Compartir los dones
El colegio estaba elaborando un nuevo proyecto pedagógico y pidió a los padres de los alumnos su colaboración. Aprovechó las reuniones ordinarias de curso para que los padres reunidos en pequeños grupos dedicaran unos minutos a realizar propuestas. En el grupo en que me encontraba comentamos que convendría potenciar que los alumnos compartiesen sus habilidades y conocimientos entre sí; entendíamos que esta acción solidaria entre ellos era un medio provechoso para reforzar el aprendizaje de cada uno de ellos, tanto para los que dominaban alguna materia como para el que tenían dificultades de aprehensión de la misma.De ese provecho común también escribe san Pedro: «Como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios, poned al servicio de los demás el carisma que cada uno ha recibido» (2); cita que se menciona en el epígrafe ‘Intercambio de dones’ del Documento final del Sínodo (3) que se inicia con este párrafo: «Caminar juntos en los diferentes lugares como discípulos de Jesús en la diversidad de carismas y ministerios, así como en el intercambio de dones entre las Iglesias, es un signo eficaz de la presencia del amor y de la misericordia de Dios en Cristo que acompaña, sostiene y orienta con el soplo del Espíritu Santo el camino de la humanidad hacia el Reino. El intercambio de dones implica todas las dimensiones de la vida de la Iglesia. Constituida en Cristo como Pueblo de Dios por todos los pueblos de la tierra… vive su misión favoreciendo y acogiendo “todas las riquezas, recursos y formas de vida de los pueblos en lo que tienen de bueno y al acogerlos los purifica, consolida y eleva” (4).»
¿Qué supone este intercambio en el ámbito intraeclesial? «La Iglesia, a nivel local y en su unidad católica, se propone como una red de relaciones a través de la cual circula y se promueve la profecía de la cultura del encuentro, de la justicia social, de la inclusión de los grupos marginados, de la fraternidad entre los pueblos, del cuidado de la casa común. El ejercicio concreto de esta profecía exige que los bienes de cada Iglesia sean compartidos con espíritu de solidaridad, sin paternalismos ni asistencialismos, respetando las diferentes identidades y promoviendo una sana reciprocidad, con el compromiso —cuando sea necesario— de curar las heridas de la memoria y de emprender caminos de reconciliación. El intercambio de dones y la puesta en común de recursos entre Iglesias locales de diferentes regiones fomentan la unidad de la Iglesia, creando vínculos entre las comunidades cristianas implicadas.»
¿Y en el ámbito ecuménico?: «El intercambio de dones tiene también un significado crucial en el camino hacia la unidad plena y visible entre todas las Iglesias y Comuniones cristianas y, además, es un signo eficaz de esa unidad, en la fe y el amor de Cristo, que favorece la credibilidad y el impacto de la misión cristiana (5). San Juan Pablo II aplicó esta expresión al diálogo ecuménico: “el diálogo no es sólo un intercambio de ideas. Siempre es de todos modos un ‘intercambio de dones’” (6). Ha sido en el compromiso de encarnar el único Evangelio en la diversidad de contextos culturales, circunstancias históricas y desafíos sociales donde las distintas tradiciones cristianas, a la escucha de la Palabra de Dios y de la voz del Espíritu Santo, han generado a lo largo de los siglos copiosos frutos de santidad, caridad, espiritualidad, teología y solidaridad a nivel social y cultural.»¿Y con los no cristianos? «Una Iglesia sinodal se compromete a caminar, en los diferentes lugares donde vive, con creyentes de otras religiones y con personas de otras convicciones, compartiendo gratuitamente la alegría del Evangelio y acogiendo con gratitud sus respectivos dones, para construir juntos, como hermanos y hermanas todos, en un espíritu de intercambio y ayuda mutua (7), la justicia, la fraternidad, la paz y el diálogo interreligioso. En algunas regiones, las pequeñas comunidades de barrio, donde se reúnen las personas independientemente de su pertenencia religiosa, ofrecen un ambiente propicio para un triple diálogo: de vida, de acción y de oración.»
En la tarea evangelizadora no se debe obviar la realidad que se encuentra, sino que hay que descubrir en ella la acción del Espíritu Santo mientras se transmite y se testimonia la fe.
(1)
1ª carta de san Pablo a los Corintios, capítulo 12, versículos 4 a 11.
Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/1-corintios/
(2)
1ª Carta de san Pedro, capítulo 4, versículo 10. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/1-pedro/
(3)
Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia
sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa
sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale, Cuarta parte:
“Una pesca abundante”. Puntos tratados 120 a 123. Enlace oficial:
https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf
(4)
Concilio Vaticano II: Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium,
número 13: «Todos los hombres están llamados a formar parte del nuevo Pueblo de
Dios. Por lo cual, este pueblo, sin dejar de ser uno y único, debe extenderse a
todo el mundo y en todos los tiempos, para así cumplir el designio de la
voluntad de Dios… El único Pueblo de Dios está presente en todas las razas de
la tierra…Todos los fieles dispersos por el orbe comunican con los demás en el
Espíritu Santo… Y como el reino de Cristo no es de este mundo (cf. Jn 18,36),
la Iglesia o el Pueblo de Dios, introduciendo este reino, no disminuye el bien
temporal de ningún pueblo; antes, al contrario, fomenta y asume, y al
asumirlas, las purifica, fortalece y eleva todas las capacidades y riquezas y
costumbres de los pueblos en lo que tienen de bueno.» Extraído de https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html
(5)
Evangelio según san Juan, capítulo 17, versículos 20 y 21: «No solo por
ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para
que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean
uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.» Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/juan/
(6)
San Juan Pablo II, Carta encíclica Ut unum sint, punto 28: «El diálogo es paso obligado del
camino a recorrer hacia la autorrealización del hombre, tanto del individuo
como también de cada comunidad humana. Si bien del concepto de ‘diálogo’ parece
emerger en primer plano el momento cognoscitivo (dia-logos), cada diálogo
encierra una dimensión global, existencial. Abarca al sujeto humano totalmente;
el diálogo entre las comunidades compromete de modo particular la subjetividad
de cada una de ellas… El diálogo no es sólo un intercambio de ideas. Siempre es
de todos modos un ‘intercambio de dones’». Extraído de https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html







