La miel y la hiel
Apreciado dirigente:
Lo recuerda Kolakowski mencionando las declaraciones de un dirigente político: «Al preguntársele a un ex ministro de Finanzas británico, durante una entrevista en televisión, si le gustaría ser Primer ministro, contestó, un tanto sorprendentemente, que, por supuesto, a todo el mundo le gustaría ser Primer ministro. Esto, a su vez, me produjo cierto asombro, porque no estoy en absoluto convencido de que a todo el mundo le gustase ser Primer ministro. Por el contrario, estoy seguro de que muchísimas personas jamás han albergado tal sueño, no porque crean que sus probabilidades de alcanzar la meta son muy escasas sino, simplemente, porque creen que debe de ser un trabajo espantoso: incesantes quebraderos de cabeza, enormes responsabilidades y el convencimiento de que, haga uno lo que haga, será blanco permanente de ataques y ridiculización y de que se le atribuirán siempre las peores intenciones.»Dos entusiastas y aguerridos seguidores, convencidos de su valía, le pidieron al líder del grupo por vía interpuesta un lugar de privilegio: ser su flanco derecho e izquierdo, algo así como el número 2 y 3. El líder ya había tenido que pararles los pies cuando pidieron aniquilar a unos que pasaron de ellos cuando les exponían las bondades de su proyecto. Esta vez el líder les dijo que no sabían muy bien dónde querían meterse, poniendo el acento en las cargas y sinsabores que conlleva cualquier cargo. Les dijo también que su estilo no es el habitual entre los que mandan, que tienden a tiranizar u oprimir, sino que entre los suyos quien ocupase el cargo más alto había de ser el primero en servir a todos los demás (3).El poder como dominio, el poder como servicio. La convivencia reclama un marco en el que haya un equilibrio entre seguridad y libertad; la estabilidad necesaria para que cada uno pueda desarrollar sus potencialidades al servicio de la comunidad. Quien tiene la autoridad ha de velar para que ello sea posible, evitando la tentación de monopolizar el camino que se debe seguir. Como ocurre a menudo que la voluntad de dominio se impone a la de servicio -se requiere muchos arrestos para desoír los cantos de sirena y un alto grado de humildad para reconocer las propias limitaciones-, las sociedades suelen articular contrapesos para minimizar los efectos perversos de la ambición de poder. Lo escribe Kolakowski en su ensayo: «Los medios que permiten a un pueblo ejercer el control sobre su gobierno no son nunca perfectos. Pero el modo más eficaz que la humanidad ha inventado hasta ahora para evitar la tiranía consiste, precisamente, en reforzar los instrumentos de control social sobre los gobiernos y restringir el espectro de poderes gubernamentales al mínimo necesario para mantener el orden social: la regulación de todos los aspectos de nuestras vidas es, al fin y al cabo, lo que pretende el totalitarismo.»
Apreciado dirigente, el círculo vicioso en el que se mueve
en tantas ocasiones la política te hará pensar, quizá, que de lo que se trata
es de imponerse unos a otros; que, como oí en una serie televisiva, ‘a unos les
toca gobernar y a los otros mirar como los unos gobiernan’. Quizá eleva tu
autoestima sentirte vencedor con derecho a hacer lo que te venga en gana –o
imponer tus postulados-, pero de esta manera la función que realizas no será
provechosa para nadie, porque si no es para servir, el poder no sirve para nada
bueno.
(1) Leszek Kolakowski: Libertad,
fortuna, mentira y traición. Ensayos sobre la vida cotidiana. Freedom,
Fame, Lying and Bretrayal – 1997. Ediciones Paidós. Colección Biblioteca del
presente número 15. 1ª edición 2001. Traductor: Víctor Pozanco Villalba. 108
páginas. Capítulo 1. Del poder. Páginas 9-13
(2) Carles Capdevila: Viure
amb humor. Monólogo en la presentación del libro 'La vida que aprenc' en el teatro L’Atlàntida de Vic el 23 de mayo de 2017. El monólogo
completo se puede ver en https://www.youtube.com/watch?v=ScxgPfvcS3M
(3) Inspirado en Evangelio
según san Lucas, capítulo 9, versículos 52-56 y Evangelio según san Mateo, capítulo 20, versículos 20-28
Lucas 9, 52-56
Puestos en camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?». Él se volvió y los regañó. Y se encaminaron hacia otra aldea. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/lucas/
Mateo 20, 20-28
Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?». Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda». Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?». Contestaron: «Podemos». Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre». Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y llamándolos, Jesús les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos». Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/nuevo-testamento-mateo/






