sobre el que se sustenta la convivencia.

(1) Leszek Kolakowski: Libertad, fortuna, mentira y traición. Ensayos sobre la vida cotidiana. Título original: Freedom, Fame, Lying and Bretrayal (1997). Ediciones Paidós. Colección Biblioteca del presente número 15. 1ª edición (2001). Traductor: Víctor Pozanco Villalba. 108 páginas. Capítulo 1. Del poder
(2) Ivo Andrić: Un Puente sobre el Drina. Título original: No Drini Cuprija (1945). Editorial: Debolsillo – Colección: Contemporánea, número 289 – 2ª edición (2010). Traductor: Luis del Castillo Aragón. 499 páginas. Capítulo XXII. Páginas 447-448

miércoles, 13 de marzo de 2019

Paladar quisquilloso

Tras las apariencias


Era una venerable nonagenaria con quien teníamos mi madre y yo muy buena relación. Con nosotros se mostraba amable y cortés; por eso nos sorprendía cada vez que la observábamos tratar a su marido con aspereza. En una de las ocasiones que le había levantado la voz en nuestra presencia me comentó poco después –quizá captó mi cara de extrañeza-: ‘Sabes, no me soporto y como no me soporto me he vuelto insoportable’.

Algo parecido podría ocurrirle a la anciana a la que se refiere C. S. Lewis en Cartas del diablo a su sobrino cuando diserta sobre la gula. Con el ingenio que utiliza para desmontar estereotipos o sacarle punta a los conceptos Lewis distingue entre la ‘gula por exceso’ –la glotonería- y la ‘gula por exquisitez’, que es el núcleo de su exposición:

La madre de tu paciente… se quedaría perpleja si supiese que toda su vida ha estado esclavizada por este tipo de sensualidad, que le resulta perfectamente imperceptible por el hecho de que las cantidades en cuestión son pequeñas…

Esta señora es una verdadera pesadilla para las anfitrionas y los criados… Nunca reconoce como gula su afán de conseguir lo que quiere, por molesto que pueda resultarle a los demás. Al tiempo que satisface su apetito, cree estar practicando la templanza…

Su estómago domina ahora toda su vida. Ella se encuentra en un estado de ánimo que puede representarse por la frase «todo lo que quiero». Todo lo que quiere es una tacita de té hecho como es debido, o un huevo correctamente pasado por agua, o una rebanada de pan adecuadamente tostada; pero nunca encuentra ningún criado ni amigo que pueda hacer estas cosas tan sencillas «como es debido», porque su «como es debido» oculta una exigencia insaciable de los exactos y casi imposibles placeres del paladar que cree recordar del pasado… los tiempos en que sus sentidos eran más fácilmente complacidos y en los que otra clase de placeres la hacían menos dependiente de los de la mesa. Entretanto, la frustración cotidiana produce un cotidiano mal humor: las cocineras se despiden y las amistades se enfrían… (1)

Quejumbrosidad, impaciencia, dureza y egocentrismo”, son para Lewis algunos de los efectos que provoca en esos paladares quisquillosos la afectada exquisitez gastronómica constantemente insatisfecha de la que hacen gala, que menosprecia una y otra vez a aquellos que se esfuerzan en complacer sus requerimientos. En esos comportamientos Lewis atisba el aguijón de la vanidad, que al igual que se manifiesta en la presunción artificiosa, también se hace presente en la coquetería que enmascara con suaves formas un resquemor interior.

Antoni Marí
En los hechos cotidianos es donde suelen quedar más patentes nuestras aspiraciones e impulsos vitales. En la comida, al tiempo que se satisface una necesidad corporal, se nos ofrece la posibilidad de relacionarnos –que también es una necesidad-. Hoy en día hay que hacer frente a los impedimentos tecnológicos –que pretenden acaparar constantemente nuestra atención- y las agendas apretadas –que empujan a ir corriendo de un lado para otro- para aprovechar esta circunstancia de forma análoga a la que nos expone Antoni Marí en El vaso de plata: “Mis padres siempre habían creído que el mejor lugar para educar a los hijos era alrededor de una mesa. Es el momento más favorable para explicar, comentar y preguntar por los problemas, por los acontecimientos y por las decisiones de cada uno. Delante de un plato caliente, la proximidad afectiva parece facilitar la comunicación.

(1) C. S. Lewis: Cartas del diablo a su sobrino. Título original: The Screwtape Letters. Capítulo XVII
(2) Antoni Marí: El vas de plata. Capítulo II: Donar de menjar al qui te gana. Texto del fragmento en catalán:
'Els meus pares sempre havien cregut que el millor lloc per educar els fills era al voltant d’una taula. És el moment mes favorable per explicar, comentar i preguntar pels problemes, pels esdeveniments i per les decisions de cadascú. Davant d’un plat calent, la proximitat afectiva sembla facilitar la comunicació.'

martes, 5 de marzo de 2019

Pack indivisible

A medias es un bluf


Se ha comparado en ocasiones al comunismo con el modo de vida de los primeros cristianos. Hay un pasaje de los Hechos de los Apóstoles que parece corroborarlo: “Todos los creyentes estaban unidos y tenían todas las cosas en común. Vendían las posesiones y los bienes y los repartían entre todos, según las necesidades de cada uno.” (1) Parece coincidir con el aforismo utilizado por Marx ‘para formular el principio por el que se regiría la «fase superior» de la «sociedad comunista»’: “De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades.” (2) Hay, sin embargo, una diferencia sustancial: la libertad con que se realiza la acción. No es lo mismo hacerlo voluntariamente -porque quieres, porque te da la gana- a hacerlo obligado –porque no tienes otro remedio, por narices-. Basta para percibir la diferencia con leer en el capítulo 5 de los Hechos el reproche que reciben los esposos Ananías y Safira por parte de Pedro, no por el hecho de quererse quedar para sí una parte del dinero obtenido con la venta de una propiedad –no tenían por qué entregar nada si no querían-, sino por pretender engañar a la comunidad haciendo ver que lo daban todo. (3)

La distinción no se queda en este importante aspecto, porque el ser humano es corazón y razón y la vida está entretejida de claroscuros; cuando falta alguno de los ingredientes en cualquier ideal humano al que se aspire el resultado es desencarnado, superficial o insulso. Fulton J. Sheen hace una aguda reflexión sobre las consecuencias de la disgregación y el decantamiento hacia una u otra posición:

El mundo moderno, que niega el delito personal y solo admite crímenes sociales, que no encuentra sitio para el arrepentimiento personal y lo halla sólo para reformas públicas ha divorciado a Cristo de su cruz… Lo que Dios había juntado, los hombres lo han desunido. Como resultado tenemos la cruz a la izquierda y Cristo a la derecha. Cada uno ha estado aguardando nuevos compañeros que los adopten… Viene el comunismo y se apodera de la cruz, exenta de significado por si sola; viene la civilización occidental postcristiana y escoge para sí al Cristo sin llagas.

El comunismo ha elegido la cruz en el sentido de que ha devuelto a un mundo egotista una idea de disciplina, de abnegación, de sumisión, de dura labor, de estudio y consagración a fines supraindividuales. Pero la cruz sin Cristo es sacrificio sin amor. De ahí que el comunismo haya producido una sociedad autoritaria, cruel, opresora de la libertad humana, llena de campos de concentración, pelotones de fusilamiento y lavados de cerebro.

La civilización occidental postcristiana ha elegido a Cristo sin la cruz. Pero un Cristo sin un sacrificio que reconcilie al mundo con Dios es un predicador ambulante barato, afeminado, incoloro que merece llegar a ser popular por su gran sermón de la montaña, pero que merece también la impopularidad por lo que dijo, por un lado acerca de la divinidad y lo que manifestó, por otro, acerca del divorcio, el juicio y el infierno. Este Cristo sentimental aparece remendado con mil lugares comunes sustentado por etimologistas académicos incapaces de ver la Palabra por encima de las letras, o confundidos más allá del reconocimiento personal por un principio dogmático según el cual todo lo que es divino ha de ser necesariamente un mito. Sin su cruz, Cristo queda reducido a un insoportable precursor de la democracia o a un humanitario que enseñó una fraternidad sin lágrimas.” (4)

(1) Hechos de los apóstoles, capítulo 2, versículos 44 y 45. Versión de la Biblia de Navarra. Editorial Eunsa. Fuente: https://www.bibliatodo.com/la-biblia/La-sagrada-biblia-edicion-eunsa/hechos-2
(3) Confrontar Hechos de los apóstoles, capítulo 5, versículos 1 a 11. Obra citada. Fuente: https://www.bibliatodo.com/la-biblia/La-sagrada-biblia-edicion-eunsa/hechos-5
(4) Fulton John Sheen: Vida de Cristo. Título original: Life of Christ (1958). Editorial: Herder – Segunda edición (1996). Traductor: Juan Godó Costa. 525 páginas. Prefacio, páginas 10-11

domingo, 3 de marzo de 2019

El pueblo como excusa

Promesas utópicas, desconfianza manifiesta


Hay regímenes políticos que rezuman tal halo mesiánico que impermeabilizan las decisiones que toman sus dirigentes, son incontestables. Cuestionarlas, discrepar o expresar la más mínima duda puede ser considerado como una traición que merece un castigo ejemplar.

El protagonista de El cero y el infinito se lo deja claro a un joven comunista que se ha negado a distribuir los folletos propagandísticos que ha recibido por discrepar con su contenido: “El Partido no se equivoca jamás -dijo Rubachof-. Tú y yo podremos equivocarnos. Pero el Partido, no. El Partido, camarada, es algo mucho más grande que tú y que yo y que otros mil como tú y como yo. El Partido es la encarnación de la idea revolucionaria en la Historia. La Historia no tiene escrúpulos ni vacilaciones… La Historia conoce su camino. Nunca comete errores. El que no tiene una fe absoluta en la Historia no debe estar en las filas del Partido.” (1) Años más tarde, cuando ha caído en desgracia, Rubachof sufre en sus carnes las dentelladas del Partido que sublimaba. Entonces se descubre la falacia que se esconde en los ideales que había perseguido y promocionado: “Todo lo que él había creído y predicado, todo aquello por lo que había luchado durante cuarenta años le inundó el alma en marejada irresistible. El individuo no era nada, el Partido lo era todo.” (2)

El ente abstracto Historia, en la práctica suele personificarse en un líder o cúpula dirigente endiosados, que ordenan qué se ha de hacer, cómo y cuándo. Decisiones fruto en ocasiones de una mente obsesiva como manifiesta la película La clase de esgrima (3) que menciona el estigma que pesaba sobre los jóvenes estonios obligados a reclutarse por el ejército alemán que al incorporarse Estonia a la URSS, tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, fueron declarados por Stalin «enemigos del pueblo» y, por tanto, perseguidos para ser juzgados y encarcelados –como le ocurre al protagonista del film-.

Redacción artículo 58
(7)
En la URSS el artículo 58 del código penal era una de las salvaguardas en las que se apoyaba el régimen. Puesto ‘en vigor el 25 de febrero de 1927 para detener a las personas sospechosas de actividades contrarrevolucionarias’ (4). En las historias que cuenta Varlam Shalámov -publicadas en seis volúmenes- sobre las vivencias de los reclusos destinados en un campo de trabajo situado en la inhóspita Siberia en condiciones infrahumanas y con un trato de los guardianes habitualmente vejatorio se hace repetida mención a dicho artículo. En el primero de ellos, Relatos de Kolimá (5), -único que he leído- nos dice que “el campo era un lugar en el que se enseñaba a odiar el trabajo físico, a odiar el trabajo en general.” Sorprendentemente “el grupo más privilegiado de la población carcelaria era la gente del hampa.” ¿Por qué? “Los vigilantes de guardia nunca se asomaban al barracón de los arrieros –delincuentes comunes, hampones-, pues suponían con razón que su primer deber era controlar a los condenados por el artículo 58.” (6) Entre estos ‘malvados’ se encontraban intelectuales, artistas, profesionales cualificados, literatos, científicos… algunos de ellos habían colaborado activamente en favor del régimen.

Ejemplos concernientes a un estado que no existe actualmente como tal, disgregado en diversas repúblicas, y un régimen que ha tenido replicas autóctonas en distintos puntos del planeta y es anhelado en otros por grupos políticos que lo presentan como la panacea para colmar las aspiraciones humanas, pese a la constancia de que donde se aplica el individuo es subyugado, sometido a un pretendido interés colectivo que se identifica con el que prescribe la elite dirigente. Gobiernos que se autocalifican del pueblo -con, para y por el pueblo-, en los que la sospecha sobre los ciudadanos es máxima, ejerciendo un control férreo sobre cualquier iniciativa privada y fomentando la delación para mermar la confianza de unos con otros.

La tentación totalitaria del poder político está siempre latente y tiene su correlato en actitudes arrogantes y supremacistas en cualquiera de sus manifestaciones -étnica, política, cultural, social, religiosa…- que se nutren de su ensimismamiento rehuyendo el debate sereno y argumentado; pretendiendo imponer sus postulados forzando posicionamientos maniqueos irreflexivos. En ambos casos la libertad individual se encarece y requiere de un mayor esfuerzo y decisión para ejercerla.

(1) Arthur Koestler: El cero y el infinito (Darkness at Noon -Oscuridad y mediodía- 1941). Editorial Destino (1957). Primer interrogatorio. IX
(2) Ibidem, Primer interrogatorio. XIV
(3) La clase de esgrima. Título original: Miekkailijaaka. Año: 2015. Duración: 93 min. País: Finlandia. Dirección: Klaus Härö. Fuente: https://www.filmaffinity.com/es/film655517.html
(5) Varlam Shalámov: Relatos de Kolimá. Volumen I. Título original: Колымские рассказы (1962). Editorial: Minúscula – Colección: Paisajes narrados, número 20 – 1ª reimpresión (2007) – Traductor: Ricardo San Vicente. 354 páginas. La ración de campaña (1959)
(6) Ibídem, página 9
(7) http://apuntesrevolu.blogspot.com/2019/02/lenin-y-su-aporte-al-funesto-articulo.html