sábado, 21 de marzo de 2020

Acicate a la resiliencia

Duelo por la rutina perdida


Boris Cyrulnik
Le preguntan al psiquiatra y psicoanalista Boris Cyrulnik en que consiste la resiliencia, un concepto que ha divulgado a partir de los escritos del psicoanalista John Bowlby (1), que responde: “La definición de la resiliencia no puede ser más sencilla: es iniciar un nuevo desarrollo después de un trauma. No puede haber una definición más simple. Lo complicado es descubrir qué condiciones la permiten, es decir, la «segurización», la recuperación, las relaciones y la cultura.” (2)

¿Qué características tiene una persona resiliente?, le preguntan a continuación. Contesta: Si alguien está traumatizado, y, después de la desgracia, es capaz de iniciar un nuevo desarrollo, entonces hablamos de resiliencia. Es decir, depende un poco de la persona y mucho de su entorno: de su entorno antes del trauma y de su entorno después del trauma”.

La resiliencia está relacionada con el proceso de superación del duelo. Aunque se suela vincular el duelo a situaciones derivadas del fallecimiento de un ser querido, el psicólogo Alfons Gea, con larga experiencia en el tratamiento del duelo, aclara al inicio del libro Acompañando en la pérdida: “Para entender el duelo, en primer lugar debemos entender lo que se denomina apego, afección o vinculación. El duelo no se refiere estrictamente a una caja de muertos, ni a una funeraria, ni a la muerte: remite a una pérdida. Se pierde algo que se valora, y esto provoca dolor.” (3) De hecho Bowlby fue pionero en los trabajos sobre la teoría del apego (4) y Cyrulnik dice que: “La definición de «segurización» es crear un apego familiar.”

En los momentos de especial dificultad, como los que estamos viviendo, la resiliencia de cada uno se pone a prueba. El bichito ha globalizado la vulnerabilidad y ha trastornado nuestras vidas. Muchas ‘seguridades’ con las que contábamos se han ido al traste o tambalean: salud, economía, trabajo… El maldito virus no sólo enferma nuestros cuerpos sino que además perturba gravemente nuestras mentes: la incertidumbre, el temor a lo desconocido, multiplica exponencialmente los efectos dañinos de la infección, dando paso a conductas que en algunos casos están cargadas de irracionalidad. Nadie estamos inmunizados ante el temor generalizado que se acrecienta con una propagación multimedia de informaciones ante un escenario inesperado de duración indeterminada.

Lo mejor y lo peor del ser humano aflora en estas circunstancias. Afortunadamente hay mucho más de lo primero, a tenor de la multitud de iniciativas que están surgiendo para hacer más llevadero este trance a todos, especialmente a los más vulnerables. Todo ello puede ayudar a salir más fortalecidos socialmente cuando la plaga desaparezca.

José Granados
La supervivencia física, psíquica y emocional ha de sobreponerse a la perplejidad de una realidad que nos supera y nos invita también a la reflexión sobre nuestras prioridades, sobre el ritmo y estilo de vida que llevamos. ¿Qué sentido tiene lo que ocurre?, ¿qué sentido tiene lo que hacemos? José Granados se lo preguntaba cuando la propagación de la enfermedad se aceleraba: “¿Por qué el coronavirus, cuáles son sus causas y efectos? De ello puede hablarnos el biólogo o el médico, también el psicólogo o el economista. Pero solo la fe da el horizonte último que unifica las miradas parciales. El creyente no tiene todas las respuestas, pero conoce a quien sí las tiene. Lo conoce y sabe invocarle, para que le ayude a vivir esta hora con sentido. Creer en Dios significa que nuestro «¿por qué?» puede transformarse en «¿para qué?».” (5)

Los porqués y paraqués se suelen percibir con el paso del tiempo y tras una reflexión serena que amplía el horizonte que acota el dolor y la inquietud. Quizá entonces será el momento de que lo que nos está velado salga a la luz: “Sabemos que todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios”. (6)

(2) Entrevista de Violeta Esteban a Boris Cyrulnik para el proyecto educativo Aprendemos Juntos. Entrevista completa en: https://aprendemosjuntos.elpais.com/especial/el-altruismo-nos-ayuda-a-luchar-contra-el-dolor-boris-cyrulnik/
(3) Alfons Gea Romero: Acompañando en la pérdida. Editorial San Pablo - Colección Salud y Vida número 12 – 2ª edición (2007). 183 páginas
(5) José Granados: El coronavirus, desde la providencia: llamada al amor creativo. Extraído de http://www.dcjm.org/es/
(6) Carta de San Pablo a los Romanos, capítulo 8, versículo 28. Extraído de: https://www.bibliatodo.com/la-biblia/La-sagrada-biblia-edicion-eunsa/romanos-8

jueves, 12 de marzo de 2020

Individualismo creativo

Una pasión irrefrenable


En su infancia la lectura era su entretenimiento y quiso ser escritor. No lo tuvo nada fácil. Nació pocos años después de acabada la guerra civil española y su padre quiso quitarle de la cabeza esos anhelos: eran épocas en las que muchas familias luchaban para sobrevivir y la suya era una de ellas, convenía incitar a prepararse para conseguir un oficio con el que ganarse la vida trabajando: ‘primum vivere deinde philosophari’; dedicar tiempo a escribir entorpecía las expectativas familiares.

Tampoco le fue muy propicio el ambiente escolar, lastrado por las chanzas que estimulaba su tartamudez en sus compañeros y algunos profesores que lo acosaban o ridiculizaban. Un panorama sombrío que no le amilanó, sino que fue fortaleciendo en silencio su vocación narradora hasta que pudo desbordarse cuando ya estaba bien asentado profesionalmente y decidió apostar por cambiar de registro para dedicarse en exclusiva a la literatura, donde cultiva diversos géneros y ha producido más de medio millar de obras: “Lo dejé todo para hacer novelas. Si estás seguro de algo en la vida, tienes que hacerlo”.

Hablo de Jordi Sierra i Fabra, al que descubrí viendo su intervención en el Proyecto educativo Aprendemos juntos (1), donde le preguntaron qué libro le cambió la vida, destacando sobre todo uno: “el gran libro que me cambió la vida y me hizo ser como soy y entenderme, sobre todo, ‘El manantial’, escrito por Ayn Rand”, que es un alegato en favor del individualismo como fuerza impulsora de la sociedad: “El ego del hombre es el manantial del progreso humano”, es una de las citas atribuidas a Rand (2). Oyéndole, parece encarnar la filosofía de Rand: “Yo soy individualista. Soy artista. Lo que yo hago sale de aquí –se toca la frente y luego el pecho-. Y es mío. De nadie más.

Como en el caso del protagonista de El manantial se trata de un individualismo creativo, de alguien que ama lo que hace y no quiere que nadie se entremeta en ello corrigiéndolo hasta el punto de desvirtuarlo. No es ni será un escritor de encargo. No pierde el tiempo preguntándose si va a gustar o no lo que hace, aunque luego lo analice: “Acabo de hacer un libro. Acabo de escribirlo. ¿Por qué gusto a la gente joven y devoran mis libros? Porque no les vendo motos. No me enrollo, no pongo paja. Cuento una historia con las palabras justas y precisas, directas. Y ya está. No quiero cambiar el mundo. Cambio a la gente, lo sé. Un libro siempre cambia a la gente. Pero soy un novelista, hago novelas. Soy un cuentista. Nada más. Entonces cuando acabo un libro, ni me lo leo. Va a la editorial. ¿Que le gusta? Publícalo. ¿Que no le gusta? No lo publiques. Lo mando a otra.”

No tiene inconveniente en explicar cómo trabaja: “¿Primero qué hago? Lo he traído para que lo veáis. El guion. Esto es el guion de varios de mis libros recién hechos… Soy rápido escribiendo, lento pensando… Si te fijas, verás que los días van correlativos. Y diréis: «¿Sábados y domingos también trabajas?». ¡Sí! El arte no admite sábados y domingos, aunque no por ello desatiende completamente a su familia. ¿Cómo se inspira?: “como escritor soy una especie de antena parabólica con patas. Dame un periódico de hoy, lo miro, te saco tres novelas. Me hago preguntas. Detrás de cada noticia hay un «¿por qué no? ¿Y si…? ¿Qué pasaría si…?». Siempre hay preguntas. Mi motivación siempre es descubrir lo que nadie ve. Esa energía que flota y que yo cojo sin que nadie lo note.”

Algunas afirmaciones parecen pedantes, pero las enmarco en la manera de expresarse de alguien para el que escribir se convierte en una pasión irrefrenable, aunque no por ello vive aislado o encapsulado socialmente. El individualismo que preconiza concierne al ámbito literario y es compatible con dedicar tiempo a su familia y a una Fundación con sedes en Barcelona y Medellín (Colombia) cuyo primer objetivo es ayudar a jóvenes escritores, aunque el proyecto es mucho más ambicioso (3).

Ha hecho realidad el anhelo que brotó en su infancia: Quería ser escritor, no rico o famoso, eso es otra historia. El arte se mide por lo que sientes al hacerlo, no por lo que te pagan por hacerlo. Y yo quería escribir. Era un niño, nada más que un niño que tenía un sueño”, que fue posible porque supo sobreponerse a las duras pruebas a que estuvo sometido para seguir el camino que se había propuesto. Su talante queda de manifiesto al final de la carta de presentación de la fundación: La vida es lucha. Mi lema sigue siendo 'Todo es posible (si tú lo quieres)’”. Y su trayectoria la resume en: “Leer me salvó la vida, escribir le dio un sentido.”

(3) http://fundaciosierraifabra.org/carta-del-president/

lunes, 9 de marzo de 2020

Manos consagradas

Una realidad que se nos escapa


Me había impactado hace unos meses la lectura de Luna negra (1), una historia escrita en primera persona donde la principal protagonista narraba porque decidió abandonar Nigeria y las peripecias por las que tuvo que pasar antes de recalar en la residencia en la que el padre Pateras y sus hermanos de congregación atendían a inmigrantes en Algeciras. Un libro que abría horizontes mentales respecto a los migrantes, alejados de los eslóganes de la propaganda política.

Tenía interés en leer otra novela de la misma autora, María Vallejo-Nágera, que había adquirido notoriedad pero en la biblioteca la tenían prestada y me decidí por otro de sus libros, El castigo de los ángeles (2). Los epígrafes daban alguna pista de su contenido, aunque la sinopsis optase por destacar la comezón interior de la protagonista.

La rutilante vida de Clara guarda un secreto espinoso que le reconcome sin encontrar quien pueda aliviarle del trance. Tras unos cuantos años incubándolo se arriesga a abrir su corazón a alguien que acaba de conocer unas horas antes. A partir de ahí se desencadenan una serie de decisiones que le llevarán primero a Bosnia cuando todavía humean los estragos ocasionados por la guerra fratricida en la antigua Yugoslavia y luego a contemplar el fenómeno religioso que se produce en Medjugorje, situado en Herzegovina, lugar donde cuatro chicas y dos chicos han sido testigos desde 1981 de apariciones de la Virgen María, la Gospa como se le llaman en esas tierras, que han ido relatando una y otra vez a pesar de que el Vaticano todavía no las haya reconocido públicamente, teniendo que soportar múltiples interrogatorios y pruebas psicológicas por parte de autoridades civiles y eclesiásticas desde entonces, sin que su testimonio haya variado. Ahora todos están casados y tienen hijos.

Medjugorje
El texto incluye una supuesta entrevista a dos de las videntes Vicka y Marija, pero al finalizar el relato, que transmite las experiencias vividas en ese precipitado viaje a los Balcanes en forma de cartas que Clara le envía a una compañera de trabajo, la autora hace un comentario acerca de la veracidad de los acontecimientos expuestos que me dejó perplejo y me puse a cotejar en internet. Encontré una entrevista donde le preguntaban a la escritora si eran reales esas entrevistas y contestaba: “Las entrevistas de El castigo de los ángeles no las hice yo. Los videntes digamos que están hartos de los peregrinos. Son chiquitos que desde pequeñitos han estado perseguidos por masas, desde el Vaticano y los comunistas de los primeros años hasta millones de peregrinos que llegan allí de todo el mundo. Esto les ha hecho ser esquivos con la gente. Lo único que hacen cuando les suplican mucho es dar una pequeña conferencia muy rápida. Yo tuve la suerte de estar en dos de estas conferencias. Me quedé absolutamente impresionada, por sus respuestas y por el carácter que mostraban ante lo que les estaba ocurriendo. Tomé esa información, la escribí, y luego investigué mucho.” (3)

María es una conversa de Medjugorje, como lo explica en la entrevista que publicó el semanario Alba y en una charla en un centro parroquial de Cáceres (4), en el que me llama la atención el tono coloquial de su intervención, la franqueza con que manifiesta sus carencias formativas precedentes y, sobre todo, el realce que hace de la figura del sacerdote –manos consagradas-, como instrumento divino a través del cual fluye la gracia posibilitando la transubstanciación y dando la absolución, más allá de las cualidades o defectos personales que le adornen.

María Vallejo-Nágera
María ha recibido luces extraordinarias que la han hecho percibir con claridad lo que para el común de los cristianos es una cuestión exclusivamente de fe y lo expresa con tal sencillez y gracejo que cuesta hacerse a la idea. Como suele ocurrir, estas gracias espirituales excepcionales vienen acompañadas de la cruz: incomprensiones familiares, obstáculos profesionales: “pasé de ser la niña mimada de la editorial a ser una apestada”, ataques en las redes sociales… No han sido óbice para seguir escribiendo y publicando en diferentes sellos editoriales, así como para continuar profundizando en su fe y dando testimonio.

(1) María Vallejo-Nágera: Luna negra. La luz del Padre Pateras (2004). Editorial: Belacqva – Colección: Pensamiento – 4ª edición (2005). 256 páginas
(2) María Vallejo-Nágera: El castigo de los ángeles (2002). Editorial: Planeta – Colección: Fábula – 2ª edición (2002). 247 páginas
(4) Testimonio de María Vallejo-Nágera en el Centro Parroquial Jesucristo Resucitado de Cáceres (2012). Video completo en https://www.youtube.com/watch?v=YHZiUz21FfE

lunes, 2 de marzo de 2020

El reverso del amor

Una realidad incómoda


El reconocimiento social del sufrimiento suele ser bastante exiguo, aunque cabría matizar que en algunos entornos se considera aceptable, admirable incluso, si conlleva un beneficio palpable para quien lo soporta. Pensemos en el duro entrenamiento del deportista para conseguir una marca, desarrollar sus músculos, estar en forma para acometer una carrera popular batiendo el record personal; en el que se somete a una dieta alimenticia rigurosa para estilizar su cuerpo; en el que soporta un atuendo incómodo porque afianza su figura…; es decir, el sufrimiento orientado al lucimiento personal: ‘qui vol lluïr, ha de patir’ *, sentencia un dicho catalán.

Sufrir por otro suele cuestionarse. Sufrir por Dios supone para algunos un dislate. Sin embargo, el sufrimiento va intrínsecamente unido a un valor mucho más atractivo: el amor. El poeta -entre otras facetas- cordobés del siglo XI Ibn Hazm lo plasmaba en la siguiente frase: «Corazón que no quiera sufrir dolores, pase la vida libre de amores» (1), que incluyó el grupo Nuevo Mester de Juglaría en la canción A los árboles altos (2).

Hay otra referencia poética, cuyo origen desconozco, que me quedó grabada desde que la leí en una homilía de Josemaría Escrivá, donde esa vinculación queda patente: «mi vida es toda de amor / y, si en amor estoy ducho, / es por fuerza del dolor, / que no hay amante mejor / que aquel que ha sufrido mucho» (3). Al igual que le ocurría al santo barbastrense, según manifestaba, suponen para mí unos versos recurrentes.

La reflexión trazada hasta aquí está inspirada en una respuesta del entonces cardenal Ratzinger a la pregunta que le formulaba Peter Seewald: “Uno se ha acostumbrado a considerar el sufrimiento como algo que se intenta evitar a cualquier precio. Y nada enoja más a ciertos sectores sociales que la idea cristiana de que hay que tolerar el sufrimiento, soportarlo, incluso entregarse a él para así superarlo. «El sufrimiento», opina Juan Pablo II, «forma parte del misterio de la persona.» ¿Por qué?”

El purpurado le contesta: “Hoy el programa consiste en desterrar el sufrimiento del mundo. Para el individuo eso significa evitar el dolor a todo trance. Pero hay que ver también que así el mundo también se vuelve muy duro y muy frío. Porque el dolor forma parte del ser humano. Y quien desee de verdad erradicarlo, también debería eliminar el amor, que en absoluto existe sin dolor porque siempre exige autorrenuncia, porque la diferencia de temperamentos y las situaciones dramáticas traerán siempre consigo la renuncia, el dolor.

Cuando uno sabe que el camino del amor –ese éxodo, ese salir de sí mismo- es el verdadero camino de la humanización del ser humano, entonces comprende también que el sufrimiento es un proceso de maduración. Quien ha aceptado en su interior el sufrimiento se vuelve más maduro y comprensivo para el otro, más humano. El que ha esquivado el sufrimiento no comprende a los demás, se vuelve duro y egoísta.

El amor mismo es una pasión, un padecimiento. En él experimento primero la dicha, la vivencia de la felicidad completa. Pero por otra parte soy arrebatado de mi cómoda tranquilidad y he de dejarme transformar. Si decimos que el sufrimiento es el reverso del amor, entenderemos también por qué es tan importante aprender a sufrir, y por qué, en el caso contrario, evitar el dolor incapacita al ser humano para la vida. Le tocaría en suerte un vacío del ser que sólo puede ir unido a la amargura, el rechazo y no a la última aceptación y maduración.” (4)

* Qui vol lluïr, ha de patir: Quien quiere lucir, ha de sufrir.

(1) Citado en múltiples ocasiones por el psiquiatra Enrique Rojas, que lo atribuye al libro El collar de la paloma de Ibn Hazm. Por ejemplo en https://elcorreoweb.es/historico/tenemos-una-sociedad-tecnicamente-avanzada-pero-humanamente-perdida-ACEC622442
(2) Nuevo Mester de Juglaría: A los árboles altos. Canción completa (2 minutos) en https://www.youtube.com/watch?v=-84JZmFtOpw
(3) San Josemaría Escrivá: Amigos de Dios, homilía Trabajo de Dios. Se puede consultar en: http://www.escrivaobras.org/book/amigos_de_dios-punto-68.htm
(4) Joseph Ratzinger: Dios y el mundo. Título original: Gott un die Welt (2000). Editorial: DeBolsillo - número 20 – 1ª edición (2005). Traducción: Rosa Pilar Blanco. 441 páginas. Fragmento en ‘Segunda parte: Sobre Jesucristo. 14. Sobre la cruz. Páginas 303-304’.