Reconocimiento y distinción
Los profesores,
especialmente en las etapas obligatorias de la educación, acostumbran a estar
faltos de reconocimiento. Hace un par de meses tuvo gran resonancia el discurso
de una profesora delante del claustro de profesores de un instituto andaluz que
denunciaba las dificultades que se encontraba para realizar su tarea. (1)
Ser profesor no es una
tarea sencilla, requiere -entre otras cualidades- conocimientos, pedagogía y
temple. Para ser un buen profesor es muy importante la experiencia como expresa
Garrigou-Lagrange haciéndose eco de una antigua creencia: “los profesores
jóvenes enseñan más de lo que saben, es decir enseñan muchas cosas que ignoran.
Los de mediana edad enseñan lo que saben. Los viejos, en cambio, enseñan las
cosas que son útiles a sus oyentes”. (2) No hay que confundir, sin embargo,
experiencia con permanencia. No se trata simplemente de estar ejerciendo la
profesión como de vivirla, que lleva aparejado el propósito de ir mejorando
paulatinamente en el desempeño de su labor.![]() |
| Víctor García Hoz |
Tras
leer un artículo del pedagogo Víctor García Hoz me interesé por conocer la
etimología de las palabras docente, profesor y maestro. (3) Las tres tienen
raíces latinas. Docente es el que enseña, mostrar algo a alguien. Profesor es
el que declara en público, exponer unos conocimientos delante de otros. Maestro
es el que destaca sobre los demás, ser un experto en una materia. Hablando de
pedagogía invisible –una cualidad que no se busca directamente- García Hoz describe
lo que para él es el tránsito de profesor a maestro: “el profesor llega a ser
maestro cuando sobre la competencia para «transmitir»
conocimientos, llega a «contagiar» la capacidad de percibir e impulsar la
realización de valores.” (4)
A este tipo de ‘maestros’ –aunque les llame
profesores- se refiere una alumna del colegio de mis hijas en un artículo
titulado Salve Magistra! seleccionado
para el concurso Excelencia Literaria. Aquellos que “nos dejan una huella
memorable, puesto que no solamente nos enseñan contenidos, sino que también nos
abren caminos y nos inspiran”; y también “muestran su pasión por educar,
logrando que te sientas querido pero exigido a la vez”; para concluir diciendo
que “son inolvidables”. Es sólo una pequeña muestra de un relato breve y jugoso
–no pretendo hacer un spoiler- que os invito a leer por completo en el enlace http://www.excelencialiteraria.com/2016-2017/trabajos/articulos_de_opinion/laia_gabarro_salve_magistra.html, ¡vale la pena! ¡Felicidades
Laia!
(2) Reginald Garrigou-Lagrange: Las tres edades de la vida interior (Les Trois Ages de la Vie Intérieure
- 1938). Tercera edición 1950. Traducción Leandro de Sesma. 1285 páginas.
Fragmento en la sección tercera, página 1073.
(3)
(4) Víctor García Hoz:
La pedagogía invisible. Publicado en
la revista Nuestro Tiempo nº 359 Mayo 1984.











