miércoles, 9 de diciembre de 2020

Crónica despechada

Relato de una experiencia

Los cargos conllevan cargas y cuando se accede a uno de ellos, acompañado habitualmente de felicitaciones por el reconocimiento que supone, se ha de ser consciente, al menos someramente, de lo que se le viene encima para bien o para mal. Cuando alguien habla de que «caí como un extraterrestre en un gran centro de poder» (1) está dando a entender que no tenía muy claro a que se exponía; al mismo tiempo deja entrever que fueron poco avispados quienes se lo propusieron.

 

 

David Jiménez era un periodista de El Mundo que llevaba casi dos décadas como corresponsal al que le ofrecieron dirigir el periódico. Un periodo corto y convulso que ha plasmado en El director: «Yo he intentado escribir un relato personal de mi vivencia al frente de El Mundo, pero quizás lo original sea que la persona que ocupa ese lugar llevaba dos décadas como corresponsal, completamente alejado de los despachos y sin el teléfono de ningún empresario o político.» (1)

Su veteranía en el periodismo contrastaba con la bisoñez en las tareas propias de la redacción de un periódico: «Tenía varios hándicaps. Yo no era de la redacción. Aunque llevaba veinte años trabajando en El Mundo, era un outsider. No tenía experiencia en la gestión de equipos y, de repente, tuve que dirigir a trescientos periodistas que habían sufrido varios ERE, bajadas de sueldo y recortes. ¿Estaba preparado para ser director cuando llegué el primer día, un 25 de mayo de 2015? Yo creo que no.» (1)

Aunque en el último capítulo del texto manifiesta que a pesar de la demanda que interpuso por su despido no guardaba «ni un atisbo de resentimiento, enfado o deseo de ajuste de cuentas» (2) el tono del libro desprende un ánimo de desahogarse, de liberarse de la tensión acumulada: «Nos dedicamos a criticar a todos los demás, si bien nunca habíamos hecho el ejercicio de mirarnos a nosotros mismos, abrir las ventanas y airear las miserias propias. Es curioso que el periodismo se dedique a desvelar las de los otros, mas nunca las suyas.» (1) También de alertar a futuros periodistas sobre lo que se pueden encontrar: «La redacción de un periódico puede ser el Serengeti* en temporada de escasez de alimentos. En otros oficios existe rivalidad: en un diario es depredación y supervivencia. Quizá el motivo sea que en el periódico el trabajo queda expuesto a la mirada no solo de los jefes y colegas, sino de miles de lectores. Grandes egos compiten por una notoriedad para la que existe un espacio reducido y que se persigue con los colmillos afilados.» (2)

El libro es a la vez denuncia y autodefensa donde el recurso a la honestidad soterra la leve autocrítica que contiene. El desfile de múltiples personajes conocidos en sus páginas alimenta la rumorología y la murmuración, a la par que estimula el cotilleo, los dimes y diretes de conversaciones desenfadadas presenciales o virtuales. Se sorprende del ambiente que se encontró, del trato desproporcionado entre profesionales, de ser testigo de cómo las presiones políticas y empresariales a los medios comprometen su crédito, su supervivencia y la profesionalidad de los periodistas.

Salió escocido de la experiencia pero da la impresión de que no suficientemente enseñado cuando le invitan a hacer un ejercicio de retroceder en el tiempo: «Volvería a decir que sí y volvería a intentar hacer el proyecto que siempre quise para el periódico. Aunque, si tuviera la ventaja de lo vivido, no cometería muchos de los errores que cometí.» Algo que no se compadece con lo que manifiesta a reglón seguido: «Ese año descubrí que no soy una persona de despachos. Una de las aspiraciones que tengo más claras es no volver a ocupar uno. Me gusta mi independencia, mi libertad, mis libros, mis viajes, escribir… Sólo en un medio donde la garantía de libertad fuera absoluta, con un soporte financiero que lo permitiera, podría llegar a plantearme en algún momento una posición de dirección. Pero prefiero estar fuera de los despachos. Hay gente que vale para ello y gente que no. Y yo no valgo para los despachos.» (1)

La información que suministran y el tratamiento que se hace con ella son el fundamento de la labor periodística. En el libro de Jiménez no se cumple la frase lapidaria de la contraportada: "La prensa prometió contarte la verdad. David Jiménez te cuenta la verdad sobre la prensa", pero puede abrir los ojos a quienes tengan una visión idealizada del periodismo o sean seguidores acérrimos de algún medio, porque lo que cuenta el autor no afecta exclusivamente al periódico que dirigió. A algunos les suministrará munición para prejuzgar a los personajes de los que se habla; a otros para reafirmarse en el descrédito de la prensa, desconfiando de todo lo se cuenta; pero pienso que es más útil que sirva para no chuparse el dedo, estando prevenido ante las informaciones que recibimos antes de concebir juicios precipitados, especialmente en aquellas cuestiones que nos causen estupor o no nos acaben de encajar.

*"El Parque Nacional Serengueti es un parque nacional de grandes proporciones (13.000 km²) en Tanzania, África. Es famoso por las migraciones anuales de miles de ñúes." (carne fresca para hambrientos depredadores)

(1) Entrevista a David Jiménez de de Henrique Mariño y Christian González, publicada en Público el 25 de abril de 2019. Referencia: https://www.publico.es/sociedad/entrevista-david-jimenez-libro-director-mundo.html
(2) David Jiménez: El director. Secretos e intrigas de la prensa narrados por el exdirector de El Mundo (2019). Editor: Libros del K. O. – 4ª edición (2019). 295 páginas. Capítulos: 'El director' y 'Ratas de dirección'

viernes, 27 de noviembre de 2020

La esencia como reclamo

Dar sentido al sinsentido

En el Apocalipsis, el libro bíblico de moda en los días que preceden al cambio de ciclo litúrgico, hay un fragmento que asocio con aquellos proyectos, tanto personales como colectivos, que empiezan con gran ímpetu, logran consolidarse sorteando las dificultades que van surgiendo, llegando incluso a adquirir relevancia social, pero en la medida en que van creciendo y la estructura organizativa se va agigantando se van distanciando de aquello que impulsó su creación y les daba sentido, perdiendo la referencia al espíritu fundacional, que puede llegar a desvirtuarse al amparo de una pretendida efectividad que compromete su futuro tal como estaba concebido. La burocratización autorreferencial desalma.

Dice el texto citado en un mensaje dirigido a la iglesia de Éfeso: «Conozco tus obras, tu fatiga y tu constancia; que no puedes soportar a los malvados y que has puesto a prueba a los que se dicen apóstoles y no lo son, y los encontraste mentirosos; que tienes paciencia y has sufrido por mi nombre, sin desfallecer. Pero tengo contra ti que has perdido la caridad que tenías al principio. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, arrepiéntete, y practica las obras de antes.» (1) La advertencia pone el foco en el espíritu con que se actúa, el aliento que impulsa el fin que se persigue.

Si la desafección a los principios afecta a las organizaciones, también afecta al ámbito familiar, como me ha dado a entender la historia que escribe Eloy Moreno en El bolígrafo de gel verde (2), donde el protagonista, hastiado por la sinrazón en que se ha convertido su vida, se entretiene curioseando en vidas ajenas y dejándose llevar por obsesiones fetichistas sin esforzarse en poner remedio al deterioro que está sufriendo la vida en común, que amenaza con verter al sumidero tantos esfuerzos e ilusiones que la han forjado, anclándola en unas rutinas que, aun siendo necesarias, se tornan corrosivas cuando se afrontan como autómatas; la vida familiar se torna insulsa cuando va perdiendo su esencia: la cohesión amorosa que la fraguó, el amor primero al que se refiere el texto bíblico.

El relato nos aboca a un cambio drástico para revertir la tendencia tóxica que va ahogando la relación matrimonial. En casos extremos puede ser la única manera de salir del atolladero, pero considero que es preferible ir prestando atención a las señales de disfuncionalidad que van surgiendo, a las pequeñas grietas que aparecen en el edificio construido en común, para irlas sellando antes de que adquieran unas dimensiones considerables. No se trata de hacer apaños, porque el mejor remedio siempre va acompañado por el amor mutuo.

(1) Libro del Apocalipsis, capítulo 2, versículos 2 a 5. https://www.bibliatodo.com/la-biblia/La-sagrada-biblia-edicion-eunsa/apocalipsis-2

(2) Eloy Moreno: El bolígrafo de gel verde (2011). Editor: Espasa – Colección: Narrativa. 317 páginas

domingo, 15 de noviembre de 2020

El raciocinio debe esperar

Las palabras han de encontrar su espacio

Mario, el apocado y perezoso pescador, que se revitaliza ejerciendo como cartero al servicio exclusivo de un ilustre poeta, está prendado de Beatriz, la chica de la hostería del pueblo. No sabe cómo dirigirse a ella, se siente tan menesteroso en palabras que rompe su habitual pusilanimidad para atreverse a pedirle ayuda a su egregio cliente, del que ha comenzado a leer una de sus obras y presume que debe ser el galán que le puede sacar del atolladero. El poeta le habla de metáforas, comparaciones y ritmo y le anima a practicarlo mientras pasea junto al mar. La premura es un obstáculo creativo y sudesespero se convierte en osadía para pedirle al poeta que le elabore un poema, obteniendo como respuesta un par de sus poemarios para que se vaya inspirando. Optará por memorizar y recitar los poemas allí incluidos a su amada Beatriz conseguiendo encandilarla. (1)

Antonio Skármeta ficciona la relación que tuvo Pablo Neruda con el cartero que le llevaba la correspondencia a su residencia en Isla Negra, una novela titulada originariamente Ardiente paciencia, valiéndose de unas palabras del fragmento del discurso de Neruda al recibir el premio Nobel que incluye en el libro, que parte de una cita de Rimbaud: A l’aurore, armés d’une ardente patience, nous entrerons aux splendides villes [Al amanecer, armados de una ardiente paciencia entraremos en las espléndidas ciudades] (2). El galardonado poeta concluye su intervención: «solo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres. Así la poesía no habrá cantado en vano.» (3) Al ser llevada al cine esta historia el libro fue retitulado como El cartero de Neruda (4).

Tengo dificultad para leer poesía, también para escucharla. Me pasa algo parecido a lo que manifiesta el rudo granjero Hans en un episodio de Doctor en los Alpes. La mujer con la que está empezando a salir, la profesora Klara Hoffmann, le invita a un recital poético, algo contrapuesto a sus habituales costombres. Para no quedar mal prepara la cita leyendo un texto del poeta protagonista de la función. Junto a su adolescente hija lee en voz alta unos versos y le pregunta: «¿Lo entiendes?» Lili le responde con franqueza: «No, pero los poemas no están para entenderlos, sino para sentirlos Hans apostilla: «Pero no siento nada.» Y su hija le replica: «¡Ya!, pero la señora Hoffmann, sí.» Al igual que Mario, Hans pide ayuda: «¿Qué hago Lili? Quiere ir a ese recital de poesía y yo no quiero hacer el ridículo. ¿Qué me dices, me ayudas a aprenderme alguna?» (5) ¿Qué tiene el amor para hacer brotar aficiones insospechadas?

Casa de Isla Negra,
residencia de Neruda
donde se establece
la relación con el cartero.
Me pregunto si mi déficit está causado por la insuficiente formación literaria, la poca práctica lectora, o la falta de serenidad para acoger los versos con esa ardiente paciencia en la que el tiempo se ralentiza hasta casi detenerse en cada verso, en cada palabra, en cada combinación metafórica, comparativa, rítmica…, para encontrar espacio en los sentidos antes de asentarse en el raciocinio. Tiempo habrá para descubrirlo, pero no hay prisa: me conformaré mientras tanto deleitándome con las sensaciones y evocaciones que me proporcionan algunos poemas, aunque no los comprenda a la primera.

(1) Cfr. Antonio Skármeta: El cartero de Neruda (1985). Editor: Debolsillo – Colección: Contemporánea (2005). 140 páginas

 (2) Fragmento de Adieu incluido en el poemario de Arthur Rimbaud: Une saison en enfer, 1873-1875. Poema completo en francés: http://abardel.free.fr/petite_anthologie/adieu.htm; en español: https://es.wikisource.org/wiki/Adi%C3%B3s_(Rimbaud)

(3) Discurso completo de Pablo Neruda en https://www.mundolatino.org/discurso-premio-nobel-pablo-neruda/

(4) El cartero (y Pablo Neruda). Título original: Il postino. Año: 1994. Duración: 115 min. País: Italia. Dirección: Michael Radford. Referencia: https://www.filmaffinity.com/es/film621676.html

(5) Doctor en los Alpes, temporada 2, capítulo 8. Episodio completo en Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=BLKuwPZjr6M

lunes, 26 de octubre de 2020

Itinerario del desarrollo intelectual

La gestión del conocimiento

Se atribuye a Sócrates la frase “solo sé que no sé nada”, que viene a sintetizar una reflexión más extensa sobre la sabiduría que recoge Platón en su Apología de Sócrates (1). Una referencia más cercana nos la proporciona un recién titulado en periodismo al dar una pincelada a su experiencia universitaria: «De la universidad sé que, si se aprovecha, uno sale con más preguntas que respuestas, que la sabiduría es estar siempre dispuesto a cambiar de opinión…» (2)

 Entiendo la sabiduría como un conocimiento vasto, profundo y operativo de una materia, que se nutre de información, estudio, reflexión y experiencia; se podría considerar una erudición eficazmente gestionada. Ni la sabiduría, ni la erudición pueden llegar a ser enciclopédicas, una palmaria limitación que conlleva que el buen erudito y el verdaderamente sabio se alejen de una posición engreída y, mucho menos, pedante.

El conocimiento constituye un almacén que se abastece con las posibilidades de acceso a él y la actitud que se muestre frente a ellas. La calidad de ese conocimiento viene determinada en gran parte por la disposición a preguntar y hacerse preguntas, algo que recuerda los interminables -y a veces desesperantes- porqués de los niños. Lo apunta Ken Bain: «las preguntas juegan un papel esencial en el proceso de aprendizaje y de modificación de modelos mentales. Las preguntas nos ayudan a construir el conocimiento. Señalan vacíos en nuestras estructuras de memoria y son fundamentales para indexar la información que logramos cuando desarrollamos una respuesta para esa pregunta.» (3)

La actitud frente al conocimiento la esquematizó William Perry –profesor de Harvard- hace medio siglo en un estudio -con una base extremadamente selectiva- sobre el desarrollo intelectual de los estudiantes (4) en el que reconoció cuatro etapas principales que denominó Dualismo (conocimiento en blanco y negro), Multiplicidad (todo es gris), Relativismo (cada cosa se circunscribe a un contexto) y Compromiso (nuestro conocimiento no está aislado; tiene un impacto en nuestro ser moral). Un trabajo posterior de cuatro mujeres (5) desarrolló el esquema de Perry en clave feminista, identificando cada una de las etapas con los siguientes conceptos: Conocimiento recibido (escuchando las voces de los demás), Conocimiento subjetivo (la voz interior), Conocimiento Procedimental (conocimiento separado y conectado) y Conocimiento construido (integración de voces).

Lo que se puede inferir de las conclusiones de ambos trabajos es que para elaborar un criterio sólido sobre alguna materia el itinerario pasa por superar una fase inicial de credulidad, para ir avanzando a través de la inquietud por profundizar asimilando la aridez de los momentos de desconcierto y escepticismo para asentar una postura razonada y razonable; siendo conscientes, al mismo tiempo, que pueden surgir nuevas circunstancias o aportaciones que inviten a reconsiderar lo que se había establecido. La acumulación de conocimiento ha de tener una estructura dinámica y flexible: se ha de irrigar y ha de fluir, se ha de oxigenar para limpiarlo de impurezas; todo ello con el fin de que sea provechoso para uno mismo y para los demás.

(1) Platón, Apología de Sócrates: “Yo soy más sabio que este hombre. Puede muy bien suceder, que ni él ni yo sepamos nada de lo que es bello y de lo que es bueno; pero hay esta diferencia, que él cree saberlo aunque no sepa nada, y yo, no sabiendo nada, creo no saber. Me parece, pues, que en esto yo, aunque poco más, era más sabio, porque no creía saber lo que no sabía.”

"…son muchos los que creen saberlo todo, aunque no sepan nada o casi nada."

"…todos los que me escuchan creen que yo sé todas las cosas sobre las que descubro la ignorancia de los demás."

(2) Marcos Ondarra: Más preguntas que respuestas, publicado en la revista Nuestro Tiempo, número 707, verano 2020

(3) Ken Bain: Lo que hacen los mejores profesores universitarios. Editor: Publicacions de la Universitat de València (PUV). Capítulo 2, epígrafe 3.

(4) William G. Perry: Forms of intellectual and ethical development in the college years. Los datos en los que basaba Perry su estudio estaban extraídos de estudiantes de sus cursos varones blancos.

(5) Belenky, Clinchy, Goldberger and Tarule: Women's Ways of Knowing


 

viernes, 9 de octubre de 2020

El efecto de los milagros

La percepción de lo inexplicable

Hans y Martin están desolados. Buscan la caja que contiene un corazón preparado para ser trasplantado a un adolescente. La avioneta donde se transportaba se ha estrellado tras sufrir los embates de una tormenta de nieve; el piloto ha aparecido muerto en un refugio cercano. ¿Dónde estará la caja en medio de un paisaje cubierto de nieve? Cada minuto que pasa es un obstáculo para que el órgano conserve su utilidad. Han arriesgado su vida en la operación de rescate y tienen la impresión de que ha sido un esfuerzo baldío. Sin mucho convencimiento el doctor Martin murmura una súplica mientras su hermano Hans confecciona una cruz con dos ramas en memoria del piloto fallecido: «Si de verdad existes, ayúdanos». Poco después Hans oye un ruido sospechoso al clavar la cruz en medio de la nieve: el extremo de la cruz ha topado con la caja, lo que permitirá que el corazón llegue a tiempo para trasplantarlo al paciente. Es un episodio de la ficción televisiva Doctor en los Alpes. (1)

Ese acordarse de santa Bárbara cuando truena, esta manera de poner consciente o inconscientemente –la desesperación tiene efectos insospechados- a prueba a Dios instándole a que se manifieste para librarnos de un apuro, muchas veces se queda ahí, cualquiera que sea el resultado que se produzca. En la ficción los rescatadores no experimentan ningún cambio apreciable en su comportamiento, en su actitud vital, tras la experiencia; sin embargo el guionista sí que pone el acento en ese capítulo en los efectos taumatúrgicos de un gesto de cariño de una madre hacia su hijo.

Escribe Fulton Sheen glosando el episodio evangélico de la resurrección de Lázaro: «los milagros no son remedios contra la incredulidad. Algunos no creerían aunque cada día hubiera resurrecciones de muertos.» Poco antes se refiere a las reacciones contrapuestas que inspira un mismo hecho: «De la misma manera que el sol brilla sobre el barro y lo endurece, y brilla sobre la cera y la ablanda, así este gran milagro de nuestro Señor endureció algunos corazones para la incredulidad y ablandó a otros para la fe.» (2) La eficacia de los milagros, de tantos hechos extraordinarios favorables que no tienen explicación lógica que ocurren alrededor de nuestra vida –cualquiera que sea su dimensión-, depende de la disposición interior con que se perciben, como puede extraerse del testimonio de Manuel Nevado. (3)

Manuel Nevado
Manuel es un médico que desde la adolescencia fue alejándose de la creencia en Dios hasta convertirse en ateo militante –no sólo fáctico-. Su padre, Manuel Nevado Rey, médico radiólogo, se curó milagrosamente de una “enfermedad profesional, la radiodermitis crónica” en las manos –incurable en aquellos momentos- tras invocar la intercesión del entonces beato Josemaría Escrivá. Esta curación inexplicable tras ser estudiada minuciosamente propició la canonización del beato casi diez años más tarde (4). A pesar de ser médico y observar el cambio operado en las manos de su padre, Manuel se negó obstinadamente a considerarlo un milagro, desechando –consecuentemente- la invitación para asistir la ceremonia de canonización acompañando a sus padres y a sus hermanos con sus respectivas familias.

Padres de Manuel Nevado
Transcurridos dos años de la canonización, su padre sufrió otra patología que le llevó a seguir un tratamiento en el centro hospitalario en el que Manuel trabajaba, lejos de su residencia habitual. Los domingos sus padres iban a Misa, primero solos, pero luego por precaución Manuel y su esposa decidieron acompañarles y entrar en el templo, aunque podían haber optado por esperar fuera. Fue así como poco a poco Manuel se fue implicando interiormente hasta hacer efectiva su conversión –su regreso consciente y comprometido a la práctica religiosa- cuatro años más tarde.

Detalle ceremonia canonización
Hay un leve paralelismo entre la historia ficticia y la historia real. El hallazgo de la caja se realiza tras una obra de misericordia: ‘honrar a los difuntos’. La conversión de Manuel se realiza honrando a su padre y su madre asistiéndolos en sus necesidades. Hechos que relaciono con las palabras de Jesús: «'Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo: porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era peregrino y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme'. Entonces le responderán los justos: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos peregrino y te acogimos, o desnudo y te vestimos?, o ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y vinimos a verte?' Y el Rey, en respuesta, les dirá: 'En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis'.» (5)

En la película el amor materno hace que un corazón vuelva a latir, en Manuel el amor filial hizo revivir su fe, reencontrarse con Dios.

(1) Serie televisiva alemana Doctor en los Alpes (Der Bergdoktor). 3ª temporada, capítulo 1

(2) Fulton John Sheen: Vida de Cristo. Título original: Life of Christ (1958). Editorial: Herder – 7ª edición (1996). Traductor: Juan Godó Costa. 525 páginas. Capítulo 31: La resurrección que preparó su muerte.

(3) Ver crónica en Religión en libertad. Enlace: https://www.religionenlibertad.com/personajes/64893/era-medico-ateo-vio-milagro-autentico-pero-creyo.html

(4) Descripción oficial del milagro aprobado para la canonización de Josemaría Escrivá de Balaguer. Enlace: http://www.vatican.va/latest/documents/escriva_miracolo-canoniz_sp.html

(5) Evangelio según san Mateo, capítulo 25, versículos 34 a 40

lunes, 5 de octubre de 2020

Pericles for president

Un gobernante excepcional

Supe de ellos, al menos conscientemente, leyendo un artículo de Julián Marías en el que se elogia la oratoria: “En el comienzo de la democracia griega, decía Pericles, según el testimonio de Tucídides: «El que sabe y no se explica claramente, es lo mismo que si no pensara». De ahí la necesidad de la palabra justa y expresiva, capaz de hacer entender y de entusiasmar, de movilizar lo mejor de los ciudadanos.” (1) Releyéndolo pienso en mis escasas dotes comunicativas, que quedan plasmadas en las amorosas puyas que me propinan mis hijas instándome a que no me enrolle o a que deje de insistir en los mismos argumentos cuando intento explicarles algo.

Tucídides

El historiador mejicano Edmundo O’Gorman glosando la obra señera de Tucídides, se refiere a la misma cita -con otras palabras- para resaltar la importancia de la comunicación en el gobernante: El héroe tucididiano es, pues, en primer lugar, el estadista calculador e inteligente que se contrapone al político demagógico y apasionado; pero además de ser el hombre de la razón, debe tener la facultad de poder explicar con claridad lo que su inteligencia le ha revelado, porque a la acción política, a diferencia de la especulación contemplativa, le es constitutiva saber comunicar lo pensado, ya que quien no expone claramente lo que es necesario en una situación dada, «es como si no le hubiere venido al pensamiento», y aquí aparece el motivo de la suprema importancia que tiene la oratoria para la eficacia de la acción del héroe tucididiano, el hombre del logos en los dos sentidos del término: la razón y la palabra.” (2)

Sin embargo, ha sido Chantal Delsol en su obra Populismos quien me ha puesto sobre la pista de un fragmento de la Historia de la Guerra del Peloponeso que me ha asombrado: “mientras Pericles tuvo el poder junto con el saber y prudencia, no se dejaba corromper por dinero, regía al pueblo libremente, mostrándose con él tan amigo y compañero, como caudillo y gobernador. Además, no había adquirido la autoridad por medios ilícitos, ni decía cosa alguna por complacer a otro, sino que, guardando su autoridad y gravedad, cuando alguno proponía cosa inútil y fuera de razón, lo contradecía libremente, aunque por ello supiese que había de caer en la indignación del pueblo, y todas cuantas veces entendía que ellos se atrevían a hacer alguna cosa fuera de tiempo y sazón, por locura y temeridad, antes que por razón, los detenía y refrenaba con su autoridad y gravedad en el hablar. Al mismo tiempo, cuando los veía medrosos sin causa los animaba. De esta manera, al parecer el gobierno de la ciudad era en nombre del pueblo; mas en el hecho todo el mando y autoridad estaba en él.” (3) ¿Notamos a faltar gobernantes con estas cualidades? ¿Estaríamos dispuestos a soportarlos?

Según cuenta Tucídides, su ejemplo no cundió en sus seguidores: “Después de muerto ocurrió que los que le sucedieron, por ser iguales en autoridad, cada cual codiciaba el mando sobre los otros, y para hacer esto procuraban complacer y agradar al pueblo con deleites, aflojando en los negocios, de donde se siguieron grandes errores.” (4) Estilos contrapuestos de gobierno que me han recordado la sentencia de Jesús a sus apóstoles, que habían estado discutiendo sobre quién era el más importante entre ellos: “Si alguno quiere ser el primero, que se haga el último de todos y servidor de todos.” (5)

(1) Julián Marías: Qué vamos a hacer, publicado en el diario ABC el 12/09/1996

(2) Tucídides: Guerra del Peloponeso. Título original: στορία το Πελοποννησιακο Πολέμου Editor: Patyta – Colección: Biblioteca Clásicos Grecolatinos – 1ª edición (2007). Traductor: Diego Gracián de Alderete. 805 páginas

Fragmento en: Estudio preliminar de Edmundo O’Gorman. Página 41

(3) Tucídides, obra citada, Libro segundo, capítulo X, páginas 215-216

(4) Tucídides, obra citada, Libro segundo, capítulo X, página 216

(5) Evangelio según san Marcos, capítulo 9, versículo 35.

lunes, 28 de septiembre de 2020

Aprendizaje creativo

Profundizar y desarrollar lo que se estudia

Ken Bain

Ken Bain analiza en ‘Lo que hacen los mejores profesores universitarios’ cómo ejercen la docencia algunos profesores sobresalientes en sus disciplinas académicas, siguiendo un criterio de selección que detalla al final del texto. Es un ensayo interesante -aunque he tenido la impresión de que al texto le sobran páginas- que plantea un enfoque de la educación orientado a desarrollar las habilidades del alumno, para capacitarlo en el conocimiento de los entresijos de la materia de estudio y potenciar su creatividad. Para que sea posible es preciso que tanto el profesor como el alumno están concienciados de que tomarse en serio una asignatura no sólo permite superar un escollo académico, sino que posibilita un crecimiento tanto profesional como personal.

Para Bain hay tres grandes grupos de estudiantes: los superficiales (surface learners) a los que sólo les preocupa ‘pasar la asignatura’; los estratégicos (strategic learners) que orientan el estudio a la obtención de una calificación que les permita alcanzar un objetivo académico –por ejemplo, superar una nota de corte-; y los que profundizan en la materia (deep learners), que se interesan por conocerla a fondo. A la vista de cómo se suele estructurar administrativamente la educación reglada –especialmente la obligatoria- las actitudes surface y strategic adquieren un mayor arraigo que las deep en los estudiantes.

Paul Baker
En una entrevista concedida a la revista Nuestro Tiempo (1), Bain destaca la labor de dos profesores que despertaron su interés por la docencia, Ralph Lynn, profesor de Historia, y Paul Baker, profesor de Arte dramático. Dice de Baker: «creó un curso de integración de habilidades que cambió mi vida y mi manera de mirar y me hizo ser muy consciente de la importancia del aprendizaje profundo y de que la educación promueva la creatividad. Paul Baker construyó su enseñanza sobre una premisa clara: que cada cual es único y que cada uno de nosotros debemos comenzar nuestro aprendizaje mirando en nuestro interior, quiénes somos y de dónde venimos. Su otro gran presupuesto era que, si todos somos únicos, podemos aprender el uno del otro y también del resto de la humanidad


Cuando el conocimiento se orienta preferentemente a la memoriza
ción, a la pericia técnica o al aprovechamiento de las ventajas sociales que se obtienen, es difícil trascender el marco de referencia para aportar algo distinto a lo que se ha obtenido: «Ese mundo nunca va a desarrollar un nuevo método que suponga un salto respecto a aquel al que pertenece», dice Bain citando a Baker. La creatividad implica a la persona en su conjunto; es su personalidad aplicada al conocimiento la que incorpora el rasgo distintivo. «Baker quería invitar a la gente a perseguir una vida creativa, descubrir quién eres y cómo puedes usar tus experiencias únicas para alcanzar algo mejor. Eso es el crecimiento creativo, lo que llamamos dinámica del poder de la mente, que es algo esencial para el bienestar de la persona.»

Portada del número 709

Para ser creativo en algo es necesario tener inquietud y determinación; inquietud para desarrollar esa curiosidad que lleva a ir más allá de lo establecido; determinación para estar dispuesto a sufrir las consecuencias que supone alejarse de la mediocridad ambiental. Cuando el propósito es noble y los logros no producen altanería -uno de los peligros a los que se enfrenta-, enriquece a la persona y a la comunidad beneficiada. Actuando de esta manera se suele disfrutar de lo que se hace.

(1) Entrevista a Ken Bain de Álvaro Pérez Arieta y Manuel Martín Algarra. Revista Nuestro Tiempo, número 709, otoño 2019. Páginas 38 a 43.

sábado, 26 de septiembre de 2020

¿Cómo lo gestionas?

 Sabiduría proverbial

He oído en varias ocasiones contar que en una facultad universitaria se realizó un referéndum para dirimir sobre la existencia de Dios. Un acto propio del fervor juvenil que, a pesar de su inexperiencia, se siente capacitado y autosuficiente para decidir lo que es, lo que no es o lo que debería ser. Por supuesto, la existencia de Dios, como la de otras muchas realidades, no depende del resultado de una votación.

En la Biblia Dios se define como el que es por sí mismo, la causa incausada, en el diálogo que mantiene con Moisés en el episodio de la zarza ardiendo: «Yo soy el que soy.» (1) A pesar de ello, el ser humano puede asumir, dudar o negar su existencia, explícita o implícitamente, entre otras razones porque la fe nos da confianza pero no seguridad.


Más allá del posicionamiento que tenga cada uno conviene prestar atención a la gestión que se hace del mismo. Entre los que creen, Dios puede ser un aderezo, una excusa, un remedio, una molestia, una costumbre, un hecho cultural o alguien que estimula y conforma la propia vida. Entre los que dudan puede primar la comodidad de obviar planteárselo o la indiferencia -¡que Dios sea lo que quiera! dijo un compañero de trabajo respondiendo a otro que había utilizado la manida expresión: ¡que sea lo que Dios quiera!-. Entre los que lo niegan los hay respetuosos con la conciencia ajena y también los que pretenden erradicarlo de las mentes de sus semejantes porque les irrita o desbarata sus planes.

Cada día tiene su propio afán, donde la creencia, la duda o la increencia real –no impostada- se ponen a prueba constantemente en muchas de las decisiones que se toman; no es algo meramente testimonial, una simple etiqueta externa que no traspasa al interior del ser humano. Hay creyentes que actúan en determinadas circunstancias ‘como si Dios no existiera’ -¡aquí no te metas!-. También no creyentes con actuaciones que apuntan a la trascendencia, ‘como si Dios existiera’, con una conducta honesta o sirviendo desinteresadamente a los demás.

Leía esta semana un fragmento del libro de los Proverbios que me ha servido de pauta para este comentario (2). Son reflexiones de un tal Agur que inciden en actitudes respecto a Dios basadas en la confianza: «Las palabras de Dios son de fiar, él es escudo para los que esperan en él. No añadas nada a sus palabras, te replicará y quedarás por mentiroso.» -lo interpreto como una alusión a no ser más papistas que el Papa, no atribuir a Dios lo que es cosecha propia-.

Tras esta sentencia el autor hace dos peticiones en forma de súplica: «Dos cosas te he pedido, no me las niegues antes de morir». La primera hace referencia al conocimiento de la realidad de las cosas, aunque sea ingrata: «aleja de mi falsedad y mentira». La segunda se centra en el bienestar: «no me des riqueza ni pobreza, concédeme mi ración de pan; no sea que me sacie y reniegue de ti, diciendo: "¿Quién es el Señor?"; no sea que robe por necesidad y ofenda el nombre de mi Dios». Cuántos hay que cuando las cosas les van bien económica y socialmente ‘pasan de Dios’ –no te necesito- y cuando se tuercen se rebelan contra Él con recriminaciones -¿para qué sirves?-, reacción propia del que quiere que Dios sea un ser que se acomode a su voluntad: que le proporcione lo que le apetece y no le moleste.


La pregunta nos atañe a todos si no nos conformamos con ir tirando: ¿cómo gestiono mi vida? Conviene realizársela con frecuencia para que la acumulación de situaciones a considerar no nos deslice hacia una esteril divagación.

*La frase de Virginia Satir está extraída de www.alimentatubienestar.es

(1) Libro del Éxodo capítulo 3, versiculo 14

(2) Libro de los Proverbios capítulo 30, versículos 5-9

martes, 14 de julio de 2020

Educar la libertad

Iluminar un camino de desarrollo personal


En su extenso tratado sobre la moral cristiana Servais Pinckaers dedica la tercera y última parte a la libertad, alrededor de 150 páginas. Distingue dos enfoques distintos. En el que denomina ‘libertad de indiferencia’, la libertad se concibe como un conjunto de decisiones inconexas entre sí de orden disyuntivo entre opuestos: o esto o lo otro. Al concentrarse en los hechos concretos, se convierte en algo parecido a una libertad de usar y tirar. Al otro enfoque lo llama 'libertad de calidad' y tiene carácter conjuntivo. Se plantea como un proceso de capacitación para la toma de unas decisiones que se relacionan entre sí por cuanto cada una de ellas tiene una incidencia en la personalidad.

Como se hace a grandes rasgos en el ser humano, distingue Pinckaers tres etapas en el desarrollo de la libertad de calidad: “A la infancia corresponde lo que nosotros denominados la etapa de disciplina; a la adolescencia corresponde la etapa del progreso, y con la edad adulta concuerda la etapa de la madurez o de la perfección de la voluntad” (1). Tiene claro además que es de calidad esa «libertad que no se da, sino que se conquista», por la que «uno no se libera a sí mismo más que al mejorar».

En la primera etapa tiene especial importancia la educación que se recibe. A algunos que elucubran ‘más educación, menos libertad’ les puede parecer antagónico; sería lo propio de quien entiende la educación como adiestramiento. Pero educar supone a la vez instruir (docere) y desarrollar potencialidades (educere), donde tan importantes son los conocimientos que se imparten, como las actitudes positivas que se fomentan y el ejemplo que se transmite. Víctor García Hoz hablaba de pedagogía visible y educación invisible. La buena educación no constriñe, sino que ilustra y abre horizontes.

Pinckaers recurre a Lucien Laberthonnière, reproduciendo un fragmento de la Teoría de la Educación, publicada en los albores del siglo XX, para ejemplificar las disposiciones con que el docente ha de afrontar la tarea educativa para que redunde en mayor provecho del alumno. Aunque el autor circunscribe su relato a un contexto específico, los objetivos que traza son plenamente válidos para otros ámbitos educativos: «El educador católico mentiría a su discípulo y a su misión sí perdiendo de vista las condiciones en que vivimos, practicara la máxima “laissez faire” (“dejar hacer”) y se abstuviera, bajo cualquier pretexto de intervenir en la vida de los niños que le han sido confiados. Pero mentiría igualmente a su título y a su misión si, por otra parte, perdiendo de vista el ideal sublime de la salvación cristiana, tendiera a fabricar autómatas sin iniciativas que no pensaran y obraran más que por una orden venida desde arriba. Hay cosas mucho mejores que hacer que respetar libertades de conciencia, y hay también cosas mucho mejores que hacer que apoderarse de las almas al imponerles por fuerza o por habilidad unos pensamientos y unas creencias. Su tarea es infinitamente más delicada y más noble, porque debe contribuir a formar conciencias libres, de tal suerte que los pensamientos y las creencias que les inspire se produzcan en ellos como frutos de vida que les pertenezcan en propiedad» (2).
Josep-Àngel Saiz Meneses

También para aquellos que realizan un trabajo de orientación personal son convenientes estas disposiciones, como expresa el obispo de Terrassa, Josep-Àngel Saiz, en su última carta dominical: «El acompañamiento espiritual consiste en ayudar a la persona en el proceso de conocimiento de sí misma, de aceptación de sí misma y de desprendimiento de todo egocentrismo; en ayudarla a establecer correctamente la relación con los demás, a ser consciente de la interdependencia, de que debe vivir en relación, en apertura, en comunión con los demás; consiste en acompañar a las personas en su proceso de crecimiento y maduración en libertad y responsabilidad, en la búsqueda, descubrimiento y seguimiento de la voluntad de Dios, y en el compromiso de servicio a Dios y a los demás.» (3) Palabras que, abstraído el componente estrictamente espiritual, son extrapolables a otras facetas de la vida.

El prelado también hace referencia la retroalimentación que se produce en el ejercicio de esta tarea: «El que acompaña también está en camino, es un compañero que ayuda a discernir la voluntad de Dios y que busca la voluntad de Dios en su propia vida.» El maestro José Antonio Fernández Bravo enfatizaba al respecto sobre lo que había aprendido en el ejercicio de su profesión: “¿Qué me enseñaron los niños? Todo… Me enseñaron todo y me siguen enseñando todo.” (4)

Esta relación enriquece a ambas partes cuando cada una sabe estar en su sitio, que en ningún caso ha de suponer la identificación de uno con otro. Ni el educador ha de pretender proyectarse en el educando, ni el educando ha de convertirse en un imitador del educador. El prelado acaba su reflexión dejando claro lo que se debe perseguir en el ámbito que aborda: «La finalidad del acompañamiento es, en definitiva, ayudar a la persona a descubrir el proyecto que Dios tiene sobre ella, ayudarla en su camino de encuentro con Él, en su camino de maduración humana y cristiana, en su camino de santificación, de desarrollo pleno de su realidad de hija de Dios, de perfección cristiana como plenitud en Cristo. Este camino conduce hacia una vida plena y feliz. Este es el camino para alcanzar la verdadera libertad (3)

(1) Servais Pinckaers: Las fuentes de la moral cristiana. Título original: Les sources de la morale chretienne (1985) Editorial: Eunsa. Capítulo XV: La libertad de calidad, páginas 423 y 425.
(2) Lucien Laberthonnière, Théorie de l’éducation (1901), Editorial: Librairie Philosophique J. Vrin, 9ª edición, París 1935, pp. 64-65
(3) Josep Àngel Saiz Meneses: La verdadera libertad. Full dominical de l’Església Diocesana de Terrassa, número 28 año XVII, 12 de julio de 2020
(4) José Antonio Fernández Bravo en Aprendemos Juntos. Enlace: https://aprendemosjuntos.elpais.com/especial/todo-lo-que-me-ensenaron-los-ninos-jose-antonio-fernandez-bravo/