sábado, 22 de abril de 2017

Empapándose de lo que pasa

Puntos de inflexión vitales

Albert Espinosa
En nuestro itinerario vital los hechos pasan, pero van dejando su rastro en nuestro interior, nos van conformando. Para conocer bien a una persona necesitaríamos conocer toda su historia, lo que ha vivido y cómo lo ha vivido, una tarea que nunca se llega a aprehender en su totalidad y que denota la riqueza que cada ser humano alberga.

Albert Espinosa fue entrevistado hace unas por Cristina López Schlichting con motivo de la promoción de su último libro, Lo que te diré cuando te vuelva a ver. La primera impresión que tuve fue estar oyendo a alguien que tiene los sentidos bien abiertos para captar las señales que van apareciendo a su alrededor, para descubrir y absorber lo que la vida le ofrece en cada momento; una actitud reflejada en múltiples actividades y la vitalidad que transmite, que probablemente esta influida, ente otras muchas cosas, por el cáncer que padeció en la preadolescencia.

Reproduzco algunos fragmentos de la entrevista que plasman su actitud ante la vida:

Yo no soy alguien que escribirá muchos libros, sólo escribiré once…
Once, ¿por qué?, interviene la entrevistadora
Cuando estuve en el hospital con catorce años, conocí a un hombre muy sabio que me dijo ‘tienes que retirarte a los cincuenta y dos años', porque esta es la época ideal para dedicarte a reencontrarte otra vez… La gente no lo sabe pero cada siete años realmente se acaba una época de tu vida. Si coges tu vida ahora y buscas y tiras para atrás siete años encontrarás un hecho bueno o malo que ha hecho que te transformes y creo que estos hechos, estas transformaciones pueden llegar hasta los cincuenta y dos años, luego es el momento en el que tienes que hacer la última gran transformación, convertirte en algo totalmente diferente, volar hacia otro camino. Yo creo que realmente cuando acabe los libros habré llevado siete años sólo escribiendo libros… Y creo que es el momento para dejarlo y dedicarme a esa pasión que aún no conozco pero que aparecerá.
Una pasión como qué...
Yo creo que es una pasión emocional que trata de comunicarse mucho con la gente…Cuando voy en un avión lo primero que hago es a los seis de mi fila los saludo y me presento...
Éste es de traca, porque vive así, vive como empapándose de lo que pasa
Yo creo que al final es una cuestión de demostrar que te interesa el prójimo. A mí el prójimo me interesa. Yo siempre digo que somos mamíferos sociales y lo hemos olvidado. Nadie es feliz solo en su casa aunque tenga riquezas y se lo pase muy bien, necesita comunicarse, necesita querer y necesita que te quieran.

Del espíritu mostrado en estas declaraciones se nutre su obra Si tú me dices ven lo dejo todo, pero dime ven, (1) una de sus exitosas novelas, una historia donde pasado y presente se congenian a través de las huellas que dejaron en el protagonista dos personajes singulares que encontró inesperadamente en su camino; una narración sencilla con párrafos cortos que va dejando en su relato muchas perlas reflexivas. Se podría decir que Espinosa escribe como habla.

Leí el libro tras escuchar la entrevista, que también me animó a leer otro, De profundis de Oscar Wilde (2); un libro al que se refiere en varias ocasiones y del que dice que no pasa un año que lo vuelve a leer, afirmando que cada vez lo entiende mejor y que “cura dolores”. Considera que “los buenos libros son los que puedes releer…” algo que “tiene que ver con que los libros tengan algo que te conecten con la emoción”, una cualidad que también atribuye a su última obra, que relee cada veinte días.



(1) Albert Espinosa: Si tú me dices ven lo dejo todo… pero dime ven (2010) – Grijalbo- 1ª edición 2011 – 201 páginas
(2) Oscar Wilde: De profundis. Quaderns crema. Biblioteca mínima, número 46. 1ª reimpressió 2002. Traducció Jordi Larios. 174 pàgines.

jueves, 13 de abril de 2017

Una vinculación muy estrecha

La interrelación entre familia y fe

Los meteorólogos a veces me desconciertan cuando se refieren a datos históricos sobre el clima. Uno tiene la sensación de no haber pasado nunca tanta calor y entonces te recuerdan que el año tal o cual –no muy lejano- fue aún más caluroso. En fin, datos y sensaciones no acostumbran a coincidir, como en tantas ocasiones falta concordancia entre la objetividad y la subjetividad. Algo parecido ocurre con los estudios sociológicos; pensamos que los seres humanos somos hoy muy distintos de los de otras épocas y descubrimos que, despojados de los factores externos, nos mueven impulsos muy parecidos a los de nuestros antepasados.

Mary Eberstadt hace un estudio sociológico sobre el palpable declive de la práctica religiosa en Occidente en su libro Cómo el mundo occidental perdió realmente a Dios. Se centra en el cristianismo, como religión predominante en este ámbito, y el argumento gira en torno a la estrecha vinculación que existe entre familia y práctica religiosa. Como dice la autora: “la historia occidental indica que el declive de la familia no es simplemente una consecuencia del declive religioso, como ha entendido el pensamiento convencional”, sino que “el declive de la familia, a su vez, contribuye a impulsar el declive religioso”.

Pone en cuestión las explicaciones convencionales acerca de la secularización y ofrece una teoría alternativa para mostrar cómo se interrelaciona la fe con la familia natural, lo que en muchos ámbitos se insiste en llamar ‘familia tradicional’. Una relación que asimila a la doble hélice característica de la estructura del ADN.

Del instructivo analisis que hace la autora, me detengo en dos aspectos a los que hace mención, aunque lo exprese de manera diferente que en el texto. Una de ellas es que la relajación doctrinal -impulsada desde algunos ámbitos de las distintas confesiones cristianas-, no sólo no logra frenar la desafección sino que -a la larga- la acentúa. Por otro lado, a los ambientes más secularizados no suele bastarles con la indiferencia ante el hecho religioso, sino que tienden a actuar con beligerancia contra él, entendiendo que es una presencia perturbadora para sus tesis. Una contienda en la que la comunidad familiar ‘tradicional’ no queda al margen, pretendiendo presentarla como un residuo del pasado que frena el avance de la humanidad, un factor anacrónico que la sociedad debe superar.

En la conclusión la autora se pregunta: “¿Qué importa que la doble hélice de fe y familia fuese real… que la salud el Cristianismo dependa de la salud de la familia?”, para continuar: “importa, porque a toda la sociedad le afecta que los creyentes hagan lo que hacen según datos que nos llegan… de la sociología laica”. A continuación describe algunos de los beneficios que se derivan del comportamiento de los creyentes comprometidos.

Con un lenguaje claro y asequible se expone un estudio profundo, racional y desapasionado; donde se pueden encontrar algunas de las claves que ayudan a entender lo que ocurre a nuestro alrededor desde una perspectiva alejada del guión predominante. Ahí radica su atractivo.

sábado, 8 de abril de 2017

La belleza de la escritura

Adornos en el relato

Al comentar La revolución oculta le achacaba una adjetivación excesiva y abundantes desviaciones del relato hacia vericuetos que no contribuyen a hacer más comprensible la exposición, sino que más bien despistan. El estilo narrativo estropeaba, en mi opinión, un arduo trabajo de investigación y análisis con valiosas aportaciones.

Susanna Tamaro
Como me ocurre en tantas ocasiones, no sé si supe expresarme adecuadamente; así que, cuando buscaba en mi base de datos información para orientar la redacción de otro escrito que se me había atascado –no sabía cómo dar forma a lo quería decir- y me topé con unos fragmentos del libro Querida Mathilda de Susanna Tamaro, que aludían a aquello que estimaba que entorpecía la lectura del texto de López Quintás, pensé que valía la pena reproducirlos, no sólo para complementar lo que había publicado, sino como referencia a tener en cuenta cada vez que escriba.

"La mayor parte de las veces, aquello que se ha de relatar está muy cerca de nosotros, y, para ser relatado, requiere una gran simplicidadlas sucesiones casi interminables de adjetivos no se prestan a la precisión ni a la eficacia de un relatoson verdaderamente diablillos porque tientan nuestra parte más frágil, la del orgullo y de la vanagloria. Musitan junto a nuestro oído: «Mira qué hermoso soy, mira qué difícil soy, qué elaborado; al leerme todos quedarán boquiabiertos, no podrán dejar de elogiar tu maestría, y tu originalidad!»

Verdaderamente es difícil resistirse al canto de esa sirena, incluso porque, con frecuencia, los adjetivos corren desde nuestro pensamiento a la pluma como el agua de un río desbordado. Son fáciles, bellos, a menudo incluso originales. ¿Por qué negarnos a ellos?

En realidad, cuando uno escribe no debe correr nunca detrás de la belleza, porque la belleza que ofrecen las palabras rebuscadas y altisonantes es una belleza totalmente exterior, superficial, un ropaje suntuoso y reluciente bajo el cual, la mayor parte de las veces, se oculta la nada.

La belleza que se ha de perseguir en la escritura, en cambio, es toda interior: es la belleza de la búsqueda, la belleza de la verdad, la belleza de la alegría, la intensidad del dolor. Escribir es un camino para conocerse, para conocer y para ofrecerse a través del conocimiento. No se escribe, no se debería escribir para buscar la aprobación y los elogios de los demás, sino para dar a ver algo que los demás no ven."


Libro leído: Susanna Tamaro: Querida Mathilda, no veo el momento en que el hombre eche a andar. (Cara Mathilda - Non vedo l'ora che l'uomo cammini 1997) – Editor: Seix Barral 1998 – Traductor: Atilio Pentimalli Melacrino. 188 páginas. Lo fragmentos seleccionados pertenecen a los capítulos “12 de febrero. La importancia de mantener un diario íntimo” y “19 de febrero. Escribir es un camino para conocerse”.

jueves, 6 de abril de 2017

Relato desbordado

Análisis profundo, exposición desmesurada

En ocasiones oigo el ‘dulce’ reproche que me hacen mis hijas al dar respuesta a una de sus preguntas: ¡no te enrolles! ¿Desacierto en el enfoque, la dicción o la concreción por mi parte; o impaciencia por la suya? Más de lo primero.

Escribe Alfonso López Quintás en La revolución oculta (1): “El que tiene la soberanía espiritual para poner límites a su poder expresivo actúa con un criterio de selección. Prefiere expresar sólo lo justo a desbordarse sin límite y correr riesgo de decir inconveniencias. Concede primacía a la calidad sobre la cantidad. Saber seleccionar es condición básica de todo buen estilo. Los romanos vincularon certeramente la selectividad con la elegancia. El que sabe escoger es el hombre «elegans», el elegante.” La forma de expresarse en este párrafo no es precisamente sucinta, como también ocurre en el resto del libro: tono retórico, exceso de adjetivación, vocabulario rebuscado y desvío frecuente por las ramas.* José María Sánchez Galera escribe en Aceprensa el siguiente comentario: ‘Al libro quizás le sobran páginas; el autor repite las ideas básicas, sin aportar nuevos ejemplos y referencias que hagan más sólida su tesis.’ (2)

López Quintás realiza un profundo y detallado análisis de la manipulación en todas sus vertientes y sus conclusiones son una valiosa aportación para ayudar a prevenir, detectar y evitar en lo posible ser víctimas de los que la practican. El punto flaco, en mi opinión, es la obsesiva tendencia a detener el relato para glosar innecesariamente algunos conceptos, con efecto más bien dispersador de la atención que clarificador. ¿Alarde de erudición, incontinencia expresiva u obsesión puntualizadora? El hecho es que el texto se torna farragoso y merma su atractivo; aun y así una vez filtrado puede ser de gran utilidad, pues su fundamento es plenamente vigente pese a los casi veinte años transcurridos desde su publicación.
Alfonso López Quintás

*A modo de ejemplo para ilustrar las andaduras por las ramas que abundan en el texto transcribo un fragmento contenido en el epígrafe Esquemas mentales susceptibles de abuso estratégico. Necesidad de pensar con rigor y exactitud del capítulo El lenguaje, fuente de recursos manipuladores.
Al desarrollarlo el escritor se detiene en hacer una glosa sobre la intimidad:
…la intimidad no se tiene. La intimidad es una forma de interrelación que debe estarse creando en todo momento. Ser amigos íntimos indica que tú y yo, sin dejar de ser lo que somos, sin diluir nuestros límites personales, sin fusionarnos el uno en el otro, sin perder nuestra identidad personal, hemos instaurado un campo de juego común, en el cual la distinción entre el dentro y el fuera, lo interior y lo exterior, lo exclusivamente mío y lo cerradamente tuyo queda felizmente superada. Al participar en un campo de juego, se funda un modo peculiar de cercanía, de entreveramiento de ámbitos personales, de intereses, anhelos, ideales y proyectos. Nadie sale de sí, nadie se enajena o aliena, nadie se despoja de sus condiciones personales. Todos entramos en un proceso de interacción generosa, de enriquecimiento mutuo que nos confiere una dimensión comunitaria y nos plenifica.

(1) Alfonso López Quintás: La revolución oculta. Manipulación del lenguaje y subversión de valores. PPC editorial. 1ª edición 1998. 358 páginas
(2) http://www.aceprensa.com/articles/la-revoluci-n-oculta/

sábado, 1 de abril de 2017

Morcillas y gags escénicos

Recursos arriesgados

Cada representación teatral de una misma obra es un producto diferente. La historia es la misma pero la forma en que se desarrolla sufre variaciones, porque los actores no son robots que actúan mecánicamente sobre el escenario. A veces son diferencias apenas perceptibles por el espectador, otras son más ostensibles, como ocurría con La extraña pareja interpretada por Paco Morán y Joan Pera, que representaron durante ocho años (1) -cinco de ellos consecutivos en el Teatro Borrás de Barcelona-. Bastantes espectadores repitieron, ¿qué había de especial? En el obituario de Morán, Joan Foguet apunta algunas claves: “cambiaban de texto pero seguían siendo la extraña pareja, donde las famosas morcillas * de Morán provocaban las carcajadas del respetable, que muchas veces repetía” (2). De modo parecido se expresaba la revista Fotogramas: “lo que hacía Paco Morán era improvisar y meter texto fuera del guión con una habilidad y un talento sensacionales” (3). Pero el recurso de Moran, que él definía como “colaboraciones con el autor”, sólo es posible utilizarlo con éxito si viene acompañado del acertado concurso de quien ha de darle la réplica, que corre el riesgo de descentrarse; compenetración y empatía profesional entre los actores y flexibilidad en el director.

Las películas son un producto estático de una representación, pero el hilo argumental puede verse interrumpido por efectos sorpresa que interfieren en la historia. El relato pasa a tener un papel decorativo cuando el protagonismo se centra en la reiteración de estos efectos, como ocurre en Una noche en la ópera (3) –la única película de los hermanos Marx que he visto completa-, una colección de gags ** insertados en un guión inconsistente aderezado con diálogos absurdos y algunos interludios musicales. Sólo parece tener importancia el papel de los actores ‘marxianos’, que dejan como poso algunos fragmentos cómicos como el de la famosa escena del camarote, abundantemente mencionada desde entonces para aludir a las aglomeraciones.

Morcillas y gags son recursos que pueden complementar un argumento, aligerar el tono de un guión, pero si se convierten en protagonistas, la historia corre el riesgo de irse al garete ***.

(4) Una noche en la ópera (A Night at the Opera), estrenada el año 1935, dirigida por Sam Wood

* morcilla
3. f. coloq. En un espectáculo, palabra o frase improvisadas que añade un actor.
** gag
Del ingl. gag.

1. m. Efecto cómico rápido e inesperado en un filme o, por ext., en otro tipo de espectáculo.

*** irse algo al garete
1. loc. verb. coloq. Fracasar o malograrse.