miércoles, 18 de enero de 2023

Afrontar la perplejidad sobre la vida (y 6)

Reseña del libro A Guide for the Perplexed de E. F. Schumacher, realizada por Silvano Borruso y publicada en la revista Nuestro Tiempo, número 387, septiembre 1986, con el título Guía para perplejos.

Para Schumacher lo que se necesita saber es:

1. Qué es el Mundo;

2. Qué es el hombre, y que aptitudes tiene para enfrentarse con el Mundo;

3. Cómo conoce el hombre al mundo;

4. Qué quiere decir vivir en este mundo.


continuación


La solución no está en la lógica

La última Gran Verdad es como vivir en el mundo, o sea, el problema ético. «Vivir quiere decir arreglárselas, luchar y mantenerse a flote en todo tipo de circunstancias, algunas bastante difíciles». En otras palabras, vivir quiere decir resolver problemas, que son de dos tipos. El primer tipo tiene soluciones convergentes, ejemplificadas por la bicicleta, pero no puede aplicarse a toda la realidad material. Aun así muchísimos problemas tecnológicos no han sido resueltos todavía, tarde o temprano ocurrirá con ellos lo que ha ocurrido con la bicicleta: se llegará a una máquina perfecta, ya incapaz de ser mejorada sustancialmente. Problemas convergentes, entonces, queda claro que no son problemas éticos.

El tema es otro cuanto un problema tiene que ver con la libertad humana. Entonces aparecen realidades en completa contradicción; y como a la mente humana no le agradan las contradicciones, tiende a hacerse partidaria de una u otra solución, con el resultado de que el problema, en vez de resolverse, se agudiza hasta hacerse irresoluble. Un ejemplo de soluciones divergentes es la educación. Schumacher dice que durante siglos se entendió por educación la transmisión de los valores de una cultura de generación en generación. Para lograr este objetivo, se requiere autoridad y disciplina, lo que es perfectamente cierto. Pero recientemente ha llegado otro grupo de expertos, que ha visto las cosas de otra manera. La educación, dicen ellos, no es otra cosa que hacer asequibles algunas facilidades, que permiten a los educandos desarrollarse según sus propias leyes: se desarrollan mejor a los que se les deja más libres. La libertad es la clave para la perfecta educación.

Ahora bien, ¿qué ocurre? «Que si el primer grupo de consejeros tienen razón, disciplina y obediencia son buenas, y que se puede razonar, con perfecta lógica, que si algo es bueno, hay que desear más y más de ello; hasta que la lógica nos conduce necesariamente a la perfecta disciplina y perfecta obediencia… es decir, a la escuela convertida en prisión».
El segundo grupo de consejeros, de otro lado, dice que la libertad es buena. Siguiendo la misma lógica, más libertad es deseable, y la libertad perfecta produce también una educación perfecta. Y la escuela se convertiría, naturalmente, en un desierto, o peor, en una casa de locos.

¿Dónde está la solución? La solución de este problema, y de muchos semejantes, no está en la lógica, porque la lógica solo conduce a situaciones insalvables. Está en trascender las dos componentes por medio de un principio superior. En el caso de la educación, este principio es el amor. Con amor, la disciplina y la libertad, lejos de contradecirse, se compaginan perfectamente. Y lo mismo ocurre con muchísimos otros problemas con soluciones divergentes. «En la vida social, tanto la justicia como la misericordia tienen su aplicación. ‘Justicia sin misericordia, dijo santo Tomás de Aquino, es crueldad; misericordia sin justicia es la fuente de toda disolución’. Una identificación clarísima de un problema divergente, ya que la justicia niega la misericordia y viceversa. Solo una fuerza superior a las dos, en este caso la sabiduría, puede reconciliarlas. El problema no tiene solución; la solución transciende a las dos posibles soluciones. Igualmente las sociedades necesitan estabilidad y cambio, tradición y novedades, interés privado y público, planificación y laissez faire, orden y libertad, crecimiento y decadencia. La salud de la sociedad necesita a todas horas la consecución de actividades y fines mutuamente opuestos unos a otros».

Una consideración sobre el arte, y otra sobre Dante y su Divina Comedia cierran el libro. Arthur Koestler no supo decir de la Guía más que esto: «El solo comentario que se me ocurre es: Que así sea.» Y estamos perfectamente de acuerdo.


martes, 17 de enero de 2023

Afrontar la perplejidad sobre la vida (5)

Reseña del libro A Guide for the Perplexed de E. F. Schumacher, realizada por Silvano Borruso y publicada en la revista Nuestro Tiempo, número 387, septiembre 1986, con el título Guía para perplejos.

Para Schumacher lo que se necesita saber es:

1. Qué es el Mundo;

2. Qué es el hombre, y que aptitudes tiene para enfrentarse con el Mundo;

3. Cómo conoce el hombre al mundo;

4. Qué quiere decir vivir en este mundo.

...

La tercera de las Grandes Verdades sigue naturalmente a las otras dos: y es que de las dos combinaciones, sujeto cognoscente-objeto conocido y apariencia externa-realidad interior, se obtienen cuatro campos de conocimiento a saber:

I. El conocimiento de sí mismo como realidad interior.

II. El conocimiento de los demás como realidad interior.

III. El conocimiento de sí como realidad exterior, es decir, como los demás nos ven y aprecian.

IV. El conocimiento de los demás (y de lo demás) como realidad exterior, es decir, la apariencia de las cosas.


continuación


Conocimiento 'de sí' y 'de los demás'

Está claro, entonces, que los conocimientos más inmediatos y más seguros, como también había pronosticado Descartes, son los del número IV: a ellos han sido dirigidos todos o casi todos los esfuerzos de los filósofos científicos, políticos, etc. de los últimos tres siglos. Pero ¿cuántos de estos señores se han conocido o conocen a los demás?
¿Por qué no lo logran? Porque el método que usan es inadecuado. Quizá esta sea la parte más interesante del libro, que en sus 160 páginas, intensísima cada una de ellas, logra destilar una sabiduría pasmosa.

Gran cantidad de citas, todas provenientes de textos antiguos, concuerdan en afirmar que el conocimiento de sí es lo más importante, y que sin él no es posible conocer el resto de la realidad. Todos estos textos están de acuerdo también en el método, que recibe varios nombres en la tradición budista, hindú, etcétera, pero que encuentra en la tradición cristiana su cumbre: asombrosamente no es otra que el oportet semper orare et non deficere (1), es decir, la oración mental. Pero para seguir fiel  y completamente las palabras de Cristo, según las cuales hay que rezar sin interrupción, semper, recomienda el autor el método indicado en la Philokalia (2) de los Padres orientales, la simple fórmula: «Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten misericordia de mí, pecador». «Esta oración, repetida sin cesar por la mente en el corazón, da vida, moldea y reforma la persona entera». Esto es más fácil decirlo que hacerlo, porque «ciertos tipos de conocimiento (…) no nos dejan solos; se nos presentan con este ultimátum: o cambias o pereces (…); este campo de conocimiento, en otras palabras, es como un campo minado para quienes no logran reconocer que, en nivel del hombre, los invisibilia tienen una importancia y un significado muchísimo más grande que los visibilia».

El campo de conocimiento de sí es difícil, pero se puede llegar a él; es más: es necesario alcanzarlo si se quieren alcanzar también los demás, especialmente los números II y III. ¿Cómo efectivamente se puede conocer lo que pasa en el interior de los demás? Es obvio que no se tiene entrada directa a ello. Se necesita que a quienes quieren conocer por dentro hablen, diciendo la verdad, y que se entienda lo que dicen. Se trata de dos traducciones, que tienen que estar exentas de error, cosa nada fácil; de ahí que la comunicación entre seres humanos sea tan difícil. Difícil pero no imposible; y la posibilidad estriba, otra vez, en el uso de un método adecuado. ¿Cómo se llama este método? Simplemente la compasión o simpatía (en el sentido etimológico, sufrir con) que hay que añadir al conocimiento de sí. Compasión, comprensión y respeto conducen a una completa compenetración de dos mentes, y como en consecuencia, a un completo conocimiento de la realidad interior de otra persona.

El último campo (el número III) es el conocimiento de sí como realidad externa. ¿Qué piensan de uno los demás? «Tenemos entrada directa al campo número I, pero no al campo número III, con el resultado que nuestras intenciones tienden a ser para nosotros mucho más reales que nuestras acciones, lo que conduce a un sinfín de malentendidos con otras personas, para quienes nuestras acciones son muchísimo más reales que nuestras intenciones». El método, una vez más, consiste en añadir al conocimiento de sí, y a la simpatía, el olvido de sí, o sea la aceptación más plena de sí mismo, así como se es, con defectos y todo, sin paliativos ni falsificaciones; y esto no se adquiere en un día. «Cuando una persona se ama a sí misma, no hay nada entre quien ama  y quien es amado; pero cuando ama a su vecino, su pequeño ego se pone por medio (…). Del mismo modo en que la compasión es el requisito previo para conocer en el campo número II, así el altruismo es el requisito previo para el número III».

Y no es que el campo número IV sea tan simple como parece; también aquí hay escollos y trampas que evitar. La dificultad más importante es la distinción entre ciencias que instruyen y ciencias que se pueden llamar descriptivas. Claramente, solo en las primeras se puede –y se debe- requerir prueba; en las segundas una prueba de lo que se afirma carece de sentido. No se puede probar que las especies de los seres vivientes se pueden clasificar. Se clasifican y ya está. Aparte de la física, química y astronomía, ciencias como geografía, botánica, zoología, etc. necesitan un método adecuado para ellas solas y no el método que requiera prueba. Pero es así como los evolucionistas han logrado capturar la imaginación del gran público: primero declarando que la selección natural es un agente de cambio en los seres vivientes, y luego afirmando, sin coherencia, que la causa de la evolución actúa automáticamente, al azar, sin ton ni son, logrando la producción de un ser en que el sentido común aprecia unos fines bien determinados.

(1) Del Evangelio según san Lucas, capítulo 18, versículo 1: “Les decía una parábola para enseñarles que es necesario orar siempre, sin desfallecer.” Extraído de: https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/lucas/
(2) “La Filocalia o filokalia (en griego antiguo Φιλοκαλíα, lit. «amor a lo bello»), es el nombre que recibe una colección ya clásica de textos escritos entre los siglos IV y XV d. C., por maestros espirituales1 de la tradición mística hesicasta de la Iglesia ortodoxa oriental. Fueron escritos originalmente para la guía y enseñanza de los monjes en «la práctica de la vida contemplativa» y están dedicados a la mística y ascesis en la Iglesia ortodoxa, siendo uno de sus principales temas el hesicasmo. Extraído de https://es.wikipedia.org/wiki/Filocalia

continuará


sábado, 14 de enero de 2023

Afrontar la perplejidad sobre la vida (4)

Reseña del libro A Guide for the Perplexed de E. F. Schumacher, realizada por Silvano Borruso y publicada en la revista Nuestro Tiempo, número 387, septiembre 1986, con el título Guía para perplejos.

Para Schumacher lo que se necesita saber es:

1. Qué es el Mundo;

2. Qué es el hombre, y que aptitudes tiene para enfrentarse con el Mundo;

3. Cómo conoce el hombre al mundo;

4. Qué quiere decir vivir en este mundo.


continuación


Un método que se queda corto

La gran verdad de Adaequatio se extiende al método de conocimiento: si un método conduce hasta la verdad a un cierto nivel de ser, seguramente no lo hará a otro, sea superior o inferior. La suposición de la ciencia poscartesiana de que el método de las ciencias físicas es adecuado para explorar la realidad de todo el universo, ha conducido a un empobrecimiento extremo del conocimiento humano, porque lo único que este método puede alcanzar es la cantidad, y la cantidad solo tiene importancia al nivel más bajo de ser. Al ir hacia arriba en la Gran Cadena, la «importancia de la cantidad disminuye, mientras que la de la cualidad aumenta, y el precio que hemos pagado con los modelos matemáticos ha sido la pérdida de cualidad, de lo que es más importante». La ciencia de Descartes no sirve para enterarse de la realidad, sino para manipularla, lo que ha producido tres consecuencias, todas nefastas: la primera es que se han dejado de investigar cuestiones como el significado de la existencia humana, el bien y el mal, derechos y deberes, por ser no-científicas; la segunda es que la restricción de método ha empobrecido tanto el campo de conocimientos que ya nadie se atreve a poner en tela de juicio las conclusiones finales de los científicos; y la tercera sería que los poderes más altos del hombre, descuidados y atrofiados para alcanzar la verdadera sabiduría, no son capaces de resolver problema alguno: «Los esfuerzos para resolverlos son cada día más frenéticos, pero los problemas se acumulan, aparentemente sin solución. Las riquezas sí que se acumulan, pero que la calidad del hombre decrece está a la vista».

El hombre occidental es muy rico en medios pero muy pobre en fines. La sociedad se enorgullece de su pluralismo, apodando a cualquier realidad de relativa, pero esto no es verdad; la verdad es que la misma sociedad adora un número tan grande de absolutos que sería demasiado aburrido empezar a nombrarlos.
La tercera de las Grandes Verdades sigue naturalmente a las otras dos: y es que de las dos combinaciones, sujeto cognoscente-objeto conocido y apariencia externa-realidad interior, se obtienen cuatro campos de conocimiento a saber:
I. El conocimiento de sí mismo como realidad interior.
II. El conocimiento de los demás como realidad interior.
III. El conocimiento de sí como realidad exterior, es decir, como los demás nos ven y aprecian.
IV. El conocimiento de los demás (y de lo demás) como realidad exterior, es decir, la apariencia de las cosas.


continuará


viernes, 13 de enero de 2023

Afrontar la perplejidad sobre la vida (3)

Reseña del libro A Guide for the Perplexed de E. F. Schumacher, realizada por Silvano Borruso y publicada en la revista Nuestro Tiempo, número 387, septiembre 1986, con el título Guía para perplejos.

Para Schumacher lo que se necesita saber es:

1. Qué es el Mundo;

2. Qué es el hombre, y que aptitudes tiene para enfrentarse con el Mundo;

3. Cómo conoce el hombre al mundo;

4. Qué quiere decir vivir en este mundo.


continuación


Capacitación

La Segunda Gran Verdad es Adaequatio (en latín en el texto): para conocer, se necesita que el poder de conocimiento del que conoce sea adecuado al objeto conocido. Esta adaequatio es doble: personal y metodológica. Por lo que atañe a la primera, comenta Schumacher, «las capacidades musicales de Beethoven, incluso durante su sordera, eran incomparablemente superiores a las mías, y la diferencia no estriba en el sentido del oído, sino en la mente. Hay gente sin capacidad de comprender y valorar una determinada pieza musical, debido a su falta total de adaequatio. El sentido del oído no percibe otra cosa sino una sucesión de notas; la música, sin embargo, se aprecia intelectualmente. Hay algunos con tal grado de apreciación que pueden no solo entender, sino también memorizar una sinfonía entera habiéndola oído una vez, o simplemente leyendo la partitura; otros tienen una apreciación tan débil que no absorben nada de ella, por muchas veces que la oigan y por mucha atención que le presten. Para los primeros la sinfonía es tan real como para el compositor; para los segundos, no hay sinfonía; lo único que hay es una sucesión de notas más o menos agradables pero completamente sin sentido. La mente de los primeros es adecuada a la sinfonía; la de los segundos inadecuada, ni se enteran de su existencia».

Lo que no se puede hacer, concluye Schumacher, es creer que cada uno es adecuado a todo, porque entonces la conclusión a la que llegamos, cuando efectivamente no estamos adecuados a algo, es decir aquello que no existe.

Aquí sigue un punto extremadamente importante, y es que un investigador que escoge un determinado nivel de ser no lo escoge por inteligencia, sino por fe. Si uno no tiene fe en la existencia de un cierto nivel, y decide investigar una realidad dada, necesariamente escogerá un nivel de ser inferior, y el resultado será que no cometerá error, pero obtendrá una visión de la realidad muy empobrecida, como la de un perro que, viendo un libro, solo ve una forma con ciertos colores; no es que el perro se equivoque, pero no tiene otro instrumento que le haga apreciar la totalidad del ser del libro.


continuará


jueves, 12 de enero de 2023

Afrontar la perplejidad sobre la vida (2)

Reseña del libro A Guide for the Perplexed de E. F. Schumacher, realizada por Silvano Borruso y publicada en la revista Nuestro Tiempo, número 387, septiembre 1986, con el título Guía para perplejos.

Para Schumacher lo que se necesita saber es:

1. Qué es el Mundo;

2. Qué es el hombre, y que aptitudes tiene para enfrentarse con el Mundo;

3. Cómo conoce el hombre al mundo;

4. Qué quiere decir vivir en este mundo.

Schumacher entra de lleno en la primera de las Grandes Verdades, que el universo visible muestra, para que todos los vean, cuatro niveles de ser (Levels of Being).

El primer nivel, el más bajo, es el de la materia inanimada, que por conveniencia indica con el símbolo ‘m’. A ésta sigue la vida, que constituye no un continuo con el nivel precedente, sino una discontinuidad, indicada por ‘m + x’. A la vida sigue la que él llama consciousness y que se podría traducir como conocimiento animal, indicado por ‘m + x + y’; y por fin, el nivel de Self-Awareness o conciencia de sí, característico del hombre, o sea, ‘m + x + y + z’.

continuación

Visibilidad de la realidad

Los signos de adición indican la discontinuidad ontológica entre los niveles. Solo ‘m’ es visible; ‘x’, ‘y’ y ‘z’ son invisibles; solo ‘m’ es indestructible; ‘z’, ‘y’ y ‘x’ se pueden destruir en sucesión, pero no pueden crear: nadie puede dar vida a lo inanimado, sentidos a lo vivo, o conciencia de sí a un bruto. La física y la química no pueden decir absolutamente nada sobre ‘x’, ‘y’ y ‘z’. «Decir que la vida no es sino una propiedad de una cierta combinación de átomos es como decir que Hamlet de Shakespeare no es sino una propiedad de una cierta combinación de letras del alfabeto. La verdad es que precisamente aquella combinación de letras no es sino la propiedad de Hamlet. Las traducciones francesa o alemana de la misma obra usan su propia combinación de letras».

Cada nivel superior (‘z’, ‘y’ y ‘x’) comprende y entiende los niveles inferiores a él, pero no al revés. Los hombres cuyo poder ‘z’ no está muy desarrollado no entienden que es un poder diferente de los otros dos. Así se dan definiciones del hombre completamente inadecuadas. Sobre una de ellas lanza el autor este mordaz comentario: «Mono desnudo; lo mismo que definir un perro como una planta que ladra o una col que corre». El hecho es que m’, ‘x’, ‘y’ y ‘z’ son cuatro misterios irreductibles que necesitan ser estudiados muy detenidamente, pero que no se pueden explicar, ni muchísimo menos dar razones de ellos.

El autor admite que haya niveles superiores al de ‘z’: «La gran mayoría de la humanidad, a lo largo de toda su historia, y hasta muy recientemente, ha estado convencida de que la Cadena del Ser se extiende más allá del hombre. Este convencimiento, tan universal por duración e intensidad, es muy impresionante. Aquellos personajes del pasado, que consideramos los más sabios y grandes, no solamente están de acuerdo sobre estas creencias, sino también consideran está verdad como la más importante y profunda».

continuará


miércoles, 11 de enero de 2023

Afrontar la perplejidad sobre la vida (1)

La lectura de Angels i robots de Jordi Pigem hizo que me interesara por leer poco después uno de los textos citados, Lo pequeño es hermoso de E. F Schumacher, un libro muy apropiado para acercarnos a una verdadera economía sostenible para amplias capas de la población. Schumacher no se conformó con teorizar, sino que impulsó iniciativas en Asia, América del Sur y África donde se aplicaban sus planteamientos.

Después de hojear hace unos días una antigua revista leí una extensa reseña de otro de sus libros, Una guía para los perplejos, que se publicó tras su fallecimiento, un texto en el que transmite una reflexión profunda sobre el ser humano y su entorno, expresado de una forma didáctica y un lenguaje asequible también para los no versados en la materia que desarrolla. He considerado que valía la pena reproducir la reseña realizada por Silvano Borruso para acercarnos al pensamiento de E. F. Schumacher. Debido a su extensión lo haré en varias publicaciones.

Reseña del libro A Guide for the Perplexed de E. F. Schumacher, realizada por Silvano Borruso y publicada en la revista Nuestro Tiempo, número 387, septiembre 1986, con el título Guía para perplejos.

‘Grandes verdades’ y ‘Niveles de Ser’

Así empieza el libro publicado en 1977, el mismo año en que el autor murió: «Estando en Leningrado hace unos años consulté una guía para saber dónde me encontraba, pero no logré averiguarlo. Había ante mí unas cuantas iglesias enormes pero no estaban en la guía. Por fin, se acercó una intérprete para ayudarme, y dijo: ‘Nosotros no mostramos iglesias en las guías’. Le contradije, observando que había una marcada muy claramente. ‘Esto es un museo’, dijo, ‘no lo que nosotros llamamos «una iglesia viva». Son las «iglesias vivas» las que no aparecen en las guías’.

Entonces se me ocurrió que no era la primera vez que una guía no mostraba lo que estaba delante de mis ojos. En la escuela, y en la universidad, había conocido guías de la vida y del conocimiento, en las que no había ni rastro de muchísimas cosas que me preocupaban, y que me parecían tremendamente importantes para lograr dar un rumbo a mi vida. Me acordé de que durante muchos años mi perplejidad había sido completa; sin que ningún intérprete se acercara para ayudarme. Y completa permaneció hasta que cejé de sospechar de la sensatez de mis percepciones y empecé, en cambio, a dudar de la exactitud de las guías».

El título del primer capítulo es Un mapa filosófico. En él el autor se propone mostrar el mundo «en conjunto» después de exponer, muy brevemente, las omisiones y trampas que habían hecho miserable su vida estudiantil. «No es sorprendente, entonces, que cuanto más penetrábamos en los detalles de las guías, absorbiendo lo que mostraban y habituándonos a la ausencia de las cosas que no estaban allí, tanto más perplejos, infelices y cínicos nos quedábamos…».

«Mi mapa o guía está construido reconociendo el hecho de Cuatro Grandes Verdades, que como cuatro puntos muy destacados son tan prominentes, que se pueden ver desde dondequiera que uno mire; si uno los conoce bien, puede saber siempre dónde está; pero quien no los puede reconocer, está perdido».

Para Schumacher lo que se necesita saber es:

1. Qué es el Mundo;

2. Qué es el hombre, y que aptitudes tiene para enfrentarse con el Mundo;

3. Cómo conoce el hombre al mundo;

4. Qué quiere decir vivir en este mundo.

Después de notar que «los más recientes filósofos europeos muy raramente han sido fieles cartógrafos», especialmente Descartes, a quien acusa de haber sido responsable del comienzo de la crisis intelectual de Occidente, Schumacher entra de lleno en la primera de las Grandes Verdades, que el universo visible muestra, para que todos los vean, cuatro niveles de ser (Levels of Being).

El primer nivel, el más bajo, es el de la materia inanimada, que por conveniencia indica con el símbolo ‘m’. A ésta sigue la vida, que constituye no un continuo con el nivel precedente, sino una discontinuidad, indicada por ‘m + x’. A la vida sigue la que él llama consciousness y que se podría traducir como conocimiento animal, indicado por ‘m + x + y’; y por fin, el nivel de Self-Awareness o conciencia de sí, característico del hombre, o sea, ‘m + x + y + z’.

continuará