sábado, 23 de noviembre de 2024

Programa para la paz

El regocijo procede de la lucha

En mi recorrido durante muchos años por campos de fútbol como jugador, entrenador y aficionado he oído innumerables insultos dirigidos al árbitro la mayor parte de las veces, pero también a jugadores, entrenadores y aficionados del equipo rival, o propio. Algún espectador, incluso, parecía entrenarse profiriendo insultos al árbitro antes de empezar el partido. Un abuelo que llevó a su nieto al campo se vio en un aprieto cuando el pequeño le preguntó: ‘Abuelo, qué quiere decir hijo de p.’, después de haberlo escuchado en la grada.

No sólo ocurre en los campos de fútbol. Algunos programas de televisión se caracterizan por fomentar discusiones acaloradas y hurgar en la vida íntima de ‘famosos’. Otros se especializan en el sarcasmo, el humor zafio e hiriente. En las redes sociales amparándose a menudo en el anonimato se vierten multitud de insultos y denigraciones. Incluso entre nuestros representantes políticos, sus señorías, no es extraño que se repitan exabruptos y descalificaciones. Los agentes polarizadores demonizan a los que consideran sus rivales, o más bien sus enemigos, a los que consideran que no hay que darles ni agua. Se ampararán unos en la inmensa audiencia que tienen, otros en el rédito político que obtienen, sin prestar apenas atención a la laceración que producen en el ambiente social.

Uno de los problemas que se derivan es el de acostumbrarse -‘es lo que hay’-, apuntándose al carro para no desentonar o ser menos que los demás, o por temer que a uno lo tomen por mojigato si no sigue la corriente. Una de las consecuencias es que la postura acomodaticia no es inocua, no sienta bien a nuestro estado de ánimo, ni a la relación con nuestros semejantes; porque en determinadas ocasiones puede agriarnos el carácter, o impedirnos razonar con serenidad, o que impongamos barreras de conversación -temas que evitamos tratar-, o tornarnos verbalmente agresivos en algunas cuestiones. Nadie está inmune de contagiarse, mucho menos si no se hace ningún esfuerzo por evitar o revertir dichos efectos.

Viene al caso el fragmento de una carta de san Pablo a los Efesios, que incorporaba el rezo de laudes del 22 de noviembre: «Malas palabras no salgan de vuestra boca; lo que digáis sea bueno, constructivo y oportuno, así hará bien a los que lo oyen. No entristezcáis al Espíritu Santo de Dios con que él os ha sellado para el día de la liberación final. Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo» (1).

Todo un programa que de llevarse a cabo mejora sustancialmente el equilibrio emocional -afrontar la vida en positivo- y el trato con los demás, viendo en ellos compañeros de viaje, no obstáculos y mucho menos enemigos.  Con esta actitud se evitan muchas fricciones y difícilmente se producen peleas, aunque haya incomprensiones; al contrario, es más fácil que haya una buena convivencia, un ambiente colaborativo y sereno en el propio entorno.

Mirándonos en el espejo de las palabras del apóstol nos puede abrumar contemplarlo en su conjunto, sentirse lejos de esa meta; pero nos puede servir de pauta para ir indagando poco a poco en que podemos mejorar de cada una de esas indicaciones, sin impacientarse, ni desanimarse cuando no salen o parece que los defectos reviven. Vale la pena intentarlo y luchar por ir limando las asperezas que nos acompañan. Yo no soy maestro de nada en esta lid, pero he comprobado personalmente sus efectos benéficos en la vida cuotidiana.

He titulado el escrito ‘programa para la paz’, porque pienso que la paz bien entendida empieza en uno mismo; y se concreta en la lucha interior por mejorar como personas. Y ese programa bien realizado es una gran ayuda para sembrar paz en uno mismo y difundirla allá donde nos encontremos.

(1) Carta de san Pablo a los efesios, capítulo 4, versículos 29 a 32, Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/biblia-efesios/

sábado, 9 de noviembre de 2024

Recuerdos

Basado en hechos reales

«Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,

y un huerto claro donde madura el limonero;

mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;

mi historia, algunos casos que recordar no quiero…»

Así comienza el poema Retrato de Antonio Machado que popularizó el trovador musical Joan Manuel Serrat y versionó Alberto Cortez. ¡Qué fácil entra la poesía con trovadores de este nivel! (1).

‘Basada en hechos reales’ es una coletilla que acompaña a algunas películas en las que, tomando como referencia unos hechos, el guionista y el director construyen una historia adecuada a sus gustos y preferencias. Es una ficción, como también lo es la novela histórica, en la que se reproducen diálogos y situaciones que sólo están en la mente del escritor. Conviene tenerlo presente antes de dar por sentado de pe a pa * lo que allí se cuenta.

Algo parecido puede ocurrir con la percepción de nuestros recuerdos. Hace unos años asistí al cumpleaños de una compañera de colegio en la que me reencontré con otros compañeros de aquella época. Hacía más o menos 40 años que no nos veíamos y hubo espacio para hablar sobre lo que fue aquella época escolar que compartimos. Me sorprendieron que se comentaran algunas cosas de mí que me resultaban extrañas o apenas recordaba. Sin embargo, había otras de las que tenía un recuerdo más vivo que no salieron a relucir. ¿Qué es lo que realmente recordamos? ¿Qué es lo que se aloja en nuestra selectiva memoria de lo que nos acontece? ¿Con qué versión nos quedamos?

Nagare Kamogawa, expolicía, regenta con su hija Koishi un peculiar restaurante en Kyoto, donde se ubica también una agencia de detectives gastronómica especializada en replicar los platos que algunos de sus comensales anhelan volver a comer. Uno de ellos, político de alto rango que oculta su identidad, quiere volver a comer el sushi de caballa que hacía una vecina cuando era un crío. ¿Por qué? «El ambiente de mi casa era triste. Mi padre nunca estaba y mi madre se pasaba todo el día trabajando. Nunca supe lo que era el calor de un hogar. La dueña del ryōkan** (Haru) era muy buena. Cuando me veía en el jardín delante de casa solo, siempre me invitaba a jugar en su casa.» También le alimentaba. «Cada vez que comía sushi de caballa, ella me preguntaba: “¿Que es bueno?”, y yo le respondía que sí» (2).

Las pesquisas de Nagare para dar con los ingredientes y la preparación para ofrecer el plato requerido dan buen resultado y el cliente se va satisfecho del restaurante diciéndoles al salir: «Ahora he recordado. Lo que decía Haru... era como un refrán: “Que el corazón nunca olvide su primera emoción”

Cuando el cliente se ha marchado Koishi le pregunta a su padre: «Por cierto, quería pedirte algo. ¿Por qué has preparado siete barras de sushi diferentes y sólo has querido servirle la segunda?». Nagare le contesta: «He hecho siete barras de sushi variando en cada una la cantidad de vinagre, el corte del pescado, etcétera, y la segunda barra empezando por la derecha es la que me ha parecido de mejor sabor. Cuando recordamos las cosas tendemos a idealizarlas. No puede venir alguien y nosotros hacerle entender que lo que recuerda no era bueno, porque se sentirá muy decepcionado. Lo que servimos debe ser muy bueno, entonces el cliente piensa: “Ostras, es igualito que lo que yo recordaba”. Al final, nos gusta más lo mejor y sólo comiendo algo realmente sabroso tenemos la sensación estamos volviendo a disfrutar del gusto que tanto echamos de menos.»

En ese capítulo de Los misterios de la taberna Kamogawa, Hisashi Kashiwai, nos deja -a mi parecer- dos mensajes. Para dar un buen servicio Nagare utiliza tres ingredientes principales: una cuidada investigación, habilidad culinaria y sagacidad. El segundo es que los recuerdos son versiones actualizadas de lo que nos pasó o nos impactó. Ojalá nos sirva habitualmente, por no decir siempre, para afrontar el presente de la mejor manera posible.

*De pe a pa: Enteramente, desde el principio al fin.

**Los ryōkan son unas posadas tradicionales japonesas que ofrecen mucho más que un simple lugar en el que alojarse. Fuente: https://www.japan.travel/es/guide/japanese-ryokan/

(1) Antonio Machado: Retrato (1906). Se puede leer completo y escuchar a ambos artistas en https://www.poesi.as/amach097.htm

(2) Traducido de Hisashi Kashiwai: Els misteris de la cuina dels Kamogawa. Título original: Kamogawashokudo (2013). Editorial: La Magrana – Colección: Les ales esteses – 1ª reimpresión (2023). Traductor: Ismael Funes Aguilera. 206 páginas. Capítulo: III – Sushi de verat, parte 2, páginas 105, 109 y 110.