sábado, 15 de marzo de 2025

Vivir con sentido

Tú sí que vales

Oí decir que el ser humano ‘tiende a la horizontal’, una expresión que sugiere la búsqueda de una vida cómoda, ociosa, segura, sin sobresaltos… Ocurre, sin embargo, que en ese camino anhelado de rosas que se quiere transitar las espinas se hacen presentes. ¿Entonces qué? Mal humor, descontento, decepción, desdén, pasotismo, evasión, rabia… Quizá acicate, furia, rebelión…

Le hicieron una entrevista al filósofo, docente y escritor Francesc Torralba hace siete años (1), que acaba con una afirmación que da título a la entrevista: «el sentido de tu vida te lo has de construir siempre tú». Antes habla de lo que entiende por sentido de la vida: «Encontrar una narración, un argumento, un porqué a lo que hacemos»; y de lo que supone su falta: «lo contrario del sentido es el vacío».

Biológicamente nuestra vida tiene un porqué: somos el fruto de la unión de un espermatozoide y un óvulo determinados, de aquellos que ordinariamente solemos identificar como padre y madre; a partir de ese momento empezó nuestra existencia. Torralba habla de un motivo para actuar que es propio de ser humano: ‘encontrar un porqué’; porque hay una razón que lo impulsa que supera el actuar mecánico o instintivo. Pero el sentido tiene también un carácter proyectivo, el ‘paraqué’, al que el Catecismo de la Iglesia Católica le da un aire trascendente: «El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y sólo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar» (2).

La trascendencia, ese fin último al que se dirige el ser humano, tanto si coincide con el expresado por el Catecismo como no, debe ir acompañado de principios operativos que son los que nos mueven a hacer algo en concreto, a fijarnos metas a nuestro alcance. De esta forma entiendo que podemos estar ‘construyendo sentido’ a lo que hacemos; porque, como dice Torralba, «si no hay sentido no hay lucha», nos conformamos con sobrevivir y dejarnos llevar por la corriente para, sobre todo, no tener problemas.

El sentido nos empuja a actuar de una manera determinada en cada momento, a llevar el timón de nuestra vida, pero ¿dónde encontrarlo? El filósofo parece responder a las cuestiones: ¿por qué las cosas que me atañen son como son? o ¿por qué me pasa lo que me pasa?: «Debemos construirle un sentido. No bajará del cielo. Y debemos construirlo por ensayo y error. Te puedes equivocar.»

“Errare humanum est, sed perseverare diabolicum”
 (errar es humano, pero perseverar -en el error- es diabólico), dice un adagio latino (3). A veces nos equivocamos buscando chollos o atajos, como le ocurre a la protagonista de Una educación, una brillante estudiante que desdeña a sus compañeros -va de sobrada- y acaba seducida por un maduro donjuán que le proporciona todo lo que anhela, aunque suponga abandonar sus estudios con el consentimiento de unos padres que se sienten complacidos con tener colocada a su hija con un rico pretendiente, hasta que la fantasía se desmorona al descubrir que se trata de un farsante.

En otras ocasiones es la emulación: querer ser el calco de otra persona en la que ves reflejadas tus aspiraciones vitales: «Lo peor que puede pasarte es querer ser como alguien, porque tú siempre serás tú… Has de ser es capaz de aceptar tu ser, amarlo, agradecerlo, trabajarlo y dar todo lo que hay en ti… Tú eres tú, debes aceptar quien eres y agradecerlo, y tratar de extraer todo tu potencial. Pero no estás hecho por ser el clon de alguien», advierte Torralba.

De los demás hemos de estar abiertos a aprender, pero no a dejarse enredar por comparaciones, las que se hace uno mismo y las que hacen otros para espolearte: «Te ponen un modelo… La comparación con el otro es destructiva, porque suele ser jerárquica: mejor o peor. Y no vemos que en lo mejor también hay debilidades… Hacemos trampa: nunca comparamos las debilidades, sino la excelencia… Las comparaciones destruyen a quien tienes delante y hacen que mitifiques al que está ausente. El que no está es el mejor, pero tú que estás delante no vales nada». Las comparaciones entre personas siempre son sesgadas y fuente de frustraciones y de animadversiones.

Quedaría cojo hablar del sentido de la vida sin aludir a la vocación a la que estamos llamados cada uno de nosotros. El punto del Catecismo mencionado habla de la vocación del ser humano, su razón de ser. Concuerda con la sentencia expresada en el Deuteronomio: «El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas»; ratificada y ampliada por Jesús: «'Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente'. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: 'Amarás a tu prójimo como a ti mismo'.» Esta vocación genérica tiene una derivada específica en cada uno de nosotros, adecuada a nuestras capacidades, cualidades y circunstancias. No se construye, se descubre: a veces de forma sosegada, otras de forma abrupta; en ocasiones con claridad, en otras acompañada de dudas… pero siempre encaminada a amar y servir, que es el camino para alcanzar la plena realización.

(1) Traducido de la entrevista de Gemma Ventura a Francesc Torralba publicada en Catorze / Cultura viva. Se puede leer en https://www.catorze.cat/entrevistes/mes-que-paraules/francesc-torralba-el-sentit-de-la-vida-te-l-has-de-construir-sempre-tu_168171_102.html

(2) Catecismo de la Iglesia Católica, número 27. Extraído de https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p1s1c1_sp.html#CAP%C3%8DTULO%20PRIMERO:%20EL%20HOMBRE%20ES%20%22CAPAZ%22%20DE%20DIOS

(3) Extraído de https://es.wikipedia.org/wiki/Errare_humanum_est

(4) Libro del Deuteronomio, capítulo 6, versículos 4 y 5. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/deuteronomio/

(5) Evangelio según san Mateo, capítulo 22, versículos 37 a 39. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/nuevo-testamento-mateo/

lunes, 3 de marzo de 2025

El selfie más provechoso

Lupa bumerán 

Es algo que acompaña al ser humano desde sus orígenes: aplicar una lupa de aumento para observar los defectos de los demás sin observar al mismo tiempo cómo vive él aquello que ve mal o inadecuado en el otro. Esta ceguera se agranda cuando se ve al otro como un rival al que hay que reducir o anonadar; cuando se considera que dar cuenta de las virtudes que aquel posee es traicionarse o traicionar a sus afines.

Querer emerger sobre el estiércol que se echa a los demás es propio de acomplejados, cínicos, caraduras o iluminados; nada de provecho se puede esperar de ellos, que además de causar deterioro en la convivencia, vivirán permanentemente pendientes de cualquier atisbo de sombra que perciban, o imaginen, a su alrededor.

Uno no es más frágil por darse cuenta que tiene defectos que le conviene corregir y ha de agradecer tener alguien a su lado que le ayude a verlos y, si es preciso, le aconseje. Si el consejero es leal, le ayudará a crecer como persona y su relación con el entorno mejorará. Querer aparentar lo que no se es pasa factura tarde o temprano.

San Francisco de Sales pone el dedo en la llaga sobre estas actitudes arrogantes o perdonavidas en un capítulo de una célebre obra de espiritualidad (1). Un texto que nos puede ayudar a ver a los demás con otros ojos y, al mismo tiempo, a vernos a nosotros mismos como realmente somos:

«Si nosotros somos hombres, es debido a la razón, y, a pesar de ello, es cosa rara encontrar hombres verdaderamente razonables, pues el amor propio nos aparta ordinariamente de la razón y nos conduce, de una manera insensible, a mil clases de pequeñas, pero perversas injusticias e iniquidades, las cuales, como las raposillas (2) de que nos habla el Cantar de los Cantares, devastan las villas; porque, por lo mismo que son pequeñas, nadie las vigila, y porque son muchas, causan mucho daño. ¿Acaso las que te voy a enumerar no son iniquidades y sinrazones?

Acusamos por una nonada al prójimo, y nos excusamos de cosas muy graves; queremos vender muy caro y comprar muy barato; queremos para nuestra casa misericordia y tolerancia; queremos que se echen a buena parte nuestras palabras, y somos susceptibles y nos dolemos de lo que dicen los demás. Quisiéramos que el prójimo nos dejara tomar lo que es suyo, mediante indemnización; pero, ¿no es más justo que él conserve sus bienes y que nos deje a nosotros con nuestro dinero?

Nos enojamos cuando no quiere acomodarse a nosotros, pero ¿no tiene él mayor motivo de queja de que queramos nosotros incomodarle? Si tenemos afición a un ejercicio, despreciamos todos los demás y miramos, con desdén, todo lo que no es conforme a nuestro gusto. Si alguno de nuestros inferiores nos es antipático o le tenemos entre dientes, todo lo suyo nos parece mal, haga lo que haga; no cesamos de contristarle, y siempre tenemos el ojo puesto sobre él; al contrario, si alguno nos es simpático con simpatía sensual, excusamos todo cuanto hace. Hay hijos virtuosos, a quienes los padres o las madres aborrecen por algún defecto corporal; y los hay viciosos, que son sus favoritos, únicamente por alguna gracia externa.

Perdiz chucar
En todo, preferimos los ricos a los pobres, aunque no sean de mejor condición ni más virtuosos; más aún preferimos a los que andan mejor vestidos. Exigimos nuestros derechos con todo rigor, y queremos que los demás se queden cortos en la exigencia de los suyos; nos mantenemos inflexiblemente altivos, y queremos que los demás se humillen y se rebajen; fácilmente nos quejamos del prójimo, y no queremos que nadie se queje de nosotros; siempre nos parece mucho lo que hacemos por los demás, y nos parece que es nada lo que ellos hacen por nosotros. En una palabra, somos como las perdices de Paflagonia (3), que tienen dos corazones, porque tenemos un corazón dulce, benévolo y delicado para con nosotros, y un corazón duro, severo y riguroso para con el prójimo. Tenemos dos pesas: una para pesar nuestras comodidades, con las mayores ventajas, y otra para pesar las del prójimo, con las mayores desventajas; ahora bien, como dice la Escritura: “por sus labios engañosos habla un corazón doblado” (4), es decir, tienen dos corazones; y el tener dos pesas: una maciza, para recibir y otra ligera, para dar, es una cosa abominable delante de Dios.

Trajano
Filotea*, seas equitativa y justa en tus acciones: ponte siempre en el lugar del prójimo y pon al prójimo en el tuyo, y así juzgarás bien; hazte vendedora cuando compres, y compradora cuando vendas, y venderás y comprarás según justicia. Es verdad que todas estas injusticias son leves, pues no obligan a la restitución, y sólo consisten en que procedemos con todo el rigor de la justicia únicamente en lo que nos favorece; pero no por ello dejan de obligarnos a que procuremos la enmienda, ya que son graves defectos contrarios a la razón y a la caridad; y, al fin, no son más que engaños, pues nada perdemos en vivir con generosidad, nobleza y cortesía y con un corazón regio, igual y razonable. Acuérdate, pues, amada Filotea, de examinar con frecuencia tu corazón, para ver si, con respecto al prójimo, es tal como tú quisieras que el suyo fuese para contigo, si te encontrases en su lugar, pues este es el verdadero punto de vista de la razón. Trajano, al ser censurado por sus confidentes, porque, según su parecer, hacía demasiado accesible la majestad imperial, replicó: “Bien, ¿no he de ser con respecto a los particulares el emperador que yo quisiera encontrar, si fuese yo un particular?” (5)»

El elenco de actitudes que menciona el santo es bastante amplio y puede servir de pauta para un examen sincero, que en ningún caso debe causar desanimo, sería una pena que el orgullo atenazara, porque la luz que proporciona será un estímulo para recorrer el camino, para darle sentido.

*Filotea es un recurso literario que utiliza el autor para referirse a cualquier alma que desee tener intimidad con Dios y vida de entrega.

(1) San Francisco de Sales: Introducción a la vida devota, 3ª parte, capítulo XXXVI. Ver en https://es.catholic.net/op/vercapitulo/5113/redireccion.html

La obra completa se puede leer en https://es.catholic.net/op/articulos/16870/introduccin-a-la-vida-devota.html

(2) Cantar de los Cantares, capítulo 2, versículo 15: «Atrapadnos las raposas, | las raposas pequeñitas, | que devastan nuestras viñas, | nuestras viñas floridas.» Ver https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/cantar-de-los-cantares/

(3) José-Alberto Sutil Lorenzo: La perdiz de Paflagonia: “Paflagonia es una región situada en Asia Menor, al sur del Mar Muerto, donde existe una variedad de perdices, la perdiz chukar (alectoris chucar), que tiene dos corazones en lugar de uno, como ya señalara Plinio el Viejo en su Historia natural.” Publicado en La Opinión / El Correo de Zamora, el 3 de marzo de 2019. Extraído de https://www.laopiniondezamora.es/opinion/2019/03/03/perdiz-paflagonia-2609444.html

(4) Salmo 12, versículos 2-3: «Sálvanos, Señor, que se acaban los buenos, que desaparece la lealtad entre los hombres: no hacen más que mentir a su prójimo, hablan con labios embusteros y con doblez de corazón Ver https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/salmos/

(5) Real Academia de la Historia / Historia Hispánica: Trajano: «La consolidación del poder de Trajano en Roma se debió a la concordia establecida entre el Senado, la aristocracia senatorial y el príncipe. Esta concordia fue la principal característica del gobierno de Trajano. Prescindió de toda demostración de poder autocrático… El régimen imperial se apoyó en relaciones personales. Supo interpretar y llevar a buen término las corrientes espirituales del ejército, de la plebe romana y de las clases cultas…» Extraído de https://historia-hispanica.rah.es/biografias/44393-trajano