sábado, 23 de diciembre de 2017

Los motivos de los christmas

Descubrir la Buena Noticia

Hablaban de las postales de Navidad, los christmas, en un programa de radio. El locutor insistía en que prácticamente nadie los envía y prefiere el whatsapp, las redes sociales o el correo electrónico: 'más rápido y más barato'. Un colaborador versaba sobre los orígenes y propagación de esta costumbre. Yo recordaba el laborioso trabajo de mi padre para cumplir con esta tradición, algún año llegó a escribir a mano alrededor de 200. La mayoría de los que enviaba tenía grapado a la estampa un pequeño calendario de hojas mensuales, un complemento que podía alargar su vida útil. Una gran inversión de tiempo y dinero para mantener los lazos que le unían a familiares, amigos y conocidos.

Hacer presente la ausencia es uno de los rasgos que definen la Navidad. A menudo se menciona con nostalgia a aquellos que han abandonado la vida terrenal. Pasado y presente participan de esta celebración. Las felicitaciones de Navidad y año nuevo en cualquiera de sus soportes salvan la distancia física con aquellos que por una razón u otra apenas vemos pero siguen ocupando un lugar en nuestro corazón o nuestra mente.

Aprovechando las tarjetas que me envían cada año la Asociación de Pintores con la Boca y con el Pie -es uno de sus medios de financiación-, he manuscrito unos pocos christmas. No todos incluían un motivo que aluda a la Navidad, pero esta vez se me ocurrió utilizar la imagen que plasmaba cada uno de ellos para ligarlo con el contenido navideño del breve mensaje que remitía. No sé hasta qué punto he estado afortunado pero me pareció un reto atractivo descubrir una manera de hacer referencia a la Buena Noticia a pesar de ir acompañada de un detalle aparentemente inapropiado.

Tampoco desde el punto de vista humano un establo es el mejor lugar para a un recién nacido. Por mucho que se esforzaran María y José por acondicionarlo, nos parecería un lugar cutre, poco atractivo para visitarlo. A veces nos puede quedar la sensación de que a Dios le gusta desconcertar a los seres humanos con algunas de sus decisiones. La Buena Noticia, sin embargo, tiene el poder de sobreponerse a la lógica humana para manifestarse con eficacia.

En ello pensaba cuando recordé el estribillo de una de las canciones de Fórmula V (1) que había escuchado unos días antes y que bien podría utilizarse para tarararearlo contemplando alguna de las representaciones del Nacimiento -belén, pesebre, relieve, postal...-:

Ahora sé que Me quieres
Ahora sé que Te quiero
Algo me está diciendo

que nuestro amor jamás tendrá fin

(1) www.albumcancionyletra.com/ahora-se-que-me-quieres_de_la-formula-v___59786.aspx (letra)
www.youtube.com/watch?v=cFnIJJxEYG0 (interpretación)

martes, 19 de diciembre de 2017

Cuando el dolor ajeno nos interpela

Protección con respeto


Me encontraba en la pequeña capilla de un hospital vallesano cuando de pronto oigo entrar a una mujer sollozando que tras sentarse repetía ‘mi hija no, Dios mío, mi niña no’. Aunque nada sabía –ni sé- de las circunstancias que rodeaban la escena, me sentí conmovido e impelido interiormente a rezar por esa madre y esa hija, prolongando mi estancia unos minutos más de lo que tenía previsto. La plegaría de súplica de esta mujer, que iba acompañada por un hombre que la abrazaba mientras ella reposaba su cabeza en su pecho, forma parte de un sentimiento natural de protección. ¡Cuántos ejemplos de madres que anteponen el bienestar de sus hijos al suyo! ¡Cuántas veces es más intenso el dolor por lo que le pasa a un ser querido que el que uno mismo experimenta! Paradojas que nos presenta la vida que parecen carentes de toda lógica racional.

El día que presenciaba esta escena había visto la oscarizada película El viajante de Asghar Farhadi (1), donde la sensibilidad protectora queda desnaturalizada cuando se entremete el amor propio que desquicia el comportamiento de quien pretende reparar un daño. Rana sufre una agresión en su domicilio. Reacciona demandando protección pero sin querer hablar del hecho ni denunciarlo. Pese a contravenir la voluntad de su esposa Emad pone todo su empeño en averiguar lo ocurrido y encontrar al culpable. La falta de colaboración de Rana estimulará su orgullo herido y lo encaminará al deseo de tomarse la justicia por su mano, aunque esté advertido de que por ese camino compromete seriamente la relación matrimonial.

Asghar Farhadi
Sentir el dolor ajeno como propio y actuar en consecuencia para aliviarlo es positivo siempre que vaya acompañado por una actitud de respeto al protagonista. El sincero deseo de ayudar supone ponerse al servicio, en la medida de las propias posibilidades, de quien pueda necesitarlo. Si no es así la atención se convierte en una especie de autocomplacencia y de esta manera poco consuelo se puede prestar.

(1) El viajante. Título original: Forushande (The Salesman). Año: 2016. Duración: 125 min. País: Irán. Dirección: Asghar Farhadi (www.filmaffinity.com/es/film950957.html)

jueves, 14 de diciembre de 2017

Exprimir el talento

Cuando el tiempo parece un chicle


Era una de las recomendaciones de una librería en su página web, le adornaba un premio pero yo no había oído hablar de la autora hasta entonces. Me animé a leerlo pese a ser reacio a enfrentarme a textos muy voluminosos. Dispara a la luna de la escritora vallisoletana Reyes Calderón tiene 600 páginas, pero se lee muy bien por la forma en que está redactado, tanto por el tratamiento del lenguaje como por el interés que despierta el desarrollo de la trama y los elementos accesorios con que adereza la narración. Esta ha sido mi experiencia.

De dónde le viene la vocación literaria a la escritora?: “De niña, siempre tenía la cabeza llena de historias fantásticas”. ¿Cómo trabaja los relatos?: “No me importa cómo escribo sino para quién escribo. Por eso, repaso mil y una veces lo escrito, me pateo personalmente todos los escenarios, y me rodeo de benditos y generosísimos amigos: jueces, forenses, policías, fiscales o médicos, que pulen las distintas aristas de mis ideas y suplen mis torpezas.” (1) ¿Cómo le llega la inspiración?: “Cuando me preguntan confieso, porque es la verdad, que no busco historias, sino que ellas me buscan a mí. No sé cómo ni por qué, pero hay una extraña química que fusiona un acontecimiento exterior, casi siempre nimio, inicuo, con un cierto estado de mi corazón y de mi mente, y sin saber cómo me encuentro escribiendo cosas que no comprendo. Parafraseando a García Márquez, podría decir que me veo «escribiendo un libro para explicarme a mí mismo lo que no se puede explicar».” (2)


Cuando decidí realizar este escrito quería hacer hincapié en ese apartado anejo que incluyen algunos escritores destinado a los agradecimientos. Me parece importante resaltar que algo tan personal como puede ser una obra literaria –si no está realizada por encargo- tiene una dimensión coral y que hacer mención de ello enaltece al escritor sin robarle méritos. Pero al buscar información para confeccionarlo he descubierto otros aspectos que pienso que vale la pena destacar.

Reyes Calderón
Dice Picasso “que la inspiración existe pero tiene que encontrarte trabajando”. ¿Qué pasa cuando no hay una dedicación exclusiva a esa tarea? Porque Reyes Calderón no solo escribe, sino que además es profesora universitaria en economía (3) y consejera independiente de una gran empresa multinacional (4). Además es madre de nueve hijos (1). Se puede pensar: ‘quien mucho abarca poco aprieta’, pero ninguna de esas tareas se puedan ejercer simplemente haciendo acto de presencia. ¿Cómo se organiza entonces? No lo menciona, quizá tan solo los más allegados tengan respuesta. Me cuesta asimilar cómo es capaz de compaginarlas, pero no por ello pongo en entredicho la calidad de su dedicación a cada una de ellas. Prefiero admirar esa competencia, que puede ser útil para espolearme a superar momentos en los que aparece la sensación de cansancio, agobio o depresión.

(2) Reyes Calderón: Dispara a la luna (2016). Editorial Planeta – Colección: Autores españoles e iberoamericanos – 1ª edición (2016). 605 páginas. ‘Agradecimientos’, páginas 603 a 605.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Incompatibilidad o irrenunciabilidad

Relación de pareja y profesión


Me enteré mientras leía una revista en la sala de espera de una clínica dental: “Malú y Gonzalo Miró rompen su relación después de tres años” (1). Una más de las noticias de las que se nutren las llamadas ‘revistas del corazón’, las secciones de ‘prensa rosa’ y múltiples espacios televisivos. Continuaba la información: “se desconocen los motivos que les habrían llevado a separarse aunque en la ocasión anterior en la que rompieron se especuló con que se debía a un enfriamiento debido a lo poco que podían estar juntos por sus profesiones”. Se sigue hurgando buscando la reacción de los protagonistas. De ella capturan lo que le refiere a su hermana en Instagram: “A veces la vida te pega unas sacudidas fuertes... tan fuertes q no consigues comprender... tan fuertes q no puedes respirar... Cuando recobras el aliento toca pensar, aceptar e intentar entender... No he sacado muchas cosas en claro... pero si una... q tú y yo teníamos q estar de nuevo juntas...de nuevo hermanas... Gracias a la vida por unirnos un poquito más” (2). De él lo que cuenta un amigo: “Es cierto que han roto. Gonzalo está, como es lo lógico en estos momentos, un poco tocado, pero apoyándose en todo su núcleo duro que somos sus amigos” (3).

Parece que el mundo de la farándula se presta a que proliferen las situaciones de inestabilidad afectiva, especialmente entre aquellos a los que les va bien. La dinámica profesional se convierte en un obstáculo que dificulta que la relación crezca y se fortalezca, bien sea porque se multiplican las tentaciones, o por rivalidad mutua, o, como se especula en este caso, porque apenas tienen tiempo para verse, o…

La historia que incluye el guion de La la land  (4) va por este camino. Dos personas que se quieren y que, al mismo tiempo, persiguen sus sueños profesionales, como actriz ella y regentando un club de jazz él. Se ayudan mutuamente para conseguir alcanzarlos. Pero esa meta se convierte en el motivo de su distanciamiento, que transmite un aire melancólico a sus vidas plasmado en una recreación del pasado que ella hace mientras escucha a él interpretar al piano la melodía que más se repite durante la película.

Estas situaciones no son exclusivas de los artistas, aunque en su caso adquieran más notoriedad mediática. De hecho, supone darse cuenta de que las decisiones importantes comportan también renuncias y hay que estar dispuesto a aceptarlas. La comunicación en una pareja es esencial y el bien personal se ha de conllevar con el bien común, si no es así no ha de extrañar que surjan las incompatibilidades. Aquí puede encajar la famosa frase de Saint-Exupéry: “La experiencia nos enseña que amar no significa en absoluto mirarnos el uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección.” (5)

(1) www.lecturas.com/actualidad/malu-gonzalo-miro-rompen-relacion-despues-tres-anos_29019
(2) www.instagram.com/_maluoficial_/ reproducido en www.vanitatis.elconfidencial.com/noticias/2017-11-10/malu-comentario-instagram-gonzalo-miro-ruptura-primeras-palabras_1475599/
(3) www.vanitatis.elconfidencial.com/noticias/2017-11-09/amigo-gonzalo-miro-ruptura-malu-declaraciones_1474108/
(4) La ciudad de las estrellas - Título original: La La Land - Dirección: Damien Chazelle – País: USA - Año: 2016 - Duración: 127 min
(5) Antoine de Saint-Exupéry: Tierra de hombres, en 'Obras Completas', Editorial Plaza y Janés 1967, p. 324 (recogido de es.wikiquote.org/wiki/Antoine_de_Saint-Exupéry)


sábado, 25 de noviembre de 2017

Amargo despertar

Un accidente que trastocó una mentalidad


Durante la charla de un arquitecto y filósofo con pinta de sabio despistado no sé muy bien a cuenta de qué el orador dijo que los edificios tienden a no caerse, porque de otro modo se irían al traste muchísimos que presentan notables deficiencias constructivas. Pero de tanto en tanto nos sobresalta la noticia de una aparente estabilidad que se va al traste cuando concurre un cúmulo de circunstancias, como ocurrió hace unos años con los edificios construidos con cemento aluminoso.

Puede ocurrir algo parecido con algunos sistemas políticos que coartan sobremanera la libertad de los ciudadanos que tras instaurarse se consolidan y perduran durante muchos años. Medidas represivas, propaganda eficaz, aislamiento informativo… pueden ser algunos de los motivos de la persistencia, a lo que puede añadirse un cierto un acostumbramiento de la población que asimila los mensajes que recibe del régimen y la impermeabiliza de aspirar a vivir en un sistema más abierto, siguiendo la pauta del famoso refrán ‘más vale malo conocido que bueno por conocer’. Sin embargo, también en este caso la consistencia del régimen puede empezar a desmoronarse cuando un hecho inesperado irrumpe y el corsé ideológico que impone el propio sistema impide que se gestione adecuadamente.

A la 01:23 del 26 de abril de 1986 se produjo un accidente en la central nuclear de Chernóbil. La reacción inicial de los gobernantes fue minusvalorarlo: “El reactor explotó y los habitantes de Pripiat, a tres kilómetros, no recibieron ningún aviso durante todo el 26 de abril. Una nube radioactiva se extendía por la zona, los niveles de contaminación se disparaban y durante aquel sábado las familias pasearon por la ciudad, los niños jugaron en los parques, los pescadores capturaron peces en el río.” La magnitud del suceso obligó a evacuar a la población, sin embargo: “fuera de Prípiat, las autoridades soviéticas ocultaron el desastre. La primera alarma saltó dos días más tarde en Suecia, a mil cien kilómetros de Chernóbil, cuando los técnicos de una central nuclear detectaron niveles altos de radiación. Descartaron que se tratara de un problema propio y dedujeron que una nube radiactiva venía del oeste de la Unión Soviética. Se estaba extendiendo por toda Europa. El 29 de abril, tres días después de la explosión, la prensa internacional empezó a dar noticias y los medios soviéticos se vieron obligados a publicar algo. Ese día, en la portada del diario Ucrania Soviética, apareció la foto de una carrera ciclista y justo encima una nota minúscula con las siguientes explicaciones: ha ocurrido un accidente en la central nuclear de Chernóbil, un reactor está afectado, ya se toman medidas para eliminar las consecuencias, las víctimas reciben asistencia, se ha organizado un comité gubernamental. Eso fue todo.

Vasili Koválchuk
El reportaje escrito por Ander Izaguirre que publica la revista Nuestro Tiempo (1) con motivo de trigésimo aniversario del accidente nuclear detalla las consecuencias físicas, psicológicas y sociales del terrible episodio. El último epígrafe recoge algunos testimonios que inciden en cómo este hecho transformó la mentalidad de los habitantes de la zona: “«Éramos soviéticos -dice el liquidador Koválchuk*-. No éramos individualistas, lo importante era trabajar para la comunidad y por eso obedecíamos las órdenes del partido. Así se hacían las cosas. Si teníamos que ir a apagar Chernóbil, íbamos a apagar Chernóbil. Lo importante era cumplir con el deber, incluso arriesgando la vida. En la Unión Soviética yo sabía cuál era mi trabajo, todo estaba organizado, yo sabía qué debía hacer, cuáles eran las normas y las recompensas. Ahora las normas cambian cada mes. Y cada uno se busca la vida por su cuenta. Es un desastre». «Chernóbil fue la catástrofe de la mentalidad soviética», escribió el historiador Alexander Revalski. La mentalidad en la que «preocuparse por uno mismo era egoísta: siempre decíamos ‘nosotros’, nunca ‘yo’». Lo importante era la causa común, sacrificarse por el colectivo, obedeciendo a las autoridades que lo organizaban todo… «Nos educaron para ser... soldados. Nos educaron en aquella peculiar religión soviética, que pretendía reformar al ser humano y transformar el mundo»…

Svetlana Alexiévich
«Teníamos una visión infantil del mundo -le dijo Guenadi Grushevói, presidente de la Fundación para los Niños de Chernóbil, a la periodista Alexiévich- **. El socialismo soviético era una mezcla de prisión y jardín de infancia. Entregábamos el alma al Estado, le entregábamos la conciencia, el corazón, la responsabilidad, la iniciativa, y a cambio recibíamos una ración. Así vivíamos. Hasta que recibimos la ración de Chernóbil. Nos dejaron expuestos, intentaron ocultarlo todo para que no dudáramos de su autoridad, tuvimos que preocuparnos por nosotros mismos, por nuestra familia, tuvimos que tomar decisiones por nuestra cuenta. Ya no nos fiábamos. Por eso la catástrofe fue una gran transformación para nuestro espíritu, para nuestra cultura, para nuestra mentalidad. Ahora la gente cuestiona las cosas. Yo creo que Chernóbil nos enseñó a ser libres. Pero todavía no sabemos bien quiénes somos».

La resaca de un suceso traumático deja consecuencias visibles e invisibles. Chernóbil no sólo transformó un territorio y causó heridas graves en la población, sino que además resquebrajó la confianza de sus habitantes en sus dirigentes y el sistema político que los albergaba. El episodio influyó en el colapso de la Unión Soviética y su desaparición cinco años más tarde desmembrada en multitud de estados.

(1) Ander Izaguirre: Las cicatrices de Chernóbil. Publicado en la revista Nuestro Tiempo número 690, páginas 20 a 31. Se puede ver completo en labuenaprensa.blogspot.com.es/2016/04/chernobil.html?m=1 junto con otros documentos que glosan la efeméride.
*Vasili Koválchuk era soldado cuando fue reclamado para colaborar en las tareas de desescombro y descontaminación de la central nuclear de Chernóbil tras el accidente.
** Svetlana Alexiévich, escritora y periodista bielorrusa, premio Nobel de literatura 2015, autora de Voces de Chernóbil

miércoles, 15 de noviembre de 2017

El protagonismo en la educación

Un orden que no debe ser alterado


Se habla con frecuencia de la necesidad de un pacto educativo en el que el protagonismo principal lo asumen los partidos políticos, aunque para formular sus propuestas incorporen aportaciones de los agentes sociales afectados. Para el papa Francisco, sin embargo, los actores principales de un pacto educativo que hay que reconstruir son “escuela, familia y los jóvenes”, según se desprende del discurso dirigido al Consejo de Superiores Mayores de los Escolapios  (1).

Instantánea de la audiencia
En su alocución el Pontífice aboga por una “educación completa” que permita “salir de la herencia que… dejó la Ilustración, que educar es llenar la cabeza de conceptos…”; para exponer a continuación los objetivos que se deberían perseguir: “Educar es hacer madurar a la persona mediante los tres lenguajes: el lenguaje de las ideas, el lenguaje del corazón y el lenguaje de las manos”, que “algunos pedagogos” expresan como “educar en contenidos, hábitos y valores”. Lo importante es “que haya armonía entre los tres”, que los “alumnos sientan lo que piensen y hagan lo que piensan y sienten.”

Para el Santo Padre, la labor docente con los jóvenes ha de estar impregnada de dinamismo: “la juventud hay que educarla en movimiento. La juventud quieta, hoy, no existe, y si no la ponemos nosotros en movimiento, la van a poner en movimiento mil cosas, principalmente los sistemas digitales que corren el riesgo, en esta velocidad líquida y gaseosa de nuestra civilización…, de quitar las raíces a los chicos.” Unas raíces que se han de buscar en un diálogo intergeneracional que llega más allá del nivel de los progenitores: “hoy los jóvenes necesitan hablar con los viejos: es la única manera que reencuentren sus raíces.”

Son pautas educativas que plantea el papa Francisco a una comunidad religiosa volcada desde su fundación en la enseñanza, una tarea que corre el riesgo de ser estatalizada por aquellos que pretenden que los poderes públicos tengan la primacía en esta materia, ahogando normativamente las iniciativas que parten de la sociedad civil, a la que se quiere relegar a ejercer exclusivamente un papel subsidiario, es decir, sólo tiene cabida allá donde la Administración pública no llega; una pretensión que cercena la libertad de enseñanza e invierte, además, el orden natural de la tarea educativa, cuya responsabilidad compete en primer lugar a madres y padres.

Crónica periodística: www.religionconfidencial.com/vaticano/Papa-Escolapios-rehabilitar-educativo-docentes_0_3038096161.html

viernes, 3 de noviembre de 2017

Ser buena gente

Una actitud a contracorriente


Rafa Nadal
Cantan por sevillanas Los amigos de Gines que ‘no se compra con dinero eso de ser buena gente’ (1), algo que comparte Rafa Nadal, a tenor de lo que dice en una entrevista publicada en El País: “Al final, lo más importante de todo es ser buena gente. Eso vale más que cualquier título o logro deportivo, a mi modo de entender.” (2) Estas palabras de Nadal dieron pie al debate que propuso el programa radiofónico No es un día cualquiera que dirige Pepa Fernández: ‘¿Qué es ser buena gente?’ (3). Las intervenciones se iban sucediendo entre los contertulios encaminándose a encuadrar ‘ser buena gente’ con una actitud ante la vida que puede tener distintas motivaciones, como más adelante apuntaba la psicóloga Pilar Varela: “los de mi oficio decimos no hay amor sino conducta amorosa, pues no hay bondad sino conducta bondadosa”. Todo ello se asemeja a lo que define a la virtud moral: “Hábito de obrar bien, independientemente de los preceptos de la ley, por sola la bondad de la operación y conformidad con la razón natural” (4).

El estribillo de la sevillana describe efectos de la bonhomía: ‘Vivan las buenas personas / Que vivan las buenas gentes / Que vivan las buenas gentes /Esas que nunca traicionan / Esos que nunca te venden’. ¿Cómo se llega a este comportamiento? El periodista Andrés Aberasturi señalaba: “La buena gente está reñida con cosas que también son buenas. ¿Hay que ser sincero en esta vida? ¿Hay que decir la verdad? Si quieres ser buena gente no puedes ser sincero. No puedes ser sincero sin interrupción. Tienes que mentir y tienes que engañar…”. La sorprendente aseveración fue reconducida por el escritor Juan Eslava Galán: “Eso entra ya en el terreno de lo que llamamos buena educación, que es la manera de ir por la vida sin arrollar. No puedes decirle las verdades a la cara a alguien si son ofensivas. Te la guardas…”.

Cabe el peligro de confundir la ‘buena gente’ con el melifluo, el dulzón, el ‘buenrrollista’, aquel que disfraza las malas noticia, el que evita cuestionar o advertir… La veracidad y la sinceridad generan confianza, pero hay momentos en que decir la verdad pone en un aprieto y ser sincero puede provocar malas caras. Ambas son virtudes –hábitos operativos buenos- que, como tales, forman un todo con la persona, como recuerda Salvador Canals: “Las virtudes dan unidad a la vida de las personas que las ejercitan… las falsas virtudes forman departamentos estancos en la conducta cotidiana y no pueden regar por falta de fecundidad toda la vida de una persona” (5) De este modo se podría decir que la sinceridad casa mal con lo brusco, lo burdo, lo grotesco o lo insolente. Y también que la veracidad chirria cuando la verdad se utiliza para herir, ridiculizar o cotillear.

Hablar de virtud produce alergia en algunos ámbitos y se prefiere sustituir por otro término con significado difuso: valores. Hay un cierto repelús social hacia todo aquello que lleva a la excelencia, sobre todo cuando no reporta beneficios crematísticos o eleva la posición social. Incluso la letra de la sevillana le resta mérito a la ‘buena gente’: ‘Quien nace con esa suerte / Ese va derecho al cielo’, es decir, factor genético y predestinación, la voluntad no pinta nada.

Aspirar a ‘ser buena gente’ supone darse cuenta de que para ser felices nuestra actitud respecto a los demás también cuenta, como desarrolla el filósofo Robert Spaemann en su ética de la benevolencia.

(1) Amigos de Gines: La buena gente
Párrafo completo: “Es la verdad. Yo, cuando estoy en casa, tengo una vida muy normal. Cuando estoy en Manacor soy una persona exactamente igual que cualquier otra, como cualquier otro amigo mío. Claro que en según qué cosas no puede ser como otros amigos míos, pero en general en las cosas básicas de la vida, pues sí, y esto para mí es lo más importante, mucho más que los éxitos deportivos. Para mí los éxitos humanos son más importantes, el tener amigos, tener una buena relación con la gente que tienes alrededor, que la gente que tienes a tu lado y te conoce hable bien de ti… Eso es lo más importante. Al final, lo más importante de todo es ser buena gente. Eso vale más que cualquier título o logro deportivo, a mi modo de entender. Después, evidentemente, todo lo demás son momentos de mucha felicidad y de adrenalina, de mucha satisfacción, pero a la larga la felicidad la aportan muchas otras cosas.
(5) Salvador Canals: Ascética meditada. 13. Virtudes verdaderas y virtudes falsas

jueves, 19 de octubre de 2017

Realidades que parecen ficción

Retrato de grandezas y miserias humanas

Viajaba en un tren repleto de jóvenes que nos dirigíamos a Cartagena para incorporarnos al Cuartel de Instrucción de Marinería para cumplir con el Servicio Militar Obligatorio, la ‘mili’. Pienso que fueron alrededor de dieciocho horas las que pasé en el compartimento con otros siete reclutados, un tiempo que dio origen a múltiples conversaciones, algunas de las cuales me dejaron perplejo y otras incluso me asombraron. En algunos momentos mi mente parecía estarme diciendo ‘¿sabes en qué mundo vives?’. No vivía en una burbuja: llevaba años trabajando, estudiaba en la universidad, practicaba deporte de grupo a menudo, vivía en un barrio de clase media y frecuentaba otro de los llamados obreros… Sin embargo, me sorprendían los modos de vida que traslucían los comentarios de algunos de mis acompañantes.

Fue la antesala de lo que me iba a encontrar cuando iniciase el periodo de instrucción compartiendo sollado * con centenares de aspirantes a marineros –a la fuerza-, donde, de entrada, no contaban ni la procedencia, ni el currículum, ni el ‘pedigree’, a todos se les aplicaba el mismo rasero. Una experiencia que te alejaba del microclima social al que estabas habituado y que suponía un reto y una oportunidad para salir del caparazón en que uno va encorsetando su vida sin apenas darse cuenta.

Este recuerdo ha renacido con la lectura de los relatos de Lucia Berlin incluidos en el texto titulado Manual para mujeres de la limpieza, al que le faltaría añadir ‘y otros relatos’ para dar mayor claridad al contenido. La mayoría de las historias que se cuentan se circunscriben a un ambiente con el que no estoy familiarizado y ello podría hacer pensar que son fruto de la imaginación o interés de la autora por hurgar en situaciones truculentas. Sin embargo, al hacer un somero repaso a su biografía descubres que está retratando situaciones que han formado parte de su vida. Lydia Davis lo describe en el prólogo “Lucia Berlin basó muchos de sus relatos en episodios de su vida. Cuando ya estaba muerta, uno de sus hijos comentó: «Mamá escribía historias reales, no necesariamente autobiográficas, pero sí muy parecidas a la realidad»… «Las historias y los recuerdos de nuestra familia», comenta también su hijo, «han sido lentamente reformados, adornados y corregidos, hasta el punto que ya no estoy del todo seguro de lo que pasó en cada momento. Pero Lucia decía que eso no tenía ninguna importancia, que lo que cuenta es la historia». Davis define este estilo narrativo como “autoficción -la narración de la propia vida, extraída de una manera casi inalterable de la realidad, cribada y explicada con acierto y pericia.

El atractivo del libro, a mi entender, radica en la sencillez con que están contadas las historias, sin apenas adornos, sin pretender suavizar ni recrearse en la morbosidad, sin emitir juicios de valor –los deja al criterio del lector- y donde no faltan destellos de humor. Lo que llevo a interesarme por la lectura de estos 43 relatos no fue ni mucho menos el título, sino los comentarios que vertía el profesor de periodismo José Francisco Sánchez en un artículo, del que entresaco las referencias que se hacen del texto:

José Francisco Sánchez
Llevo unos meses leyendo a Lucia Berlín y su Manual para mujeres de la limpieza. Me parece que nunca me he demorado tanto en el paseo por un libro… Pero con Lucia Berlín llevo meses. La razón es muy sencilla: la escritora murió hace ya años sin legar más obra disponible que esta compilación de relatos y no quiero que se me acabe…  Y cuando todo me parece asqueroso o grotesco o demencial, me deslizo un rato por la tersura de su prosa y luego me quedo pensando en cómo lo hace. En cómo se las apaña para convertir en esperanza lo sórdido, en inspiración lo perverso. Nunca dice que lo malo es bueno ni llama bonito a lo feo. Tampoco se limita, como otros, a decir que eso es lo que hay, sino que redime a los personajes de su maldad o de su fealdad a través de la mirada, penetrante como pocas y como muy pocas misericordiosa. Lucia Berlín… procura enriquecerla (la realidad), y por eso apenas juzga… Lucia Berlin… No etiqueta. Se limita a querer comprender, que es el primer paso para redimir y para redimirse…

* Sollado: Cada uno de los pisos o cubiertas inferiores del buque, donde se suelen instalar alojamientos y pañoles. (En el cuartel se le llamaba así aunque estaba en un edificio situado en tierra firme, aunque bajo el nivel del mar)

(1) Libro leído: Lucia Berlin: Manual per a dones de fer feines – Títol original: A Manual for Cleaning Women  - Editor: L’altra editorial – 1ª edició 2016 – Traducció: Albert Torrescasana – 487 pàgines
(2) Paco Sánchez: Lucia Berlin y las ideologías. Nuestro Tiempo, número 695, verano 2017

lunes, 16 de octubre de 2017

¿Dignos de crédito?

La influencia de los medios de comunicación


Habían pasado unos días muy intensos en la sucursal bancaria atendiendo a numerosos clientes que estaban inquietos por la seguridad de su dinero y, preveían otra jornada parecida, pero una de las empleadas llegó diciendo a sus compañeros que ese día habría más sosiego. ¿En que se fundamentaba su expectativa? ‘Aquí toda la gente ve…’, comentaba aludiendo a un canal televisivo. ‘Ayer por la noche daban un mensaje tranquilizador’, había concluido tras ver la emisión. A partir de esas premisas su deducción seguía las leyes de la lógica y, sorprendentemente para el resto de la plantilla, su pronóstico se cumplió: la jornada transcurrió con inusitada tranquilidad, si se comparaba con la ‘locura’ de las precedentes. Este episodio supone una constatación de la influencia que pueden ejercer los medios de comunicación en la opinión y comportamiento de los que los siguen.

Màrius Carol
Ese ascendiente de los medios sobre sus seguidores es a la vez una fortaleza y una responsabilidad. Hace unos días escribía Màrius Carol –director de La Vanguardia- (1): “Los medios de comunicación no somos neutrales, pero debemos aspirar a ser honestos”, y a continuación reforzaba el argumento con una frase que puede llevar a confusión: “La objetividad es un concepto caducado, porque es imposible ponerse de acuerdo en si la botella está medio llena o medio vacía”. Consciente o inconscientemente Carol estaba mezclando información con opinión: un hecho objetivo –el contenido de la botella- y una percepción subjetiva –medio llena, medio vacía-.

En 1921 Charles P. Scott, director del rotativo británico Manchester Guardian, acuñó una frase que se convirtió en una máxima del periodismo: "Comment is free, but facts are sacred", cuya contundencia conviene no separarla de la frase antecedente: “Ni en lo que da, ni en lo que deja de dar, ni en el modo de presentarlo debe el rostro límpido de la verdad sufrir ningún mal. El comentario es libre, pero los hechos son sagrados” (2). Un llamamiento a la honestidad de los profesionales que reclama Carol.

A los medios no se les puede pedir neutralidad porque son empresas con unos intereses determinados: económicos, políticos, culturales, intelectuales… Su misión no consiste en escupir noticias o limitarse a canalizarlas, sino que les corresponde procesar la información que disponen para ofrecerla al público al que va dirigida: seleccionar los datos que obtiene, tratarlos y presentarlos. Ahí se enmarcan sus preferencias, su estilo, sus mensajes, su modo de contemplar la realidad…

Josep Ramon Correal
Uno de los eslóganes-consigna más repetidos en las manifestaciones en Catalunya ha sido “premsa espanyola manipuladora”, un mensaje preventivo –no os fieis delo que publiquen- que pretende encorsetar las fuentes de información y al que se le puede aplicar el refrán “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”. En este contexto Josep Ramon Correal -director de Diari de Tarragona- (3) recordaba una frase de Hiram Johnson: “la primera víctima de una guerra es la verdad” tras afear el contenido de un artículo publicado en un rotativo editado en Madrid.

Enric Hernández
Unas semanas antes Enric Hernández –director de El Periódico de Catalunya- (4) recordaba una frase de Orwell: "Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que se publique; lo demás son relaciones públicas", defendiéndose del acoso sufrido tras una información que no gustó en el entorno del ejecutivo catalán. Denunciaba que habían querido “someter a un juicio sumarísimo a este diario para desacreditar la información que había desvelado”, afirmando más adelante que “conviene recordar que la función democrática de la prensa es arrojar luz sobre la verdad y fiscalizar al poder”.

Como dice el antiguo refrán: “en todas las casas se cuecen habas…” y quizá “en la nuestra calderadas”. Tenemos derecho a recibir una información veraz y los medios de comunicación deberían, por responsabilidad, autoobligarse a ofrecerla. Desgraciadamente sabemos que no es así en muchos casos y, por ello, aunque procuremos seleccionar aquellos que nos merezcan mayor crédito, deberíamos tomar la precaución de no sacralizarlos, procurar que nuestro criterio no se forme partiendo de una única fuente y complementarlo con un atisbo de espíritu crítico antes de asumir los mensajes que difunden. Aun y así es posible que no podamos evitar del todo ser manipulados o engañados, pero lo pondremos mucho más difícil.

(4) http://www.elperiodico.com/es/opinion/20170902/aviso-cia-mossos-articulo-enric-hernandez-6260258

domingo, 1 de octubre de 2017

El riesgo de la ambigüedad

Impropia mescolanza


Cuando se desfigura un concepto, dándole un sentido que se aparta del que le es propio, sólo se logra confundir y desconcertar. Algo así se puede extraer del artículo Razón y de fe de Manuel Vicent (1), en el que se  distorsionan estos conceptos para arremeter contra los que de alguna manera son responsables –no personifica- de las tensiones independentistas que se viven en Catalunya. Parece el articulista querer aprovechar la tesitura para pretender desprestigiar la fe en cualquiera de sus manifestaciones, dando de ésta una visión simplista, deforme e indiscriminada, asimilándola a cualquier ideología.

Se parte de un planteamiento maniqueo “el espíritu humano solo está gobernado por la fe y la razón, dos fuerzas implicadas en un combate interminable desde el principio de la historia”, que parece establecer un antagonismo irreconciliable: “razón y fe nunca se cruzan”, dice el autor más adelante.

Se alude a su origen y características: “La razón es una fuerza elaborada, muy cara de producir, sometida a constantes pruebas… En cambio la fe… es barata de fabricar y muy fácil de obtener, no necesita ser probada, no admite fisuras, es ubicua e inmutable…”. Si se refiere a la fe como una creación humana -se fabrica-, es fruto del razonamiento de quien la ha elaborado, entonces se produce una contradicción pues la razón lucharía contra uno de sus productos. Si, en cambio, es de origen sobrenatural o divino no está fabricada, es externa al individuo, un don gratuito que excede el ámbito de la razón, que aunque sea transmitido a través desde el núcleo familiar o de la cultura necesita de la aceptación interior y voluntaria de quien la ha recibido para poder madurar.

Se abordan los efectos individuales: “La fe suele ir acompañada de la emoción, una carga magnética… Se trata de una reacción psicofisiológica ante lo real o lo imaginario, que nos convierte en santos, en visionarios y en fanáticos”-no parece haber sitio para la gente corriente-. Y colectivos: “a causa de la fe se mata y se muere, se convierte uno en mártir o en verdugo, se declaran guerras de exterminio y por decreto… De esa ciega pasión nacen las xenofobias, el odio o el miedo al otro, las banderas, las patrias y las fronteras”. No tiene en cuenta el autor que detrás de muchos conflictos se encuentran intereses políticos, económicos, territoriales, ideológicos, tribales… que han acarreado grandes desastres humanitarios.

Razón y fe “están enraizadas en la vida y determinan nuestra convivencia” dice Vicent. La razón como facultad del intelecto humano nos ayuda a entender las cosas y encontrar sentido a aquello que somos y hacemos. La fe –no entendida como ideología- le da a todo ello otra dimensión que lo hace más comprensible. Quien tiene fe ni se ahorra dificultades, ni queda excusado de obligaciones, ni se le asegura el éxito profesional o económico, ni le convierte en mejor que los demás por tenerla… pero todo se contempla desde una perspectiva diferente, como comprobó Viktor Frankl en los campos de concentración nazis en que estuvo recluido y que luego expuso en El hombre en busca de sentido.

Razón y fe bien entendidas se complementan y estimulan como argüía el intelectualmente inquieto Agustín de Hipona en uno de sus más célebres sermones que dejó como titular dos frases concatenadas: “cree para entender… entiende para creer” (2). Probablemente Vicent no lo comparte y lo podía haber argumentado más sólidamente evitando confundir con su mescolanza de ideas y, de paso, ahorrarse el tono arrogante del último párrafo, aunque le enerve el comportamiento o los postulados que algunos defienden.


(2) San Agustín: Sermón 43. Ver enlace: www.augustinus.it/spagnolo/discorsi/discorso_054_testo.htm