martes, 25 de julio de 2017

Abandonar la zona de confort

Soltar amarras

Me hablaron de un hombre con muchas cualidades para las relaciones sociales: apuesto, elegante, simpático, atento, cordial, buen conversador…, con una profunda alergia al trabajo; no lo necesitaba para vivir cómodamente. Le preguntaron si nunca se le había pasado por la cabeza probarlo y contestó que a veces tenía tentaciones, pero las vencía echándose en la cama hasta que se le pasasen.

Un planteamiento análogo al de Fritz Kobus (1) que tras la muerte de su padre y comprobar que heredaba “una bella casa…, una buena granja… y… no pocos escudos colocados en sólidas hipotecas, se enjugó las lágrimas” hizo una lectura interesada de los primeros versículos del Eclesiastés para concluir: “lo mejor es no hacer nada, para no tener nada que reprocharse” (2).

Fritz es un bon vivant, un señorito, que vive en un pueblo alsaciano y además de disponer de grandes recursos cuenta con las atenciones de una fiel sirvienta, unos amigos leales y una buena reputación. Se considera plenamente satisfecho y su pensamiento detesta cualquier complicación afectiva: «cuando nuestra felicidad ya no depende de nosotros, sino del capricho de una mujer, entonces todo está perdido; más valdría colgarse, antes que entrar en semejante galera».

Pero llega un momento en que de forma insospechada se da cuenta que se está enamorando y se rebela contra ello alejándose de la presencia de aquella que le hace tilín (es más actual ‘le pone’) y está orgulloso por ello: “sentía entonces un auténtico bienestar, se alegraba y se vanagloriaba de la decisión que había tomado de escapar de Sûzel mediante una huida heroica; aquello le parecía el colmo de la sabiduría humana”. Y se reafirmaba en lo que hasta entonces había proclamado: «Qué estúpida es la gente por casarse! Cuanto más se viaja, más se ve que las tres cuartas partes de los hombres han perdido la cabeza, que, en cada ciudad, sólo cinco o seis solterones han conservado el sentido común. Sí, ésa es la pura verdad… la sabiduría no está al alcance de todo el mundo, hay que felicitarse mucho por estar entre el pequeño número de los elegidos».”

Pronto se dará cuenta que su estrategia no consigue el propósito que se había marcado. Sûzel se le hace continuamente presente en su pensamiento y se siente confundido: «¿De qué te sirve ahora, Fritz, haber procurado mantener la cabeza fría, el vientre libre y los pies calientes durante veinte años? Pese a tu gran prudencia, una débil criatura ha turbado tu reposo con una sola de sus miradas».

Dándose por vencido y decidido a dar el paso para dejar de atormentarse le quedará todavía un buen trecho que recorrer. En primer lugar porque tendrá que romper con la fama que se había labrado de solterón convencido e impertérrito, con el riesgo de convertirse en el hazmerreír de sus vecinos. También deberá superar los convencionalismos sociales respecto a las diferencias de edad y clase, fuente que mana abundante rumorología. Por último, comprobar si la chica comparte el mismo sentimiento que él, porque quiere que decida con libertad, y subyace el temor a no ser correspondido. La colaboración de un buen amigo será determinante en el proceso.

Me dijeron en una ocasión que ‘si uno no quiere complicarse la vida, al final la vida le acaba complicándole a él’. Hay momentos en la vida que constituyen una encrucijada. Se descubre un proyecto atractivo que merece la pena seguir, pero, al mismo tiempo, se nota la tensión que ejerce la zona de confort en que se está instalado. Entonces llega el momento de optar por la pusilanimidadque me quede como estoy- o soltar amarras, decidido a emprender ese proyecto, a pesar de las incertidumbres que lo acompañen.

Erckmann y Chatrian narran una historia simpática y amena, pero no edulcorada, en El amigo Fritz. Con buen humor nos describen cómo las sólidas convicciones pueden tambalearse cuando los golpea la suave brisa del amor.

(1) Libro leído: Emile Erckmann y Alexandre Chatrian: El amigo Fritz. Título original: L’ami Fritz (1864). Ediciones Troa – 1ª edición (2015). Traductor: Mauro Armiño. 312 páginas.
(2) https://www.bibliatodo.com/la-biblia/Nacar-colunga/eclesiastes-1
Eclesiastés 1 - versión de Nacar-Colunga
1. Razones del Cohelet, hijo de David, rey de Jerusalén.
2. Vanidad de vanidades, dijo el Cohelet; vanidad de vanidades; todo es vanidad."
3. ¿Qué provecho obtiene el hombre de todo por cuanto se afana debajo del sol?
4. Pasa una generación y viene otra, pero la tierra es siempre la misma.
5. Sale el sol, se pone el sol y se apresura a llegar al lugar de donde vuelve a nacer.
6. Tira el viento al mediodía, gira al norte, va siempre dando vueltas y retorna a sus giros.
7. Los ríos van todos al mar, y la mar no se llena; al lugar de donde ellos vinieron tornan de nuevo para volver a correr."
8. Todas las cosas trabajan más que cuanto el hombre puede ponderar; no se sacia el ojo de ver ni se harta el oído de oír."
9. Lo que fue, eso será; lo que ya se hizo, eso es lo que se hará; no se hace nada nuevo bajo el sol."
10. Si de algo se dice: “Mira, esto es nuevo,” aun eso fue ya en los siglos anteriores a nosotros.
11. No hay memoria de los antiguos, ni de los que vendrán después habrá memoria en los que serán después.

domingo, 23 de julio de 2017

Engaños deslumbrantes…

…que cambian el rumbo de la vida

A medida que iba leyendo el primer capítulo de Katrina (1) iba observando cierta relación con lo que narra el tercer capítulo del Génesis (2). Las épocas y las circunstancias son distintas pero tienen en común los efectos que un engaño provoca cuando se produce un deslumbramiento en la víctima.

En el relato bíblico Eva se ve sorprendida por la ‘astuta serpiente’ que la aborda con una mentira: “¿Conque os ha dicho Dios: ‘No comáis de ningún árbol del paraíso’?” De poco sirve la aclaración de la mujer: “Del fruto de los árboles del jardín podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del jardín dijo Dios: ‘No comáis de él, so pena de muerte’”; porque el tentador aprovecha para llevar el discurso al terreno en el que quería jugar recurriendo de nuevo a la mentira: “No, no moriréis. Al contrario, Dios sabe que el día que comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal”. Un órdago que arremete en lo más íntimo de Eva y rompe sus defensas, porque la codicia se sobrepone a la confianza en su Creador, cuyas instrucciones quedan relegadas ante el panorama que le están planteando; está tan obnubilada que ni siquiera pide explicaciones: “Vio la mujer que el árbol tenía frutos sabrosos y que era seductor a la vista y codiciable para conseguir sabiduría; tomó de sus frutos y comió”.

Sally Salminen sitúa su relato a caballo entre los siglos XIX y XX y nos presenta a Katrina como “la mayor de tres hermanas, hijas de un campesino Österbotten … hermosa… alegre… resuelta… alta, fuerte y robusta… En sus ojos azules resplandecía la alegría de vivir… No había mozo casadero en toda la parroquia que no hubiese intentado buscar su felicidad ganando el corazón de Katrina…” Pero, “al atardecer de un día de primavera… conoció a un joven marinero” y “encontró Katrina su destino… Una noche clara y estrellada, ella y el joven marinero (Johan) paseaban por el camino que cruzaba la llanura…” Johan prepara el terreno incitando la curiosidad por lo desconocido: “¿No has salido nunca de aquí? ¡Oh! Tendrías que viajar y ver mundo. Deberías venirte a Aland. Aquél es otro país. Allí no tenemos estas llanuras siempre iguales de por aquí. ¿No te cansa este paisaje?” A pesar de la negativa de Katrina, Johan no se arredra y da rienda suelta a un relato fantasioso en el que, con descaro, desprecia a Österbotten e idealiza Aland, sin que su verborrea encuentre apenas oposición en Katrina. El momento decisivo se produce cuando Johan menciona las manzanas: “¿De veras hay manzanas en Aland?Katrina no podía quitarse de la cabeza aquello de las manzanas…” A partir de ahí: “su estado de ánimo era tal que la predisponía a creerlo todo”. Tras la conversación “Katrina se sintió presa de un íntimo desasosiego. Aquella tierra en donde había vivido sus veintitrés años en idílica placidez, se le antojaba ahora insoportable, mezquina y aburrida… Sólo soñaba con los dorados campos de trigo y el aire perfumado por la fruta -sobre todo por las manzanas, aquellas manzanas que maduraban allá lejos, hacia el sur, en las dulces y paradisíacas islas Aland.” Desde entonces “Johan era la única persona del mundo a quien Katrina quería escuchar” y para alcanzar cuanto antes su arrebatador anhelo se casará precipitadamente con el marinero, con el consentimiento de sus desconcertados padres.

Tras su decisión, Eva sufrió el destierro y descubrió las necesidades y dificultades que acompañan al común de los mortales; perdió una situación privilegiada. Los sueños de Katrina se desvanecerán pronto. Johan es poco más que un grumete en el barco, que sólo puede ofrecer a su mujer una casa destartalada que no es suya como cobijo. Además, tan pronto llegan a la cabaña Johan es reclamado para embarcarse durante unos meses. Katrina se queda sola, embarazada, en un lugar donde no conoce a nadie y a merced de los gerifaltes del lugar, que enseguida empiezan a darle órdenes.

Eva y Katrina tendrán que hacer frente a la nueva situación, porque no hay posibilidad de dar marcha atrás. Katrina lo hace con gran dignidad y fortaleza, asumiendo su papel de esposa, madre y ciudadana, sobreponiéndose a múltiples dificultades y sinsabores. Será el puntal de su familia y respetada por sus conciudadanos, pese a sus limitados recursos económicos. La narración de Salminen es tremendamente conmovedora y sugerente.

Las historias de Eva y Katrina invitan a actuar con prudencia para no dejarse llevar por cantos de sirena que nos llevan a despreciar todo aquello que tenemos y somos, en pos de un destino idílico. Lo que les ocurrió le puede ocurrir a cualquiera que no tome suficientes precauciones porque se siente muy seguro de sí mismo. Todos somos en algún punto vulnerables y podemos dejarnos embaucar si oímos alguna de las palabras mágicas que anidan en el subconciente y despiertan en nosotros un interés demesurado. En cualquier caso, conviene evitar cualquier discusión cuyo punto de partida sea una flagrante mentira.

(2) Sally Salminen: Katrina (1936) – Ediciones del Bronce – Clásicos del Bronce número 14 (1999) – Traductor: A. Vallés - 469 Páginas. Fragmento: Capítulo I. En Österbotten. Páginas 9-13

sábado, 15 de julio de 2017

La reputación como obstáculo

El hedor no se combate tapándose la nariz


Más vale ponerse una vez colorao que ciento amarillo’ (1) es una expresión a tener muy en cuenta cuando hay que tratar asuntos peliagudos que pueden afectar a la imagen exterior de una persona, un grupo o una sociedad, especialmente para aquellos que tienen responsabilidades de gobierno. 

Después de ver Spotlight, sin otra referencia compensatoria, se puede deducir que la jerarquía de la Iglesia Católica, representada en este caso en la archidiócesis de Boston, amparó el abuso a menores practicada por algunos de sus sacerdotes intentando silenciar su repercusión pública, valiéndose de su posición social y su ascendencia sobre buen parte de la población, incluidas las víctimas.

Tom McCarthy
director de la película
La responsabilidad de gobernar es una tarea difícil y complicada que sólo se puede llevar a cabo con la colaboración de un buen equipo de colaboradores. La prudencia es imprescindible para el buen gobierno, lo que supone que las decisiones no se toman como consecuencia de un arrebato o basándose en prejuicios. Pero, al mismo tiempo, obliga a actuar con la contundencia que requiera cada caso cuando se producen hechos graves que van contra los principios que defiende la institución que dirige.

Catedral de Boston
Si cuando se producen casos reprobables, escandalosos, lo que se antepone al tomar las decisiones es la salvaguarda de la reputación social de la institución, difícilmente se va a resolver el problema, más bien al contrario es más fácil que se extienda, porque el infractor, aunque reciba alguna medida disciplinaria, se sentirá amparado, y algunos otros tentados a imitarle pueden pensar que el riesgo que corren es asumible. La consecuencia es clara, con paños calientes la enfermedad de unos pocos se expande hasta convertirse en epidemia. Queriendo evitar que el buen nombre de la institución quede manchado, se acaba consiguiendo que acabe sumergido en un estercolero.

La buena reputación es un arma de doble filo. Por una parte puede abrir muchas puertas, por otra puede condicionar enormemente la vida de los que la poseen. Spotlight nos ofrece un ejemplo, pero hay otros como los de las estrellas Michelin, ¿cómo puede ser que un cocinero se suicide por haber perdido una? (2)

Hay también casos reseñables en el ámbito doméstico, algunos de ellos terribles. Hace unos cuantos años se hablaba con alguna frecuencia de las bodas de penalti que tenían como finalidad amparar el embarazo -no anunciado públicamente- de una hija -lo que dieran de sí de esos precipitados matrimonios…-. Pero más adelante se introdujo una modalidad todavía peor, que aún perdura, los abortos inducidos por los padres de la gestante. Detrás de estas soluciones encubridoras prevalece en muchos casos ‘salvaguardar el buen nombre de la familia’ -¿qué van a pensar de nosotros?-; pan para hoy, ¿hambre para mañana? (3)

A algunos obispos les hubiera ido bien recordar las palabras de Jesús antes de tomar algunas decisiones: “no hay cosa escondida que no vaya a saberse, ni secreto que no acabe por hacerse público” (4) y pensar que son más importantes los fieles y los principios que el chiringuito. A los demás nos cabe procurar que la reputación que tengamos no se convierta en una cadena.

(1) Más vale ponerse una vez colora(d)o que ciento amarillo: Recomienda afrontar con decisión las situaciones difíciles, con el objeto de no arrepentirse después por no haberlo hecho en su momento (http://cvc.cervantes.es/lengua/refranero/ficha.aspx?Par=59060&Lng=0)
(3) Pan para hoy, y hambre para mañana: Ante la inestabilidad de los bienes terrenales, conviene ser precavidos y acumular lo necesario no sólo para el momento actual sino también para el futuro inmediato y no tan inmediato. (http://cvc.cervantes.es/lengua/refranero/ficha.aspx?Par=59274&Lng=0)
21. Y les decía: -¿Acaso se enciende la lámpara para ponerla debajo de un celemín o debajo de la cama? ¿No se pone sobre un candelero?
22. Pues no hay cosa escondida que no vaya a saberse, ni secreto que no acabe por hacerse público.
23. Si alguno tiene oídos para oír, que oiga.

sábado, 8 de julio de 2017

Poder para qué

Ambición, competencia y servicio


Kolakowski
Kolakowski reflexiona sobre el poder y expone su atractivo: “a todos nos gustaría que los demás se comportasen del modo que a nosotros nos parece apropiado, lo que equivale a decir que sea beneficioso para nosotros o que esté de acuerdo a nuestro propio sentido de la justicia”. Pero discrepa de que un alto cargo de gobierno apetezca a todo el mundo: “estoy seguro de que muchísimas personas jamás han albergado tal sueño, no porque crean que sus probabilidades de alcanzar la meta son muy escasas sino, simplemente, porque creen que debe de ser un trabajo espantoso: incesantes quebraderos de cabeza, enormes responsabilidades y el convencimiento de que, haga uno lo que haga, será blanco permanente de ataques y ridiculización y de que se le atribuirán siempre las peores intenciones.” Sin embargo, una vez instalados en el poder y asimilados los pros y contras de su ejercicio el apego y el sentimiento de propiedad van creciendo con el paso del tiempo: “las personas que han disfrutado de un sustancial grado de poder durante mucho tiempo a menudo albergan la sensación de tener cierto derecho natural al poder… Cuando tales personas pierden su poder, por una u otra razón, no ven su pérdida simplemente como una desgracia sino como una catástrofe de proporciones cósmicas”. (1)

Pero lo peor que puede pasar es que se unan el exceso de ambición con la falta de competencia. Leonardo Castellani lo denunciaba en un artículo: “La ambición consiste en un apetito desordenado del mando por el placer del mando. El mando, elemento esencial de toda sociedad, es solamente un instrumento, una especie de espada filosa, formidable y frágil; y el ambicioso es una especie de criatura que agarra la espada sin saber el fin y el manejo de la espada, solamente porque es brillante y con un ansia inmensa de jugar con ella; con lo cual empieza a cortar donde no debe y acaba por cortarse a sí mismo... La mayor picardía que el diablo puede hacerle a un hombre, dice con mucha razón don Benjamín Villafañe, es ponerlo en un puesto que le quede ancho, porque empieza a hacer daño al prójimo -lo cual a la larga es hacérselo a sí mismo-, y acaba miserablemente; y esa picardía del diablo es el vicio de la ambición… El ambicioso cree que él está llamado a mandar, aunque a todos los demás no les parezca; mientras que el veramente llamado, a todos los demás les parece llamado a mandar mientras él duda…

Carles Capdevila durant la seva intervenció
Cuando las oí, me parecieron desalentadoras las afirmaciones de Carles Capdevila en una de sus últimas charlas, aunque hiciera sonreír en su forma de pronunciarlas: El poder es algo tan extraño que cuando tienes una posición de poder, al cabo de un minuto de tenerla ya te la quieren quitar. Por lo tanto, todo el mundo que tiene una posición de poder, aunque parecen poderosos son gente muy frágil, muy asustados porque alguien les quieren quitar la silla y cada día dedica un poco más de energía para que no le roben la silla... una obsesión por mantener el poder, pero no para gestionarlo porque no le da tiempo.” (3)

Un escenario muy alejado del que propone Vladimir Soloviov: “no busques el poder ni la dominación; si el poder y la dominación te reclaman, considéralo como un servicio. Abstente de ponerte en evidencia cuando no resulte ningún beneficio para el prójimo, abstente de mostrar tu superioridad y tu fuerza: no alimentes tu amor propio.” (4) ¿Imposible? Capdevila destacaba también el trabajo de tantos voluntarios que sin otro interés que prestar un servicio a la comunidad dedican un gran esfuerzo para sostener asociaciones surgidas de las inquietudes que bullen en la sociedad: culturales, recreativas, vecinales… que en muchos casos se convierten en factores de cohesión social. ¿Puede trasladarse este espíritu al ámbito profesional?

(1) Leszek Kolakowski: Libertad, fortuna, mentira y traición (1997). Editorial Paidós (2001) - Biblioteca del presente número 15. Título original:  Freedom, Fame, Lying and Betrayal. Traductor: Víctor Pozanco Villalba.  108 páginas. Fragmento en el Capítulo 1. Del poder. Páginas 9-13
(2) Leonardo Castellani: Cómo sobrevivir intelectualmente al siglo XXI (1976).  Libros Libres (2009). Fragmento en Digamos la verdad. La ambición. Páginas 303-306. Reproducción del artículo publicado en Cabildo, Buenos Aires, nº 501, 24 de febrero de 1944)
(3) 'Viure amb humor', el monòleg de Carles Capdevila 11-04-2017
https://www.youtube.com/watch?v=zYFg5tl7LI4
"El poder és una cosa tan estranya que quan tens una posició de poder, al cap d’un minut de tenir-la ja te la volen fotre. Per tant, tothom que té una posició de poder, encara que semblen poderosos són gent molt fràgil, molt espantats perquè algú els vol fotre la cadira i cada dia dediques una mica més d’energia a que no et fotin la cadira... una obsessió per mantenir el poder, però no per gestionar-lo perquè no et dóna temps.". Fragment al minut 39 i següents.
(4) Vladímir Soloviov: Els fonaments espirituals de la vida (1884). Proa (1994) - Clàssics del cristianisme, número 46. Traductora: Raquel Ribó. 116 pàgines. Fragment Primera part. Capítol tercer. El dejuni. Pàgines 125-126
"Existeix el dejuni espiritual: consisteix a abstenir-se de l’acció empesa per l’amor propi i l’ambició, a renunciar al poder i a la glòria humans. Aquest dejuni és sovint necessari a aquells qui exerceixen una funció pública. Es regeix per la regla següent: no cerquis el poder ni la dominació; si el poder i la dominació et reclamen, considera’ls com un servei. Abstén-te de posar-te en evidència quan no en resulti cap benefici per al proïsme, abstén-te de mostrar la teva superioritat i la teva força: no alimentis el teu amor propi."


miércoles, 5 de julio de 2017

Los caminos de la armonía

A vueltas con la analogía


Octavio Paz
El escrito que sigue es producto de una cabezonería que me ha mantenido mentalmente semibloqueado intentando hilvanar un razonamiento coherente, al menos en alguna medida, aunque está por ver que lo haya conseguido. Me propuse desentrañar qué podía significar el concepto analogía de los contrarios que había anotado mientras leía un libro y al que acudía cuando había desaparecido de mi vista el entorno en que se mencionaba.

Donde no hay distinción, hay confusión” le dijo Tomás de Aquino a su maestro Alberto Magno cuando este le preguntó por qué utilizaba con tanta frecuencia el término ‘distingamos’ para exponer sus argumentos. Pero esta no es la lógica que subyace en las ciencias ocultas, donde prolifera lo difuso, si nos atenemos a la descripción que hace Octavio Paz de una de sus expresiones: “lo específico de la magia consiste en concebir al universo como un todo en el que las partes están unidas por una corriente de secreta simpatía.” (1)  


Este mundo misterioso puede fascinar a cualquiera, pero encuentra un fructífero campo de cultivo aquellos cuya actividad versa sobre la especulación dialéctica y la sensibilidad: los filósofos y los artistas.

Es en un contexto esotérico que Eliphas Lévi (Alphonse Louis Constant) introduce el término dotándole de efectos cuasi taumatúrgicos: “la armonía resulta de la analogía de los contrarios”, una noción que describe como “la relación de la luz y la sombra, de la cima y del abismo, del lleno y el vacío”. En otro pasaje afirma que “la armonía resulta de la analogía de los contrarios. Toda luz que manifiesta una forma debe necesariamente proyectar una forma. Creo en la sombra porque creo en la luz.” (2) Papus (Gérard Encausse), ocultista estudioso de la obra de Lévi aclara que “la analogía de los contrarios resulta del hecho que esos contrarios poseen en su esencia un elemento común”. (3)

Autoretrato de Seurat
En el terreno de los artistas se encuentra el introductor del puntillismo, Georges Pierre Seurat, lo aplica a la pintura: “El arte es armonía. La armonía es la analogía de los contrarios, y de similares elementos del tono, del color, y de la línea, considerados a través de su dominancia y bajo la influencia de la luz en combinaciones alegres, serenas o tristes”. (4)

Pero algunos círculos del arte poético parecen ser los más proclives, como plantea Vicente Huidobro: “Toda poesía válida tiende al último límite de la imaginación. Y no sólo de la imaginación, sino del espíritu mismo porque la poesía no es otra cosa que el último horizonte, que es a su vez la arista en donde los extremos se tocan, en donde se confunden los llamados contrarios”. (5) El engarce es la analogía, como la entiende Octavio Paz: “Por la analogía, el paisaje confuso de la pluralidad y la heterogeneidad se ordena y se vuelve inteligible: la analogía es la operación por medio de la que, gracias al juego de las semejanzas, aceptamos las diferencias. La analogía no suprime las diferencias: las redime, hace tolerable su existencia… La analogía es el recurso de la poesía para enfrentarse a la alteridad”. (6)

¿Qué se puede concluir de todo ello? Se puede enmarañar el lenguaje mezclando realidad con ficción y fantasía, pero si no se separan adecuadamente sólo se consigue confundir. Puedo decir que una verdad es inverosímil y una mentira verosímil, pero eso no significa que verdad y mentira se entrelacen, sino que mezclo dos aspectos distintos: la realidad (externa e independiente de mí) y la percepción o apariencia (que brota de mi interior). También puedo decir que lo diáfano es una faceta de lo difuso o que la recta es un tipo de curva…; una manera de jugar con los conceptos que manipula el lenguaje, no la realidad, que no queda transformada por el entramado dialéctico.

La analogía, bien utilizada, puede ser una magnífica herramienta para allanar el camino del conocimiento, haciéndolo más comprensible, más asequible, más cercano al nivel intelectual del receptor. Y además tiene la cualidad de contribuir a elevar el espíritu superando las contingencias léxicas, como hace el lenguaje poético sin necesidad de buscar la influencia de doctrinas esotéricas. Dos misiones que permiten ampliar los horizontes cognitivos del ser humano.

La armonía puede convertirse en un apetitoso cebo para picar, pero tras él hay anzuelo, un hilo, una caña y una nasa donde quedar depositado. Hay que contemplar el conjunto antes de morderlo si no se quiere tener sorpresas desagradables.

(4) Georges Pierre Seurat: Carta a Maurice Beaubourg 1890. Recogido de http://trianarts.com/george-seurat-el-puntillismo/#sthash.ooWUPm3e.dpbs
(5)  Huidobro, "La poesía". En Altazor / Temblor de cielo, pp. 178-179. Recogido de http://sisbib... (web citada)
(6) Octavio Paz, Los hijos del limo, pp. 61-62. Recogido de http://sisbib... (web citada)