Influir sin entrometerse
“Nunca más interferir
en vidas humanas”, repite varias veces O’Neill en Extraño interludio. Dudé si
el verbo interferir era el adecuado en el contexto y la definición del diccionario: “Interponerse [una persona o una cosa] en el proceso o
desarrollo de algo de manera que lo altere o lo impida”, me ha parecido apropiada, porque la historia que cuenta O’Neill se puede enmarcar en dos interferencias, la del
profesor Leeds con su hija Nina y la de ésta con todo aquel que la circunda a cuenta
del recuerdo de su novio Gordon.
El profesor Leeds no
quiere que su hija se case con Gordon. Reconoce que el muchacho tiene múltiples
cualidades, pero considera que su posición social invalida su idoneidad para
unirse a Nina. Además teme quedar relegado en el afecto de su hija. Decidido a
evitar el enlace utilizará el chantaje emocional con Gordon para conseguir que
se avenga a posponerlo hasta su regreso de la guerra. Una estrategia para ganar
tiempo.
La muerte de Gordon en
el conflicto provocará una herida profunda en Nina, un trastorno que la llevará
a una conducta errática amparada en la obsesión por Gordon. Pensando en él
abandonará a su padre, llevará una vida promiscua, se casará con alguien a
quien no quiere, abortará y cometerá adulterio para tener el hijo que ha de
reproducir su idealizada imagen. Querrá apropiarse de la vida de este hijo, que
se llamará también Gordon, hasta el punto de querer poner en riesgo su
felicidad para evitar que se escape de su control. Un amor posesivo por un hijo
al que se quiere instrumentalizar para llenar un hueco que nadie puede ocupar.
Cada ser humano es único e irrepetible.
Se interfiere en vidas humanas cuando se pretende que un hijo suplante a otro, como se hace patente en Largo viaje hacia la noche donde O’Neill narra que Tyrone sugiere
a Mary tener un hijo cuando muere el pequeño Eugene. Edmund no puede convertirse en Eugene. Algo que tenía muy claro
aquella mujer que tras oír cómo pretendían consolarla tras un aborto espontáneo
con el argumento: ‘Ya tienes otros hijos’, contestó: “Sí, pero éste no”.
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| Farhadi |
Otra manera de
interferir en vidas humanas es la que nos cuenta el oscarizado Asghar Farhadi
en A propósito de Elly. (1) Sepideh
invita a Elly a una excursión que han organizado los amigos de Ahmed, recientemente
divorciado, cuando regresa a Irán de vacaciones. La pretensión de Sepideh es
que se conozcan y que Ahmed no sea el único desparejado del grupo. Sepideh no
es responsable directa de lo que le ocurre a Elly, pero recae sobre ella la
responsabilidad de haber utilizado artimañas para impedir que Elly abandonara la casa donde se alojaban para regresar a su casa, como era su deseo, antes de que sucediera la tragedia. ¿Pensaba
que le hacía un favor a Elly o Ahmed reteniéndola? ¿Qué pretendía conseguir?
Algunas personas se creen con derecho a entrometerse en la vida de los demás
confundiendo sus deseos o intereses con el bien de los demás; están convencidas que saben lo que ellas necesitan.
La libertad es un don
apetecido por todos pero difícil de asimilar en su plenitud. Nos cuesta entender que
alguien cercano o que dependa de nosotros siga itinerarios vitales distintos de
los que teníamos previstos para ellos, pensando que era lo mejor. Ahí está su grandeza; ahí radica su riesgo. Quien no esté dispuesto a arriesgarse nunca entenderá la
libertad.
Sin llegar a interferir, podemos influir en los demás de muchas maneras y ayudarles, si es preciso, a que a aprendan a tomar decisiones; pero hay un espacio, el de su libertad, que hay que evitar invadir, aunque suframos por ello.
(1) Título original: Darbareye
Elly (About Elly). Director Asghar Farhadi. Estrenada: 2009. País: Irán










