domingo, 26 de enero de 2025

Una semilla caprichosa

El amor humano es insondable

«Yo le quería con toda el alma / Como se quiere sólo una vez / Pero el destino cambió mi suerte / Quiso dejarme sin su querer // Una mañana de frío invierno / Sin darme cuenta se echó a volar / Y desde entonces aún le espero / No me resigno a la soledad» (1).

Son las primeras estrofas de la canción “Donde estás corazón” interpretada por Mocedades con la mirada puesta en el fallecido Roberto Uranga. Unas palabras que podría suscribir Nathalie, protagonista de la novela y película La delicadeza (2).

Nathalie conoce a François sorpresivamente en la calle y empiezan a sintonizar; con el paso del tiempo el amor cuajará y se casarán. Ese encuentro inesperado me ha hecho a recordar que mis padres se conocieron en una parada de tranvía. Y de pronto la vida idílica de Nathalie se trunca al cruzar François inadvertidamente una calle mientras hace deporte corriendo.

El duelo de Nathalie recorre la mayor parte del relato de la novela; sus diferentes estrategias para superarlo, así como las reacciones de su entorno personal y profesional. Durante este periodo ella procura zafarse de “vivir bajo el dictado de los deseos de los otros”, como lo había hecho anteriormente. ¡Cómo nos tienta curiosear y entrometernos en la vida de los demás! Parafraseando a Foenkinos, el escritor: “¿Tanto nos aburren nuestras vidas para buscar emociones en las de los otros?” (3). Tras la muerte de Maradona un ferviente seguidor declaró: “Qué me importa lo que Diego hizo con su vida, me importa lo que hizo con la mía” (4).

Al acoso exterior, más o menos bienintencionado -deberías, tendrías que, porque no…-, que ha de soportar Nathalie, se une la tensión interior: «En el duelo existe una fuerza contradictoria, una fuerza absoluta que lo propulsa todo hacia la necesidad del cambio y al mismo tiempo hacia la tentación morbosa de la fidelidad al pasado», escribe Foenkinos.

Un arrebato instintivo, hará que la vida de Nathalie cambie por completo, ante la mirada atónita de sus compañeros de trabajo al percibir sus consecuencias. Los dimes y diretes no la acomplejarán, más bien ayudarán a germinar esa semilla caprichosa con que se manifiesta tantas veces el amor. No le ahorrará sufrimiento, porque tendrá que tomar decisiones dolorosas, pero será el camino por el que la herida abierta con la desaparición de François empiece a cicatrizar.

Tras ver la película me he preguntado cómo habrán rellenado los espectadores las omisiones que hace respecto al texto escrito. Vana reflexión: es tan insondable como lo es el alma humana, de la que incluso los especialistas pueden atisbar tan solo una pequeña porción, tan insondable como el amor humano verdadero, que no se puede medir, ni predecir.

(1) Mocedades: ‘Dónde estás corazón’. Se puede escuchar en https://www.youtube.com/watch?v=Gj-p8b5N_js

(2) Libro de David Foenkinos: La delicadeza. Película del mismo nombre dirigida por David y Stéphane Foenkinos.

(3) Del libro de David Foenkinos: La delicadesa. Título original: La délicatesse (2009). Editorial: La Magrana – Colección: Les ales esteses, número 308 – 1ª edición (2011). Traductor: Jordi Martín Lloret. 171 paginas. Ver epígrafe 9, página 19

(4) Extraído de Iusport: https://iusport.com/archive/115487/fontanarrosa-que-me-importa-lo-que-diego-hizo-con-su-vida-me-importa-lo-que-hizo-con-la-mia

(5)  Traducido de La delicadesa, obra citada, epígrafe 31, página 51.

sábado, 18 de enero de 2025

Donde menos se espera

 Querer lo que uno hace

‘¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?’ (1) Algo parecido piensa Muriel cuando llega a un pequeño pueblo, donde ocupará la plaza vacante de maestra. Durante el viaje desde la capital de provincia en la que reside ha comprobado que las maneras de los lugareños son bastante diferentes de las que está habituada. Y al llegar al pueblo, a pesar de las atenciones iniciales para acompañarla a la casa en la que tiene reservada una habitación, ha comprobado el deficiente estado del aula por falta de mantenimiento y el poco interés que tienen, en general, las familias por los estudios de sus hijos. Si ya viene contrariada porque piensa que su brillante expediente académico en Magisterio es merecedor de un destino más atractivo, más acorde con su mérito, los primeros contactos con la realidad a la que se ha de enfrentar refuerzan la idea de estar allí el menor tiempo posible, siguiendo la estela de las maestras que la han precedido.

En este escenario nos sitúa Cinco panes de cebada, la novela de Lucía Baquedano (1). En medio del desconcierto en que está sumida Muriel por el ambiente en el que se encuentra, el sacerdote del pueblo le dice: «Es cierto que has venido a parar a un lugar de gente cerrada, tímida, como tú me dices. Ya sé que para ti, una chica joven, poco acostumbrada a los pueblos, sería mucho más sencillo que todos fuéramos abiertos, comunicativos, animadores, ¿verdad? Pero no trates nunca de comprender a los hombres, Muriel. Ámalos. Y cuando hayas he aprendido a quererlos, verás como nada te importa no comprenderlos.» Puede parecer un comentario propio de un pensamiento naíf, crédulo o buenista, pero es muy profundo. En otro registro Jean-Paul Sartre dice: «Felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace». Ese ‘ámalos’ no tiene nada de sentimental, es un esfuerzo de la voluntad por querer el bien del otro, y eso influye positivamente en la relación que se mantiene con él, aunque falte correspondencia o tarde en llegar.

La canción de los Burning, que hizo fama a finales de los años setenta del siglo pasado, empieza con una pregunta y continúa con otra: '¿Qué clase de aventura has venido a buscar?' Muriel sólo quiere ejercer de maestra, pero espera un ambiente más propicio a lo que imaginaba. Sin embargo, llega un momento en el que se pregunta para qué está ahí; y con un aire trascendente se responde: «Tal vez en Beirechea había un niño que me necesitaba. Precisamente a mí, no a otra maestra. No sé cómo ni para qué, pero sería un niño a quien yo podía servir.» Detecta que tiene una misión que cumplir, aunque no sepa muy bien cuál es, quizá la descubra más adelante, pero de momento le sirve para poner empeño en su tarea.

Cuando empieza a observar frutos en su trabajo, le toca luchar contra las incomprensiones de sus mejores amigos. Aquel con quien más sintoniza le dice: «¿Por qué no dejas esto? Perderás aquí lo mejor de tu vida y todo seguirá igual…» y le expone una serie de razones. Dicho comentario molesta a Muriel: «Te lo dije ya una vez. Yo desde mi escuela voy a intentarlo, y no lo haré pensando en alejarlos de aquí, sino con la esperanza de que, hagan lo que hagan, en el pueblo o en la ciudad, sea con verdadera vocación. Que su camino lo elijan ellos mismos, pero que marchen por él preparados. No seas demoledor conmigo, te lo ruego… Conozco muy bien mis limitaciones y sé que mi influencia es más bien escasa, pero si aquel chico del evangelio que entregó los panes y los peces hubiera pensado que con tan poca cosa no se podía solucionar la comida de cinco mil personas, y que encima él se quedaría con hambre, hubiera comido opíparamente, tras escuchar el sermón de la montaña, pero nos hubiera privado de uno de los mayores milagros de la historia.»

Los frutos de la generosidad son incalculables, aunque muchas veces se contemplen con escepticismo, no nos lo acabamos de creer. Optamos habitualmente por buscar seguridades o por el ‘doy para que me des’. De esta manera se ponen en stand by muchos proyectos personales y colectivos, porque se quieren resultados ciertos antes de emprender cualquier iniciativa. Buscando seguridades de manera enfermiza nuestras cualidades se agarrotan o se vuelven estériles, porque hay momentos en que conviene arriesgar, salir de la zona de confort, para dar lo mejor de uno mismo y afrontar los retos que la vida nos plantea. Muriel lo descubrirá.

(1) De la canción de los Burning: ‘¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?’ Se puede escuchar en https://www.youtube.com/watch?v=6ssGfaPrORE

(2) Lucía Baquedano: Cinco panes de cebada (1981). Editorial: SM – Colección: Gran Angular, número 17 – 49ª edición (2016). 173 páginas

miércoles, 8 de enero de 2025

Salto a la fama

Provoca, que algo queda

“Lo importante es que hablen de ti, aunque sea bien”, dijo Salvador Dalí, contrastando al publicista Ivy Lee: “lo importante es que hablen de ti, aunque sea mal” (1). Dalí, excelente pintor, se hizo más popular por sus excentricidades que por la gran calidad de su obra artística.

No había oído hablar de Lalachus hasta que oí en la radio y vi en la prensa digital reacciones a un instante de su intervención en la retransmisión de las campanadas que daban entrada al año nuevo en Televisión española. Un hecho que, teniendo en cuenta el momento y el lugar en el que se produjo, propició que su resonancia fuera superlativa.

No sé si Lalachus suscribe lo dicho por Dalí o Lee, pero su actuación es de las que deja marca, como aquellas de las que se lamenta Hamlet ante su amigo Horacio: «Así acontece frecuentemente a los hombres. Cualquiera defecto natural en ellos, sea de su nacimiento, del cual no son culpables, puesto que nadie puede escoger su origen, sea cualquier desorden ocurrido en su temperamento, que muchas veces rompe los límites y reparos de la razón, o sea, cualquier hábito que se aparta demasiado de las costumbres recibidas, llevando estos hombres consigo el signo de un solo defecto que imprimió en ellos la naturaleza o el acaso, aunque sus virtudes fuesen tantas cuantas es concedido a un mortal y tan puras como la bondad celeste, serán, no obstante, amancilladas en el concierto público por aquel único vicio que las acompaña: un solo adarme de mezcla quita el valor al más precioso metal y le envilece» (2).

Sea como fuere Lalachus ha obtenido esa fama de la que Rosalía y The Weeknd cantan: «Es mala amante la fama y no va a quererte de verdad / Es demasiao traicionera, y como ella viene, se te va / Sabe que será celosa, yo nunca le confiaré / Si quieres duerme con ella, pero nunca la vayas a casar». Porque la fama conseguida de esta forma puede convertirse en una cárcel, un corsé que delimita lo que esperan seguidores y detractores de ti en el futuro, de manera que un cambio de registro suscite decepción o rechazo en unos, y recelo en otros.

La fama se ha de aprender a gestionar, como también la vida con todo lo que nos ofrece a su paso. En ese recorrido vital buscamos lo mejor, que no suele coincidir con nuestros deseos previos, ni con los proyectos que otros tienen para nosotros. Cada caminante ha de aprender a reconocer el camino que engrandecerá su vida, sin que la fama, cualquiera que sea, lo perturbe.

(1) Periódico La Vanguardia, 23 de enero de 2020: «Por eso una de sus máxima era: “Lo importante es que hablen de ti, aunque sea bien”, recordando aquella famosa frase que creó el publicista Ivy Lee en la que aseguraba que “lo importante es que hablen de ti, aunque sea mal” Extraído de https://www.lavanguardia.com/cultura/20200123/473090030535/frases-salvador-dali-inteligentes-surrealistas.html

(2) William Shakespeare: Hamlet (1601). Editorial: Salvat – Colección: Biblioteca básica Salvat, libro RTV 11 – 1ª edición (1969). Traducción: Leandro Fernández de Moratín. 178 páginas. Acto primero, escena X, página 40.

(3) Rosalía y The Weeknd: La fama. Letra y música en https://www.youtube.com/watch?v=7fNRhB2Tj40