domingo, 31 de agosto de 2025

En torno al Sínodo (18)

Una tarea común

En la década de los setenta se acuñó el concepto “futbol total” para denominar el juego desplegado por el Ajax de Ámsterdam y la selección de los Países Bajos, que se caracterizaba por la versatilidad de unos jugadores que debían realizar diversas funciones durante el desarrollo del encuentro, tal como lo define la Wikipedia: «El fútbol total es un sistema de juego usado en el fútbol, en el que un jugador que se mueve fuera de su posición es sustituido por un compañero de equipo, lo que permite que el conjunto conserve su estructura táctica» (1). Llevarlo a cabo satisfactoriamente dependía de la preparación de los jugadores -física, técnica, táctica y estratégica-, así como que estos estuvieran ‘metidos en el partido’ -concentrados-.

Para llevar a cabo su misión no le basta a la Iglesia con los ministros ordenados, sino que necesita contar con la colaboración de todos los demás fieles, cada uno desde el lugar que le corresponda ocupar en cada momento. El Documento final del Sínodo se refiere a ellos en los últimos puntos de la segunda parte (2). En unos casos se trata de otros ministerios instituidos ritualmente: «En respuesta a las necesidades de la comunidad y de la misión, a lo largo de su historia la Iglesia ha dado origen a ciertos ministerios, distintos de los ordenados. Estos ministerios son la forma que toman los carismas cuando son reconocidos públicamente por la comunidad y por los responsables de guiarla, y se ponen de manera estable al servicio de la misión… De particular relevancia son los… que son conferidos por el obispo, una vez en la vida, con un rito específico, tras un discernimiento apropiado y una formación adecuada de los candidatos…La atribución del ministerio es un sacramental que configura a la persona y define su modo de participar en la vida y misión de la Iglesia.»

«A estos los acompañan ministerios no instituidos ritualmente, pero ejercidos con estabilidad por mandato de la autoridad competente: coordinar una pequeña comunidad eclesial, dirigir la oración comunitaria, organizar acciones caritativas…» Destaca en este punto de manera especial la labor de los catequistas indicando: «Aunque no exista un rito prescrito, es aconsejable hacer pública la encomienda mediante un mandato ante la comunidad para favorecer su reconocimiento efectivo.»

Los últimos ministerios que menciona son los extraordinarios: «de la comunión, de la presidencia de las celebraciones dominicales en espera de presbítero, de la administración de ciertos sacramentales…», antes de referirse a «los servicios espontáneos, que no necesitan más condiciones ni reconocimiento explícito. Muestran que todos los fieles, de diversas maneras, participan en la misión a través de sus dones y carismas.»

Seguro que nos suena este pasaje evangélico: «Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, “como ovejas que no tienen pastor”. Entonces dice a sus discípulos: “La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies”» (3). A este fragmento se le podría añadir un conocido refrán: “A Dios rogando y con el mazo dando” (4). Aun sabiendo que la eficacia de la labor que desarrolla una parroquia u otra comunidad eclesial la aporta en último término del Señor, a todos nos toca arrimar el hombro de una manera u otra y hay que estar dispuestos a ello en la medida que nos sea posible.

En la homilía de la misa de hoy el párroco hacía mención a los que ocupan habitualmente los últimos lugares en el templo, no tanto por humildad, como nos propone el evangelio (5), sino como actitud para pasar desapercibidos y evitar compromisos. Nos perdemos mucho acudiendo a la misa como meros espectadores o viviendo nuestro cristianismo aisladamente.

A veces el problema no radica en la falta de compromiso de los fieles, sino en que no saben cómo pueden colaborar. De ahí que el Documento indique: «A los fieles laicos, hombres y mujeres, se les deben ofrecer más oportunidades de participación, explorando también otras formas de servicio y ministerio en respuesta a las necesidades pastorales de nuestro tiempo, en un espíritu de colaboración y corresponsabilidad diferenciada.» Se trata que todos participemos de una ‘misión total’.

(1) Ver https://es.wikipedia.org/wiki/F%C3%BAtbol_total

(2) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale, Segunda parte: En la barca, juntos. Puntos tratados 75 a 78. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(3) Evangelio según san Mateo, capítulo 9, versículos 36-38. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/nuevo-testamento-mateo/.

(4) Ver el significado en la web del Centro Virtual Cervantes: https://cvc.cervantes.es/lengua/refranero/ficha.aspx?Par=58061&Lng=0

(5) Ver Evangelio según san Lucas, capítulo 14, versículos 7-14: https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/lucas/

 

lunes, 25 de agosto de 2025

En torno al Sínodo (17)

Ordenados para servir

Escribe Leszek Kolakowski: «Al preguntársele a un ex ministro de Finanzas británico, durante una entrevista en televisión, si le gustaría ser Primer ministro, contestó, un tanto sorprendentemente, que, por supuesto, a todo el mundo le gustaría ser Primer ministro. Esto, a su vez, me produjo cierto asombro, porque no estoy en absoluto convencido de que a todo el mundo le gustase ser Primer ministro. Por el contrario, estoy seguro de que muchísimas personas jamás han albergado tal sueño, no porque crean que sus probabilidades de alcanzar la meta son muy escasas sino, simplemente, porque creen que debe de ser un trabajo espantoso: incesantes quebraderos de cabeza, enormes responsabilidades y el convencimiento de que, haga uno lo que haga, será blanco permanente de ataques y ridiculización y de que se le atribuirán siempre las peores intenciones» (1).

Estando próximo a celebrarse el cónclave que eligió como papa a León XIV, el rector de la parroquia que frecuento comentó que esperaba que no saliera elegido un primo suyo que es cardenal elector, no tanto por sus cualidades personales como por el duro camino que ha de recorrer el sucesor de Pedro. Para él, que conoce lo que supone ejercer bien las responsabilidades que encomienda la Iglesia, por su larga trayectoria sacerdotal y los encargos que ha recibido, supuso un alivio saber que su primo no era el elegido, en contraste con la decepción del resto de la familia, comparable con perder la final de la Champions.

Jesús comunicó a los apóstoles cuál debería ser su estilo de gobierno: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos» (2). Ser papa, ser obispo, ser párroco… o ejercer cualquier cargo de responsabilidad o de gobierno en la Iglesia no es ningún chollo, sino una tarea ingente que remite a estar muy unidos al Señor para sacarla delante de la mejor manera posible; así como contar con colaboradores leales y competentes, y el soporte de la oración y el espíritu de servicio de los fieles que tiene encomendados.

Los siguientes puntos del Documento final del Sínodo se centran en los ministerios ordenados (3), indicando que «el episcopado, el presbiterado y el diaconado están al servicio del anuncio del Evangelio y de la edificación de la comunidad eclesial». Respecto al episcopado dice: «La tarea del obispo es presidir una Iglesia local, como principio visible de unidad en su interior y vínculo de comunión con todas las Iglesias. La afirmación del Concilio según la cual “por la consagración episcopal se confiere la plenitud del sacramento del orden” (4) permite comprender la identidad del obispo en el entramado de las relaciones sacramentales con Cristo y con la ''porción del Pueblo de Dios'' (5) que le ha sido confiada y a la que está llamado a servir en nombre de Cristo Buen Pastor. Al que es ordenado obispo no se le confían prerrogativas y tareas que deba realizar solo. Al contrario, recibe la gracia y la tarea de reconocer, discernir y componer en la unidad los dones que el Espíritu derrama sobre las personas y las comunidades, actuando al interior del vínculo sacramental con los presbíteros y los diáconos, corresponsables con él del servicio ministerial en la Iglesia local. De este modo, realiza lo que es más propio y específico de su misión en el contexto de la preocupación por la comunión de las Iglesias.

El del obispo es un servicio en, con y para la comunidad (6), realizado a través de la proclamación de la Palabra, la presidencia de la celebración de la Eucaristía y de los demás sacramentos.» El Documento final hace mención a continuación a cuestiones electivas y organizativas de las diócesis sobre las que conviene reflexionar y clarificar algunos aspectos.

De los sacerdotes el Documento hace referencia a su misión y también a la necesidad de acompañamiento pastoral y personal: «En una Iglesia sinodal, los presbíteros están llamados a vivir su servicio en una actitud de cercanía a las personas, de acogida y escucha de todos, abriéndose a un estilo auténticamente sinodal. Los presbíteros “forman con su obispo un único presbiterio” (7) y colaboran con él en el discernimiento de los carismas y en el acompañamiento y guía de la Iglesia local, con particular atención al servicio de la unidad. Están llamados a vivir la fraternidad presbiteral y a caminar juntos en el servicio pastoral…  Los presbíteros también tienen necesidad ser acompañados y apoyados, especialmente en las primeras etapas de su ministerio y en los momentos de debilidad y fragilidad.»

Respecto al diaconado, el Documento expone su cometido y el gran desconocimiento que hay entre los cristianos sobre su misión, especialmente en lo que hace referencia a los diáconos permanentes: «Servidores de los misterios de Dios y de la Iglesia (8), los diáconos son ordenados “no en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio” (9). Lo ejercen en el servicio de la caridad, en el anuncio y en la liturgia, mostrando en cada contexto social y eclesial en el que están presentes la relación entre el Evangelio anunciado y la vida vivida en el amor, y promoviendo en toda la Iglesia una conciencia y un estilo de servicio hacia todos, especialmente hacia los más pobres».

Concluye este apartado del Documento con un llamamiento a fomentar la corresponsabilidad de todos los fieles en las tareas de gobierno de la Iglesia: «La experiencia del Sínodo puede ayudar a obispos, presbíteros y diáconos a redescubrir la corresponsabilidad en el ejercicio de su ministerio, que requiere también la colaboración con otros miembros del Pueblo de Dios»; así como a superar cualquier atisbo de clericalismo: «entendido como el uso del poder en beneficio propio y la distorsión de la autoridad de la Iglesia que está al servicio del Pueblo de Dios».

(1) Leszek Kolakowski: Libertad, fortuna, mentira y traición. Ensayos sobre la vida cotidiana. Título original: Freedom, Fame, Lying and Bretrayal (1997). Ediciones Paidós. Colección: Biblioteca del presente, número 15. 1ª edición (2001). Traductor: Víctor Pozanco Villalba. 108 páginas. Capítulo 1: Del poder. Página 9

(2) Evangelio según san Mateo, capítulo 20, versículos 26-28. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/nuevo-testamento-mateo/.

(3) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale, Segunda parte: En la barca, juntos. Epígrafe: El ministerio ordenado al servicio de la armonía. Puntos tratados 68 a 74. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(4) Concilio Vaticano II: Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, número 21: «Enseña, pues, este santo Sínodo que en la consagración episcopal se confiere la plenitud del sacramento del orden, llamada, en la práctica litúrgica de la Iglesia y en la enseñanza de los Santos Padres, sumo sacerdocio, cumbre del ministerio sagrado. La consagración episcopal, junto con el oficio de santificar, confiere también los oficios de enseñar y de regir, los cuales, sin embargo, por su misma naturaleza, no pueden ejercerse sino en comunión jerárquica con la Cabeza y los miembros del Colegio.» Extraído de https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html

(5) Concilio Vaticano II: Decreto Christus Dominus, número 11: «La diócesis es una porción del Pueblo de Dios que se confía a un Obispo para que la apaciente con la cooperación del presbiterio, de forma que unida a su pastor y reunida por él en el Espíritu Santo por el Evangelio y la Eucaristía, constituye una Iglesia particular, en la que verdaderamente está y obra la Iglesia de Cristo, que es Una, Santa, Católica y Apostólica.» Extraído de https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decree_19651028_christus-dominus_sp.html

(6) Concilio Vaticano II: Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, número 20: «Los Obispos, pues, recibieron el ministerio de la comunidad con sus colaboradores, los presbíteros y diáconos, presidiendo en nombre de Dios la grey, de la que son pastores, como maestros de doctrina, sacerdotes del culto sagrado y ministros de gobierno.» Extraído de  https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html

(7) Concilio Vaticano II: Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, número 28: «Los presbíteros, próvidos cooperadores del Orden episcopal y ayuda e instrumento suyo, llamados para servir al Pueblo de Dios, forman, junto con su Obispo, un solo presbiterio, dedicado a diversas ocupaciones.» Extraído de https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html

(8) Concilio Vaticano II: Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, número 41: «También son partícipes de la misión y gracia del supremo Sacerdote, de un modo particular, los ministros de orden inferior. Ante todo, los diáconos, quienes, sirviendo a los misterios de Cristo y de la Iglesia deben conservarse inmunes de todo vicio, agradar a Dios y hacer acopio de todo bien ante los hombres.» Extraído de https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html

(9) Concilio Vaticano II: Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, número 29: «En el grado inferior de la Jerarquía están los diáconos, que reciben la imposición de las manos «no en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio». Así, confortados con la gracia sacramental, en comunión con el Obispo y su presbiterio, sirven al Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad. Es oficio propio del diácono, según le fuere asignado por la autoridad competente, administrar solemnemente el bautismo, reservar y distribuir la Eucaristía, asistir al matrimonio y bendecirlo en nombre de la Iglesia, llevar el viático a los moribundos, leer la Sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y oración de los fieles, administrar los sacramentales, presidir el rito de los funerales y sepultura…

Ahora bien, como estos oficios, necesarios en gran manera a la vida de la Iglesia, según la disciplina actualmente vigente de la Iglesia latina, difícilmente pueden ser desempeñados en muchas regiones, se podrá restablecer en adelante el diaconado como grado propio y permanente de la Jerarquía. Corresponde a las distintas Conferencias territoriales de Obispos, de acuerdo con el mismo Sumo Pontífice, decidir si se cree oportuno y en dónde el establecer estos diáconos para la atención de los fieles. Con el consentimiento del Romano Pontífice, este diaconado podrá ser conferido a varones de edad madura, aunque estén casados, y también a jóvenes idóneos, para quienes debe mantenerse firme la ley del celibato.» Extraído de https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html

sábado, 16 de agosto de 2025

En torno al Sínodo (16)

Expresión multiforme

Subí andando desde Poncebos hasta Bulnes en medio de la vertiente asturiana de los Picos de Europa. Al llegar tras casi dos horas de ascensión comprobé que era un día de celebración en el lugar (1) y había un altar preparado en el exterior de la parroquia de San Martín para la celebración de la misa, un conjunto floral colmado de panes y la imagen procesional de la Virgen de las Nieves.

Mientras mis hijas subían a un mirador y esperábamos al resto de la expedición familiar que subía en funicular, accedí a la capilla construida junto al pequeño cementerio de la localidad. Allí había una mujer, María Jesús, rezando el Rosario y le propuse continuar rezándolo juntos. En la parte final algunos de los visitantes se unieron al rezo. Al salir de la capilla María Jesús me comentó que formaba parte de la Hermandad de la Virgen de la Medalla Milagrosa en Boadilla del Monte, un pueblo de la Comunidad de Madrid, cuyos miembros se reunían regularmente para rezar el Rosario. En la página web de la Hermandad (2) se indica que estas plegarias son ofrecidas por los difuntos, además dar información sobre las distintas características que la conforman y actividades que desarrollan.

Viene al caso por lo que indica el Documento final del Sínodo en el apartado ‘Carismas, vocaciones y ministerios para la misión’ (3): «Los cristianos, personalmente o en forma asociada, están llamados a hacer fructificar los dones que el Espíritu concede con vistas al testimonio y al anuncio del Evangelio. “Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común” (4). En la comunidad cristiana, todos los bautizados están enriquecidos con dones para compartir, cada uno según su vocación y condición de vida. Las diferentes vocaciones eclesiales son, de hecho, expresiones múltiples y articuladas de la única llamada bautismal a la santidad y a la misión. La variedad de carismas, que tiene su origen en la libertad del Espíritu Santo, tiene como finalidad la unidad del cuerpo eclesial de Cristo (5) y la misión en los diversos lugares y culturas (6). Estos dones no son propiedad exclusiva de quienes los reciben y ejercen, ni pueden ser motivo de reivindicación para sí mismos o para un grupo. Están llamados a contribuir tanto a la vida de la comunidad cristiana, como al desarrollo de la sociedad en sus múltiples dimensiones, mediante una adecuada pastoral vocacional.»

Tanto la celebración festiva en Bulnes que atrae ese día a lugareños residentes y no residentes a participar junto con algunos visitantes en la breve procesión y la Santa Misa, como la existencia de la Hermandad con sus características, son manifestaciones de la acción del Espíritu Santo que estimulan la vivencia cristiana sin separarse del conjunto de la Iglesia: «Un Señor, una fe, un bautismo» (7).

Unidad no significa uniformidad, conviene tenerlo claro. Además, no hay carismas ni mejores ni peores, ni se mide su bondad por el número de miembros o seguidores, o por su relevancia social, o por el valor de su patrimonio, o por su extensión, o por su popularidad… Cada carisma es un medio a través del cual aquellos que se sienten llamados a seguirlo caminan hacia la santidad. No es un medio de promoción ni distinción social. Y si el objetivo es caminar hacia la santidad, ¿qué sentido tienen los recelos, las envidias o las vanidades entre unos y otros? Jesús ya reconvino a los apóstoles cuando discutían quién era el más importante entre ellos (8).

Hay una tarea que concierne a todos los cristianos: «Cada bautizado responde a las exigencias de la misión en los contextos en los que vive y trabaja desde sus propias inclinaciones y capacidades, manifestando así la libertad del Espíritu en la concesión de sus dones. Gracias a este dinamismo en el Espíritu, el Pueblo de Dios, escuchando la realidad en la que vive, puede descubrir nuevos ámbitos de compromiso y nuevas formas de realizar su misión. Los cristianos que, en distintas capacidades —en la familia y en otros estados de vida, en el lugar de trabajo y en las profesiones, en el compromiso cívico o político, social o ecológico, en el desarrollo de una cultura inspirada en el Evangelio como en la evangelización de la cultura del ambiente digital—, recorren los caminos del mundo y en sus ambientes de vida anuncian el Evangelio, están sostenidos por los dones del Espíritu.»

La misión a la que estamos llamados tiene riesgos y hay que estar dispuesto a asumirlos confiando en la ayuda del Señor a pesar de las dificultades que encontremos. El papa Francisco nos impelía a ello (9): «Salgamos, salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo… Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos. Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida. Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: "¡Dadles vosotros de comer!" (Mc 6,37)

Continúa este apartado del Documento final haciendo referencia a la atención que merecen diversos colectivos para llevar a cabo esta misión, que de forma genérica: «Piden a la Iglesia que no les deje solos, sino que se sientan enviados y apoyados. Piden alimentarse del pan de la Palabra y de la Eucaristía, así como de los lazos fraternos de la comunidad. Piden que se reconozca su compromiso como lo que es: una acción de la Iglesia a en favor del Evangelio, y no una opción privada. Por último, piden que la comunidad acompañe a quienes, por su testimonio, se han sentido atraídos por el Evangelio. En una Iglesia sinodal misionera, bajo la guía de sus pastores, las comunidades podrán enviar y sostener a quienes ha sido enviados.»

(1) Fiesta de la Virgen de las Nieves en Bulnes https://cabrales.vivirasturias.com/fiestas/c/0/i/58584469/fiesta-la-virgen-las-nieves-bulnes

(2) Página web de la Hermandad de la Medalla de la Virgen Milagrosa: https://virgenmilagrosaboadilla.es/hermandad/.

(3) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale, Segunda parte: En la barca, juntos. Puntos tratados 57 a 67. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(4) 1ª carta de san Pablo a los Corintios, capítulo 12, versículos 4 a 7. Ver en https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/1-corintios/

(5) Concilio Vaticano II: Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, número 32: «Por designio divino, la santa Iglesia está organizada y se gobierna sobre la base de una admirable variedad. “Pues a la manera que en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, y todos los miembros no tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero cada miembro está al servicio de los otros miembros” (Rm 12,4-5)Si bien en la Iglesia no todos van por el mismo camino, sin embargo, todos están llamados a la santidad y han alcanzado idéntica fe por la justicia de Dios (cf. 2 P 1,1)… De esta manera, todos rendirán un múltiple testimonio de admirable unidad en el Cuerpo de Cristo. Pues la misma diversidad de gracias, servicio y funciones congrega en la unidad a los hijos de Dios, porque “todas... estas cosas son obra del único e idéntico Espíritu” (1 Co 12,11) Extraído de https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html

(6) Concilio Vaticano II: Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, número 12: «El mismo Espíritu Santo no sólo santifica y dirige el Pueblo de Dios mediante los sacramentos y los misterios y le adorna con virtudes, sino que también distribuye gracias especiales entre los fieles de cualquier condición, distribuyendo a cada uno según quiere (1 Co 12,11) sus dones, con los que les hace aptos y prontos para ejercer las diversas obras y deberes que sean útiles para la renovación y la mayor edificación de la Iglesia, según aquellas palabras: "A cada uno... se le otorga la manifestación del Espíritu para común utilidad" (1 Co 12,7) Extraído de https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html

(7) Carta de san Pablo a los Efesios, capítulo 4, versículo 5. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/biblia-efesios/

(8) Ver Evangelio según san Lucas, capítulo 22, versículos 24-25. Enlace: https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/lucas/

(9) Papa Francisco: Exhortación apostólica Evangelii Gaudium, punto 49. Extraído de https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html