Honestidad y lucidez
Probablemente fue la
referencia que leí en un artículo de prensa la que motivó que me interesase por
leer A sangre y fuego de Manuel
Chaves Nogales. Un libro compuesto por nueve relatos relacionados con la guerra
civil española, episodios dolorosos que vienen a corroborar las expresiones
notas que acompañan al título: 'Héroes,
bestias y mártires de España'. El libro me cautivó por su contenido y el
estilo narrativo del autor.
Más tarde leí El maestro Juan Martínez que estaba allí,
un texto que cambió la imagen que había concebido del desarrollo de la
revolución rusa. Ahora he leído El hombre
que estaba allí, un documental compuesto de DVD y texto que glosa su figura. Un
excelente documento para conocer la vida de este periodista y escritor honesto
y lúcido que le tocó vivir una época convulsa en Europa, marcada por el auge de los
totalitarismos y dos guerras mundiales.
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| Muñoz Molina |
Como dice Antonio
Muñoz Molina: “Lo asombroso de Chaves es que
es un periodista independiente que escribe en el momento en el que se producen
los hechos, conviviendo con esos odios. La crítica adquiere todo su valor, no
cuando coincide con el sentir mayoritario de un momento dado, sino cuando está
en clara minoría y cuando esa denuncia supone un claro riesgo de ostracismo o,
como sucede en el caso de Manuel Chaves, incluso de peligro físico.”
Fue fiel a su lema: “andar
y contar es mi oficio” y estuvo presente en los escenarios donde se fraguaron los
principales acontecimientos y dando cuenta de lo que pasaba: “Estuvo en Alemania
en el año 1933 y describió lo que estaba ocurriendo y lo que iba a ocurrir. En
España, desde el primer momento se dio cuenta de lo que iba a ocurrir. Estuvo
en la Italia de Mussolini, estuvo en la Rusia de la revolución soviética… Vio
los peligros que se cernían sobre Europa.”
Así narraba en el
periódico Ahora, del que fue
director, el 23 de mayo de 1933 la incidencia del adoctrinamiento en las
jóvenes generaciones de alemanes y rusos:
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Diario Ahora dirigido por Chaves Nogales el 19 de julio de 1936 |
“Prensa, carteles,
charangas, banderas, uniformes; toda Alemania está bajo la acción proselitista
de este aparato gigantesco de publicidad. Pero cuando se dirige a los chicos,
esta campaña de propaganda es realmente aterradora. Los grandes almacenes están
llenos de juguetes nacionalsocialistas… y lo mismo ocurre con los deportes… En
el cine, los muchachos no verán más películas que las paradas hitlerianas, ni
oirán más discursos que del Fuhrer… Es la misma táctica del partido comunista.
Cuando en los primeros tiempos del bolchevismo las doctrinas soviéticas
fracasaban y el régimen estaba a punto de perecer, Lenin seguía imperturbable
consagrando sus mayores esfuerzos a la propaganda infantil, y afirmaba: “Por
mal que vaya todo, si me dejan a los chicos en mis manos durante unos años, no
habrá nada después que derribe el régimen soviético.”
Como suele pasar
cuando el ambiente está polarizado, las advertencias caen en saco roto entre
aquellos dispuestos a imponer sus tesis por la fuerza. Muñoz Molina hace un
paralelismo con lo que cuenta Koestler en sus memorias: “Los que
llegábamos del Este de Europa éramos como Casandras* a las que nadie escuchaba,
nadie quería escuchar”.
En el prólogo de A
sangre y fuego, obra publicada en 1937, expresa cuál es el propósito de su labor:
“Mi única y humilde
verdad, la cosa mínima que yo pretendía sacar adelante, merced a mi artesanía y
a través de la anécdota de mis relatos vividos o imaginados, mi única y humilde
verdad era un odio insuperable a la estupidez y a la crueldad; es decir, una
aversión natural al único pecado que para mí existe, el pecado contra la
inteligencia, el pecado contra el Espíritu Santo.”
Y su principal
preocupación, que se centraba en lo que pasaba en España:
“Pero la estupidez y
la crueldad se enseñoreaban de España. ¿Por dónde empezó el contagio? Los
caldos de cultivo de esta nueva peste, germinada en ese gran pudridero de Asia,
nos los sirvieron los laboratorios de Moscú, Roma y Berlín, con las etiquetas
de comunismo, fascismo o nacionalsocialismo, y el desapercibido hombre
celtíbero los absorbió ávidamente. Después de tres siglos de barbecho, la
tierra feraz de España hizo pavorosamente prolífica la semilla de la estupidez
y la crueldad ancestrales. Es vano el intento de señalar los focos de contagio
de la vieja fiebre cainita en este o aquel sector social, en esta o aquella
zona de la vida española. Ni blancos ni rojos tienen nada que reprocharse.
Idiotas y asesinos se han producido y actuado con idéntica profusión e
intensidad en los dos bandos que se partieran España.”
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| Andrés Trapiello |
Estos comentarios no
proceden de alguien que es políticamente aséptico, o que oculta estratégicamente sus afinidades
políticas. Como dice Andrés Trapiello: “Él era un republicano, un demócrata, y
se permitía criticar a los demócratas y a los republicanos sedicentes. Por
supuesto, él era también un antifascista, un antifranquista”. Sin embargo, no
participaba de esa visión maniquea que ciega el intelecto impidiéndo ver con
nitidez lo que pasa. Destaca también Trapiello: “me gustaba esa complejidad de
la mirada que le hacía no ser equidistante y que le había permitido -porque era
inteligente- una visión ecuánime y global para mirar desapasionadamente lo que
estaba ocurriendo.”
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| María Isabel Cintas |
Una actitud tan honesta
acostumbra, desgraciadamente, a ser mal vista por los que se sitúan a uno y
otro lado de la contienda política y tienen la pretensión de acaparar el monopolio del
discurso -que prevalezca su distorsionada versión de los hechos-. Chaves, que
había sido un personaje relevante durante la Segunda República, vivió los
últimos años de su corta vida exiliado en Londres (estaba marcado por el
régimen franquista) y su obra, salvo la biografía que hizo del torero Belmonte,
estuvo durante medio siglo silenciada en España.
No fue hasta los años
90 que su figura y sus escritos volvieron a salir a la luz, gracias al trabajo
de María Isabel Cintas que, aconsejada por un catedrático versó su tesis
doctoral en la vida y obra del periodista y escritor sevillano; tarea que ha
continuado una vez concluido el trámite académico.
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| Torrente y Suberviola |
Un trabajo valioso el realizado Daniel Suberviola y Luis Felipe Torrente, que nos acerca a la vida y obra de Manuel Chaves Nogales, un periodista que con su buen hacer dignifica su controvertida profesión y presta un encomiable servicio a los ciudadanos.
Los entrecomillados
están extraídos del libro de Daniel Suberviola y Luis Felipe Torrente: El hombre
que estaba allí. (2013) - Libros.com 1ª edición 2013 - 155 páginas – Viene acompañado
de un DVD
(1) Manuel Chaves
Nogales: “Bajo el signo de la esvástica”.
Publicado en Ahora, 23 de mayo de
1933
(2) Manuel Chaves
Nogales: A Sangre y fuego. Prólogo
del libro publicado por Ercilla, Santiago de Chile, 1937.