miércoles, 1 de diciembre de 2021

El respeto debido al ser humano

Al margen de experimentos

Estaba intentando explicarles a unos adolescentes la diferencia entre sustancia y accidente y se me ocurrió poner como ejemplo a uno de ellos: ‘Manolo tiene el cabello rubio y rizado. Eso es un accidente. Porque aunque fuera de pronto moreno y lacio seguiría siendo Manolo’. Acto seguido un compañero que se caracterizaba por su espontaneidad dijo: ‘Profesor, Manolo no es un accidente’. Inmediatamente se produjo una risotada general en la clase.

Efectivamente, Manolo no era -no es- un accidente, aun en el caso de que su concepción hubiera provocado recelos en sus progenitores. Así lo da a entender el Catecismo de la Iglesia Católica cuando dice:

«La persona humana, creada a imagen de Dios, es un ser a la vez corporal y espiritual… El cuerpo del hombre participa de la dignidad de la “imagen de Dios”: es cuerpo humano precisamente porque está animado por el alma espiritual… “Alma" significa el principio espiritual en el hombrelo que hay de más íntimo en el hombre y de más valor en él… La unidad del alma y del cuerpo es tan profunda que se debe considerar al alma como la “forma” del cuerpo… La Iglesia enseña que cada alma espiritual es directamente creada por Dios —no es “producida” por los padres—, y que es inmortal: no perece cuando se separa del cuerpo en la muerte, y se unirá de nuevo al cuerpo en la resurrección final.» (1) O sea, en cada ser humano hay algo de divino que le hace ser digno, es decir, tiene valor por sí mismo. Su dignidad, en este sentido, es de origen.

Un planteamiento antagónico es el que plantea el antropólogo y activista de género Ritxar Bacete al comentar en una tertulia radiofónica que versaba sobre la igualdad de género lo siguiente: «El ser humano no existe todavía. El ser humano está en camino. Va a llegar. Una sociedad justa donde los valores mayoritarios sean de una convivencia en paz de esos seres humanos completos que aglutinen aquel ideal andrógino de esas competencias expresivas utilitaristas. Aquella idea de ser hombre o de ser mujer completa sin que tengamos un sesgo de género está todavía por construir (2) Si el ser humano está en construcción, debe haber un diseño previsto creado por un individuo o grupo que determine cómo ha de llegar a ser. Entonces la dignidad dependerá de la adecuación al diseño programado; quien no cumpla con los estándares del diseño estará expuesto a poder ser eliminado o excluido de la condición de ser humano o de persona.

Hay otro aspecto referido a la diferenciación sexual. Dice el Catecismo: «El hombre y la mujer son creados, es decir, son queridos por Dios: por una parte, en una perfecta igualdad en tanto que personas humanas, y por otra, en su ser respectivo de hombre y de mujer… El hombre y la mujer son, con la misma dignidad, “imagen de Dios”…» Más adelante indica: «El hombre y la mujer están hechos “el uno para el otro”: no que Dios los haya hecho “a medias” e “incompletos”; los ha creado para una comunión de personas, en la que cada uno puede ser “ayuda” para el otro porque son a la vez iguales en cuanto personas… y complementarios en cuanto masculino y femenino (3) O sea, constitución corporal distinta con algunas -pocas- funcionalidades diferentes, que no impide que estén completos en su ser y sean iguales en dignidad, con vocación cooperativa entre ambos.

Ritxar Bacete
En las palabras de Bacete la diferenciación sexual se presenta como una fuente de conflicto –a ver quién puede más- que dificulta o impide la convivencia en paz, que se puede conseguir si se produce una especie de fusión funcional para que el ser humano esté completo -mito andrógino- (4). Tengo la impresión de que se hace un totum revolutum entre lo que el ser humano es en sí (sustancia) y su comportamiento y el rol social (accidentes), se confunde lo mutable con lo inmutable.

Sabemos que se están destinando muchos recursos, especialmente por grandes empresas tecnológicas, a perfeccionar al ser humano -según el criterio de los promotores- valiéndose de la inteligencia artificial. Quizá con ello se pretenda que ‘al ser humano no le conozca ni la madre que lo parió’ –parafraseando una conocida frase de Alfonso Guerra-, dejando entrever que de esta manera los ideales de paz y bienestar universales se van a conseguir. Uno de los problemas, además del ya referido de la exclusión de los considerados no aptos, es que no puede realizarse si no es a costa de la libertad personal. Una propuesta parecida a la que se hizo hace unos dos milenios: «todo esto te daré si de rodillas me adoras.» (5)



(1) Catecismo de la Iglesia Católica, epígrafe “Corpore et anima unus”, confrontar puntos 362 a 366. Se puede consultar en https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p1s2c1p6_sp.html#II%20%E2%80%9CCorpore%20et%20anima%20unus%E2%80%9D

(2) Intervención en el programa Ellas pueden dirigido por Marta Pastor el 29 de enero de 2017.

(3) Catecismo de la Iglesia Católica, epígrafe “Hombre y mujer los creó”, confrontar puntos 369, 371-372. Se puede consultar en https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p1s2c1p6_sp.html#III%20%E2%80%9CHombre%20y%20mujer%20los%20cre%C3%B3%E2%80%9D

(4) Androginia: El término fue mencionado por primera vez por Platón en su obra El Banquete, donde había un ser especial que reunía en su cuerpo los sexos masculino y el femenino, o dos sexos masculinos o dos femeninos. Según cuenta el mito, estos seres intentaron invadir el Monte Olimpo, lugar donde viven los dioses, y Zeus, al percatarse de ello, les lanzó un rayo que los dividió en varón y mujer. Desde entonces, se dice que el varón y la mujer andan por la vida buscando su otra mitad. https://es.wikipedia.org/wiki/Androginia

(5) Referencia a Evangelio según san Mateo, capítulo 4, versículo 9