jueves, 29 de mayo de 2025

En torno al Sínodo (7)

Presencia activa y discernimiento

‘Ya me dirás tu lo que tengo que hacer’, le dijo en un tono displicente un veterano y destacado profesional al nuevo director de la entidad, que procedía de otro ámbito educativo y le interesaba conocer cómo funcionaba aquella empresa para poder ejercer bien su responsabilidad.

De esta actitud distante y descomprometida participan muchos cristianos que ven en la Iglesia una suministradora de celebraciones religiosas y prácticas colectivas. Un tono mediocre que dista mucho del sentido de comunidad que vivían los primeros cristianos y que de una manera u otra se ha de hacer patente en las parroquias y en todas las realidades eclesiales, sea cual sea el grado de responsabilidad que se ostente.

La sinodalidad (1) va por el camino de recordarnos esta responsabilidad compartida: «En virtud del Bautismo “el Pueblo santo de Dios participa del carácter profético de Cristo, dando testimonio vivo de Él sobre todo con una vida de fe y amor” (2). Gracias a la unción del Espíritu Santo recibida en el Bautismo (3), todos los creyentes poseen un instinto para la verdad del Evangelio, llamado sensus fidei. Consiste en una cierta connaturalidad con las realidades divinas, basada en el hecho de que en el Espíritu Santo los bautizados “son hechos partícipes de la naturaleza divina” (4). De esta participación deriva la aptitud para captar intuitivamente lo que es conforme a la verdad de la Revelación en la comunión de la Iglesia. Por eso, la Iglesia está segura de que el santo Pueblo de Dios no puede equivocarse al creer cuando la totalidad de los bautizados expresa su consenso universal en materia de fe y de moral (2)

No es algo que se haya inventado el Sínodo. Refiriéndose a los laicos dice la Lumen Gentium: «Cristo, el gran Profeta, que proclamó el reino del Padre con el testimonio de la vida y con el poder de la palabra, cumple su misión profética hasta la plena manifestación de la gloria, no sólo a través de la Jerarquía, que enseña en su nombre y con su poder, sino también por medio de los laicos, a quienes, consiguientemente, constituye en testigos y les dota del sentido de la fe y de la gracia de la palabra para que la virtud del Evangelio brille en la vida diaria, familiar y social» (2).

Y el Código de Derecho Canónico hablando de las obligaciones y derechos de todos los fieles: «Tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los Pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestar a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres, la reverencia hacia los Pastores y habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas» (5).

La Iglesia no la conducen exclusivamente sus dirigentes, sino que la voz del Espíritu se manifiesta de muchas maneras. Recordamos las palabras de Jesús dirigidas al Padre: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños» (6). La erudición, si lleva a la vanidad y la soberbia, convierte al ilustrado en analfabeto para el conocimiento íntimo de Dios. Todos, con la mirada puesta en el Señor y expresándose con humildad, pueden aportar.

Esta apertura está ordenada a un fin, como dice la cita del Código, y remarca el Documento final: «El ejercicio del sensus fidei no debe confundirse con la opinión pública. Está siempre unido al discernimiento de los pastores en los distintos niveles de la vida eclesial, como muestra la articulación de las fases del proceso sinodal. Pretende alcanzar ese consenso de los fieles (consensus fidelium) que constituye “un criterio seguro para determinar si una doctrina o práctica particular pertenece a la fe apostólica” (7) No se trata de someter la doctrina al dictado de las mayorías, ni a la opinión predominante en la sociedad. Un flaco favor sería pretender contentar a unos u otros. Lo recuerda el papa Benedicto XVI: «En el curso de los siglos, bajo distintas formas, ha existido esta tentación de asegurar la fe a través del poder, y la fe ha corrido siempre el riesgo de ser sofocada precisamente por el abrazo del poder. La lucha por la libertad de la Iglesia, la lucha para que el reino de Jesús no pueda ser identificado con ninguna estructura política, hay que librarla en todos los siglos. En efecto, la fusión entre fe y poder político siempre tiene un precio: la fe se pone al servicio del poder y debe doblegarse a sus criterios» (8).



El sensus fidei tiene otra connotación: «Además de ser el principio de la sinodalidad, es también el fundamento del ecumenismo. “El camino de la sinodalidad, que la Iglesia católica está siguiendo, es y debe ser ecuménico, así como el camino ecuménico es sinodal” (9). El ecumenismo es ante todo una cuestión de renovación espiritual. Exige procesos de arrepentimiento y de sanación de la memoria, de las heridas del pasado, hasta la valentía de la corrección fraterna en un espíritu de caridad evangélica.» Ser cristiano, ser católico, no es vivir encapsulado. Ese “id por todo el mundo a anunciar el Evangelio” no supone sólo transmitir, sino también captar, porque en esa misión también se descubren manifestaciones evangélicas en quienes no conocen a Jesús o siguen otras confesiones. El ecumenismo no busca un consenso, sino acercarse a la Verdad y restañar las heridas que han propiciado desencuentros por cuestiones puramente humanas. De esa mirada abierta y comprometida se puede aprender mucho y conviene no desperdiciarlo. Exige también reforzar el trato con el Señor para no caer en un indiferentismo que lo diluye.

(1) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale puntos 22 y, 23. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(2) Concilio Vaticano II: Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, puntos 12 y 35. Enlace: https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#

(3) 1ª carta de san Juan, capítulo 2, versículo 20: «En cuanto a vosotros, estáis ungidos por el Santo, y todos vosotros lo conocéis.» Versículo 27: «Y en cuanto a vosotros, la unción que de él habéis recibido permanece en vosotros, y no necesitáis que nadie os enseñe. Pero como su unción os enseña acerca de todas las cosas —y es verdadera y no mentirosa—, según os enseñó, permaneced en él.»

(4) Concilio Vaticano II: Constitución dogmática Dei Verbum sobre la divina revelación, número 2: «Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a Sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina. En consecuencia, por esta revelación, Dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor y mora con ellos, para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía.» Enlace: https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html

(5) Código de Derecho Canónico, artículo 212, punto 3. Extraído de https://www.vatican.va/archive/cod-iuris-canonici/esp/documents/cic_libro2_cann208-223_sp.html

(6) Evangelio según san Mateo, capítulo 11, versículo 25. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/nuevo-testamento-mateo/

(7) Comisión Teológica Internacional: El sensus fidei en la vida de la Iglesia, 2014, n. 3. Enlace:  https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/cti_documents/rc_cti_20140610_sensus-fidei_sp.html

(8) Joseph Ratzinger / Benedicto XVI: Jesús de Nazaret. Título original: Título original: Jesús von Nazareth - Von der Taufe im Jordán bis zur Verklarung (2007). Editorial: La esfera de los libros – 1ª edición (2007). Traductora: Carmen Bas Álvarez. Primera parte, capítulo 2, página 24

(9) Papa Francisco: Discurso a Su Santidad Mar Awa III, 19 de noviembre de 2022. Enlace: https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2022/november/documents/20221119-patriarca-chiesa-assira.html

jueves, 22 de mayo de 2025

En torno al Sínodo (6)

Unidad en la multiplicidad

¡Despierta! Una expresión que llama a espabilar, a salir de la monotonía, a abandonar la mediocridad, a superar adversidades, a desarrollar las propias cualidades, a hacerse valer… Hay despertares amargos, basados en la frustración y manifestados en la queja, con la mirada girada hacia uno mismo. Y despertares esperanzadores que desperezan e impulsan a desarrollar las potencialidades que cada uno alberga al servicio de los demás, que además tienen una repercusión benefactora en uno mismo sin pretenderlo.

Oí decir que el ser humano tiende a la horizontal, a irse acomodando una vez superadas las dificultades más perentorias. Lo mismo puede ocurrir en todas las realidades que conforman la Iglesia: la burocratización puede pesar más que el celo apostólico, que proviene de estar cada día más unidos a Jesús. Lo advierte el Apocalipsis a la iglesia de Éfeso: «Conozco tus obras, tu fatiga, tu perseverancia, que no puedes soportar a los malvados, y que has puesto a prueba a los que se llaman apóstoles, pero no lo son, y has descubierto que son mentirosos. Tienes perseverancia y has sufrido por mi nombre y no has desfallecido. Pero tengo contra ti que has abandonado tu amor primero. Acuérdate, pues, de dónde has caído, conviértete y haz las obras primeras» (1).

La sinodalidad es una sacudida que remueve los modos de hacer que se han ido instalando en la Iglesia y que, en algunos o muchos casos, suponen una rémora para la evangelización. La riqueza de instituciones e iniciativas que subyacen en el seno de la Iglesia es inmensa y a ello se refiere el punto 21 del Documento final (2): «El camino sinodal de la Iglesia nos ha llevado a redescubrir que la variedad de vocaciones, carismas y ministerios tiene una raíz: “todos hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo” (3). El bautismo es el fundamento de la vida cristiana, porque introduce a todos en el don más grande: ser hijos de Dios, es decir, partícipes de la relación de Jesús con el Padre en el Espíritu. No hay nada más alto que esta dignidad, concedida por igual a toda persona, que nos hace revestirnos de Cristo e injertarnos en Él como los sarmientos en la vid. En el nombre de “cristiano”, que tenemos el honor de llevar, está contenida la gracia que fundamenta nuestra vida y nos hace caminar juntos como hermanos y hermanas.»

Escribe san Pablo: «Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común» (4). Diversidad y unidad. Diversidad que permite que el anuncio del Evangelio penetre en las entrañas de la sociedad; y unidad en Jesucristo con el pegamento del Espíritu Santo: «¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa?… Cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua» (5).

Los carismas han de estar unidos al tronco común, si no se convierten en otra cosa: hojarasca más o menos aparatosa, pero infructuosa. Ya desde el inicio en la Iglesia había ‘piques’ disgregadores: «Cada cual anda diciendo: “Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Cefas, yo soy de Cristo”. ¿Está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿Fuisteis bautizados en nombre de Pablo?» (6). Pertenecer a una realidad u otra dentro de la Iglesia no nos hace mejores, ni nos da más prestigio. Se pierde mucha fuerza haciendo gala de esprit de corps (espíritu de grupo), que a veces se convierte en una verdadera amenaza para la unidad. Lo importante es lo que nos recordó el papa León XIV hablando del mayor patrimonio de la Iglesia: «La santidad de sus miembros, de ese “pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz” (7)» (8).

Quería abordar más puntos del Documento final, pero me alargaría demasiado. Sabéis que podéis consultar el texto y avanzar a vuestro ritmo en el enlace de la nota 2.

(1) Libro del Apocalipsis, capítulo 2, versículos 2 a 5. Extraído https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/apocalipsis/

(2) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale punto 21. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(3) 1ª carta de san Pablo a los Corintios, capítulo 12, versículo 13: «Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.» Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/1-corintios/

(4) 1ª carta de san Pablo a los Corintios, capítulo 12, versículos 4 a 7. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/1-corintios/

(5) Ver Hechos de los Apóstoles, capítulo 2, versículos 7 a 12. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/hechos-apostoles/

(6) 1ª carta de san Pablo a los Corintios, capítulo 1, versículos 12 y 13. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/1-corintios/

(7) 1ª carta de san Pedro, capítulo 2, versículo 9: «Vosotros, en cambio, sois un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa.» Ver https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/1-pedro/

(8) Ver Texto íntegro de la primera homilía del Papa León XIV en la Misa Pro Ecclesia. Extraído de https://www.religionenlibertad.com/vaticano/250509/texto-integro-homilia_112135.html

domingo, 11 de mayo de 2025

En torno al Sínodo (5)

Don recibido y misión a cumplir

Los cargos son cargas, responsabilidades que se asumen con voluntad de servicio, o de dominio, o un entremedio que se acerque más a uno o a otro. Jesús se lo dejó claro a los apóstoles cuando disputaban entre ellos quién era el más importante: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos» (1); uno de los títulos del Santo Padre es “siervo de los siervos de Dios”.

Lo hace de forma más extensa, respondiendo a la petición de la madre de Santiago y Juan para otorgarles un lugar privilegiado: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos» (2).

En la primera homilía tras su elección el Santo Padre León XIV cita la respuesta de Pedro a Jesús cuando pregunta a los apóstoles quién es Él para ellos: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» (3), para decirnos «Con estas palabras Pedro, interrogado por el Maestro junto con los otros discípulos sobre su fe en Él, expresa en síntesis el patrimonio que desde hace dos mil años la Iglesia, a través de la sucesión apostólica, custodia, profundiza y trasmite» (4).

¿De qué patrimonio habla? «La ciudad puesta sobre el monte (5), arca de salvación que navega a través de las mareas de la historia, faro que ilumina las noches del mundo. Y esto no tanto gracias a la magnificencia de sus estructuras y a la grandiosidad de sus construcciones —como los monumentos en los que nos encontramos—, sino por la santidad de sus miembros, de ese “pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz” (6).»

Todos los cristianos tenemos un don y una misión, como nos recuerda ese vocablo que tanto cuesta asimilar: “sinodalidad” (caminar juntos). El don lo recibimos del bautismo: «Del Bautismo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo brota la identidad del Pueblo de Dios. Se realiza como llamada a la santidad y envío en misión para invitar a todos los pueblos a acoger el don de la salvación (8). Es, pues, del Bautismo, en el que Cristo nos reviste de Sí mismo (9) y nos hace renacer por el Espíritu (10) como hijos de Dios, de donde nace la Iglesia sinodal misionera. Toda la vida cristiana tiene su fuente y su horizonte en el misterio de la Trinidad, que suscita en nosotros el dinamismo de la fe, de la esperanza y de la caridad.»

Formar parte de un pueblo se aleja de la consideración del seguimiento de Jesús como un asunto estrictamente personal: «“Quiso Dios santificar y salvar a los hombres no individualmente, como excluyendo su mutua conexión, sino hacer de ellos un pueblo para que le conociera de verdad y le sirviera con una vida santa” (11). El proceso sinodal nos ha hecho experimentar el “sabor espiritual” (12) de ser Pueblo de Dios, reunido de todas las tribus, lenguas, pueblos y naciones, viviendo en contextos y culturas diferentes. Ese Pueblo, no es nunca la mera suma de los bautizados, sino el sujeto comunitario e histórico de la sinodalidad y de la misión, todavía peregrino en el tiempo y ya en comunión con la Iglesia del cielo.»


La misión compete a todos, pero es diversa; atañe del último bautizado hasta el Santo Padre. Un bebé supone para muchos padres un impulso para que reciba las aguas bautismales y, de esta manera, quizá desempolven el recuerdo de los fundamentos de la fe que tenían marginados, aunque este paso esté precedido de una costumbre familiar o social. Una vida como la del sabadellense Xavi Argemí, con una enfermedad neuronal degenerativa desde los 3 años hasta los 29 en que falleció, ha llenado de luz a muchos, como percibí al ver salir a los asistentes a su funeral y en un artículo que leí posteriormente; su misión estaba unida a sobrellevar con buen ánimo la cruz de una enfermedad inhabilitante.

¿Y el Santo Padre?: «Ustedes me han llamado a cargar esa cruz y a ser bendecido con esa misión. Y sé que puedo contar con todos y cada uno de ustedes para caminar conmigo, mientras continuamos, como Iglesia, como comunidad de amigos de Jesús, como creyentes, anunciando la Buena Nueva y proclamando el Evangelio», les dijo León XIV a los cardenales. Y más adelante: «Dios, de forma particular, al llamarme a través del voto de ustedes a suceder al primero de los Apóstoles, me confía este tesoro a mí, para que, con su ayuda, sea su fiel administrador (13) en favor de todo el Cuerpo místico de la Iglesia»; no es el dueño, sino el servidor de esta inmensa comunidad que es la Iglesia para que cumpla con su cometido. «En virtud del ministerio petrino, el Obispo de Roma es “principio y fundamento perpetuo y visible” (11) de la unidad de la Iglesia», anota el Documento final.

Además de leer el epígrafe del Documento final tratado (nota 7), vale la pena que dediquéis unos minutos a leer la homilía de León XIV (nota 4) en los enlaces que os indico.

(1) Evangelio según san Marcos, capítulo 9, versículo 35. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/marcos/

(2) Evangelio según san Mateo, capítulo 20, versículos 25-28. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/nuevo-testamento-mateo/

(3) Evangelio según san Mateo, capítulo 16, versículo 16

(4) Texto íntegro de la primera homilía del Papa León XIV en la Misa Pro Ecclesia. Extraído de https://www.religionenlibertad.com/vaticano/250509/texto-integro-homilia_112135.html

(5) Libro del Apocalipsis capítulo 21, versículo 10: «Y me llevó en espíritu a un monte grande y elevado, y me mostró la ciudad santa de Jerusalén que descendía del cielo, de parte de Dios». Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/apocalipsis/

(6) 1ª carta de san Pedro, capítulo 2, versículo 9. Ver https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/1-pedro/

(7) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale. Parte I: El corazón de la sinodalidad. Epígrafe: La Iglesia Pueblo de Dios, sacramento de unidad; puntos 15 a 20. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(8) Evangelio según san Mateo, capítulo 28, versículos 18-19: «Acercándose a ellos, Jesús les dijo: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”». Extraído de Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/nuevo-testamento-mateo/

(9) Carta de san Pablo a los Gálatas, capítulo 3, versículo 27: «Cuantos habéis sido bautizados en Cristo, os habéis revestido de Cristo.» Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/galatas/

(10) Evangelio según san Juan, capítulo 3, versículos 5-6: «Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu.» Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/juan/

(11) Concilio Vaticano II: Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, puntos 9 y 23. Enlace: https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#

(12) Exhortación apostólica Evangelii Gaudium del Santo Padre Francisco, punto 268: «Para ser evangelizadores de alma también hace falta desarrollar el gusto espiritual de estar cerca de la vida de la gente, hasta el punto de descubrir que eso es fuente de un gozo superior.» Enlace: https://www.vatican.va/content/dam/francesco/pdf/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium_sp.pdf

(13) 1ª carta de san Pablo a los Corintios, capítulo 4, versículos 1 y 2: «Que la gente solo vea en nosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora, lo que se busca en los administradores es que sean fieles.» Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/1-corintios/

jueves, 1 de mayo de 2025

En torno al Sínodo (4)

Punto y seguido

Tras la pausa por la Semana Santa, reprendíamos la reflexión sobre el Documento final del Sínodo. Ese día estaba el Santo Padre Francisco de cuerpo presente en la basílica de San Pedro del Vaticano. Abordábamos el primer epígrafe de la primera parte (1) y no avanzamos mucho porque la aclaración sobre el concepto ‘Reino de Dios’, referido en los evangelios i que invocamos al rezar el Padrenuestro -‘Venga a nosotros tu Reino’-, frenó el avance. ¿Dónde podemos ver reflejado este Reino?

Escudo de Mons. Mario Iceta
El prefacio de la Misa de la fiesta de Cristo Rey declara que Jesús entrega a su Padre: «un reino eterno y universal: el reino de la verdad y de la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz» (2). En un mensaje con motivo de esta fiesta el arzobispo de Burgos escribe: «El Reino de Cristo es eterno y universal, abraza la justicia, el amor, la santidad y la paz en el servicio por encima de cualquier barrera, y es para siempre y para todos los que deseen ser parte de su Cuerpo y de su Sangre. Y como verdadero Rey del universo, lo gobierna y renueva todo, para poder entregar al final la Creación al Padre, como Reino de santidad y justicia, “para que Dios sea todo en todos” (3)» (4).

El Papa Francisco en la alocución durante el Ángelus de esta solemnidad eclesial el año 2015: «En este último domingo del año litúrgico, celebramos la solemnidad de Cristo Rey. Y el Evangelio de hoy nos hace contemplar a Jesús mientras se presenta ante Pilatos como rey de un reino que "no es de este mundo" (5). Esto no significa que Cristo sea rey de otro mundo, sino que es rey de otro modo, y sin embargo es rey en este mundo. Se trata de una contraposición entre dos lógicas. La lógica mundana se apoya en la ambición, la competición, combate con las armas del miedo, del chantaje y de la manipulación de las conciencias. La lógica del Evangelio, es decir la lógica de Jesús, en cambio se expresa en la humildad y la gratuidad, se afirma silenciosa pero eficazmente con la fuerza de la verdad. Los reinos de este mundo a veces se construyen en la arrogancia, rivalidad, opresión; el reino de Cristo es un “reino de justicia, de amor y de paz”» (6).

Por último, el Documento, apoyándose en la Lumen Gentium (7), indica: «

La Iglesia, que es “el Reino de Cristo presente actualmente en misterio” y “de este Reino constituye en la tierra la semilla y el principio”, camina, por tanto, junto con toda la humanidad, comprometiéndose con todas sus fuerzas por la dignidad humana, el bien común, la justicia y la paz, y “anhela el Reino perfecto”, cuando Dios será “todo en todos” (3)

Confío en que estas referencias ayuden a situarnos, aunque no lleguemos a entenderlo plenamente por la contaminación que producen en nosotros las realidades terrenales en las que estamos inmersos. Pero sí podemos percibir manifestaciones de lo supone este Reino en la tarea que realizan nuestros semejantes, tanto a nivel personal como colectivo.

Dejo para un próximo escrito otros aspectos tratados en el epígrafe mencionado. Antes de acabar, sin embargo, quiero hacer mención a la situación de sede vacante en la que se encuentra la Iglesia en este momento. Al próximo Papa, quien sea, le corresponderá continuar con el legado del Papa Francisco y sus antecesores. Será un punto y seguido en la historia de la Iglesia, que continuará su andadura con el acento propio, personal y pastoral, que impregne el nuevo pontífice.

Como reclamaba constantemente el Papa Francisco para sí, hemos de rezar por él para que se deje guiar por el impulso del Espíritu Santo al realizar su labor. De nada sirve, mas bien suele ser contraproducente, hacer cábalas o especulaciones sobre quien tiene que ser o cuál debe ser el perfil adecuado. Si nos lo planteamos, pensemos en la elección de Jesús. ¿Nos hubiera parecido Pedro el perfil más idóneo para pastorear la Iglesia naciente? ¿Se lo hubiéramos reprochado a Jesús si no fuera así? Con Pedro y sus sucesores a la cabeza, la Iglesia espoleada por el Espíritu Santo ha continuado su misión desde entonces salvando innumerables obstáculos externos e internos.

(1) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale. Parte I: El corazón de la sinodalidad. Epígrafe: La Iglesia Pueblo de Dios, sacramento de unidad; puntos 15 a 20. La cita es del número 20. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(2) Extraído de https://textosparalaliturgia.blogspot.com/2014/09/misal-romano-jesucristo-rey-del-universo.html

(3) 1ª Carta de san Pablo a los Corintios, capítulo 18, versículo 28

(4) Mensaje del arzobispo de Burgos, don Mario Iceta Gavicagogeascoa, para el domingo 26 de noviembre de 2023. Extraído de https://www.archiburgos.es/2023/11/26/el-reino-de-la-justicia-el-amor-y-la-paz/

(5) Evangelio según san Juan, capítulo 18, versículo 36

(6) Papa Francisco: Ángelus. Plaza de San Pedro, Solemnidad de Cristo Rey, Domingo 22 de noviembre de 2015. Extraído de https://www.vatican.va/content/francesco/es/angelus/2015/documents/papa-francesco_angelus_20151122.html

(7) Concilio Vaticano II: Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, puntos 3 y 5. Enlace: https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#