Déficit inconmensurable
Cuando tienes uno o dos hijos procuras tener todo bajo control, pero cuando tienes cinco te das cuenta de que no llegas; entonces haces lo que puedes lo mejor que puedes, me dijo un padre de familia hace unos cuantos años.
La racionalidad nos impone barreras, pero el amor se las
salta todas, porque el amor no busca un interés propio, sino el bien ajeno. El
amor verdadero nos asusta, porque nos compromete, porque pone de manifiesto
nuestras limitaciones, porque a medida que él crece nuestra indigencia se hace
más patente. La racionalidad nos empuja a ser ‘amarrateguis’ –tenerlo todo
controlado-, a buscar compensaciones –doy para que me des-, a buscar beneficios
inmediatos –qué voy a sacar-.
Un amigo de Facebook ha escrito un libro titulado ¡Amado hasta el extremo! (1) en el que narra su experiencia batallando contra un cáncer que se le manifestó siendo un padre joven –ahora tiene 42 años recién cumplidos-, estando casado y con tres hijos. El hilo narrativo es una acción de gracias continua, a pesar de los malos tragos y complicaciones por las que tuvo que pasar. Quizá en su situación lo que nos pide el cuerpo es rebelarnos -¿por qué a mí?, ¿qué va a ser de mi mujer y mis hijos?-. Sin embargo, su historia es bien diferente sin eludir el desconcierto inicial que produce conocer un pronóstico como el que recibió.
En la introducción se hace eco de unas palabras de san Juan
Pablo II que encauzan la exposición de cómo se sentía: “«Cuando
está unido a la pasión redentora de Cristo, el sufrimiento humano se transforma
en instrumento de madurez espiritual y en magnífica escuela de amor evangélico»
(San Juan Pablo II: Mensaje a los enfermos de un hospital oncológico, Ciudad del
Vaticano 30 de septiembre de 1997). Y así es como me hubiera gustado vivirlo
desde el comienzo de mi enfermedad, pero no era una tarea fácil, porque, en
primer lugar, tenía que empezar por aceptar mi condición, aceptar mi cruz, y
descubrir que, a pesar de mi pequeñez, de mi fragilidad, de mi pecado, todo el
sufrimiento sería para bien y para hacer bien a otros, como para anunciar el
amor de Dios a los demás, para fortalecer mi matrimonio, incluso para animar a
rezar a los que no tenían o habían perdido la fe.”
Decía que a medida que el amor crece nuestra indigencia se hace más patente, constatamos nuestra incapacidad para atender como convendría a todos los que amamos; si a ello le añadimos todo el amor que recibimos, seamos o no conscientes de ello, nuestro déficit es inconmensurable y no tenemos medios humanos para resarcirlo; en cuestión de amor estamos quebrados. Sólo hay un medio para cubrir el desequilibrio y nos lo chivó el sacerdote Dolindo Ruotolo: acudir a la fuente del amor confiadamente y decirle: ‘Jesús, ocúpate Tú’ (2).
(1) Ferran España Cucarella: ¡Amado hasta el extremo!
Editorial: San Pablo – Colección: Teselas – 1ª edición (2022). 151 páginas
(2) Dolindo Ruotolo: Jesús, ocúpate Tú:
«Habla Jesús al alma:
Por qué te confundes agitándote? Déjame a cargo de tus cosas
y todo se calmará. En verdad te digo que cada acto verdadero y el completo
abandono en Mí, produce el efecto que deseas y resuelve las situaciones espinosas.
Abandonarse en Mí no significa atormentarse, confundirse y desesperarse elevando luego hacia Mí una plegaria agitada para que Yo haga lo que ustedes quieren, sino que es cambiar la agitación en oración. Abandonarse significa cerrar plácidamente los ojos del alma, alejar el pensamiento de la tribulación y descansar en Mí para que solo YO obre, diciendo “Ocúpate Tú”. Se oponen al abandono: la preocupación, la agitación y el querer prever las consecuencias de un hecho. Es como la confusión que tienen los niños que pretenden que su mamá se ocupe de sus necesidades, y al mismo tiempo quieren ocuparse ellos mismos entorpeciendo el trabajo de ella con sus ideas y caprichos infantiles.
Cierren los ojos y déjense llevar, por la corriente de mi Gracia, cierren los ojos y déjenme trabajar, cierren los ojos y piensen en el presente, alejando el pensamiento del futuro como si fuera una tentación; reposen en Mi creyendo en mi bondad y les juro por mi Amor que diciéndome con abandono “Ocúpate Tu”, Yo me ocupo de lleno, los consuelo, los libero, los conduzco. Y cuando los debo llevar por un camino diverso del que ustedes ven, Yo los adiestro, los llevo en mis brazos haciéndolos encontrar en la otra ribera, como niños dormidos en los brazos maternos. Aquello que los angustia y les hace un inmenso mal es su razonamiento, su pensamiento atormentado y continuo, el querer resolver ustedes mismos todo aquello que los aflige.
Cuantas cosas obro YO cuando el alma se vuelve hacia Mí en sus necesidades tanto espirituales como materiales y me dice “Ocúpate Tú”. ¡Cierra los ojos y reposa! Obtienen pocas gracias cuando se confunden para producirlas ustedes mismos, obtienen muchísimas cuando la oración y la confianza en Mí son completas: Ustedes, en su dolor, oran para que Yo obre, pero para que obre según ustedes creen… No se dirigen hacia Mí, sino que quieren que Yo me adapte a sus ideas, no son enfermos que piden al médico una cura, sino que la sugieren.
No obren de este modo. Oren como Yo les enseñé en el Padrenuestro: Sea santificado tu Nombre, es decir, que seas glorificado en esta necesidad que tengo; que venga a nosotros tu reino, es decir, que todo lo que nos ocurre a nosotros y al mundo concurra a tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el Cielo, es decir, dispón Tú en esta necesidad como mejor te parezca, para nuestra vida eterna. Si me dicen de verdad: hágase Tu Voluntad, que es lo mismo que decir “Ocúpate Tu”, Yo intervengo con toda mi omnipotencia, y resuelvo aun en las situaciones más cerradas y difíciles.
¿Te das cuenta de que la desgracia aumenta en vez de disminuir? No te desanimes, cierra los ojos y dime con confianza: Hágase tu voluntad. “Ocúpate Tu”. Te digo que Yo me ocupo, y que intervengo como un médico, y hasta obro un milagro cuando es necesario. ¿Ves que la situación empeora? No te angusties. Cierra los ojos y di “Ocúpate Tú”. Te digo que yo me ocupo y no existe una medicina más poderosa que una intervención mía de Amor. Yo me ocupo sólo cuando cierran los ojos.
Ustedes son ansiosos, quieren evaluarlo todo, pensar en todo, y es así como se abandonan en las fuerzas humanas y, peor aún, en los hombres, confiando en la intervención de ellos. Esto es lo que obstaculiza mi intervención. Oh, cómo deseo este abandono de su parte, para poder beneficiarlos ¡Cómo me duele verlos agitados! Es justamente eso lo que desea Satanás, agitarlos para alejarlos de mi acción y así poder convertirlos en presas de las iniciativas humanas, por eso deben confiar sólo en Mí, reposar solo en Mí y abandonarse en Mi para todo.
Yo hago milagros en proporción al pleno abandono en Mí y a la despreocupación de parte de ustedes. Yo distribuyo tesoros de Gracia cuando ustedes se encuentran en la pobreza extrema. Si poseen sus propios recursos, aunque sean pocos, o si los buscan, los encontrarán en el campo natural y seguirán por lo tanto el curso natural de las cosas, que es a menudo entorpecido por Satanás. Ningún razonador ha hecho milagros, ni siquiera los Santos. Obra divinamente aquel que se abandona en DIOS. Cuando ves que las cosas se complican, di con los ojos del alma cerrados Jesús, Ocúpate Tú. Tú haz esto en todas tus necesidades. Hagan todos esto y verán grandes, continuos y silenciosos milagros. Se los juro por mi Amor. »
Extraído de https://www.religionenlibertad.com/personajes/804039250/Dolindo-Ruotolo-Padre-Pio-Napoles-milagros.html
