Ser fermento o diluirse
Leyendo la
descripción que hace en Océano África
Xavier Aldekoa, de costumbres, modos de vida y tradiciones de algunas etnias y
tribus que pueblan este inmenso continente, tan castigado por los intereses
económicos y políticos del llamado primer mundo, cobró relevancia en mi
pensamiento un concepto que me producía un cierto repelús: inculturación.
Pensando en la actividad que realizan los misioneros asimilaba este vocablo de
buenas a primeras a una especie de traición a los principios para llegar a un
tipo de entente que evitara enfrentarse o corregir costumbres consolidadas en
una población, aunque se considerasen perniciosas.
Como suele ser
recomendable, conviene no dejarse llevar por las primeras impresiones si no se
quiere caer en juicios temerarios. En Amoris
laetitia el papa Francisco indica que "en la Iglesia es necesaria una
unidad de doctrina y de praxis, pero ello no impide que subsistan diferentes
maneras de interpretar algunos aspectos de la doctrina o algunas consecuencias
que se derivan de ella. Esto sucederá hasta que el Espíritu nos lleve a la
verdad completa (cf. Jn 16,13), es decir, cuando nos introduzca perfectamente
en el misterio de Cristo y podamos ver todo con su mirada. Además, en cada país
o región se pueden buscar soluciones más inculturadas, atentas a las
tradiciones y a los desafíos locales, porque «las culturas son muy diferentes
entre sí y todo principio general […] necesita ser inculturado si quiere ser
observado y aplicado»." (1)
En este
sentido se podrían entender las palabras del arzobispo electo de Tarragona Joan
Planellas cuando dice en una entrevista: "Me gustaría decir que la actividad de
la Iglesia tiene que manifestar en primer lugar un gran amor por el país. ¿Quién
no ama su tierra? Tenemos una cultura, una lengua y una dinámica propias. Y en
segundo lugar, la Iglesia se tiene que poner al servicio del pueblo que
manifiesta este amor al país porque tiene la urgencia de anunciar el evangelio,
que es nuestro gran tesoro, volver hacia Cristo. Tiene que dar esperanza a un
proyecto de vida reconociendo unos rasgos que decimos nacionales, propios de
Catalunya en el sentido genuino." (2)
¿Se puede
entender entonces que los rasgos culturales se han de superponer a la tarea
evangelizadora? Más bien se trata de que la levadura del Evangelio fermente en
ellos. Dice monseñor Planellas que "el evangelio se propone, no se impone,
tampoco se pospone". Y el papa Francisco escribe en Evangelii gaudium que "toda cultura y todo grupo social necesitan
purificación y maduración." Sabemos que las buenas costumbres –individuales o
colectivas- pueden degenerar con el paso del tiempo, perdiendo su razón de ser
o desviándose de su sentido originario. Poco antes el pontífice incide en una exigencia
para todos los cristianos en la medida de sus posibilidades y
responsabilidades: "Es imperiosa la necesidad de evangelizar las culturas para
inculturar el Evangelio. En los países de tradición católica se tratará de
acompañar, cuidar y fortalecer la riqueza que ya existe, y en los países de
otras tradiciones religiosas o profundamente secularizados se tratará de
procurar nuevos procesos de evangelización de la cultura, aunque supongan
proyectos a muy largo plazo." (3)
Valorando las
tensiones en el ámbito político-social el arzobispo electo pone el acento en el
riesgo del sectarismo: "En el momento actual vivimos un déficit en la búsqueda
del bien común. Como decía Rousseau en el Contrato
social, hace falta que cada uno renuncie a una parte para encontrar el bien
común." Un bien común que para favorecerlo implica que "tenemos que ser un
elemento de cohesión, curar heridas, calmar corazones exaltados, tenemos muchos
corazones exaltados, temperar los ánimos, ...", aunque es consciente de los
obstáculos que se interponen: "Si es que nos dejan, porque enseguida nos
clasifican de una cosa u otra."
La tarea a la
que se enfrenta un obispo, que además es primado de Cataluña, es ingente, pero
nunca puede olvidar que la eficacia de su labor –como la de cualquier cristiano-
pasa por ‘ser sarmiento unido a la vid’. Las obligaciones y requerimientos del
cargo no deben impedir ni enturbiar –más bien deberían de reforzar- el cuidado
de la vida interior. Por ello, conviene que -además de la buena acogida y disposición
de los que ostentan responsabilidades en la diócesis- sus futuros feligreses y
el resto de fieles –especialmente los catalanes- en lugar de entretenerse en
opinar sobre su idoneidad, hurgar en su trayectoria, o especular sobre el modo en
que ejercerá el cargo, pusieran más empeño en rezar por él y sus colegas de
ministerio para que en el desempeño de su tarea se asemejen a lo que propone la
parábola del buen pastor. (4)
(1) Papa
Francisco: Exhortación apostólica Amoris
Laetitia. punto 3. Se puede consultar en http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amoris-laetitia.html
(2) Entrevista
de Josep Playà Maset a Joan Planellas, publicada en La Vanguardia el 18 de mayo
de 2019. Fuente: https://www.lavanguardia.com/vida/20190518/462295737601/joan-planellas-jaume-pujol-arzobispo-de-tarragona-concilio-provincial-conferencias-episcopal-espanola-conferencia-episcopal-espanola-concilio-provincial-tarraconense-politicos-abusos.html
(3) Papa Francisco: Exhortación
apostólica Evangelii gaudium, punto 69.
Se puede consultar en http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html(4) Confrontar Evangelio de San Juan, capítulo 10, versículos 11-16. Se puede consultar: https://www.bibliatodo.com/la-biblia/Reina-valera-1960/juan-10















