Vacuna para una enfermedad latente
Los distintos significados que puede tener una
palabra (polisemia) nos confunden cuando no acertamos a aplicar la acepción que
corresponde a aquello que valoramos o juzgamos. Es lo que ocurre con el
orgullo, del que el diccionario de la RAE recoge cuatro acepciones (1).
En este escrito me referiré a la que lo define
como ‘exceso de estimación propia’ y tomaré como referencia un capítulo del
libro de Salvador Canals Ascética
meditada titulado ‘La ruta del orgullo’ (2) del que reproduciré algunos
fragmentos, pero os invito a leerlo completo en https://www.fluvium.org/textos/lectura/lectura92.htm,
no os llevará mucho tiempo. Pienso que os puede aportar luz sobre algunos
comportamientos que van ligados a esta tendencia que a todos nos afecta en
mayor o menor medida, aunque puede ocurrir que seamos capaces de observarla en
los demás e incapaces de detectarla en nosotros mismos; o verla sólo como un
reflejo en el sentido que apunta Unamuno: “de ordinario, lo que aborrezco en
otros aborrézcolo por sentirlo en mí mismo; y si me hiere aquella púa del
prójimo, es porque esa misma púa me está hiriendo en mi interior. Es mi
envidia, mi soberbia, mi petulancia, mi codicia, las que me hacen aborrecer la
soberbia, la envidia, la petulancia, la codicia ajenas.” (3)
Canals, sacerdote fallecido en 1975, (4)
describe el sendero que va recorriendo quien está encantado de conocerse y está
convencido de que no debe nada a nadie: “Cultivamos voluntariamente y con una
especie de interior circunspección este alto concepto de nuestro propio ser, y
no admitimos ninguna sombra, por pequeña que sea, ni referencia alguna a otras
personas y no soportamos ningún reproche o corrección. Atribuimos a nosotros
mismos –olvidándonos por completo de Dios nuestro Señor– todo lo que somos y
todo lo que valemos. Y al obrar así, excluimos a Dios y a los demás de nuestra
vida: tan sólo yo importo, dice obstinadamente el orgulloso, contemplándose complacido
y meciéndose con presunción a sí mismo.”
Uno de los primeros efectos es un retorcimiento
interior: “Si existe un camino que haga complicadas a las almas, éste es la
ruta del orgullo… es un laberinto en el que las almas se desorientan y se pierden.
El orgullo destruye la simplicidad de las almas, aquel ser y aparecer sin
pliegues –sine plicis– que es una
encantadora característica de las personas humildes. ¡Cuántos pliegues se
forman, por el contrario, en el alma contaminada por el orgullo! Este pecado
capital, en efecto, induce –cada vez más avasalladoramente– a replegarse de
continuo sobre sí mismo.”
![]() |
| Salvador Canals |
Continúa con la alergia al agradecimiento: “Del
mundo interior se pasa al mundo exterior: la ruta del orgullo continúa su
progresión implacable. Todo aquello que estas personas han construido dentro de
sí, desean ahora edificarlo a su alrededor… Su mirada y su pensamiento jamás se
levantarán, por encima de sus propias cualidades y de sus propios éxitos, hasta
Dios nuestro Señor, para darle gracias por su bondad. La mirada y el
pensamiento de estas almas se demora siempre a ras de tierra.”
Sigue con la autosuficiencia: “El horizonte del
orgulloso es terriblemente limitado: se agota en él mismo… Nunca pide consejo a
nadie y de nadie acepta nunca consejos. Se basta a sí misma. Vive aferrada al
propio juicio y a la propia voluntad hasta la tozudez, e ignora
voluntariamente, hasta el desprecio, cualquier opinión o convicción que no sea
la suya.”
Aparece luego el sentimiento de superioridad: “El
desprecio por el prójimo es… una actitud frecuente, y a menudo habitual, en las
personas que siguen esta ruta… Los demás existen sólo como término de parangón,
para que el orgulloso pueda exaltarse mientras los desprecia. Las personas que
van por este camino no soportan que haya nadie superior a ellas… Los demás no
pueden tener más función que la de exaltar a estas personas: deben estar por
debajo de ellas. Los defectos de los demás deben servir para poner en evidencia
y para subrayar sus propias virtudes. Los errores de los demás deben servir
para poner de relieve su sabiduría y destreza; y la escasa inteligencia ajena,
para hacer resplandecer su gran valía. Y aquí está la raíz de las envidias, de
los celos y ansiedades que acompañan la vida de todos aquellos que siguen la
ruta del orgullo.”
Las relaciones humanas se deterioran: “De la
envidia se pasa a la enemistad. ¡Y cuántas no son las enemistades que tienen su
origen –¡extraño origen!– en la envidia! Personas hay que se ven despreciadas,
odiadas y combatidas sólo porque son mejores o más inteligentes que sus
perseguidores. Se han hecho culpables del gran delito de ser buenas o
inteligentes, o de haber trabajado mucho. Y este delito se combate y se castiga
–en la ruta de orgullo– con la frialdad, la enemistad, el silencio y la
calumnia.”
La introspección viciada oscurece la realidad: “No perder el puesto, no ceder las armas: quien se encamina por
esta dirección suele recurrir a la ficción y a la hipocresía. Simula lo que no
es, exagera lo que posee. Todo es lícito, todo es bueno, en este maldito
camino, a condición de que uno sea el primero y el mejor ante uno mismo y en la
estimación de los demás.”
Con un lenguaje cercano, íntimo, Canals quiere
alertarnos sobre “la ruta del orgullo” para descubrir los síntomas y poner
remedio antes de que la enfermedad se cronifique: “Déjame pues, amigo mío, que
a propósito de ella, te confíe algún pensamiento y alguna reflexión, de modo
que aprendamos juntos a reconocerla desde el primer instante y a evitarla
siempre”. ¿Y todo ello por qué?: “Existe un camino que no es, ciertamente, el de
la salvación, ni el de la felicidad, y por el cual –ello no obstante– solemos
adentrarnos los hombres con gran facilidad.”
(1) 1. m. Sentimiento de satisfacción por los
logros, capacidades o méritos propios o por algo en lo que una persona se
siente concernida. Sintió un gran orgullo al recibir el premio. El triunfo del
equipo despertó el orgullo nacional.
2. m. Arrogancia, vanidad, exceso de estimación
propia, que suele conllevar sentimiento de superioridad. A veces nos ciega el
orgullo.
3. m. Amor propio, autoestima. Se sintió herido
en su orgullo.
4. m. Persona o cosa que es motivo de orgullo (‖
sentimiento de satisfacción).
Es el orgullo de sus padres.
(2) Salvador Canals: Ascética meditada.
Editorial: Ediciones Rialp. Capítulo 8
(3) Miguel de Unamuno: Sobre la soberbia.
Fuente: http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/sobre-la-soberbia-776709/html/fed8f5a5-7001-4dc5-82bd-87694fd625d2_2.html
(4) Breve semblanza de
Salvador Canals: https://es.wikipedia.org/wiki/Salvador_Canals_Navarrete
















