sábado, 28 de enero de 2017

Interferencias vitales

Influir sin entrometerse

Nunca más interferir en vidas humanas”, repite varias veces O’Neill en Extraño interludio. Dudé si el verbo interferir era el adecuado en el contexto y la definición del diccionario: “Interponerse [una persona o una cosa] en el proceso o desarrollo de algo de manera que lo altere o lo impida”, me ha parecido apropiada, porque la historia que cuenta O’Neill se puede enmarcar en dos interferencias, la del profesor Leeds con su hija Nina y la de ésta con todo aquel que la circunda a cuenta del recuerdo de su novio Gordon.

El profesor Leeds no quiere que su hija se case con Gordon. Reconoce que el muchacho tiene múltiples cualidades, pero considera que su posición social invalida su idoneidad para unirse a Nina. Además teme quedar relegado en el afecto de su hija. Decidido a evitar el enlace utilizará el chantaje emocional con Gordon para conseguir que se avenga a posponerlo hasta su regreso de la guerra. Una estrategia para ganar tiempo.

La muerte de Gordon en el conflicto provocará una herida profunda en Nina, un trastorno que la llevará a una conducta errática amparada en la obsesión por Gordon. Pensando en él abandonará a su padre, llevará una vida promiscua, se casará con alguien a quien no quiere, abortará y cometerá adulterio para tener el hijo que ha de reproducir su idealizada imagen. Querrá apropiarse de la vida de este hijo, que se llamará también Gordon, hasta el punto de querer poner en riesgo su felicidad para evitar que se escape de su control. Un amor posesivo por un hijo al que se quiere instrumentalizar para llenar un hueco que nadie puede ocupar. Cada ser humano es único e irrepetible.

Se interfiere en vidas humanas cuando se pretende que un hijo suplante a otro, como se hace patente en Largo viaje hacia la noche donde O’Neill narra que Tyrone sugiere a Mary tener un hijo cuando muere el pequeño Eugene. Edmund no puede convertirse en Eugene. Algo que tenía muy claro aquella mujer que tras oír cómo pretendían consolarla tras un aborto espontáneo con el argumento: ‘Ya tienes otros hijos’, contestó: “Sí, pero éste no”.

Farhadi
Otra manera de interferir en vidas humanas es la que nos cuenta el oscarizado Asghar Farhadi en A propósito de Elly. (1) Sepideh invita a Elly a una excursión que han organizado los amigos de Ahmed, recientemente divorciado, cuando regresa a Irán de vacaciones. La pretensión de Sepideh es que se conozcan y que Ahmed no sea el único desparejado del grupo. Sepideh no es responsable directa de lo que le ocurre a Elly, pero recae sobre ella la responsabilidad de haber utilizado artimañas para impedir que Elly abandonara la casa donde se alojaban para regresar a su casa, como era su deseo, antes de que sucediera la tragedia. ¿Pensaba que le hacía un favor a Elly o Ahmed reteniéndola? ¿Qué pretendía conseguir? Algunas personas se creen con derecho a entrometerse en la vida de los demás confundiendo sus deseos o intereses con el bien de los demás; están convencidas que saben lo que ellas necesitan.

La libertad es un don apetecido por todos pero difícil de asimilar en su plenitud. Nos cuesta entender que alguien cercano o que dependa de nosotros siga itinerarios vitales distintos de los que teníamos previstos para ellos, pensando que era lo mejor. Ahí está su grandeza; ahí radica su riesgo. Quien no esté dispuesto a arriesgarse nunca entenderá la libertad.

Sin llegar a interferir, podemos influir en los demás de muchas maneras y ayudarles, si es preciso, a que a aprendan a tomar decisiones; pero hay un espacio, el de su libertad, que hay que evitar invadir, aunque suframos por ello.

(1) Título original: Darbareye Elly (About Elly). Director Asghar Farhadi. Estrenada: 2009. País: Irán

sábado, 21 de enero de 2017

El presente no es un paréntesis

Pinceladas sobre la vida

Rosa Montero
La periodista Pepa Fernández introducía la entrevista que realizaba a la también periodista y escritora Rosa Montero leyendo la primera frase de su último libro, La carne: “La vida es un pequeño espacio de luz entre dos nostalgias, la de lo que aún no has vivido y la de lo que ya no vas a poder vivir.” (1)

La vida es’… ¡Cuántas definiciones de la vida hemos oído! La mayoría hacen referencia estados de ánimo o a una determinada circunstancia. En definitiva, pinceladas que van configurando el cuadro de la existencia humana. Junto a alusiones ligeras como las que cantaba Marisol en La vida es una tómbola (2), encontramos de solemnes como los versos de Calderón en La vida es sueño: “¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.” (3)

Para Nina, la protagonista de Extraño interludio de Eugene O’Neill “la única vida viva está en el pasado y el futuro... El presente es un interludio, un extraño interludio en que evocamos el pasado y el futuro como testigos de que estamos vivos!...” Nina vive en un duelo mal digerido, atrapada en la figura de Gordon, su prometido muerto durante la guerra, contaminando todas sus decisiones y arrastrando tras de sí a todo su entorno, como expresa angustiado su padre “Nina no puede vivir para siempre con un cadáver… No se trata de Gordon… Es su memoria, su fantasma… lo que ronda a Nina, y que tiene una influencia que me da pánico por el cambio de actitud terrible que ha sufrido hacia mí…”.  (4) La idealización de lo contingente que nos aleja de la realidad.

Escribí hace unos meses que la nostalgia del pasado y el anhelo del futuro no debería impedirnos vivir con intensidad el presente, porque pasado y futuro son tan solo referencias; el presente no es un paréntesis sino el lugar donde se dirime lo crucial, el momento oportuno que no debemos desaprovechar.

(4) Libro leído: Eugene O’Neill: Estrany interludi. Strange Interlude (1928). Edicions 62 / la Caixa. Col·lecció Les millors obres de la literatura universal del segle XX nº 26. 1ª edició 1988. Traducció Victòria Alsina i Keith. 363 pàgines (l’obra ocupa les planes 9 a 206)

domingo, 15 de enero de 2017

Palabras que hicieron mella

Glosando a Gianna Beretta Molla

Gianna Beretta Molla
Corría el año 2006 y asistía a la misa vespertina del domingo en la parroquia de Sant Vicenç de Jonqueres en el barrio de la Creu Alta de Sabadell. Celebraba mossèn Feliu Pidelaserra y durante la homilía hizo una glosa de Gianna Beretta Molla, una santa canonizada por Juan Pablo II el 16 de mayo de 2004. El hecho más destacado de su vida fue rechazar cualquier tratamiento que pudiera perjudicar la gestación de su hija Gianna Emanuela, concebida con anterioridad a serle diagnosticado un cáncer de útero. Gianna Beretta murió unos días después del nacimiento de su hija.

No cabe duda de que este hecho tuvo especial relevancia para impulsar la apertura del proceso de canonización, pero no hubiera bastado por sí solo para que concluyera con la proclamación pública de santidad en el seno de la Iglesia Católica. Como es habitual, la vida de la candidata fue estudiada con minuciosidad, porque la vida de un santo debe ser un ejemplo para todos los fieles digno de ser imitado.

Desconozco por qué mossèn Feliu hizo esa referencia, pero sus palabras hicieron mella en mí. En esos momentos mi esposa estaba embarazada de nuestra hija Anna e iba a someterse a pruebas diagnósticas. A partir de se día pedí la intercesión de la santa para que todo saliera bien, como así fue. El nombre de mi hija ya estaba decido con anterioridad, pero entre los que incluimos en el bautismo está Gianna Beretta.

He estado buscando alguna biografía más completa que la que ofrece la Santa Sede (1), pero el texto de José Miguel Cejas en español está descatalogado. Sin embargo, además de otras breves semblanzas, he encontrado en Youtube un magnífico documental canadiense de Salt and Light TV titulado Santa Gianna Beretta Molla: mujer, esposa, madre y santa. (2) Glosa su vida y las ceremonias de beatificación y canonización. Entre los testimonios que recoge me han emocionado especialmente los de su esposo, Pietro Molla y de su hija Gianna Emanuela. Os invito a verlo.

martes, 10 de enero de 2017

Lenguaje teatral

Tener qué contar y saber cómo contarlo

Hace unos días que he acabado de leer Largo viaje hacia la noche (Long Day’s Journey into Night) de Eugene O’Neill (1), un drama familiar autobiográfico plasmado en lo que sucede durante un día en la vida de los personajes. Una relación áspera y quebradiza donde el autor desnuda sus propios recuerdos. Cuando la acabó, exigió que no se representara hasta que hubieran transcurrido 25 años de su muerte, una condición que no respetó su viuda.

Comparado con la cantidad dedicada a otros géneros, he leído pocas obras teatrales. De ésta lo que me ha gustado especialmente es el ritmo expositivo y el contenido de los diálogos –densos pero no pesados- que retratan la situación que vive la familia protagonista, que arrastra consigo mucho dolor que no se ha restañado; una relación áspera entre sus miembros que torna quebradiza la convivencia. Me ha sorprendido también la meticulosidad del autor para describir los ambientes y las reacciones de los personajes, algo que se puede percibir como exponente de la manera en que O’Neill concebía que debía representarse la obra, que puede resultar aclaratoria para el lector, aunque limite su imaginación, pero que, a su vez, supone una especie de corsé para el director teatral que la quiera representar.

Ana Antón-Pacheco
Tan interesante como la lectura de la pieza teatral es la introducción –casi tan extensa como el texto de O’Neill- que realiza la profesora de Filología de la Universidad Complutense de Madrid Ana Antón-Pacheco, traductora y editora del texto, en la que repasa la biografía del autor y analiza su obra literaria, muy influenciada por sus experiencias personales y personas con las que se relacionó, en el entorno familiar, social y cultural que le tocó vivir. 

De la expuesto por Antón-Pacheco destaco lo que hace referencia a los personajes y el lenguaje: O’Neill intenta retratar tipos que conoce, a los que traslada a la tarima del escenario, colocados en las situaciones vivenciales que les son correspondientes y circunscritos por problemas que trascienden el mero entorno físico.” Pero “no se detiene en el mero nivel realista formal, sino que, paralelamente, inicia un lento proceso de renovación lingüística”. En este contexto recoge las aportaciones de la investigadora del Selwin College de la Universidad de Cambridge Jean Chothia, autora de un estudio sobre la obra de O’Neill titulado Forging a Language (2): “O’Neill no solamente se preocupa de crear personajes reconocibles localizados en entornos físicos igualmente reales, sino que intenta dotarlos de una forma de expresión lingüística que se corresponda con su extracción social”. Pero el lenguaje dramático y el lenguaje de la vida cotidiana son difícilmente conciliables. ¿Por qué? Chothia expone algunos motivos: “Si el dramaturgo ha de crear una acción significativa durante las tres o cuatro horas de tiempo que dura la representación de una obra, su diálogo, por muy natural que parezca ser, ha de ser lo menos natural posible para que transmita significado e implicación.” Al leerlo recordé el comentario de un crítico de cine referido a una de las películas de Woody Allen, pienso que era Hannah y sus hermanas, en la que describía la gran cantidad de información que se desprendía de un breve diálogo matrimonial al inicio del film.

Jean Chothia
Continúa Chothia: “El diálogo dramático no reproduce, sino que representa el lenguaje. Es una construcción artificial creada por el dramaturgo con mayor o menor arte, de tal forma que, dentro de la convención dada, suene natural cuando se pronuncie, a la vez que incorpore un subtexto esquematizado de tal densidad que permita que una acción compleja tome vida dentro de los límites del tiempo de representación.”. Y remarca la importancia crucial del lenguaje en el conjunto de una obra teatral: “donde se produce un fracaso en el lenguaje, aparece también un fallo de concepción dramática”.

Tan importante para un creador artístico es tener qué contar como saber cómo contarlo a quien se lo pretende contar. En este ámbito, la sencillez y naturalidad expositiva son la consecuencia de un arduo trabajo previo.

(1) Eugene O’Neill: Largo viaje hacia la noche – Long Day’s Journey into Night (1940) – Cátedra – Colección Letras Universales número 51 – 5ª edición 2005 – Traducción: Ana Antón-Pacheco – 219 páginas

(2) Jean Chothia, Forging a Language, A Study of the Plays of Eugene O’Neill, Londres, Cambridge University Press (1979), 1981.