domingo, 29 de junio de 2025

En torno al Sínodo (11)

 La mediocridad no compensa

«Tres cosas hay en la vida / Salud, dinero y amor / Y el que tenga esas tres cosas / Que le dé gracias a Dios», cantaban Cristina y los Stop en la década de los sesenta (1), donde aparecen reflejadas las aspiraciones de una cantidad ingente de seres humanos. ¿Ha de extrañar que la enfermedad o la discapacidad fueran vistas como una maldición y motivo de aislamiento social en la época de Jesús o que en algún credo protestante se considere el éxito social o profesional como un signo de predilección: una especie de predestinación a la bienaventuranza eterna?

Sin embargo, san Pablo parece actuar como aguafiestas: «Los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados —judíos o griegos—, un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios» (2). Antes Jesús había dicho: «Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío» (3). La cruz como adorno o para ser contemplada suele tener un pase, la toleramos, pero cargar con ella ya es otra cosa, cuesta de aceptar y tendemos a rebelarnos: ¿por qué a mí?

En el Documento final del Sínodo (4) se expresa un lamento: «Surgió la aspiración de ampliar las posibilidades de participación y ejercicio de la corresponsabilidad diferenciada de todos los bautizados, hombres y mujeres. En este sentido, sin embargo, se expresó la tristeza por la falta de participación de tantos miembros del Pueblo de Dios en este camino de renovación eclesial y el cansancio generalizado para experimentar plenamente una sana relacionalidad entre hombres y mujeres, entre generaciones y entre personas y grupos de diferentes identidades culturales y condiciones sociales, especialmente los pobres y excluidos.» El Sínodo es una llamada a todos los católicos a participar, pero la mayoría o no se ha enterado, o ha pensado que no iba con ellos, o se ha considerado incompetente. ¡Qué pena! Todavía están a tiempo, sin embargo, para instar a que la sinodalidad se aplique en la comunidad eclesial que frecuentan. Puede ocurrir que los anhelos expresados en la canción sean un freno porque antes de dar un paso adelante se esté pensando en la retribución que se va a obtener en esos términos.

Hoy es la fiesta de san Pedro y san Pablo. Durante la homilía se nos ha recordado que representan las dos almas inseparables que perviven en la Iglesia: la institucional representada por Pedro y la carismática representada por Pablo; la solidez doctrinal y la fuerza expansiva de la misión, ambas alentadas por el Espíritu Santo; la que confirma en la fe y la que difunde el Evangelio a toda criatura. Un cuerpo vivo en el cada uno de sus miembros está llamado a sumar, según se lo dé a entender el Señor, cuyo trato ha de hacerse presente en nuestro día a día.

En el epígrafe ‘Unidad como armonía’ el Documento final hace referencia a las diferentes realidades a las que se dirige el Sínodo, que expongo en forma de titulares: «El proceso sinodal ha mostrado que el Espíritu Santo suscita constantemente una gran variedad de carismas y ministerios en el Pueblo de Dios… Surgió la aspiración de ampliar las posibilidades de participación y ejercicio de la corresponsabilidad diferenciada de todos los bautizados, hombres y mujeresHa puesto de relieve el patrimonio espiritual de las Iglesias locales, en las cuales y a partir de las cuales existe la Iglesia católica, y la necesidad de articular sus experiencias… La renovación sinodal favorece la valoración de los contextos como el lugar donde se hace presente y se realiza la llamada universal de Dios a formar parte de su Pueblo… La valoración de los contextos, culturas y diversidades, y de las relaciones entre ellos, es clave para crecer como Iglesia sinodal misionera y caminar, bajo el impulso del Espíritu Santo, hacia la unidad visible de los cristianos… El diálogo, el encuentro y el intercambio de dones propios de una Iglesia sinodal están llamados a abrirse a las relaciones con otras tradiciones religiosas… La pluralidad de religiones y culturas, la variedad de tradiciones espirituales y teológicas, la variedad de los dones del Espíritu y de las tareas de la comunidad, así como la diversidad de edad, sexo y pertenencia social dentro de la Iglesia, son una invitación a que cada uno reconozca y asuma su propia parcialidad, renunciando a la pretensión de ser el centro y abriéndose a acoger otras perspectivas

Termino haciendo mención a dos aspectos cruciales para que la diversidad y la unidad confluyan: «La Iglesia entera ha sido siempre una pluralidad de pueblos y lenguas, de Iglesias con sus ritos, disciplinas y patrimonios teológicos y espirituales particulares, de vocaciones, carismas y ministerios al servicio del bien común. La unidad de esta diversidad es realizada por Cristo, piedra angular, y el Espíritu, maestro de armonía. Esta unidad en la diversidad está designada precisamente por la catolicidad de la Iglesia.» Destaca además el papel del Santo Padre: «El ministerio del Sucesor de Pedro “garantiza las diferencias legítimas y simultáneamente vela para que las divergencias sirvan a la unidad en vez de dañarla” (5)

(1) Cristina y los Stop: Tres cosas hay en la vida. Enlace: https://www.youtube.com/watch?v=vB3jQ-j4yus

(2) 1ª carta de san Pablo a los Corintios, capítulo 1, versículos 22-24. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/1-corintios/

(3) Evangelio según san Lucas, capítulo 14, versículo 27. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/lucas/

(4) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale puntos tratados 36 a 42. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(5) Ver Concilio Vaticano II: Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, número 13: «Dentro de la comunión eclesiástica, existen legítimamente Iglesias particulares, que gozan de tradiciones propias, permaneciendo inmutable el primado de la cátedra de Pedro, que preside la asamblea universal de la caridad, protege las diferencias legítimas y simultáneamente vela para que las divergencias sirvan a la unidad en vez de dañarla. Enlace: https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html

viernes, 27 de junio de 2025

Publicidad engañosa

Un eslogan comprometedor

El Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes lleva a cabo una campaña publicitaria encaminada a facilitar el acceso a diferentes empleos públicos relacionados con la Administración de Justicia a través de la concesión de becas, ‘Becas seré’, para que la escasez de recursos económicos no suponga una barrera de entrada en la preparación para el acceso a estos empleos.

El eslogan utilizado, sin embargo, se presta a engaño: “Lo que quieras ser, serás: jueza, fiscal, abogada del Estado o letrado de la Administración de Justicia”, porque da a entender que basta con estar vivo y expresar un deseo, cuando habrá unos requisitos que se tendrán que cumplir, una dotación de recursos limitada para las becas, un número determinado de plazas a cubrir en cada uno de los empleos indicados; además de una preparación previa y una evaluación de idoneidad para incorporarse a dichas tareas.

Se puede pensar que se sobreentiende que no basta con la voluntad que exprese el solicitante para acceder a estos empleos, pero si hacemos caso al mensaje del eslogan, aquel a quien no se le permita el acceso podrá reclamar que se le ha conculcado un derecho o, por contra, ha sido engañado.



sábado, 21 de junio de 2025

En torno al Sínodo (10)

Medio de autoconocimiento

En tono solemne se expresa una cuña publicitaria: “Óscar Wilde dijo: Sé tu mismo, los demás puestos están ocupados”. El camino para ‘ser uno mismo’ pasa por la sentencia grabada en el pórtico del templo de Apolo en Delfos: “Conócete a ti mismo”. ¿Cómo se llega ahí? ¿Con la introspección? ¿Realizando tests? ¿Psicoanalizándonos?

Aristóteles nos propone salir del estrecho ámbito de nuestro yo: «Así, pues, del mismo modo que cuando queremos contemplar nuestro propio rostro lo miramos dirigiendo la vista al espejo, así también cuando queramos conocernos a nosotros mismos nos reconoceremos mirando al amigo. Pues el amigo es, como decimos, otro yo. Por tanto, si es grato el conocerse a sí mismo y no es posible hacerlo sin otro amigo, el hombre autosuficiente necesitará de la amistad para conocerse a sí mismo. […] si tales cosas son buenas, agradables y necesarias y no es posible que sucedan sin amistad, el autosuficiente tendrá necesidad de la amistad» (1).

El Documento final del Sínodo inicia el epígrafe ‘Unidad como armonía’ (2) con un fragmento de Caritas in Veritate, la encíclica del papa Benedicto XVI: «La criatura humana, en cuanto de naturaleza espiritual, se realiza en las relaciones interpersonales. Cuanto más las vive de manera auténtica, tanto más madura también en la propia identidad personal. El hombre se valoriza no aislándose sino poniéndose en relación con los otros y con Dios. Por tanto, la importancia de dichas relaciones es fundamental» (3).

En este sentido: «Una Iglesia sinodal se caracteriza por ser un espacio donde las relaciones pueden prosperar, gracias al amor mutuo que constituye el mandamiento nuevo dejado por Jesús a sus discípulos (4). Dentro de culturas y sociedades cada vez más individualistas, la Iglesia, “pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (5), puede dar testimonio de la fuerza de las relaciones fundadas en la Trinidad. Las diferencias de vocación, edad, sexo, profesión, condición y pertenencia social, presentes en toda comunidad cristiana, ofrecen a cada persona ese encuentro con la alteridad indispensable para la maduración personal.»

Ser cristiano no es una cuestión personal, como ya nos recordaba san Cipriano en el siglo III de nuestra era, en un tratado sobre el Padrenuestro: «Ante todo, el Doctor de la paz y Maestro de la unidad no quiso que hiciéramos una oración individual y privada, de modo que cada cual rogara sólo por sí mismo. No decimos: "Padre mío, que estás en los cielos", ni: "El pan mío dámelo hoy", ni pedimos el perdón de las ofensas sólo para cada uno de nosotros, ni pedimos para cada uno en particular que no caigamos en la tentación y que nos libre del mal. Nuestra oración es pública y común, y cuando oramos lo hacemos no por uno solo, sino por todo el pueblo, ya que todo el pueblo somos como uno solo.

El Dios de la paz y el Maestro de la concordia, que nos enseñó la unidad, quiso que orásemos cada uno por todos, del mismo modo que él incluyó a todos los hombres en su persona» (6).

Nos apetezca o no, vivimos en comunidad, la experiencia de Robinson Crusoe es un accidente, no una vocación. La primera experiencia de ello la encontramos en el ámbito familiar: «Es ante todo en el seno de la familia, que con el Concilio podría llamarse “Iglesia doméstica” (7), donde se experimenta la riqueza de las relaciones entre personas unidas en su diversidad de carácter, sexo, edad y función. Por eso las familias son un lugar privilegiado para aprender y experimentar las prácticas esenciales de una Iglesia sinodal. A pesar de las fracturas y el sufrimiento que experimentan las familias, siguen siendo lugares donde aprendemos a intercambiar el don del amor, la confianza, el perdón, la reconciliación y la comprensión. Es en la familia donde aprendemos que tenemos la misma dignidad, que hemos sido creados para la reciprocidad, que necesitamos ser escuchados y somos capaces de escuchar, de discernir y decidir juntos, de aceptar y ejercer una autoridad animada por la caridad, de ser corresponsables y rendir cuentas de nuestras acciones. “La familia humaniza a las personas mediante la relación del 'nosotros' y, al mismo tiempo, promueve las legítimas diferencias de cada uno” (8)

La familia no es un ideal para ser bobaliconamente enmarcado, sino un ámbito natural de relación llamado a la comunión donde, a pesar de la imperfección de sus miembros, unos y otros aprenden a desarrollarse como personas y, cuya influencia repercute en el ámbito social. A este respecto, continúa el fragmento de Caritas in veritate: «Esto vale también para los pueblos. Consiguientemente, resulta muy útil para su desarrollo una visión metafísica de la relación entre las personas. A este respecto, la razón encuentra inspiración y orientación en la revelación cristiana, según la cual la comunidad de los hombres no absorbe en sí a la persona anulando su autonomía, como ocurre en las diversas formas del totalitarismo, sino que la valoriza más aún porque la relación entre persona y comunidad es la de un todo hacia otro todo. De la misma manera que la comunidad familiar no anula en su seno a las personas que la componen, y la Iglesia misma valora plenamente la «criatura nueva» (Ga 6,15; 2 Co 5,17), que por el bautismo se inserta en su Cuerpo vivo, así también la unidad de la familia humana no anula de por sí a las personas, los pueblos o las culturas, sino que los hace más transparentes los unos con los otros, más unidos en su legítima diversidad

No hay dos familias iguales, afortunadamente, ni un modelo perfecto de familia que haya que seguir. Unas familias aprenden de otras y mal camino es seguir el atajo de la emulación, pretendiendo ser el clon de una familia que hemos idealizado. ¡Cuánto daño hace querer imponer un modelo de relación familiar!

La sinodalidad ha de permitir que todos los miembros de la Iglesia se puedan expresar con libertad en el seno de la comunidad de la que forman parte. La aportación de cada uno siempre será valiosa; para él, porque romperá el dique de contención que se expresa en algo como lo que escuché recientemente: ‘yo tengo mis ideas, pero no las expongo porque no encajarían bien en el grupo’. Por otra parte, romperá la actitud pasiva de esperar a que la iniciativa siempre parta de ‘la autoridad competente’. A unos les tocará facilitar los canales de comunicación; a todos, ser miembros activos de la comunidad: rezando, celebrando, colaborando, manifestando…

(1) Cita incluida en el artículo El amigo en Aristóteles como posibilidad de autoconocimiento y las diferencias con un adulador, publicado en Revista Lasallista de Investigación, volumen 14, número 2, tomada de Aristóteles: Magna moralia. Madrid: Editorial Gredos (2011), página 234. Enlace https://www.redalyc.org/journal/695/69553551017/html/#

(2) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale puntos tratados 34 y 35. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(3) Benedicto XVI: Carta encíclica Caritas in Veritate, número 53. Extraído de https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html

(4) Evangelio según san Juan, capítulo 13, versículos 34-35: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros.» Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/juan/

(5) Ver Concilio Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, número 4. Enlace: https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html

(6) San Cipriano: Tratado del Padrenuestro, capítulos 8 y 9. Extraído de https://textoshistoriadelaiglesia.blogspot.com/2013/06/del-tratado-de-san-cipriano-sobre-el.html

(7) Concilio Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, número 11: «Los cónyuges cristianos, en virtud del sacramento del matrimonio, por el que significan y participan el misterio de unidad y amor fecundo entre Cristo y la Iglesia (cf. Ef 5,32), se ayudan mutuamente a santificarse en la vida conyugal y en la procreación y educación de la prole, y por eso poseen su propio don, dentro del Pueblo de Dios, en su estado y forma de vida. De este consorcio procede la familia, en la que nacen nuevos ciudadanos de la sociedad humana, quienes, por la gracia del Espíritu Santo, quedan constituidos en el bautismo hijos de Dios, que perpetuarán a través del tiempo el Pueblo de Dios. En esta especie de Iglesia doméstica los padres deben ser para sus hijos los primeros predicadores de la fe, mediante la palabra y el ejemplo, y deben fomentar la vocación propia de cada uno, pero con un cuidado especial la vocación sagrada». Enlace: https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html

(8) Francisco: Discurso a los participantes en la Plenaria de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, 29 de abril de 2022. Enlace: https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2022/april/documents/20220429-plenaria-scienze-sociali.html

 

viernes, 13 de junio de 2025

En torno al Sínodo (9)

Aunar esfuerzos

En una clase universitaria de marketing nos comentaba el profesor que a medida que subía el nivel de vida de la población los consumidores tendían a comportarse de una forma más exquisita, más refinada, más sofisticada… La respuesta de los fabricantes para intentar satisfacer las nuevas exigencias es crear nuevas versiones de sus productos sin que se note demasiado el cambio. Una ejemplo ha sido la aparición de los productos ‘sin’, donde se prescinde de algún ingrediente del producto original.

Pero ‘sin’ no siempre significa privación, como leo en una reciente intervención del papa León XIV: «La tarde de mi elección, mirando con conmoción al pueblo de Dios aquí reunido, recordé la palabra “sinodalidad”, que expresa felizmente el modo en el cual el Espíritu modela la Iglesia. En esta palabra resuena el syn —que quiere decir con— que constituye el secreto de la vida de Dios. Dios no es soledad. Dios es “con” en sí mismo —Padre, Hijo y Espíritu Santo— y es Dios con nosotros. Al mismo tiempo, sinodalidad nos recuerda el caminoodós— porque donde está el Espíritu hay movimiento, hay camino. Somos un pueblo en camino. Esta conciencia no nos aleja, sino que nos sumerge en la humanidad, como levadura en la masa, que la fermenta toda. El año de gracia del Señor, del que es expresión el Jubileo, tiene en sí este fermento. En un mundo quebrantado y sin paz el Espíritu Santo nos educa a caminar juntosDios ha creado el mundo para que nosotros estuviésemos juntos. “Sinodalidad” es el nombre eclesial de esta conciencia. Es el camino que pide a cada uno reconocer la propia deuda y el propio tesoro, sintiéndose parte de una totalidad, fuera de la cual todo se marchita, incluso el más original de los carismas» (1).

Un epígrafe del Documento final del Sínodo lleva por título ‘Significado y dimensiones de la sinodalidad’: «Los términos “sinodalidad” y “sinodal” derivan de la antigua y constante práctica eclesial de reunirse en sínodo… En su variedad, todas estas formas están unidas por el hecho de reunirse para dialogar, discernir y decidir… En términos simples y sintéticos, podemos decir que la sinodalidad es un camino de renovación espiritual y de reforma estructural para hacer a la Iglesia más participativa y misionera, es decir, para hacerla más capaz de caminar con cada hombre y mujer irradiando la luz de Cristo» (2).

Hay un pasaje de los Hechos de los Apóstoles en los que se ejemplifica lo que es un sínodo. Surge a raíz de unas discrepancias que suceden en Antioquía, lugar donde se estaban produciendo muchas conversiones de gentiles: «Unos que bajaron de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban conforme al uso de Moisés, no podían salvarse. Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más de entre ellos subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre esta controversia» (3). Era un tema importante que cabía resolver y se puso en consideración de quienes tenían entonces la responsabilidad de velar por la sana doctrina, Pablo y Bernabé a pesar de su ascendencia sobre los nuevos conversos sometieron su criterio al discernimiento de ese ‘sínodo’.

Continúa el Documento final indicando los diferentes ámbitos en que esa sinodalidad se ha de hacer presente en el día a día de las comunidades eclesiales, en los procesos y las estructuras de carácter institucional y en eventos extraordinarios. Advierte, sin embargo, que «la sinodalidad no es un fin en sí misma, sino que apunta a la misión que Cristo ha confiado a la Iglesia en el Espíritu. Evangelizar es “la misión esencial de la Iglesia [...] es la gracia y la vocación propia de la Iglesia, su identidad profunda” (4)»; las formas son importantes pero no agotan el fin ni lo sustituyen.

Y para llevar a cabo todo ello el ejemplo de María se convierte en el modelo a seguir: «En la Virgen María, Madre de Cristo, de la Iglesia y de la humanidad, vemos resplandecer a plena luz los rasgos de una Iglesia sinodal, misionera y misericordiosa. Ella es, en efecto, la figura de la Iglesia que escucha, ora, medita, dialoga, acompaña, discierne, decide y actúa. De ella aprendemos el arte de la escucha, la atención a la voluntad de Dios, la obediencia a su Palabra, la capacidad de captar las necesidades de los pobres, la valentía de ponerse en camino, el amor que ayuda, el canto de alabanza y la exultación en el Espíritu. Por eso, como afirmaba san Pablo VI, “la acción de la Iglesia en el mundo es como una prolongación de la solicitud de María” (5)

(1) Homilía del Santo Padre León XIV en la vigilia de Pentecostés. Extraído de https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2025/documents/20250607-veglia-pentecoste.html

(2) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale puntos tratados 28 a 33. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(3) Hechos de los Apóstoles, capítulo 15, versículos 1 y 2. https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/hechos-apostoles/

(4) San Pablo VI: Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, número 14: «Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la santa Misa, memorial de su muerte y resurrección gloriosa.» Extraído de https://www.vatican.va/content/paul-vi/es/apost_exhortations/documents/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html

(5) San Pablo VI: Exhortación Apostólica Marialis cultus, número 28: «La acción de la Iglesia en el mundo es como una prolongación de la solicitud de María: en efecto, el amor operante de María la Virgen en casa de Isabel, en Caná, sobre el Gólgota —momentos todos ellos salvíficos de gran alcance eclesial— encuentra su continuidad en el ansia materna de la Iglesia porque todos los hombres llegan a la verdad (cf. 1Tim 2,4), en su solicitud para con los humildes, los pobres, los débiles, en su empeño constante por la paz y la concordia social, en su prodigarse para que todos los hombres participen de la salvación merecida para ellos por la muerte de Cristo. De este modo el amor a la Iglesia se traducirá en amor a María y viceversa; porque la una no puede subsistir sin la otra…» Extraído de https://www.vatican.va/content/paul-vi/es/apost_exhortations/documents/hf_p-vi_exh_19740202_marialis-cultus.html

domingo, 8 de junio de 2025

En torno al Sínodo (8)

Abriendo camino

Mi hija menor me invitó a hacer una excursión con ella y dos de sus amigas. ‘Te va a ir bien hacer ejercicio, además necesitamos que alguien nos lleve en coche hasta los aledaños’, me vino a decir. Propuse hacer un camino distinto al que solíamos hacer, que es muy concurrido, recordando mis primeras ascensiones a Sant Llorenç de Munt, popularmente llamado La Mola, pasando por un peñasco llamado Cavall Bernat. Rememorando el espíritu aventurero escogí una ruta equivocada para ir a este peñasco, subiendo a través de torrenteras hasta llegar a él. A partir de ahí pudimos seguir caminos habilitados que conducían a la cumbre, aunque nos desviaran del itinerario más corto. La actitud de mis compañeras durante todo el trayecto ayudó a llegar a la cima con buen ánimo, pese al abrupto inicio; no recuerdo ninguna queja, aunque no les faltaran motivos para ello.

Podemos andar desorientados para encontrar el mejor camino para nuestra vida, pero nunca hay que perder la esperanza. En una Audiencia General (1) disertaba el papa León XIV sobre la parábola del sembrador, un personaje que «no se preocupa de dónde cae la semilla. La arroja incluso donde es improbable que dé fruto: en el camino, entre las piedras, entre los espinos.» ¡Qué desperdicio!, nos advierte la lógica racional, pero ésa no es la lógica del amor.

«Estamos acostumbrados a calcular las cosas —y a veces es necesario—, ¡pero esto no vale en el amor! La forma en que este sembrador “derrochador” arroja la semilla es una imagen de la forma en que Dios nos ama. Es cierto que el destino de la semilla depende también de la forma en que la acoge el terreno y de la situación en que se encuentra, pero ante todo, con esta parábola, Jesús nos dice que Dios arroja la semilla de su palabra sobre todo tipo de terreno, es decir, en cualquier situación en la que nos encontremos: a veces somos más superficiales y distraídos, a veces nos dejamos llevar por el entusiasmo, a veces estamos agobiados por las preocupaciones de la vida, pero también hay momentos en los que estamos disponibles y acogedores. Dios confía y espera que tarde o temprano la semilla florezca. Él nos ama así: no espera a que seamos el mejor terreno, siempre nos da generosamente su palabra. Quizás precisamente al ver que Él confía en nosotros, nazca en nosotros el deseo de ser un terreno mejor. Esta es la esperanza, fundada sobre la roca de la generosidad y la misericordia de Dios.»

Destaco estas palabras «Dios arroja la semilla de su palabra sobre todo tipo de terreno, es decir, en cualquier situación en la que nos encontremos». Esto sirve tanto a los que estamos en la Iglesia como para los que están fuera; Dios no se cansa de buscarnos para que le permitamos orientar nuestra vida: «Cada palabra del Evangelio es como una semilla que se arroja al terreno de nuestra vida… La palabra de Jesús es para todos, pero actúa en cada uno de manera diferente Nadie puede decir conscientemente ‘no tengo remedio, hay demasiados obstáculos que vencer’.

Sabemos que la fe es un don, un regalo que no merecemos, que nos ayuda a transitar por la vida con esperanza. Ese don, semilla divina, necesita cuidarse para que se fortalezca: «No es posible comprender plenamente el Bautismo sino dentro de la Iniciación cristiana, es decir, el itinerario a través del cual el Señor, por el ministerio de la Iglesia y el don del Espíritu, nos introduce en la fe pascual y en la comunión trinitaria y eclesial», dice el Documento final del Sínodo (2).

El Bautismo y los otros sacramentos de la Iniciación cristiana (Confirmación, Reconciliación, Eucaristía) abren camino impulsados por la gracia que transmiten, con su recepción no se completa el itinerario, como a veces ocurre en ambientes culturales cristianos en los que una vez recibidos estos sacramentos y celebrados se da por concluido el ciclo formativo y practicante, especialmente entre los jóvenes.

Continúa el Documento: «Este itinerario conoce una importante variedad de formas, según la edad en la que se emprende, los diferentes acentos propios de las tradiciones orientales y occidentales, y las especificidades de cada Iglesia local. La iniciación nos pone en contacto con una gran variedad de vocaciones y ministerios eclesiales. En ellos se expresa el rostro misericordioso de una Iglesia que enseña a sus hijos a caminar, caminando con ellos. Los escucha y, al mismo tiempo que responde a sus dudas e interrogantes, se enriquece con la novedad que cada uno aporta, con su historia y su cultura. En la práctica de esta acción pastoral, la comunidad cristiana experimenta, a menudo sin ser plenamente consciente de ello, la primera forma de sinodalidad». Hay una relación bidireccional, necesitamos el soporte de la Iglesia para continuar el camino emprendido y la Iglesia necesita de nuestra aportación para cumplir con su misión allí donde nos encontremos.

«Vuestra soy, para Vos nací, ¿Qué mandáis hacer de mí?», escribe santa Teresa en un poema. El obispo Toni Vadell, auxiliar de Barcelona que falleció antes de cumplir los cincuenta años, hablaba en metáfora de la Iglesia (3) como una zapatería en la que cada uno debía encontrar el calzado que más se le ajustaba para seguir el camino, pero al final de ese camino Dios nos quiere a todos descalzos: «No hay judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús», escribe san Pablo (4); el atuendo no será lo importante sino la unión con Cristo que, a su vez, nos une como cristianos, como expresa el lema papal: In Illo uno unum (5). De esa unión habla san Juan de la Cruz: «En el atardecer de la vida, seremos juzgados en el amor.»

La semilla divina necesita de los sacramentos y la oración para crecer en nosotros. «El sacramento de la Confirmación enriquece la vida de los creyentes con una particular efusión del Espíritu con miras al testimonio… Todos los creyentes están llamados a contribuir a este impulso, acogiendo los carismas que el Espíritu distribuye abundantemente a cada uno y comprometiéndose a ponerlos al servicio del Reino con humildad e ingenio creativo.»

Y, como no, el que se nos presenta como alimento cotidiano y vínculo con la comunidad: «La celebración de la Eucaristía, especialmente el domingo, es la primera y fundamental forma en la que el Pueblo santo de Dios se encuentra y reúne. Por medio de la celebración eucarística, “se significa y se realiza la unidad de la Iglesia” (6). En la “participación plena, consciente y activa” (7) de todos los fieles, en la presencia de los diversos ministerios y en la presidencia del obispo o presbítero, se hace visible la comunidad cristiana, en la que se realiza una corresponsabilidad diferenciada de todos para la misión.»

Dejar crecer la semilla, nutriéndola y quitándole aquello que estorba, una tarea esperanzada para toda la vida, porque no andamos solos.

(1) Papa León XIV: Audiencia General del 21 de mayo de 2025. Extraído de https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/audiences/2025/documents/20250521-udienza-generale.html

(2) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale puntos tratados 24 a 27. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(3) Entrevista al obispo Toni Vadell el 26 de noviembre de 2021 en el programa Camins de Radio Estel. Enlace: https://www.radioestel.cat/programes/camins/page/47/

(4) Carta de san Pablo a los Gálatas, capítulo 3, versículo 28. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/galatas/

(5) In Illo uno unum significa ‘en Cristo somos uno’. Está extraído de San Agustín: Comentario al Salmo 127, número 3: «Estos cristianos, con su Cabeza, que subió al cielo, son un solo Cristo; no es El uno y nosotros muchos, sino que, siendo nosotros muchos en Aquel uno, somos uno Extraído de https://www.augustinus.it/spagnolo/esposizioni_salmi/esposizione_salmo_185_testo.htm

(6) Concilio Vaticano II, Decreto Unitatis redintegratio, número 2: «La caridad de Dios hacia nosotros se manifestó en que el Hijo Unigénito de Dios fue enviado al mundo por el Padre, para que, hecho hombre, regenerara a todo el género humano con la redención y lo redujera a la unidad. Cristo, antes de ofrecerse a sí mismo en el ara de la cruz, como víctima inmaculada, oró al Padre por los creyentes, diciendo: "Que todos sean uno, como Tú, Padre, estás en mi y yo en tí, para que también ellos sean en nosotros, y el mundo crea que Tú me has enviado", e instituyó en su Iglesia el admirable sacramento de la Eucaristía, por medio del cual se significa y se realiza la unidad de la Iglesia. Impuso a sus discípulos e mandato nuevo del amor mutuo y les prometió el Espíritu Paráclito, que permanecería eternamente con ellos como Señor y vivificador.» Extraído de https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html

(7) Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, número 14: «La santa madre Iglesia desea ardientemente que se lleve a todos los fieles a aquella participación plena, consciente y activa en las celebraciones litúrgicas que exige la naturaleza de la Liturgia misma y a la cual tiene derecho y obligación, en virtud del bautismo, el pueblo cristiano, "linaje escogido sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido" (1 Pe., 2,9; cf. 2,4-5).» Extraído de https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html