Lo que no se ve… pero se nota
Era la mañana de un 6 de enero. En el vagón de metro en que
viajaba con pocos pasajeros una joven se quejaba ante su hermana: '¿pero
cómo se te ha ocurrido regalarme esto?' Recuerdo que pensé: ‘¡qué pena!, un
regalo debe agradecerse siempre'. Quien te lo hace por lo menos ha pensado en ti
y ha dedicado parte de su tiempo para buscarlo, comprarlo y regalártelo, aunque
no haya acertado con tus gustos o con lo que esperabas. Luego he recapacitado
sobre tantas veces en que he actuado de forma similar a esa joven amonestadora, aunque no lo exteriorizara.
Nuestra sociedad del bienestar, que tantos derechos dice que
nos ofrece, parece empujarnos a ser muy exigentes y poco agradecidos -¡tenemos
tanto que reclamar!-. Suele ser el motivo para estar habitualmente descontentos
y proclives a generar conflictos por cualquier nimiedad. Nos dice Oriol Jara: «‘Te mereces’, qué
concepto más perjudicial. Porque, al final, el origen de todos los conflictos
profesionales, familiares o de pareja radica en una idea tan sencilla como ‘me merezco’» (1).

Hay dos fragmentos literarios que me parecen adecuados para
valorar los regalos en la vigilia de la fiesta de Reyes. Uno lo escribe Giovanni
Guareschi en el relato Vida con la madre
de El décimo clandestino, donde un niño
está intrigado por saber cuál será ese regalo especial que le ha contado su
madre que va a recibir: «Me quedé algo inseguro y dije que, si era así, un niño
rico, al recibir tantos regalos no puede saber cuáles son los de la secretaria
y cuál el del Niño Jesús’. Pero mamá se puso a reír y contestó: ‘Si el niño
rico es tonto, no lo entiende. Pero si es inteligente, al mirar bien los
regalos enseguida se dará cuenta de cuál es el del Niño Jesús’. Le pregunté si
llevaba alguna señal especial y me dijo que no: ‘No lleva ninguna señal
especial: pero así como los regalos de la secretaria podrían gustar a todos los
niños de tu edad, el del Niño Jesús te gustaría sólo a ti’» (2). En las notas de
este escrito reproduzco un fragmento más extenso que ilustra este párrafo.

El segundo es del relato El
regalo de los Reyes Magos de O’Henry, incluido en Cuentos de Nueva York, en el que cada uno de los miembros de un matrimonio con una situación de económica precaria deciden regalarle al otro el complemento
necesario para que luzca aquello que más valora de lo que tiene, sin comunicárselo previamente. Como ninguno de ellos tiene suficiente dinero para conseguirlo,
deciden ambos obtenerlo desprendiéndose de aquello que es tan importante para
ellos. Esta decisión conlleva que los complementos que se regalan se convierten
en inútiles porque ha desaparecido aquello para lo que iban destinados. Es
posible que leyéndolo pensemos ¡qué fracaso!, ¡que tontos han sido! Sin embargo
O’Henry apostilla en el último párrafo: «Los Reyes Magos, como ustedes saben,
eran unos hombres sabios -maravillosamente sabios-, que le trajeron regalos al
Niño en el pesebre. Inventaron el arte de hacer regalos de Navidad. Como eran
sabios, sus presentes fueron sin duda los más sabios y quizá gozaran del
privilegio de ser cambiados en caso de resultar repetidos. Y aquí, yo les he
contado torpemente a ustedes la apacible historia de dos jóvenes aturdidos que
vivían en un departamento y que sacrificaron imprudentemente, el uno por el
otro, los tesoros más grandes de su casa. Pero, para terminar, digámosles a los
sabios de hoy que, de todos los que hacen regalos, esos dos fueron los más
sabios. De todos los que dan y reciben regalos, los sabios son los seres como
éstos. En todas partes, son los más sabios. Son ellos los Reyes Magos». En las
notas de este escrito encontrareis la dirección de una página web donde podéis
leer el relato completo, ¡vale la pena!Todo ello nos puede llevar a considerar que el
amor que subyace es más importante que el valor material de lo que damos o
recibimos.
(1) Traducido de Oriol Jara: Deu raons per creure en Déu (2022). Editorial: Albada – Colección:
La descoberta, número 1 – 3ª edición (2022). 158 páginas. Capítulo 7, páginas
102-103
(2) Giovanni Guareschi: El décimo clandestino. Relato: Vida
con la madre. Fragmento referido:
«‘…Querido Niño Jesús: hubiera querido escribirte por
Navidad el año pasado y, una noche, pregunté a mamá que sello hacía falta para
escribir al Niño Jesús para los regalos. Pero el presidente, que también
estaba, dijo que a los niños no se les tenía que llenar la cabeza de fantasías
y de cuentos porque luego lo pasan mal con la realidad de la vida. Y explicó
que, a los niños, los regalos se los hacen los padres. Pero mamá, luego, me
dijo lo que pasa de verdad. O sea, el Niño Jesús, por Navidad, hace un regalo a
los niños de todo el mundo. Un regalito porque hay centenares de millones de
niños. Los pobres tienen que contentarse con el regalito del Niño Jesús. Los
hijos de los ricos, en cambio, tienen más porque antes de Navidad la secretaria
del presidente, por ejemplo, dice al presidente: ‘Señor presidente me permito
recordarle que pronto será Navidad y habrá que pensar en los regalos…’. Y el
presidente contesta: ‘Muy bien señorita. Ocúpese de ello como siempre’ Entonces
la secretaria va de tiendas y compra los regalos del presidente para el hijo y
para la mujer del presidente. Vete a saber que me regalará, por Navidad, la
secretaria de mi marido…
…Me quedé algo inseguro y dije que, si era así, un niño
rico, al recibir tantos regalos no puede saber cuáles son los de la secretaria
y cuál el del Niño Jesús’. Pero mamá se puso a reír y contestó: ‘Si el niño
rico es tonto, no lo entiende. Pero si es inteligente, al mirar bien los
regalos enseguida se dará cuenta de cuál es el del Niño Jesús’. Le pregunté si
llevaba alguna señal especial y me dijo que no: ‘No lleva ninguna señal especial:
pero así como los regalos de la secretaria podrían gustar a todos los niños de
tu edad, el del Niño Jesús te gustaría sólo a ti’.
‘Mamá lo sabe todo. Tanto es así que, por Navidad, recibí
los regalos y enseguida me di cuenta de cuál era el del Niño Jesús. El coche de
pedales modelo fuera de serie, el tren eléctrico, el mecano eran preciosos,
pero les habrían gustado a todos los niños que conozco. En cambio, lo que a los
otros que conozco no les habría gustado es un trineo de madera y uno de esos gorritos
de lana que se suben, con la visera hacia afuera y que luego se bajan hasta el
cuello y sólo queda un agujero para la cara…’»
(3) O'Henry (William Sidney
Porter): Cuentos de Nueva York (1910).Editorial:
Espasa Calpe (2008) – Colección: Austral Narrativa, número 619. Traductor: León
Mirlas. 228 páginas. Relato: El Regalo de
los Reyes Magos (1905). Cuento completo en https://web.seducoahuila.gob.mx/biblioweb/upload/El_regalo.pdf