La
vocación religiosa
Hace
unos días hemos vuelto a ver en casa Sonrisas
y lágrimas, la magnífica película dirigida por Robert Wise, que combina con
acierto los aspectos dramáticos y musicales del guión. No sé cuantas veces van,
pero no nos cansamos.
De
los muchos aspectos a destacar quiero hacer mención a una escena que tiene
lugar en el despacho de la madre abadesa. Una conversación entre ésta y la
novicia María que ha regresado a la abadía precipitadamente tras un breve
encuentro con la baronesa Schroeder durante una fiesta en la casa del capitán
von Trapp.
La
abadesa se interesa por los motivos de su regreso y María le comenta que estaba
asustada, confundida respecto a sus sentimientos y que sabía que en la abadía
se encontraría a salvo.
La abadesa
le comenta:
“María nuestra oración no puede utilizarse
como una evasión. Qué es lo que no puedes afrontar.”
María
le informa que el capitán von Trapp es el origen de esa inquietud y que la
baronesa le había dicho que ella estaba enamorada de él y él de ella, pero que
eso era imposible porque no era de su clase y, además, estaba comprometido y
que, por ello, no podía permanecer allí, concluyendo:
“Estoy
preparada para hacer mis votos, ayúdeme madre”.
La abadesa
le aclara:
“María,
el amor de hombre y mujer es santo también. Tú tienes gran capacidad para amar,
lo que debes averiguar es cómo desea Dios que entregues tu amor.”
María
se sorprende:
“Ya he ofrecido mi vida a Dios, la he ofrecido
a su servicio.”
La abadesa le replica:
“Hija
mía, si amas a ese hombre eso no quiere decir que ames menos a Dios, no, tienes
que averiguar qué es lo que Dios quiere para ti.”
Y
ante la reticencia de María continúa:
“Estas
paredes no se levantaron para eludir problemas, tienes que afrontarlos, tienes
que vivir la vida para la cual naciste.”
La
escena acaba con la interpretación de Climb Ev'ry Mountain (Sube montañas)* por la madre
abadesa.
En el Full
dominical del 11 de octubre** el obispo de Terrassa comentaba: “Las
personas de vida consagrada son como estrellas en un mundo en tinieblas que
está buscando cómo orientarse. A través de la oración y la serenidad nos
señalan el sentido de la vida, que no es otro que el que refleja aquel poema de
la santa (Teresa de Jesús), que ha pasado a ser el lema del Jubileo teresiano
entre nosotros: “vuestra soy, para Vos nací, ¿Qué mandáis hacer de mí?”
La vida religiosa no es, en último término,
consecuencia de un deseo de estar cerca de Dios, ni de admiración por las obras
que realiza una determinada comunidad, ni mucho menos un refugio para resolver
un conflicto personal, sino la respuesta a una llamada personal de Dios. Una
vocación que es preciso discernir por el candidato y los responsables de la
comunidad y, después, consolidar con la perseverancia. Como dice el refrán: “el
hombre propone y Dios dispone”.
**Monseñor Josep Àngel Saiz: Teresa de Jesús, maestra de oración. Full dominical de l’Església
Diocesana de Terrassa, nº 41, 11 de octubre de 2015