domingo, 19 de abril de 2020

La honestidad merece otros ejemplos

Un muro (casi) infranqueable


Había echado una ojeada al blog El café de Ocata, donde Gregorio Luri vierte diariamente algunas de sus reflexiones, que suelen ser ilustrativas y sugerentes, no sólo por lo que dice sino por las pistas que deja si se quiere ampliar algún conocimiento. En una de ellas hacía mención al blog Andar y ver de Jesús Silva-Herzog. Ese fragmento concluía citando a Francis Bacon y el concepto “sesgo de confirmación”, al que me referiré en otra entrada.

La intención de reproducir un fragmento de la publicación de Silva-Herzog con una breve introducción quedó modificada tras escuchar la intervención en la radio de quien conducía una tertulia que versaba sobre las tentaciones intervencionistas en que puede derivar la crisis epidémica que estamos sufriendo. Destacaba la honestidad de quienes fieles a su credo ideológico instan a limitar un sinfín de libertades que quedarían sometidas a la discrecionalidad del poder político. Le envié un email discrepando de esta apreciación; la honestidad es una actitud demasiado hermosa para distorsionarla aludiendo a lo que puede parecer una actuación coherente con lo manifestado con anterioridad. ¿Se puede considerar honesto quien cumple una amenaza; quien está dispuesto a desfigurar la realidad para encajonarla en su estrechez de miras; quien no duda en pisotear a quien sea para conseguir su objetivo; quien se arroga una representación que no tiene; quien utiliza la necesidad ajena para encumbrarse; quien una y otra vez contradice sus palabras con su comportamiento?… ¿Qué virtud hay en la contumacia; qué virtud hay en la egolatría; qué virtud hay en la ambición desmedida; qué virtud hay en quien difama o calumnia con fruición?

En la publicación del 13 de abril Silva-Herzog disertaba sobre las respuestas a la crisis y dedicaba su parte final a la actitud prácticamente impenetrable del ideólogo, cuya estrategia es la de la gota malaya para penetrar en el cerebro de los demás; obstinado hasta la contumacia, no se sale un ápice de su propio guion, por muy equivocado que esté, por muy erráticos que sean sus planteamientos. Silva Herzog escribe el 13 de abril:

«La falta de realismo político, eso que Isaiah Berlin llamaba “sentido de realidad” es, aunque parezca extraño, resultado de una imaginación seca. El ideócrataes incapaz de pensar algo que contradiga su preconcepción. Si durante años ha repetido el mismo cuento, no puede imaginar un relato que se separe del mural. Si ha pintado el mundo con los mismos colores elementales, es incapaz de aceptar que haya otros pigmentos, otros tonos, algún claroscuro. Si ha enviado al infierno a unos y si a otros los ha elevado al paraíso, no puede admitir en ningún momento que los condenados sorprendan con alguna virtud o que los santos tropiecen. El prejuicio sofoca la imaginación y por eso cancela el trato saludable con la realidad. Un permiso le está vedado al ideólogo: dudar del credo. La fidelidad ideológica, el hermetismo de las convicciones cancela como impensables todos los hechos, todos los datos, todos los argumentos y las voces que se han descartado previamente. No puede verse lo que se tiene delante de la nariz porque el cerebro ya ha condenado a una parte de la realidad a la categoría de lo impensable. La imaginación es la perdición del ideólogo porque lo tienta a dudar (1)

La influencia del ideólogo se nutre de la credulidad superficial que no se molesta en comprobar si hay podredumbre en el interior de la atractiva zanahoria que les muestra, se observa el fogonazo de la bengala pero no se atiende al palitroque chamuscado que deja tras de sí. Persuade la seguridad que transmite, los ideales que dice perseguir, pero la contradicción de sus seguidores queda de manifiesto cuando se muestran impermeables y molestos ante cualquier discrepancia y acosan con saña a quien disiente.

Los momentos de debilidad social, de incertidumbre, de temor por lo que pueda pasar, se prestan a la propagación de la ideología; la resistencia a sus tesis está más mermada, porque en esas circunstancias la simpleza de sus argumentos y su acerada contumacia resulta más incisiva.

Una sociedad se hace fuerte en la medida en que sus miembros tienen sentido de comunidad, donde cada uno pone de su parte para el bien común. Conformarse en ser colectividad, ya no digo masa, empobrece la convivencia y crea continuos recelos. Estos días hay muchos ejemplos solidarios desde distintos ámbitos dignos de admiración que merecen ser resaltados y por ello conviene no banalizarlos ni darlos por supuesto. De lo que hay que desconfiar es de quienes pretenden transmitir una imagen sesgada, desdeñando lo que no encaja en sus cánones e intentando acaparar para sí toda la atención para ponerse medallas y prestos para demonizar a los que no son de su cuerda.

(1) Jesús Silva-Herzog Márquez: Fracaso de la imaginación, en el blog Andar y ver el 13 de abril de 2020. Enlace: https://www.andaryver.mx/

viernes, 10 de abril de 2020

Traiciones cotidianas

Grietas amenazadoras


El partido de fútbol debía estar en una situación apasionante y daba pereza acabar la contienda para llegar puntuales a clase. De pronto dije a mis compañeros que no pasaría nada si todos llegábamos tarde. No sé los que me secundaron pero, como era de prever –aunque no lo entendiera así en aquel momento-, no nos ahorramos la reprimenda del director del colegio.

Luis del Val
Una de las maneras de enmascarar el mal es cobijarlo haciendo piña, excusas particulares sustentadas en conductas colectivas. El transgresor, aunque sea de poca monta, teme el aislamiento y una forma de justificarse la encuentra en la réplica más o menos extendida de su conducta. Poco partidario del refrán ‘mal de muchos, consuelo de tontos’, más proclive a ‘allí donde estuvieres haz lo que vieres’, una actitud que suele ayudar a salir del paso, pero va dejando grietas que endurecen o emponzoñan el corazón, insensibilizándolo de la necesidad ajena.

Las grandes tropelías son cosa de pocos, quizá por ello fascinen a muchos otros. Sorprendía ver imágenes en Colombia de turistas queriendo fotografiarse junto a un sicario responsable de miles de muertos; causan estupor los homenajes a los que han cometido o amparado actos terroristas; desconcierta que se trate de héroes a quienes se caracterizan por amenazar, extorsionar, acosar o realizar actos vandálicos. Y eso, ¿por qué?

Con demasiada frecuencia se admira al protagonista de fechorías y también se desdeña al virtuoso –tonto, ‘pringao’, reprimido, hipócrita…-. Quizá se deba a que el primero ejerce un efecto placebo en la conciencia –de algún modo nos exonera de nuestras trastadas-; mientras que el segundo nos enfrenta a nuestra poquedad o miseria, algo que nos resistimos a encajar.

A ello se refería la ‘imagen del día’ Luis del Val, tomando como referencia la escultura de Antonio Castillo Lastrucci El beso de Judas (1) que procesiona en Semana Santa. De Judas dice Anne Katherine Emmerick que era “activo y servicial; pero lleno de avaricia, de ambición, de envidia, y no combatía estas pasiones. Había hecho milagros y curaba enfermos en ausencia de Jesús” (2). En una homilía reciente escuché que “tenía ideas propias”, lo cual no es malo en sí, pero “no las compartía con sus compañeros” –no las sometía al efecto purificador del contraste-. Visiones o interpretaciones de un personaje marcado por una gran traición, que fue consecuencia de muchas otras pequeñas traiciones no resarcidas: “Quien es fiel en lo poco también es fiel en lo mucho; y quien es injusto en lo poco también es injusto en lo mucho.” (3)

Para del Val desde el punto de vista literario el personaje de Judas como el de otros grandes malvados resulta atrayente… las grandes maldades, las grandes traiciones… nos consuelan bastante a las personas convencionales que no somos ni héroes ni hemos protagonizado actos infames dignos de recordar. Este efecto tranquilizador de los malvados de catálogo es muy práctico para evitar reflexiones que podrían llegar a ser muy incómodas, porque, en efecto, ni las personas que tratamos a nuestro alrededor, ni nosotros mismos, creo que seríamos capaces de grandes felonías. Pero no estar en la primera división de la maldad no significa que en categorías inferiores, en un grado menor, no actuemos como Judas diminutos de andar por casa…”

Escultura de Lastrucci
A continuación describe un conjunto de comportamientos cotidianos que se pueden incluir en esta categoría maliciosa que desembocan en nos vendemos a nosotros mismos y nos traicionamos cuando callamos ante la desfachatez, cuando evitamos el enfrentamiento con el poderoso, cuando la injusticia nos resbala, y somos obsequiosos con los soberbios si tienen poder y con los déspotas si pueden perjudicarnos y callamos y otorgamos y permitimos que se continúe con los abusos.” Y concluye: “En fin, además de despreciar a Judas hoy… deberíamos mirarnos en el espejo de nosotros mismos y tratar de recordar cuántas veces y en cuántas ocasiones no fuimos lo que creemos que somos sino unos malos aprendices, unos Judas de escasa categoría.” (4)

Quizá nos estremezca la contundencia de estas palabras si nos tenemos por buena gente -buenas personas-, pero si nos detenemos a hurgar un poco en nuestro interior descubriremos pequeñas actitudes lesivas que, si no les presta atención, tienen efecto corrosivo; microtraumatismos morales que conviene tratar y corregir para evitar que se produzca una gran lesión.

(1) Curiosidades y cofradías: El Beso de Judas de Castillo Lastrucci de Málaga. Referencia: https://criosidadesycofradias.blogspot.com/2016/10/el-beso-de-judas-de-castillo-lastrucci.html
(2) Anne KatherineEmmerick (1774-1824): La Dolorosa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Editorial: ADADP. 187 páginas. Capítulo 5: Jesús va a Jerusalén, páginas 31 y 32.
(3) Evangelio según San Lucas, capítulo, versículo 10. Referencia, versión de EUNSA: https://www.bibliatodo.com/la-biblia/La-sagrada-biblia-edicion-eunsa/lucas-16
(4) Luis del Val: La imagen del día del 9 de abril de 2020. Espacio incluido en el programa radiofónico Herrera en Cope. Fragmento en entre los minutos 29 y 33:30 del siguiente enlace:
https://www.cope.es/programas/herrera-en-cope/herrera-en-cope-hora-completa/audios/herrera-cope-09-04-2020-20200409_1070513

viernes, 3 de abril de 2020

Rompiendo estereotipos

Viviendo a tope


María, la protagonista de Sonrisas y lágrimas, regresa a la abadía inquieta y confusa después de abandonar precipitadamente a la familia von Trapp donde ejercía como institutriz. Ella había querido ser monja desde su juventud y ahora no sabía cómo interpretar sus sentimientos por el capitán von Trapp, su compromiso religioso y la dispar clase social entre ella y el capitán –que, además, estaba prometido con la baronesa Schraeder- suponían, según su criterio, un impedimento infranqueable. Al preguntarle la abadesa el motivo de su regreso María alude a su agitado estado de ánimo y la abadesa le dice “nuestra abadía no puede utilizarse como una evasión, ¿qué es lo que no puedes afrontar?” María pretende solucionar la cuestión refugiándose en el claustro religioso y recurre a pedir hacer sus votos para consolidar su estancia. La abadesa le aclara: “Estas paredes no se levantaron para eludir problemas, tienes que afrontarlos; tienes que vivir la vida para la cual naciste.” A continuación la superiora canta Sube montañas (Climb Ev’ry Mountain): «Sube montañas, debes buscar… / Sube montañas mil caminos hay… / Un amor tú verás que no quieres perder, y por siempre ese amor tú lo quieres tener (1)

El ejemplo de María coincide con algunos prejuicios sobre la vida religiosa a la que consideran propia de personas timoratas o pusilánimes que buscan un entorno que les proteja o les resuelva unos problemas emocionales que no se atreven a afrontar, como expresa la canción ‘Prim i mort de gana’ de la Trinca o como ironizaba sarcásticamente un compañero de trabajo hace ya muchos años: ‘las monjas se casan con Dios porque no hay dios que se case con ellas’. La alicorta mirada de los que no saben ver más allá de la superficie.

Un ejemplo que rompe con un sinfín de tópicos sobre la vida religiosa es la película-documental protagonizada por Clare Crockett, una joven norirlandesa nacida en Derry, foco de las tensiones político-religiosas entre católicos y protestantes, que en aquella época dividía la ciudad en zonas de unos y otros. Era una chica vital, simpática, con don de gentes y dotes de liderazgo que vivía la vida a tope. Quería ser famosa y gozaba de gran popularidad en su ambiente. Había actuado en una película y todo apuntaba hacia una prometedora carrera de actriz. Sus expectativas de notoriedad parecían bien encaminadas.

Cuando tenía 17 años la invitaron a ir a España en Semana Santa. Asociaba la propuesta a la posibilidad de gozar de los tópicos turísticos: sol, playa y juerga. Cuando supo que se trataba de un encuentro con tintes religiosos en un pueblo conquense dudó, pero al final decidió ir. Participaba de las actividades pero aparentemente no se implicaba, hasta que al participar del rito de besar la cruz durante los oficios del Viernes Santo –imitando al resto de feligreses- se sintió removida. Fue la chispa que le incitó a cambiar las perspectivas de su vida, aunque el entusiasmo se desvaneció al regresar a su ciudad, pues volvió a la vida desenfadada que seguía antes del viaje. Pero recibió otro chispazo en el lugar más insospechado –los baños de una discoteca o pub mientras vomitaba- que le recordó lo que había atisbado al besar la cruz. Un año después del encuentro decidió volver a España para iniciar el camino vocacional al que se sentía llamada. Suponía dejar atrás su ciudad y el estilo de vida que había llevado hasta entonces; y asumir la incomprensión de su familia, amigos y manager.

Siguió viviendo a tope pero con otro registro, como sugiere el título de la película, O todo, o nada. Se entregó a su vocación religiosa con intensidad con las dificultades iniciales propias del contraste de vida. Luego fue una monja todoterreno ejerciendo en varios destinos y tratando a todo tipo de personas desde niños y adolescentes hasta moribundos. Sus dotes naturales no desaparecieron, adquirieron otro realce; ya no estaban orientadas a tener fama sino a servir a Jesucristo a través de la entrega a los demás, a los que atendía con denuedo sin ser condescendiente.

Su último destino fue en Ecuador, donde había llegado en 2012 a la comunidad de Guayaquil, dos años más tarde se trasladó a Playa Prieta donde la comunidad de las Siervas del Hogar de la Madre tiene una escuela. Hay una escena de la película anecdótica pero relevante: ver a las monjas cavando una zanja alrededor de un edificio vestidas con hábito –no encajaba en mis esquemas mentales-. Allí se produjo el 16 de abril de 2016 un terremoto que derribó el edificio de la escuela y sepultó a Clare y cinco chicas con las que estaba ensayando canciones. Tenía 33 años y su recuerdo e intercesión está obrando muchos frutos. Sin pretenderlo desde que vistió los hábitos, su fidelidad a la llamada ha conjugado el ser monja y ser famosa.

Os animo a ver O todo, o nada. Hna. Clare Crockett (2) o leer la biografía (3) de Clare que es una manifestación patente de la misericordia de Dios de la cual no estamos exentos, basta que la queramos de verdad.

(2) O todo, o nada: Hna. Clare Crockett
(1) Sonrisas y lágrimas – Sube montañas
Sound of Music - Climb Every Mountain