Retrato de grandezas y miserias humanas
Viajaba en un tren repleto
de jóvenes que nos dirigíamos a Cartagena para incorporarnos al Cuartel de
Instrucción de Marinería para cumplir con el Servicio Militar Obligatorio, la
‘mili’. Pienso que fueron alrededor de dieciocho horas las que pasé en el
compartimento con otros siete reclutados, un tiempo que dio origen a múltiples
conversaciones, algunas de las cuales me dejaron perplejo y otras incluso me
asombraron. En algunos momentos mi mente parecía estarme diciendo ‘¿sabes en
qué mundo vives?’. No vivía en una burbuja: llevaba años trabajando, estudiaba en la universidad,
practicaba deporte de grupo a menudo, vivía en un barrio de clase media y
frecuentaba otro de los llamados obreros… Sin embargo, me sorprendían los modos
de vida que traslucían los comentarios de algunos de mis acompañantes.
Fue la antesala de lo que
me iba a encontrar cuando iniciase el periodo de instrucción compartiendo sollado
* con centenares de aspirantes a marineros –a la fuerza-, donde, de entrada, no
contaban ni la procedencia, ni el currículum, ni el ‘pedigree’, a todos se les
aplicaba el mismo rasero. Una experiencia que te alejaba del microclima social al
que estabas habituado y que suponía un reto y una oportunidad para salir del
caparazón en que uno va encorsetando su vida sin apenas darse cuenta.
Este recuerdo ha renacido
con la lectura de los relatos de Lucia Berlin incluidos en el texto titulado Manual para mujeres de la limpieza, al
que le faltaría añadir ‘y otros relatos’ para dar mayor claridad al contenido.
La mayoría de las historias que se cuentan se circunscriben a un ambiente
con el que no estoy familiarizado y ello podría hacer pensar que son fruto de
la imaginación o interés de la autora por hurgar en situaciones truculentas.
Sin embargo, al hacer un somero repaso a su biografía descubres que está
retratando situaciones que han formado parte de su vida. Lydia Davis lo describe
en el prólogo “Lucia Berlin basó muchos de sus relatos en episodios de su vida.
Cuando ya estaba muerta, uno de sus hijos comentó: «Mamá escribía historias
reales, no necesariamente autobiográficas, pero sí muy parecidas a la
realidad»… «Las historias y los recuerdos de nuestra familia», comenta también
su hijo, «han sido lentamente reformados, adornados y corregidos, hasta el
punto que ya no estoy del todo seguro de lo que pasó en cada momento. Pero Lucia
decía que eso no tenía ninguna importancia, que lo que cuenta es la historia».
Davis define este estilo narrativo como “autoficción -la narración de la
propia vida, extraída de una manera casi inalterable de la realidad, cribada y
explicada con acierto y pericia.”
El atractivo del libro, a mi entender, radica en la sencillez con que están contadas las historias,
sin apenas adornos, sin pretender suavizar ni recrearse en la morbosidad, sin
emitir juicios de valor –los deja al criterio del lector- y donde no faltan
destellos de humor. Lo que llevo a interesarme por la lectura de estos 43
relatos no fue ni mucho menos el título, sino los comentarios que vertía el
profesor de periodismo José Francisco Sánchez en un artículo, del que entresaco
las referencias que se hacen del texto:
![]() |
| José Francisco Sánchez |
* Sollado: Cada uno de los
pisos o cubiertas inferiores del buque, donde se suelen instalar alojamientos y
pañoles. (En el cuartel se le llamaba así aunque estaba en un edificio situado
en tierra firme, aunque bajo el nivel del mar)
(1) Libro leído: Lucia Berlin: Manual per a dones de fer feines – Títol original: A Manual for Cleaning Women - Editor: L’altra editorial – 1ª edició 2016 – Traducció: Albert Torrescasana – 487 pàgines














