viernes, 6 de marzo de 2026

En torno al Sínodo (y 31)

Punto y seguido

Hace unas semanas leí la crónica de Pablo J. Ginés (1) sobre la intervención de Guzmán Carriquiry Lecour, laico uruguayo que ha trabajado durante 48 años en la Curia Romana y, tras su jubilación, ha ejercido como embajador de Uruguay en la Santa Sede, en un encuentro online organizado por del Club de Lectura de Corriente Social Cristiana con motivo de la publicación de su libro El testigo, en la que afirma: «A Francisco le gustaba abrir procesos convencido de que el Espíritu Santo los iría conduciendo, incluso en la ambigüedad».

Al convocar el papa Francisco el Sínodo de la sinodalidad, además de la perplejidad que para muchos suponía -quizá todavía lo supone- la palabra sinodalidad, surgieron temores y expectativas, algo que no debía extrañar por la magnitud que entrañaba dicha decisión: nada más y nada menos que convocar a los fieles de todo el mundo para que expresaran su parecer sobre la Iglesia. Hasta entonces parecía que el contenido de los Sínodos estaba reservado a algunos elegidos entre los miembros de la jerarquía católica.

Dicha convocatoria, además de poner de manifiesto un cierto desconcierto o confusión, podía sacar a relucir las tensiones que existen en el seno de la Iglesia entre diversas corrientes, algunas de ellas aparentemente antagónicas entre si; la Iglesia también se ve salpicada por ambientes sociales polarizados. Podría pensarse que el papa Francisco se alejaba con su propuesta de una de las reglas que indica el fundador de su camino espiritual, san Ignacio de Loyola, en los Ejercicios espirituales: «en tiempo de desolación nunca hacer mudanza» (2).

En la nota de acompañamiento al texto final escribe el papa Francisco: «El Documento final de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos recoge los frutos de un camino marcado por la escucha del Pueblo de Dios y por el discernimiento de los pastores. Dejándose iluminar por el Espíritu Santo, toda la Iglesia ha sido llamada a leer su propia experiencia y a identificar los pasos a dar para vivir la comunión, realizar la participación y promover la misión que Jesucristo le confió.»

En su conclusión (3), el Documento final del Sínodo aspira a que cunda el ejemplo en una sociedad que en muchos aspectos se muestra tensionada: «la sinodalidad de la Iglesia se convierte en profecía social, inspirando nuevos caminos también para la política y la economía, colaborando con todos los que creen en la fraternidad y la paz en un intercambio de dones con el mundo.»

Continúa: «Viviendo el proceso sinodal hemos tomado nueva conciencia de que la salvación que hay que recibir y proclamar pasa a través de las relaciones. Se vive y se testimonia juntos. La historia se nos presenta trágicamente marcada por la guerra, la rivalidad por el poder, por miles injusticias y represiones. Sabemos, sin embargo, que el Espíritu ha puesto en el corazón de cada ser humano un deseo profundo y silencioso de relaciones auténticas y de vínculos verdaderos. La creación misma habla de unidad y de compartir, de variedad y de entrelazamiento entre las distintas formas de vida. Todo nace de la armonía y tiende a la armonía, incluso cuando sufre la herida devastadora del mal. El sentido último de la sinodalidad es el testimonio que la Iglesia está llamada a dar de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, la armonía del amor que se derrama de sí misma para darse al mundo. Caminando en estilo sinodal, en el entrelazamiento de nuestras vocaciones, carismas y ministerios, y saliendo al encuentro de todos para llevar la alegría del Evangelio, podremos vivir la comunión que salva: con Dios, con toda la humanidad y con toda la creación. De este modo, gracias al compartir, comenzaremos ya a experimentar el banquete de vida que Dios ofrece a todos los pueblos.»

Dos referencias pueden dar aliento al espíritu sinodal que se ha abierto a todas las realidades eclesiales: un aforismo: «Solos llegamos más rápido, juntos llegamos más lejos» y una oración de Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien» (4). En el Saludo final a la asamblea el papa cita unas palabras de la poetisa francesa Madeleine Delbrêl: «hay lugares donde sopla el Espíritu, pero hay un Espíritu que sopla en todos los lugares.»

Una vez finalizada la asamblea sinodal se inició la fase de implementación que concluirá el año 2028. Se ha publicado un documento que da unas pistas para llevarlo a cabo. Todo el proceso ha de tener en cuenta que «la sinodalidad permite articular concretamente la implicación de todos (el Pueblo santo de Dios) y el ministerio de algunos (el Colegio episcopal) en el proceso de toma de decisiones sobre la misión de la Iglesia». Dicho de otra manera e incluyendo al Santo Padre: «El proceso sinodal ha ayudado también a revisar los modos de ejercicio del ministerio del Obispo de Roma a la luz de la sinodalidad. En efecto, la sinodalidad articula de manera sinfónica las dimensiones comunitaria (“todos”), colegial (“algunos”) y personal (“uno”) de cada Iglesia local y de toda la Iglesia. En esta perspectiva, el ministerio petrino es inherente a la dinámica sinodal, así como la dimensión comunitaria, que incluye a todo el Pueblo de Dios, y aquella colegial del ministerio episcopal» (5).

El Documento final concluye con una invocación a la Madre de Dios: «A la Virgen María, que lleva el espléndido título de Odigitria, Aquella que indica y guía el camino, confiamos los resultados de este Sínodo. Que Ella, Madre de la Iglesia, que en el Cenáculo ayudó a la comunidad naciente a abrirse a la novedad de Pentecostés, nos enseñe a ser un Pueblo de discípulos misioneros que caminan juntos: una Iglesia sinodal.»

(1) Publicado en Religión en Libertad. Extraído de https://www.religionenlibertad.com/vaticano/260213/leon-xiv-cambiara-curia-edad-guzman-carriquiry_116527.html

El video completo del evento se puede ver en la página web del organizador https://elcorrent.org/es/

(2) San Ignacio de Loyola: Ejercicios espirituales, número 318: «5ª regla. La quinta: en tiempo de desolación nunca hacer mudanza mas estar firme y constante en los propósitos y determinación en que estaba el día antecedente a la tal desolación, o en la determinación en que estaba en la antecedente consolación. Porque así como en la consolación nos guía y aconseja más el buen spíritu, así en la desolación el malo, con cuyos consexos no podemos tomar camino para acertar.» Extraído de https://ejerciciosespirituales.org/wp-content/uploads/2017/03/LIBRO_EE.pdf

(3) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale, Conclusión: Un banqute para todos los pueblos. Puntos 152 a 155. También se ha hecho mención a los puntos 127 y 130. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(4) Evangelio según san Lucas, capítulo 10, versículos 21-24: «En aquella hora, se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”. Y, volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: “¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron”.» Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/lucas/

(5) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión, obra citada, puntos 127 y 130.

jueves, 26 de febrero de 2026

En torno al Sínodo (30)

Formación permanente

“Ya soy senador. ¿Y ahora qué?”, le dice Bill McKay, el candidato, a su director de campaña tras ganar contra pronóstico la elección al Senado de los EE.UU. No hay respuesta en la película, que concluye en esta escena (1).

La misma pregunta se la pudieron hacer los discípulos de Jesús tras su muerte en la cruz: el episodio con aquellos discípulos que iban camino de Emaús es un ejemplo (2). También tras contemplar la ascensión y oír como les daban un toque mientras permanecían embobados (3). Y lo mismo pueden preguntarse aquellos que han tenido noticia del Sínodo de la sinodalidad, sobre todo los que han participado de una u otra manera.

La última parte del Documento final (4), al hablarnos de la misión a la que todos los bautizados estamos llamados a llevar a cabo y, también, al dar unas orientaciones para la implementación del estilo sinodal en todas las realidades eclesiales nos da pistas del camino que hay que recorrer.

Narran los evangelios que en una ocasión Jesús envía a ‘los Doce’ de dos en dos a predicar la conversión (5). En otra ocasión designa ‘otros setenta y dos’ para la que le precedieran en su predicación, también de dos en dos (6). Unos y otros tienen una misión que cumplir, aunque  con distintas herramientas y objetivos. Un anuncio pascual (7) da pie para abordar la última parte del Documento: «En la tarde de Pascua, Cristo entrega a los discípulos el don mesiánico de su paz y los hace partícipes de su misión. Su paz es plenitud de ser, armonía con Dios, con los hermanos y las hermanas, y con la creación; la misión es anunciar el Reino de Dios, ofreciendo a toda persona, sin excluir a nadie, la misericordia y el amor del Padre. El gesto delicado que acompaña las palabras del Resucitado recuerda lo que Dios hizo al principio. Ahora, en el Cenáculo, con el soplo del Espíritu comienza la nueva creación: nace un pueblo de discípulos misioneros.»

Una misión para la que hay que prepararse: uno no da de lo que no tiene. Y el Documento lo expone haciendo hincapié en el sello de la sinodalidad que debe acompañar la formación: «Para que el Pueblo santo de Dios pueda testimoniar a todos la alegría del Evangelio, creciendo en la práctica de la sinodalidad, necesita una formación adecuada: ante todo en la libertad de hijos e hijas de Dios en el seguimiento de Jesucristo, contemplado en la oración y reconocido en los pobres. La sinodalidad, en efecto, implica una profunda conciencia vocacional y misionera, fuente de un estilo renovado en las relaciones eclesiales, de nuevas dinámicas participativas y de discernimiento eclesial, así como de una cultura de la evaluación, que no puede establecerse sin el acompañamiento de procesos formativos específicos. La formación en el estilo sinodal de la Iglesia promoverá la conciencia de que los dones recibidos en el Bautismo son talentos que hay que hacer fructificar para el bien de todos: no pueden ocultarse ni permanecer inoperantes

Una formación que no se detiene con el paso del tiempo, ni con la recepción de un sacramento, ni con el aprendizaje de unas prácticas de piedad, sino que ha de ir creciendo y actualizándose: «La formación del discípulo misionero comienza con la iniciación cristiana y hunde sus raíces en ella… A veces, una vez terminado el camino de la Iniciación, el vínculo con la comunidad se debilita y se descuida la formación. Sin embargo, ser discípulos misioneros del Señor no es una meta que se alcanza de una vez para siempre. Implica conversión continua, crecimiento en el amor “hasta alcanzar la medida de la plenitud de Cristo” (8) y apertura a los dones del Espíritu para un testimonio vivo y gozoso de la fe.»

En este contexto pone especial énfasis el Documento en la celebración eucarística: «Por eso es importante redescubrir como la celebración dominical de la Eucaristía forma a los cristianos: la plenitud de nuestra formación es la conformación con Cristo [...]: no se trata de un proceso mental y abstracto, sino de llegar a ser Él” (9). Para muchos fieles, la Eucaristía dominical es el único contacto con la Iglesia: cuidar su celebración de la mejor manera, con particular atención a la homilía y a la “participación activa” (10) de todos, es decisivo para la sinodalidad. En la Misa, de hecho, acontece como una gracia concedida desde lo alto, antes de ser el resultado de nuestros propios esfuerzos: bajo la presidencia de uno y gracias al ministerio de algunos, todos pueden participar en la doble mesa de la Palabra y del Pan. El don de la comunión, de la misión y de la participación —las tres piedras angulares de la sinodalidad— se realiza y se renueva en cada Eucaristía

Aboga el Documento por una «formación integral, continua y compartida», cuya «finalidad no es sólo la adquisición de conocimientos teóricos, sino la promoción de la capacidad de apertura y encuentro, de compartir y colaborar, de reflexión y discernimiento en común, de lectura teológica de las experiencias concretas.» Todos estamos llamados a formarnos: «En la Iglesia nadie es mero destinatario de la formación: todos somos sujetos activos y tenemos algo que donar a los demás.»

La realidad personal o vocacional que a cada uno atañe no ha de ser motivo de encapsulamiento en el ámbito de un grupo o un entorno que le incomunique de las otras realidades eclesiales: «La formación sinodal compartida para todos los bautizados constituye el horizonte dentro del cual comprender y practicar la formación específica necesaria para los ministerios individuales y para los diversos estados de vida. Para ello es necesario que se realice como intercambio de dones entre las diversas vocaciones (comunión), en la perspectiva de un servicio a realizar (misión) y en un estilo de implicación y educación en la corresponsabilidad diferenciada (participación). Esta exigencia, surgida con fuerza del proceso sinodal, requiere no pocas veces un exigente cambio de mentalidad y un enfoque renovado de los ambientes y procesos formativos. Implica, sobre todo, una disposición interior a dejarse enriquecer por el encuentro con hermanos y hermanas en la fe, superando prejuicios y visiones partidistas.»

(1) Película El candidato, dirigida por Michael Ritchie, con la interpretación estelar de Robert Redford. Se puede ver en YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=F4EbDtMD9hM&t=3635s

(2) Ver Evangelio según san Lucas capítulo 24, versículos 13 y siguientes. Enlace: https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/lucas/

(3) Ver Hechos de los Apóstoles, capítulo 1, versículos 10 y siguientes. Enlace: https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/hechos-apostoles/

(4) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale, Quinta parte: “También yo los envío”. Puntos 140 a 151. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(5) Ver Evangelio según san Marcos, capítulo 6, versículos 7 y siguientes. Enlace: https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/marcos/

(6) Ver Evangelio según san Lucas, capítulo 10, versículos 1 y siguientes. Enlace: https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/lucas/

(7) Evangelio según san Juan, capítulo 20, versículos 21-23: «Jesús repitió: “Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”.» Extraído de: https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/juan/

(8) Carta de san Pablo a los Efesios, capítulo 4 versículos 11-13: «Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelistas, a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al Hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.» Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/biblia-efesios/

(9) Francisco: Carta apostólica Desidero desideravi, punto 41: «La plenitud de nuestra formación es la conformación con Cristo. Repito: no se trata de un proceso mental y abstracto, sino de llegar a ser Él. Esta es la finalidad para la cual se ha dado el Espíritu, cuya acción es siempre y únicamente confeccionar el Cuerpo de Cristo. Es así con el pan eucarístico, es así para todo bautizado llamado a ser, cada vez más, lo que recibió como don en el bautismo, es decir, ser miembro del Cuerpo de Cristo.» Extraído de https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_letters/documents/20220629-lettera-ap-desiderio-desideravi.html

(10) Concilio Vaticano II: Constitución Sacrosantum Concilium, punto 14: «Al reformar y fomentar la sagrada Liturgia hay que tener muy en cuenta esta plena y activa participación de todo el pueblo, porque es la fuente primaria y necesaria de donde han de beber los fieles el espíritu verdaderamente cristiano, y por lo mismo, los pastores de almas deben aspirar a ella con diligencia en toda su actuación pastoral, por medio de una educación adecuada.» Extraído de: https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html

jueves, 12 de febrero de 2026

En torno al Sínodo (29)

Del primero al último

“Siervo de los siervos de Dios” es un título papal que a simple vista parece contradictorio: ¿cómo puede ser que quien está en la cúspide de la jerarquía, quien se supone que es el mandamás, se autodenomine siervo de aquellos que están bajo su jurisdicción? Bastaría recordar las palabras de Jesús para que no resultara tan extraño: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos» (1).

¿Cómo afecta la sinodalidad a la estructura jerárquica de la Iglesia? El Documento final del Sínodo (2) indica: «La sinodalidad articula de manera sinfónica las dimensiones comunitaria (“todos”), colegial (“algunos”) y personal (“uno”) de cada Iglesia local y de toda la Iglesia. En esta perspectiva, el ministerio petrino es inherente a la dinámica sinodal, así como la dimensión comunitaria, que incluye a todo el Pueblo de Dios, y aquella colegial del ministerio episcopal (3)

Una sinfonía difícil de interpretar armónicamente si se tiene en cuenta el gran número de actores y organismos implicados y las peculiaridades que les acompañan. A ello se refiere la Constitución Lumen Gentium del Concilio Vaticano II: «dentro de la comunión eclesiástica, existen legítimamente Iglesias particulares, que gozan de tradiciones propias, permaneciendo inmutable el primado de la cátedra de Pedro, que preside la asamblea universal de la caridad, protege las diferencias legítimas y simultáneamente vela para que las divergencias sirvan a la unidad en vez de dañarla» (4). Siendo «principio y fundamento de la unidad de la Iglesia» (5), el Papa «es el garante de la sinodalidad: a él corresponde convocar a la Iglesia en Sínodo, presidirlo y confirmar sus resultados. Como sucesor de Pedro, tiene un papel único en la salvaguardia del depósito de la fe y de las costumbres, asegurando que los procesos sinodales sean fructíferos para la unidad y el testimonio». Del mismo modo corresponde a los responsables episcopales «promover la sinodalidad en todas las Iglesias locales».

Respecto a la «reflexión sobre el ejercicio del ministerio petrino en clave sinodal» el Documento toma como referencia un punto de la Constitución apostólica Praedicate Evangelium, que reforma la Curia romana, ampliando las competencias de los organismos locales, regionales o nacionales: «Esta reforma se propone, en el espíritu de una saludable ‘descentralización’, dejar a la competencia de los pastores la facultad de resolver en el ejercicio de su propio cargo del magisterio y como pastores las cuestiones que conocen bien y que no afectan a la unidad de doctrina, disciplina y comunión de la Iglesia, actuando siempre con esa corresponsabilidad que es fruto y expresión de ese mysterium communionis específico que es la Iglesia» (6).

El Documento también se refiere al «servicio de la Curia romana en sentido sinodal y misionero» remitiéndose a dicha Constitución, que en uno de sus puntos indica cuál es su misión: «La Curia Romana está al servicio del Papa… En virtud de este vínculo, la obra de la Curia Romana está también en relación orgánica con el Colegio episcopal y con cada obispo… La Curia Romana no se sitúa entre el Papa y los obispos, sino que se pone al servicio de ambos en la forma que conviene a la naturaleza de cada uno» (7).

El Documento hace mención en este epígrafe el Colegio cardenalicio que en su labor de colaboración y asesoramiento al Papa se reúne en consistorios, como el realizado el mes pasado. También al Sínodo de los Obispos, del que dice «que la constitución apostólica Episcopalis communio ha transformado de ser un evento a un proceso eclesial» y añade que «aun conservando su naturaleza episcopal, ha visto y podría ver en el futuro, en la participación de otros miembros del Pueblo de Dios, la forma en que está llamado a asumir el ejercicio de la autoridad episcopal en una Iglesia consciente de ser constitutivamente relacional y por ello sinodal para la misión. En la profundización de la identidad del Sínodo de los Obispos es esencial que, en el proceso sinodal y en las Asambleas, aparezca y se realice concretamente la articulación entre la implicación de todos (el Pueblo santo de Dios), el ministerio de algunos (el Colegio episcopal) y la presidencia de uno (el Sucesor de Pedro)

Ya que el Santo Padre es especialmente protagonista en estos puntos del Documento final que he abordado, aprovecho para reproducir unos fragmentos de la homilía dirigida a los equipos sinodales y órganos de participación con motivo del Jubileo de la esperanza: «Se nos invita a contemplar y a redescubrir el misterio de la Iglesia, que no es una simple institución religiosa ni se identifica con las jerarquías o con sus estructurasLa Iglesia… es el signo visible de la unión entre Dios y los hombres, de su proyecto de reunirnos a todos en una única familia de hermanos y hermanas y de hacer de nosotros su pueblo, un pueblo de hijos amados, todos unidos en el único abrazo de su amor… En la Iglesialas relaciones no responden a las lógicas del poder sino a las del amor. Las primeras…  son lógicas “mundanas”, mientras que en la comunidad cristiana el primado atañe a la vida espiritual, que nos hace descubrir que todos somos hijos de Dios, hermanos entre nosotros, llamados a servirnos los unos a los otros… La regla suprema en la Iglesia es el amor. Nadie está llamado a mandar, todos lo son a servir; nadie debe imponer las propias ideas, todos deben escucharse recíprocamente; sin excluir a nadie, todos estamos llamados a participar; ninguno posee la verdad toda entera, todos la debemos buscar con humildad, y juntos En la nota 8 tenéis el enlace para acceder al texto completo de la homilía.

(1) Evangelio según san Mateo, capítulo 20, versículos 25 a 28. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/nuevo-testamento-mateo/

(2) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale, Cuarta parte: “Una pesca abundante”. Puntos 130 a 139. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(3) Comisión teológica internacional: La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia, número 64: «La dimensión sinodal de la Iglesia expresa el carácter de sujeto activo de todos los Bautizados y al mismo tiempo el rol específico del ministerio episcopal en comunión colegial y jerárquica con el Obispo de Roma.

Esta visión eclesiológica invita a desplegar la comunión sinodal entre “todos”, “algunos” y “uno”. En diversos niveles y de diversas formas, en el plano de las Iglesias particulares, sobre el de su agrupación en nivel regional y sobre el de la Iglesia universal, la sinodalidad implica el ejercicio del sensus fidei de la universitas fidelium* (todos), el ministerio de guía del colegio de los Obispos, cada uno con su presbiterio (algunos), y el ministerio de unidad del Obispo y del Papa (uno). Resultan así conjugados, en la dinámica sinodal, el aspecto comunitario que incluye a todo el Pueblo de Dios, la dimensión colegial relativa al ejercicio del ministerio episcopal y el ministerio primacial del Obispo de Roma.»

*El sensus fidei (sentido de la fe) es un instinto sobrenatural del Espíritu Santo dado a la universitas fidelium (totalidad de los fieles o pueblo de Dios) que permite discernir y adherirse a la verdadera fe. Extraído de https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/cti_documents/rc_cti_20180302_sinodalita_sp.html

(4) Concilio Vaticano II: Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, número 13. Extraído de https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html

(5) Ver Lumen Gentium, números 22 y 23

(6) Francisco: Constitución apostólica Praedicate Evangelium, apartado II, punto 2. Extraído de https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_constitutions/documents/20220319-costituzione-ap-praedicate-evangelium.html

(7) Praedicate Evangelium, apartado I, punto 8.

(8) León XIV: Homilía durante la Santa Misa en el marco del Jubileo de los equipos sinodales y de los órganos de participación, celebrado el 26 de octubre de 2025. Extraído de https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2025/documents/20251026-giubileo-equipe-sinodali.html

jueves, 5 de febrero de 2026

En torno al Sínodo (28)

Diversidad sin dispersión

«Si emprendemos toda interacción partiendo de la base de que la cultura no importa, nuestro mecanismo predeterminado nos llevará a ver a los demás a través de nuestra propia lente cultural y a juzgarlos o prejuzgarlos en consecuencia… Si la culminación de un negocio depende de tu capacidad de trabajar bien con personas de todo el mundo, necesitarás apreciar las diferencias culturales y respetar las diferencias personales. Las dos son básicas.» Son palabras de Erin Meyer en El mapa cultural en cuya contraportada se lee: «Cuando te das cuenta de que, antes de hacer una crítica, los estadounidenses se hartan a halagos mientras que los alemanes no se andan con rodeos; o que los asiáticos muestran reverencia por la jerarquía, mientras que para los suecos cualquiera puede ser jefe, caes en que nos regimos por un contexto cultural que es imprescindible entender antes de pensar en relacionarse con alguien de otro país. La comunicación entre culturas es el gran reto de la economía global, y disponer de las claves necesarias para facilitar la comprensión puede ser la diferencia entre el éxito y el fracaso» (1).

Para dar cumplimiento al mandato de Jesús: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (2), es necesario tener en cuenta el contexto en que este anuncio se ha de proclamar, no hay un modo uniforme de llevarlo a cabo. Un texto conciliar nos recuerda que  «es propio de todo el Pueblo de Dios, pero principalmente de los pastores y de los teólogos, auscultar, discernir e interpretar, con la ayuda del Espíritu Santo, las múltiples voces de nuestro tiempo y valorarlas a la luz de la palabra divina, a fin de que la Verdad revelada pueda ser mejor percibida, mejor entendida y expresada en forma más adecuada». (3)  En este contexto el papa Francisco escribe «en cada país o región se pueden buscar soluciones más inculturadas, atentas a las tradiciones y a los desafíos locales» (4). Cabe tener en cuenta que no se trata de imponer un modo de hacer o un criterio personal, sino de acompañar a las personas al encuentro con Cristo.

Esa misma actitud debe presidir la relación entre las diversas comunidades eclesiales. En los puntos iniciales del Documento final se dice que en el corazón del Sínodo «hay una llamada a la alegría y a la renovación de la Iglesia en el seguimiento del Señor, en el compromiso al servicio de su misión, en la búsqueda de los modos para serle fiel. Esta llamada se funda en la identidad bautismal común, se enraíza en la diversidad de contextos en los que la Iglesia está presente y encuentra su unidad en el único Padre, el único Señor y el único Espíritu (5)» (6).

Siguiendo el recorrido por el Documento, el siguiente epígrafe se refiere a las relaciones intraeclesiales de ámbito regional, nacional o internacional: «El horizonte de comunión en el intercambio de dones es el criterio inspirador de las relaciones entre las Iglesias. Combina la atención a los vínculos que forman la unidad de toda la Iglesia con el reconocimiento y la valoración de las particularidades ligadas al contexto en el que vive cada Iglesia local, con su historia y su tradición. Adoptar un estilo sinodal permite a las Iglesias moverse a ritmos diferentes. Las diferencias de ritmo pueden valorarse como expresión de una diversidad legítima y como una oportunidad para intercambiar dones y enriquecerse mutuamente. Este horizonte común requiere discernir, identificar y promover estructuras y prácticas concretas para ser una Iglesia sinodal en misión.»

Se hace referencia a tres realidades: Conferencias Episcopales, Asambleas eclesiales y Concilios particulares.

«Las Conferencias Episcopales expresan y ponen en práctica la colegialidad de los obispos para favorecer la comunión entre las Iglesias y responder más eficazmente a las necesidades de la vida pastoral. Son un instrumento fundamental para crear vínculos, compartir experiencias y buenas prácticas entre las Iglesias, adaptando la vida cristiana y la expresión de la fe a las diferentes culturas. También desempeñan un papel importante en el desarrollo de la sinodalidad, con la participación de todo el Pueblo de Dios.»

«En las Asambleas eclesiales (regionales, nacionales, continentales) los miembros, que expresan y representan la variedad del Pueblo de Dios (incluidos los obispos), participan en el discernimiento que permitirá a los obispos, colegialmente, tomar las decisiones a las que están obligados en virtud del ministerio que les ha sido confiado. Esta experiencia muestra cómo la sinodalidad permite articular concretamente la implicación de todos (el Pueblo santo de Dios) y el ministerio de algunos (el Colegio episcopal) en el proceso de toma de decisiones sobre la misión de la Iglesia. Se propone que el discernimiento pueda incluir, en formas adaptadas a la diversidad de los contextos, espacios de escucha y diálogo con los otros cristianos, representantes de otras religiones, instituciones públicas, organizaciones de la sociedad civil y la sociedad en general.»

«

Para lograr una “saludable ‘descentralización’” (7) y una efectiva inculturación de la fe, es necesario no sólo reconocer el papel de las Conferencias Episcopales, sino también revalorizar la institución de los Concilios particulares, tanto provinciales como plenarios.» También se propone que «el procedimiento de reconocimiento de las conclusiones de los Concilios particulares por parte de la Santa Sede (recognitio) debería ser reformado para favorecer su publicación oportuna.»

Son organismos que deben estar al servicio de la evangelización facilitándola, y actuar en comunión con la Iglesia universal representada por el Santo Padre. No está entre sus funciones comprometer la unidad de la Iglesia arrogándose competencias que no les corresponden (que suele ser una manifestación de autorreferrencialidad) o siguiendo caminos que contradicen el mensaje evangélico, la tradición apostólica o el Magisterio petrino.

He escogido un fragmento de una encíclica de Juan XXIII, que incluye una cita famosa profusamente mal atribuida en internet, para mostrar como diversidad y unidad son conciliables: «Hay… no pocos puntos en los que la Iglesia católica deja que libremente disputen entre sí los teólogos, en cuanto se trata de cosas no del todo ciertas, y en cuanto tales disputas no rompen la unidad de la Iglesia, sino más bien sirven para una mejor y más profunda inteligencia de los dogmas, ya que preparan y hacen más seguro el camino para este conocimiento, puesto que del choque de varias sentencias sale siempre nueva luz (8). Sin embargo, hay que retener el dicho que, expresado unas veces de un modo y otras de otro, se atribuye a diversos autores: en las cosas necesarias, unidad; en las dudosas, libertad; en todas, caridad» (9). También se refiere a ello el papa Francisco en las notas 4 y 6.

(1) Erin Meyer: El mapa cultural. Las 8 escalas de nuestras barreras culturales y cómo sortearlas. Título original: The Culture Map. Decoding How People Think, Lead, and Get Things Done Across Cultures (2014). Editorial: Península (2022). Traductora: Noemí Jiménez Furquet (2022). 307 páginas. Páginas 24-25.

(2) Evangelio según san Marcos, capítulo 16, versículo 15. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/marcos/

(3) Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, número 44. https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html

(4) Francisco: Exhortación apostólica Amoris laetitia, número 3: «Recordando que el tiempo es superior al espacio, quiero reafirmar que no todas las discusiones doctrinales, morales o pastorales deben ser resueltas con intervenciones magisteriales. Naturalmente, en la Iglesia es necesaria una unidad de doctrina y de praxis, pero ello no impide que subsistan diferentes maneras de interpretar algunos aspectos de la doctrina o algunas consecuencias que se derivan de ella. Esto sucederá hasta que el Espíritu nos lleve a la verdad completa (cf. Jn 16,13), es decir, cuando nos introduzca perfectamente en el misterio de Cristo y podamos ver todo con su mirada. Además, en cada país o región se pueden buscar soluciones más inculturadas, atentas a las tradiciones y a los desafíos locales, porque «las culturas son muy diferentes entre sí y todo principio general [...] necesita ser inculturado si quiere ser observado y aplicado» (Discurso en la clausura de la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos (24 octubre 2015)).» Extraído de https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amoris-laetitia.html

(5) Carta de san Pablo a los Efesios, capítulo 4, versículos 5-6: «Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todos, que está sobre todos, actúa por medio de todos y está en todos». Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/biblia-efesios/

(6) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale, Cuarta parte: “Una pesca abundante”. Puntos 3, 4 y 124 a 129. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(7) Francisco: Exhortación apostólica Evangelii Gaudium, punto 16: «Son innumerables los temas relacionados con la evangelización en el mundo actual que podrían desarrollarse aquí. Pero he renunciado a tratar detenidamente esas múltiples cuestiones que deben ser objeto de estudio y cuidadosa profundización. Tampoco creo que deba esperarse del magisterio papal una palabra definitiva o completa sobre todas las cuestiones que afectan a la Iglesia y al mundo. No es conveniente que el Papa reemplace a los episcopados locales en el discernimiento de todas las problemáticas que se plantean en sus territorios. En este sentido, percibo la necesidad de avanzar en una saludable “descentralización”.» Extraído de https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html

(8) Hace referencia al texto de John Henry Newman: Difficulties of Anglicans, vol. I, lect. X, p. 261 ss.

(9) San Juan XXIII: Carta encíclica Ad Petri Cathedram, parte tercera: Unidad de la Iglesia, epígrafe Unidad de fe. Extraído de https://www.vatican.va/content/john-xxiii/es/encyclicals/documents/hf_j-xxiii_enc_29061959_ad-petri.html

miércoles, 28 de enero de 2026

En torno al Sínodo (27)

Compartir los dones

El colegio estaba elaborando un nuevo proyecto pedagógico y pidió a los padres de los alumnos su colaboración. Aprovechó las reuniones ordinarias de curso para que los padres reunidos en pequeños grupos dedicaran unos minutos a realizar propuestas. En el grupo en que me encontraba comentamos que convendría potenciar que los alumnos compartiesen sus habilidades y conocimientos entre sí; entendíamos que esta acción solidaria entre ellos era un medio provechoso para reforzar el aprendizaje de cada uno de ellos, tanto para los que dominaban alguna materia como para el que tenían dificultades de aprehensión de la misma.

Hablando de capacidades y cualidades escribe san Pablo a los Corintios y por extensión a todos los cristianos: «Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común. A uno se le pueden conceder, por medio del Espíritu, palabras de sabiduría; a otro, palabras de ciencia, según el mismo Espíritu; a otro, la fe, en el mismo Espíritu; a otro, carisma de curaciones, en el único Espíritu; a otro, poder de hacer milagros; a otro, don de profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, facultad de hablar diversas lenguas; a otro, don de interpretarlas. Pero todas estas cosas las obra un mismo y único Espíritu, que las distribuye a cada uno en particular según su voluntad» (1).

De ese provecho común también escribe san Pedro: «Como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios, poned al servicio de los demás el carisma que cada uno ha recibido» (2); cita que se menciona en el epígrafe ‘Intercambio de dones’ del Documento final del Sínodo (3) que se inicia con este párrafo: «Caminar juntos en los diferentes lugares como discípulos de Jesús en la diversidad de carismas y ministerios, así como en el intercambio de dones entre las Iglesias, es un signo eficaz de la presencia del amor y de la misericordia de Dios en Cristo que acompaña, sostiene y orienta con el soplo del Espíritu Santo el camino de la humanidad hacia el Reino. El intercambio de dones implica todas las dimensiones de la vida de la Iglesia. Constituida en Cristo como Pueblo de Dios por todos los pueblos de la tierra… vive su misión favoreciendo y acogiendo “todas las riquezas, recursos y formas de vida de los pueblos en lo que tienen de bueno y al acogerlos los purifica, consolida y eleva” (4)

¿Qué supone este intercambio en el ámbito intraeclesial? «La Iglesia, a nivel local y en su unidad católica, se propone como una red de relaciones a través de la cual circula y se promueve la profecía de la cultura del encuentro, de la justicia social, de la inclusión de los grupos marginados, de la fraternidad entre los pueblos, del cuidado de la casa común. El ejercicio concreto de esta profecía exige que los bienes de cada Iglesia sean compartidos con espíritu de solidaridad, sin paternalismos ni asistencialismos, respetando las diferentes identidades y promoviendo una sana reciprocidad, con el compromiso —cuando sea necesario— de curar las heridas de la memoria y de emprender caminos de reconciliación. El intercambio de dones y la puesta en común de recursos entre Iglesias locales de diferentes regiones fomentan la unidad de la Iglesia, creando vínculos entre las comunidades cristianas implicadas.»

¿Y en el ámbito ecuménico?: «El intercambio de dones tiene también un significado crucial en el camino hacia la unidad plena y visible entre todas las Iglesias y Comuniones cristianas y, además, es un signo eficaz de esa unidad, en la fe y el amor de Cristo, que favorece la credibilidad y el impacto de la misión cristiana (5). San Juan Pablo II aplicó esta expresión al diálogo ecuménico: “el diálogo no es sólo un intercambio de ideas. Siempre es de todos modos un ‘intercambio de dones’” (6). Ha sido en el compromiso de encarnar el único Evangelio en la diversidad de contextos culturales, circunstancias históricas y desafíos sociales donde las distintas tradiciones cristianas, a la escucha de la Palabra de Dios y de la voz del Espíritu Santo, han generado a lo largo de los siglos copiosos frutos de santidad, caridad, espiritualidad, teología y solidaridad a nivel social y cultural.»

¿Y con los no cristianos? «Una Iglesia sinodal se compromete a caminar, en los diferentes lugares donde vive, con creyentes de otras religiones y con personas de otras convicciones, compartiendo gratuitamente la alegría del Evangelio y acogiendo con gratitud sus respectivos dones, para construir juntos, como hermanos y hermanas todos, en un espíritu de intercambio y ayuda mutua (7), la justicia, la fraternidad, la paz y el diálogo interreligioso. En algunas regiones, las pequeñas comunidades de barrio, donde se reúnen las personas independientemente de su pertenencia religiosa, ofrecen un ambiente propicio para un triple diálogo: de vida, de acción y de oración.»

En la tarea evangelizadora no se debe obviar la realidad que se encuentra, sino que hay que descubrir en ella la acción del Espíritu Santo mientras se transmite y se testimonia la fe.

(1) 1ª carta de san Pablo a los Corintios, capítulo 12, versículos 4 a 11. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/1-corintios/

(2) 1ª Carta de san Pedro, capítulo 4, versículo 10. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/1-pedro/

(3) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale, Cuarta parte: “Una pesca abundante”. Puntos tratados 120 a 123. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(4) Concilio Vaticano II: Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, número 13: «Todos los hombres están llamados a formar parte del nuevo Pueblo de Dios. Por lo cual, este pueblo, sin dejar de ser uno y único, debe extenderse a todo el mundo y en todos los tiempos, para así cumplir el designio de la voluntad de Dios… El único Pueblo de Dios está presente en todas las razas de la tierra…Todos los fieles dispersos por el orbe comunican con los demás en el Espíritu Santo… Y como el reino de Cristo no es de este mundo (cf. Jn 18,36), la Iglesia o el Pueblo de Dios, introduciendo este reino, no disminuye el bien temporal de ningún pueblo; antes, al contrario, fomenta y asume, y al asumirlas, las purifica, fortalece y eleva todas las capacidades y riquezas y costumbres de los pueblos en lo que tienen de bueno Extraído de https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html

(5) Evangelio según san Juan, capítulo 17, versículos 20 y 21: «No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.» Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/juan/

(6) San Juan Pablo II, Carta encíclica Ut unum sint, punto 28: «El diálogo es paso obligado del camino a recorrer hacia la autorrealización del hombre, tanto del individuo como también de cada comunidad humana. Si bien del concepto de ‘diálogo’ parece emerger en primer plano el momento cognoscitivo (dia-logos), cada diálogo encierra una dimensión global, existencial. Abarca al sujeto humano totalmente; el diálogo entre las comunidades compromete de modo particular la subjetividad de cada una de ellas… El diálogo no es sólo un intercambio de ideas. Siempre es de todos modos un ‘intercambio de dones’». Extraído de https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html

(7) Concilio Vaticano II: Constitución pastoral Gaudium et spes, número 40: «La Iglesia católica de buen grado estima mucho todo lo que en este orden han hecho y hacen las demás Iglesias cristianas o comunidades eclesiásticas con su obra de colaboración. Tiene asimismo la firme persuasión de que el mundo, a través de las personas individuales y de toda la sociedad humana, con sus cualidades y actividades, puede ayudarla mucho y de múltiples maneras en la preparación del Evangelio.» Extraído de https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html

viernes, 2 de enero de 2026

¿Propuesta revolucionaria?

Matrimonio frente a sentimiento

«No preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregunta qué puedes hacer tú por tu país», célebre frase pronunciada el 20 de enero de 1961 por John Fitzgerald Kennedy en el discurso inaugural de su mandato como presidente de los Estados Unidos (1).

Trasladémonos a otro escenario, el doméstico, y sustituyamos “país” por “cónyuge” o “pareja” y leamos la anécdota y la reflexión de Stephan R. Covey:

 «En un seminario en el que yo hablaba sobre el concepto de proactividad, un hombre dijo: “Stephen, me gusta lo que dice. Pero las situaciones difieren entre sí. Por ejemplo, mi matrimonio. Estoy realmente preocupado. A mi esposa y a mí ya no nos unen los antiguos sentimientos. Supongo que ya no la amo, y que ella ya no me ama a mí. ¿Qué puedo hacer?”

— ¿Ya no sienten nada uno por el otro? —pregunté.

—Así es. Y tenemos tres hijos, que realmente nos preocupan. ¿Usted qué sugiere?

—Ámela —le contesté.

—Pero le digo que ese sentimiento ya no existe entre nosotros.

—Ámela.

—No me entiende. El amor ha desaparecido.

—Entonces ámela. Si el sentimiento ha desaparecido, ésa es una buena razón para amarla.

—Pero, ¿cómo amar cuando uno no ama?

Amar, querido amigo, es un verbo. El amor —el sentimiento— es el fruto de amar, el verbo. De modo que ámela. Sírvala. Sacrifíquese por ella. Escúchela. Comparta sus sentimientos. Apréciela. Apóyela. ¿Está dispuesto a hacerlo?

[…] Las personas reactivas hablan del sentimiento. Ellas se mueven por sentimientos. […] Si nuestros sentimientos controlan nuestras acciones, ello se debe a que hemos renunciado a nuestra responsabilidad y que permitimos que los sentimientos nos gobiernen.

Las personas proactivas hacen hincapié en el verbo amar. Amar es algo que se hace: los sacrificios que se hacen, la entrega de uno mismo, como una madre que pone un recién nacido en el mundo. Para estudiar el amor, hay que estudiar a quienes se sacrifican por los otros, incluso por personas que los hieren. […] El amor es un valor creado por medio de acciones amatorias. Las personas proactivas subordinan los sentimientos a los valores. El amor, el sentimiento, puede recuperarse» (2).

Un ejemplo práctico lo podéis encontrar en el reportaje que hizo Infinito+1 del Proyecto Amor Conyugal (3) impulsado por José Luis y Maui tras cambiar el enfoque que cada uno había hecho de su matrimonio (4), que estaba encaminado a romperse. Además de ellos, varios matrimonios hablan de su experiencia tras participar en actividades relacionadas con dicho Proyecto, que se ha extendido por toda España y algunos países europeos y sudamericanos.

(1) El discurso completo en inglés lo podéis leer y escuchar en https://www.jfklibrary.org/archives/other-resources/john-f-kennedy-speeches/inaugural-address-19610120

(2) Stephen R. Covey: Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva (1989). Editorial: Paidós – Colección: Biblioteca Covey – 1ª edición conmemorativa 25 aniversario (2014). Traductor: Jorge Piatigorsky. 471 páginas. II: Victoria privada, Primer hábito, Escuchando nuestro lenguaje, página 95.

(3) Canal de Youtube: Infinito más 1, serie Hagan lío, capítulo 2: https://www.youtube.com/watch?v=0Mio4WxlUC4

(4) Página web del Proyecto Amor Conyugal: https://proyectoamorconyugal.es/