sábado, 31 de agosto de 2019

El espesante del relato

El protagonismo del lector


El silencio me persigue; más bien el discurso sobre el silencio. Empecé a interesarme por el tema al leer la reseña de El silencio en la era del ruido de Erling Kagge, que todavía no he leído, pero tras leer las reflexiones de Robert Sarah en La fuerza del silencio, se han sucedido referencias a él en libros y charlas de temáticas diversas a las que he tenido acceso. La que me llamó más la atención, porque no la esperaba en ese contexto, es la de Ryszard Kapuściński y John Berger contestando a una pregunta sobre la importancia del silencio en sus escritos, en una entrevista que les hicieron publicada en Los cínicos no sirven para este oficio. De su exposición deduzco que el silencio es un ingrediente necesario para dar volumen, consistencia, espesura –no confundir con pesadez- a un relato que precisa de la participación activa del lector para desarrollarse plenamente. Pero será mejor que lo expliquen ellos:

John Berger: …el silencio es absolutamente esencial: el arte de la narración depende de lo que se deja fuera de la misma. De otro modo, no existiría una historia, porque simplemente el mundo se saturaría de palabras. Es, por tanto, una cuestión de selección, de lo que se excluye, del espacio a veces entre las palabras, y siempre entre las frases y los párrafos. Cuando el lector es creativo, cuando la atención es recíproca, al principio debe, en cierto modo, saltar para llegar a la frase siguiente, pero a medida que la historia avanza, los saltos se hacen cada vez más largos y éste es un modo para establecer la complicidad entre el escritor, el lector y el relato. El silencio, lo que no se dice, es increíblemente importante. Se podría expresar esta importancia a un nivel mucho más metafísico y filosófico, porque es muchísimo lo que no se puede expresar y quizás es el elemento más valioso. Pero, hablando a un nivel más artesanal, el silencio representa el instrumento principal para establecer la complicidad con el oyente o el lector.

Ryszard Kapuściński: El silencio es algo que en parte ha sido creado por el escritor, pero también, en gran medida, por el lector. A veces lo vemos en los actores, en los intérpretes de un texto… Lo que significa el silencio en el texto se deja a la improvisación, al modo en que lo leamos, a cómo lo interpretemos…
Todo consiste en la interpretación del texto. Por tanto, el silencio se crea por el modo en que interpretamos el texto. En todos los textos hay, y no hay, silencio: depende de lo que encontremos en el texto. Naturalmente, escribir es una selección, una elección, una decisión. Pero sé, por mi trabajo, que quien escribe intenta atraer al lector hacia el gusto por las palabras. Luego, de pronto, encontramos a alguien que ha leído un libro nuestro en una hora. Esto significa que no lo ha leído, porque ese libro estaba destinado a durar una semana, un mes, sólo para llegar a entender algo del mismo. Por tanto el silencio es una relación entre el autor y el lector.”

(1) Ryszard Kapuściński: Los cínicos no sirven para este oficio. Sobre el buen periodismo. Título original: Il cinico non è adatto a questo mestiere. Conversazione sul buon giornalismo (2000). Editorial: Anagrama – Colección: Compactos Anagrama, número 365 – 6ª edición (2010). 125 páginas. Edición de Maria Nadotti. Fragmento en el epígrafe: El relato de un diente de ajo, páginas 122-124.

jueves, 29 de agosto de 2019

La verdad en su sencillez

Una explicación diáfana


‘Juro decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, con la ayuda de Dios’. Es la fórmula ritual que precede a la declaración en un juicio en los Estados Unidos, tal como lo acostumbramos a ver en las películas. Pero, más allá de la intención del declarante, ¿es posible ser estrictamente fiel al contenido de este juramento?

Tomás de Aquino trata 'Sobre la Verdad' en la cuestión 16 de la primera parte de la Suma Teológica, donde se define en el artículo 1 como “la adecuación entre objeto y entendimiento” (adaequatio rei et intellectus) (1), una sentencia que parece tener su origen en el Libro de las Definiciones de Isaac ben Salomon Israeli (Isaac el Viejo), médico y pensador judío nacido en Egipto (2). Para Tomás, que hurga en lo más profundo de cada concepto para que brille en plenitud, “esta cuestión plantea y exige respuesta a ocho problemas” que articula y desarrolla separadamente siguiendo la secuencia analítica habitual: premisas –pros y contras-, solución y respuesta a las objeciones.
Grabado que representa
a Isaac Israeli

No pretendo glosar el discurso del Doctor Angélico en esta cuestión, entre otras razones porque antes debería haberlo leído de pe a pa, pero al hilo de lo expuesto en el primer párrafo me parece interesante, por su sencillez y claridad expositiva, reproducir un fragmento de La luz apacible –biografía novelada del santo dominico-, en el que Louis de Wohl centra la narración en preguntas y respuestas en torno a la verdad, enmarcadas en el ámbito universitario, donde los alumnos expresan sus inquietudes al docto profesor para que les ilustre: (3)

-Maestro: ¿Cómo podemos saber qué es la verdad? Conozco a un hombre que duda de todo.

-Es imposible. No podéis conocer a un hombre así. Un hombre que dudase de todo tendría que dudar también de que duda de todo. Tendría que dudar hasta de su propia existencia, lo que no le permitiría dudar… Y tendría que admitir que su vida es una constante contradicción, porque dudando de que existan alimentos, comería; dudando de que exista el sueño, dormiría… La postura del escéptico total es completamente absurda. Por eso, tales escépticos no existen en realidad. Hay, desde luego, personas que pretenden que es imposible conocer la verdad, pero es porque reconocer que la verdad existe les llevaría a sentirse obligados moralmente

-Maestro: ¿Cómo definiría la verdad?

-La verdad es la adecuación o conformidad entre la visión intelectual y el objeto considerado. El error, la no conformidad.

-Pero, ¿podemos conocer la verdad total?

-No. Solo Dios. Pero eso no quiere decir que nuestro conocimiento, aunque sea parcial, tenga que ser falso. Pensad, por ejemplo, que encontráis en la calle un trozo de estaño. Si pensáis que es de plata, os equivocáis. Pero si decís: «es un trozo de metal», acertáis y decís la verdad, aunque no sepáis que es un trozo de estaño perteneciente a una copa que ya no servía. Yo, por mi parte, puedo saber eso -porque vi quién la tiraba a la basura- y no saber, sin embargo, que vos lo ibais a recoger. Pero lo que yo sé también es verdad. El único que lo sabe todo -toda la verdad- es Dios. Él sabe de dónde procedía ese trozo de estaño y cuál será su destino final. Conoce todas sus propiedades, muchas de las cuales nosotros ignoramos, y cuál ha sido, es y será su destino en el Universo. Lo cual no quiere decir que lo que vos y yo sabemos, por incompleto que sea, no sea verdad.

Con una advertencia se cierra el episodio:

-Guardaos, amigos, de los filósofos que os digan que el hombre no puede conocer la verdad. Esa postura sólo puede conducir al hombre a la perdición. De ellos ya dijo San Pablo que los despreciáramos, que no hiciéramos ningún caso a esos falsos filósofos. (4)”

Sencillez y profundidad para poner los conceptos en su sitio.

(1) “La verdad consiste en la adecuación del intelecto y la cosa [adaequatio intellectus et rei], como más arriba queda dicho (S. Th 1, q 16, a 1, ad 3: adaequatio rei et intellectus). Por eso usa santo Tomás de Aquino la definición de Isaac Israelí. Santo Tomás de Aquino dice que la verdad es la adaequatio rei et intellectus. Adecuación de las cosas a su idea ejemplar en el entendimiento divino (verdad ontológica o trascendental); y adecuación del intelecto humano a la realidad de las cosas naturales (verdad lógica o del conocimiento).Fuente: http://www.hispanidad.info/verdad.htm
(2) Stanford Encyclopedia of Philosophy: Isaac Israeli. Epígrafe: The Book of Definitions’: "Originally written in Arabic, this work is extant in two Latin (Liber de Definicionibus/Definitionibus) and two Hebrew translations (Sefer ha-Gvulim), but only a fragment of the original Arabic (Kitab al-Hudud) survived. That this book was widely read by Christian scholastics is evidenced by Thomas Aquinas’ and Albertus Magnus’ misattribution of Avicenna’s definition of truth to Isaac’s Book of Definitions (see Altmann & Stern, Isaac Israeli, p. 59). This book is a collection of 57 definitions, the bulk of which are paraphrases and quotes (often without attribution) of various passages of al-Kindi.” Fuente: https://plato.stanford.edu/entries/israeli/
(3) Louis de Wohl: La luz apacible. Título original: The quiet Light (1949). Editorial: Palabra (1984). Traductor: Joaquín Esteban Perruca. 397 páginas. Capítulo XV
(4) Referencia a la Carta de San Pablo a los Colosenses, capítulo 2, versículo 8: “Vigilad para que nadie os seduzca por medio de vanas filosofías y falacias, fundadas en la tradición de los hombres y en los elementos del mundo, pero no en Cristo.”

miércoles, 21 de agosto de 2019

La realidad sobrevive a los bulos

Freno a la credulidad


Liliana Arroyo
Me llama la atención el comienzo de la columna de Liliana Arroyo titulada Buscando las costuras: “A veces nos olvidamos de que ‘la realidad’, unívoca y objetiva, no existe. Que los hechos no ocurren ni se ordenan de forma ajena a nuestra interpretación.” Pienso que en ocasiones se confunde el significado de los vocablos con el sentido que se les da. Además, no somos omniscientes: la mayoría de lo que ocurre escapa a nuestro conocimiento; los hechos no esperan a ser editados por nuestro intelecto para existir, se producen con o sin nuestra participación al margen de nuestra conformidad. Lo que depende de cada uno, en gran medida, es la manera de afrontar la realidad.

La periodista denuncia en su escrito las informaciones en las que “los hechos van por un lado, mientras las versiones oficiales se forjan más a menudo con poder que con verdad”, cuyas consecuencias en el ‘imaginario colectivo’ son “los prejuicios, especialmente sobre hechos y lugares que no podemos comprobar. Son versiones que viven en los medios y definen el marco mental.” Es una situación que desgraciadamente se prodiga, aunque no justifica su aseveración inicial.
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De una realidad concreta se puede llegar a saber lo suficiente, pero nunca se llegará a saber todo; escarbando en ella pueden surgir aspectos, detalles o matices no contemplados con anterioridad. Muchas veces la realidad deja al descubierto nuestras limitaciones, es su grandeza y quizá también el motivo del maltrato que recibe su contenido por los que pretenden distorsionarlo o tergiversarlo para acomodarlo a sus intereses.

En Irán Liliana comprobó “el abismo entre titulares y realidad” (¿la suya?); relativizó el discurso que arrastraba, que fue un estímulo para buscar en sus costuras lo que no concordaba con su experiencia. Un buen ejercicio que conviene imitar y reiterar para librarse de prejuicios, estereotipos, lugares comunes… alentados interesadamente por los propagadores de bulos (fake news).

(1) Liliana Arroyo: Buscando las costuras, publicado en El Periódico el 30 de julio de 2019. Fuente:  https://www.elperiodico.com/es/opinion/20190730/buscando-las-costuras-articulo-opinion-liliana-arroyo-7576154

* Enrique Bunbury: Lugares comunes, frases hechas, en el album Expectativas. Letra y canción en https://www.musica.com/letras.asp?letra=2343299