Expresión multiforme
Subí andando desde
Poncebos hasta Bulnes en medio de la vertiente asturiana de los Picos de
Europa. Al llegar tras casi dos horas de ascensión comprobé que era un día de
celebración en el lugar (1) y había un altar preparado en el exterior de la
parroquia de San Martín para la celebración de la misa, un conjunto floral
colmado de panes y la imagen procesional de la Virgen de las Nieves.
Mientras mis hijas subían
a un mirador y esperábamos al resto de la expedición familiar que subía en
funicular, accedí a la capilla construida junto al pequeño cementerio de la
localidad. Allí había una mujer, María Jesús, rezando el Rosario y le propuse
continuar rezándolo juntos. En la parte final algunos de los visitantes se
unieron al rezo. Al salir de la capilla María Jesús me comentó que formaba
parte de la Hermandad de la Virgen de la Medalla Milagrosa en Boadilla del
Monte, un pueblo de la Comunidad de Madrid, cuyos miembros se reunían
regularmente para rezar el Rosario. En la página web de la Hermandad (2) se
indica que estas plegarias son ofrecidas por los difuntos, además dar
información sobre las distintas características que la conforman y actividades
que desarrollan.

Viene al caso por lo que
indica el Documento final del Sínodo en el apartado ‘Carismas,
vocaciones y ministerios para la misión’ (3): «Los cristianos, personalmente o
en forma asociada, están llamados a hacer fructificar los dones que el Espíritu
concede con vistas al testimonio y al anuncio del Evangelio. “Hay diversidad de
carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor;
y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos.
Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común”
(4). En la comunidad cristiana, todos los bautizados están enriquecidos con
dones para compartir, cada uno según su vocación y condición de vida. Las
diferentes vocaciones eclesiales son, de hecho, expresiones múltiples y
articuladas de la única llamada bautismal a la santidad y a la misión. La
variedad de carismas, que tiene su origen en la libertad del Espíritu Santo,
tiene como finalidad la unidad del cuerpo eclesial de Cristo (5) y la misión en
los diversos lugares y culturas (6). Estos dones no son propiedad exclusiva de
quienes los reciben y ejercen, ni pueden ser motivo de reivindicación para sí
mismos o para un grupo. Están llamados a contribuir tanto a la vida de la
comunidad cristiana, como al desarrollo de la sociedad en sus múltiples
dimensiones, mediante una adecuada pastoral vocacional.»
Tanto la celebración
festiva en Bulnes que atrae ese día a lugareños residentes y no residentes a
participar junto con algunos visitantes en la breve procesión y la Santa Misa,
como la existencia de la Hermandad con sus características, son manifestaciones
de la acción del Espíritu Santo que estimulan la vivencia cristiana sin separarse
del conjunto de la Iglesia: «Un Señor, una fe, un bautismo» (7).

Unidad no significa
uniformidad, conviene tenerlo claro. Además, no hay carismas ni mejores ni
peores, ni se mide su bondad por el número de miembros o seguidores, o por su
relevancia social, o por el valor de su patrimonio, o por su extensión, o por
su popularidad… Cada carisma es un medio a través del cual aquellos que se
sienten llamados a seguirlo caminan hacia la santidad. No es un medio de
promoción ni distinción social. Y si el objetivo es caminar hacia la santidad,
¿qué sentido tienen los recelos, las envidias o las vanidades entre unos y
otros? Jesús ya reconvino a los apóstoles cuando discutían quién era el más
importante entre ellos (8).
Hay una tarea que
concierne a todos los cristianos: «Cada bautizado responde a las exigencias de
la misión en los contextos en los que vive y trabaja desde sus propias
inclinaciones y capacidades, manifestando así la libertad del Espíritu en la
concesión de sus dones. Gracias a este dinamismo en el Espíritu, el Pueblo de Dios,
escuchando la realidad en la que vive, puede descubrir nuevos ámbitos de
compromiso y nuevas formas de realizar su misión. Los cristianos que, en
distintas capacidades —en la familia y en otros estados de vida, en el lugar de
trabajo y en las profesiones, en el compromiso cívico o político, social o
ecológico, en el desarrollo de una cultura inspirada en el Evangelio como en la
evangelización de la cultura del ambiente digital—, recorren los caminos del
mundo y en sus ambientes de vida anuncian el Evangelio, están sostenidos por
los dones del Espíritu.»

La misión a la que
estamos llamados tiene riesgos y hay que estar dispuesto a asumirlos confiando en
la ayuda del Señor a pesar de las dificultades que encontremos. El papa
Francisco nos impelía a ello (9): «Salgamos, salgamos a ofrecer a todos la vida
de Jesucristo… Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a
la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de
aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser
el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y
procedimientos. Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra
conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el
consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los
contenga, sin un horizonte de sentido y de vida. Más que el temor a
equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras
que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces
implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera
hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: "¡Dadles vosotros
de comer!" (Mc 6,37).»
Continúa este apartado
del Documento final haciendo referencia a la atención que merecen diversos
colectivos para llevar a cabo esta misión, que de forma genérica: «Piden a la
Iglesia que no les deje solos, sino que se sientan enviados y apoyados. Piden alimentarse
del pan de la Palabra y de la Eucaristía, así como de los lazos fraternos de la
comunidad. Piden que se reconozca su compromiso como lo que es: una acción de
la Iglesia a en favor del Evangelio, y no una opción privada. Por último, piden
que la comunidad acompañe a quienes, por su testimonio, se han sentido atraídos
por el Evangelio. En una Iglesia sinodal misionera, bajo la guía de sus
pastores, las comunidades podrán enviar y sostener a quienes ha sido enviados.»
(1) Fiesta de la
Virgen de las Nieves en Bulnes https://cabrales.vivirasturias.com/fiestas/c/0/i/58584469/fiesta-la-virgen-las-nieves-bulnes
(2) Página web de la Hermandad
de la Medalla de la Virgen Milagrosa: https://virgenmilagrosaboadilla.es/hermandad/.
(3) Francisco, XVI
Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal:
comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale:
comunione, participazione, missione. Documento finale, Segunda parte: En la
barca, juntos. Puntos tratados 57 a 67. Enlace oficial:
https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf
(4) 1ª carta de san
Pablo a los Corintios, capítulo 12, versículos 4 a 7. Ver en https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/1-corintios/
(5) Concilio Vaticano
II: Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, número 32:
«Por designio divino, la santa Iglesia está organizada y se gobierna sobre la
base de una admirable variedad. “Pues a la manera que en un solo cuerpo tenemos
muchos miembros, y todos los miembros no tienen la misma función, así nosotros,
siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero cada miembro está al
servicio de los otros miembros” (Rm 12,4-5)… Si bien en la Iglesia no todos van
por el mismo camino, sin embargo, todos están llamados a la santidad y han
alcanzado idéntica fe por la justicia de Dios (cf. 2 P 1,1)… De esta manera,
todos rendirán un múltiple testimonio de admirable unidad en el Cuerpo de
Cristo. Pues la misma diversidad de gracias, servicio y funciones congrega en
la unidad a los hijos de Dios, porque “todas... estas cosas son obra del único
e idéntico Espíritu” (1 Co 12,11).» Extraído de
https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html
(6) Concilio Vaticano
II: Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, número 12: «El
mismo Espíritu Santo no sólo santifica y dirige el Pueblo de Dios mediante los
sacramentos y los misterios y le adorna con virtudes, sino que también
distribuye gracias especiales entre los fieles de cualquier condición,
distribuyendo a cada uno según quiere (1 Co 12,11) sus dones, con los que les
hace aptos y prontos para ejercer las diversas obras y deberes que sean útiles
para la renovación y la mayor edificación de la Iglesia, según aquellas
palabras: "A cada uno... se le otorga la manifestación del Espíritu para común
utilidad" (1 Co 12,7).» Extraído de
https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html
(7) Carta de san
Pablo a los Efesios, capítulo 4, versículo 5. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/biblia-efesios/
(8) Ver Evangelio
según san Lucas, capítulo 22, versículos 24-25. Enlace: https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/lucas/
(9) Papa Francisco: Exhortación
apostólica Evangelii Gaudium, punto 49. Extraído de https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html